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Uriel Martínez (1950 )

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                                                                            seresmitológicos                                                                          Andanzas 1 Cierras los ojos antes de trepar en el potro alado que te llevará con los tuyos, con la respiración pausada y los pies descalzos. Mientras el animal cobra altura tus manos tus dedos y el plexo solar sueltan amarras al zambullirte una vez y otra. Tarde o temprano saldrás a flote con el rostro mojado, con sendas perlas en las orejas que escurrirán a la piscina para cerrar otro ciclo. Mientras el potro dice sí repetidas v...

Eugénio de Andrade (1923/2005 )

En un lugar al sur... Es un lugar al sur, un lugar donde la cal amotinada desafía el mirar. Donde viviste. Donde a veces en sueños vives aún. El nombre empapado de agua te escurre de la boca. Por caminos de cabras descendías a la playa, el mar batía en aquellas piedras, en estas sílabas. Los ojos se perdían ahogados en el fulgor del último o del primer día. Era la perfección. ("trianarts", trad. ángel campos pámpano)

Rosario Castellanos (1925/1974 )

Tercera elegía del amado fantasma I Como la cera blanda, consumida por una llama pálida, mis días se consumen ardiendo en tu recuerdo. Apenas iluminas el túnel de silencio y el espanto impreciso hacia el que paso a paso voy entrando. Algo vibra en mi ser que aún protesta contra el alud de olvido que arrastra en pos de sí a todas las cosas. ¡Ah, si pudiera entonces crecer y levantarme, alumbrar como lámpara alimentada de tu vivo aceite en una hoguera poderosa y clara! Pero ya nada alcanza a rescatarme de la tristeza inerte que me apaga. Grandes espacios ciernen finas nieblas entre tu rostro y los que aquí te borran. Tu voz es casi un eco y lejos resplandece tu mirada. Agonìa fuera del mundo Miro las herramientas, el mundo que los hombres hacen, donde se afanan, sudan, paren, cohabitan. El cuerpo de los hombres, prensado por los días, su noche de ronquido y de zarpazo y las encrucijadas en que se reconocen. Hay ceguera y el hambre los alumbra y l...

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

Bert Kessler Herí a un ave en el ala aunque volaba contra el sol poniente. Pero nada más sonar el disparo, remontó el vuelo más y más alto entre las astillas de luz dorada, hasta que, vuelta panza arriba, con las plumas revueltas y un poco de plumón flotando en torno, cayó como una plomada sobre la hierba. Fui hacía ella pisando entre la maleza hasta que vi una salpicadura de sangre en un tronco cortado y luego la codorniz, que yacía junto a las raíces podridas. Alargué la mano y sin que viera zarza alguna, algo me la pinchó como un aguijón y me la adormeció. Entonces, en un segundo, vi a la serpiente de cascabel, abiertos los pliegues de sus ojos amarillos, la cabeza arqueada, echada hacia atrás sobre los anillos de la piel, círculos de fango color ceniza o de hojas de roble que se volvieron blanquecinas bajo capas de otras hojas. Me quedé de pie como de piedra, como de piedra, mientras ella se encogía y desenroscaba y cuando comenzó a arrastrarse por detrás d...

Eduardo Casar (1952 )

Referencia              para andrea Te hablo desde la noche. Desde la lluvia que sé que te hace crecer porque mañana serás más profunda. Y aludo a las piedras. A las blancas de Vallejo y a las secas de León Felipe que perforarán -decía él- el firmamento, y a la que Drummond tenía en el medio del camino. Piedras que son referencias frente a otras piedras. Hija: te regalaré una honda. ("algún día en cualquier parte, bicentenario de chile y méxico", ed. uv, xalapa, méx. 2011)

Macky Corbalán (1963/2014 )

Regalos 1 Te di una piedra, fantástica combinación de brisa, sol marino, arena y tiempo. Y creíste que te daba el corazón. 2 De apuro, con las ruedas de la bicicleta apenas detenidas, trajiste manzanas. Y seguiste, rauda, el camino que no has de cambiar. Pero, pequeña, las manzanas eran rojas, brillantes, abrían su corazón dulce al mordisco, al ansia, a la sed de mi urgencia. ("estación quilmes")

Jorge Brash (1949 )

Soneto              para aurelio asiain,              sobre un tema suyo. En cuánta espera se desnuda el viento mientras la pura desnudez espera. Desnuda por el viento va la pera y en su fragancia nuda toma asiento. Posa desnudo el aire del aliento y su tersura, hábito de espera, tras el olvido de la noche entera deriva hacia feliz descubrimiento. Hay en los trazos del silencio abierto una suerte de luz, un dejo ingrato de la embriaguez primera y el innato deseo de ser tocado por lo incierto. Así, redondo y a mitad del huerto el fruto se desnuda en el olfato. ("la jornada semanal", nueva época, no. 11, 20 agosto 1989)