LA VENTANILLA UNO

Eres cuentahabiente del Banco Nacional de México (Banamex) desde una década atrás pero la cajera de la ventanilla uno ni se da por enterada cuando te retiene un billete que, a sus ojos, tacto y olfato, resulta falsificado, aunque alegues en tu defensa que recién hiciste un retiro del cajero automático del propio banco; que al momento de retirarlos, la máquina te entregó el papel moneda que ahora te señala como espurio, clonado o duplicado.
Desde que te señala con el dedo para acusarte de delincuente sabes que ni te lo regresará y que has perdido el equivalente de cuatro salarios mínimos. Le preguntas que en donde radica la falsificación pues es un billete de emisión reciente, que poseen una banda de seguridad que cambia de color según la intensidad de la luz, contiene firmas y un código de barras oculto sólo apreciable a los rayos infrarrojos.
Te extiende el papel moneda dizque falsificado y otro idéntico, con la imagen del cura Hidalgo con una bandera oteante, para que los compares no sólo con tu olfato degradado sino con el tacto de teporocho y tu vista disminuida por el abuso frente a la tele, la compu y la lectura de las notas rojas de los diarios (no hay otro género periodístico con más lectores que las acciones de criminales), pan nuestro de cada día.
Mientras comparas las figuras ocultas a contraluz, le preguntas en dónde radica la diferencia que ella detectó con la rapidez de un ciego. Te dice que el billete falso tiene una película de cera para disimular que es papel bond, que el otro, el original, está elaborado con papel de algodón y al tacto pueden apreciarse ciertos relieves, de los que no me puede informar pues, ella supone, soy uno de los pillos que ha puesto en circulación billetes de distintas denominaciones, que mantienen al mercado inundado de ellos.
Le preguntas si ya sabe lo que ha informado a la prensa un alto funcionario del gobierno norteamericano: que el cincuenta por ciento del dinero generado por el crimen organizado en Estados Unidos se "lava" en nuestro territorio. En seguida te ve con ojos de que quieres justificar tu acción ilícita e insignificante ante lo que representan millones de dólares que entran a las arcas de los banqueros. No te quita la vista de encima porque cree que la quieres marear con tu alegato estúpido y trocar un billete espurio por otro auténtico, para desaparecer en la bolsa de la camisa el cuerpo-billete del delito. Ella sabe que te ha cogido in fraganti.
Mientras te informa que retendrá el billete falsificado para enviarlo a las oficinas centrales de banamex, del que soy cuentahabiente desde hace buen rato, lo repito, en donde dictaminarán si es o no auténtico -aquí observas que ella incurre en otra contradicción-, te expedirá un recibo manuscrito que ampara el valor del billete decomisado y a la brava, caes en la cuenta que es viernes, que te està aplicando un impuesto expropiatorio imprevisto violento y de mal gusto, que acabas de perder la oportunidad de comer en un restaurante del centro, de pagar el boleto de entrada al cine, de tomar camión de ida y de regreso no sólo a varias colonias de la ciudad sino a puntos cercanos como este y aquél y el otro.
"Señorita", le dices, "ambos billetes son idénticos", al tiempo que se los devuelves por la ranura de la ventanilla que te ha hecho sentir no sólo el reo de sus acusaciones sino de todo un sistema financiero diseñado para mantener de rodillas a los que viven esperando la remesa de familiares residentes ilegales en Arizona y toda la franja fronteriza del norte, pero de aquel lado, el de los perpetuos indocumentados, vulnerables a acusaciones, señalamientos y palizas las 24 horas del día y todos los días del año.
Se lo quieres decir pero te gana la saliva de la indignación, se te adelanta la manzana de Adán que se ha atravesado en el gañote, te gana el dedo de la cajera que oprime un botón de alarma roja y que no has descubierto porque está disimulado en el anverso de la superficie donde colocaste los dos billetes, el auténtico y el falso, es cuando ella empieza a llamar a voz en cuello a los guardias, que ya estaban a tus espaldas y que supusiste eran clientes que esperaban que te fueras o que la hicieras de tos.
Le quieres decir pero no te alcanzó el tiempo por la violencia que en ese momento ejercieron los guardias disfrazados de cuentahabientes: "Señorita, usted me conoce, es mi vecina del segundo piso en la Unidad Infonavit y usted sabe que llevo una vida de jubilado, como todos los que trabajan para la banca..." Pero no puedes porque un guardia te ha esposado y el otro te cubre la boca.

Comentarios

Fernando Andrade Cancino ha dicho que…
Santa: Revisa con qué te pagan los pocos clientes de La Azotea, es muy fácil, yo como la cajera identifico un billete falso al dedillo (claro, después de que me metieron como 4 de 200 y me paso lo mismo en "mi banco", sólo que a mi me devolvieron los billetes con un sello que allí le pusieron con la leyenda "falso"

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