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Enrique González Llorca (1870/1929 )

Ruego Cuando imploro tu favor, no te pido, gran Señor ni el más leve grano de oro. No te pido que la Historia me conceda una memoria; no te pido la grandeza ni que guardes mi cabeza del guijarro y de la escoria. Si el dolor llena mi vaso, me resigno, bebo... y paso, y a las cumbres con que sueño me levanto en "Clavileño", si no puedo en el "Pegaso". ("poesía", ediciòn uv-xalapa, mèx., 2008)

Jimena Arnolfi (1986 )

La lentitud Amamanto a mi hija y en silencio, miro por la ventana cómo la lluvia moja la ropa que colgué hace un rato bajo el limonero. Aprendo a estar quieta. La paciencia no pertenece al tiempo. Algo empieza de nuevo cuando no hay de dónde aferrarse ni siquiera con una mano. ("marceloleites")

Pablo García Casado (1972 )

Ford como un oso que despierta del letargo nuestro ford va derritiendo la nieve del parabrisas pongo las maletas en el asiento trasero repaso el mapa de carreteras ahora llegas tú medio dormida sin pintar sin arreglar rota por la noche pasada una noche de preguntas de miedo de ropa que entra y sale de los armarios una noche de nevera desconectada pero hoy es distinto y te sientas a mi lado como antes cuando viajábamos sin prisa a través de bosques y maizales en esas noches de faros encendidos en busca del océano el ford asciende lento por la colina quiero viajar al sur al sur de todos los proyectos ("eldígoras")

Pablo García Casado (1972 )

Golosinas como un caramelo saliendo del envoltorio así me sentí la noche en que después de pintarme de golfa tú por fin te decidiste una mejor estrategia una retirada a tiempo y las cosas no tendrían ese sabor que queda tras el fraude me dejaste aquí tirada como un caramelo después de chupado ("a media voz")

Alejandro Céspedes (1958 )

En qué lugar de mí En qué lugar de mí se agazapaba el hombre que me iba a mirar como a un extraño. En dónde estaba él cuando la lluvia caía mansamente sobre el lomo brillante y resignado de las vacas, y mis botas de goma perseguían el trozo de la rama que era un barco por el caudal de las cunetas. En dónde cuando el cauce que formaban las hojas de los árboles iba vertiendo ríos que llenaban los huecos de la risa. Cuando orinaba en las cuevas de los grillos, dónde. Dónde cuando desnudo volvía el rostro y las manos hacia el cielo para sentir la lluvia deshilachar mi túnica de barro. En qué lugar de mí se agazapaba un hombre mientras en pie, la lluvia, como una verja inútil, transparente, me protegía del mundo que había fuera. Sólo al agua le ha sido concedido el elevarse. Abandonar la tierra. Separarse del barro que endurece y afirma las pisadas de los hombres. Formar parte del cielo y alejarse. Huir sin dejar rastros, sólo el agua, alma sola,...

Ingeborg Bachmann (1926/1973 )

Todos los días No se declara ya la guerra, se la continúa. Lo inaudito se ha vuelto cotidiano. El héroe permanece lejos de los combatientes. El débil ha entrado en las zonas de fuego. El uniforme del día es la paciencia, la distinción esa estrella miserable de la esperanza encima del corazón. Se la otorga cuando no ocurre nada más, cuando calla el fuego graneado, cuando el enemigo está invisible y la sombra de la armadura eterna cubre el cielo. Se la otorga por el abandono de las banderas, por la valentía hacia el amigo, por la delación de secretos indignos y la desobediencia a toda orden. . ("otra iglesia es imposible", traducción de rodolfo alonso y klaus dieter vervuert)

Uriel Martínez (1950 )

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Diente de ajo Un diente de ajo tierno, pequeño como pieza dental perfecta, digamos un canino, en ayunas. En esta temporada de calores hondos, cuando quieres huir a la arena, cuando te dilatas en la tina, cuando te enjabonas lento; en días así, te decía, se cosechan ristras, trenzas, cabezas de ajo que son un escándalo. Habrá quienes colocan ajos a la entrada de casa, de la alcoba principal, en el buró de noche, en la alacena y sobre la corona que corona el refrigerador o en el fogón, las cazuelas y cucharas de madera, peltre y aluminio. Iniciando el día, te recomendaba, cualquier viernes, lunes o domingo; pero los siete días, con agua serenada, te pasas entero el ajo mediano -digamos- , luego te olvidas -evitas la sugestión del mal sabor o mal aliento-. Te sentirás mejor, como nueva, así frises los umbrales de la muerte. (Inédito)