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Anne Sexton (1928/1974 )

Rezando en un boeing 707 Madre, cada vez que le hablo a Dios tú te entrometes. Sales con tus bla bla blas en bloque, otra vez con el asunto de las cartas. Si escribo un poema tú das un reporte contable. Si hago el amor me das las frases más graciosas. Señora Sarcasmo, ¿por qué no te queda ningún hijo? Ellos se aguantan sus reverencias. Ellos se agachan con tu estilo. Ellos se estrechan las manos –como-estás-tú en esa misma forma inimitable. Ellos se saltan la sopa con perejil como tú nunca pudiste. Ellos llevan a sus hijos en sus brazos como tazas de chocolate caliente como tú nunca pudiste y todavía, todavía con tu sonrisa, con tu hoyuelo, te imitábamos te imitábamos a lo lejos… el gran pino del verano, la playa que te bañó de aceite, el jardín hecho de narices, la luna atada sobre el mar, los grandes perros de sangre caliente… la muñeca que me diste, Mary Gray, o que tu madre me dio o que me dio la criada. Quizás fue ella. Ella tenía un alma, y e...

Charles Simic (1938 )

Primavera Esto es lo que vi - nieve sucia en el suelo, tres mirlos acicalándose, y mi vecina saliendo en camisón a colgar la ropa de su marido en la soga. El viento de la mañana dificultaba el tendido. Le alzaba tanto el camisón, que tuvo que parar y cubrirse, mientras reía a carcajadas. ("griselda garcìa", trad. ma. negroni y federico barea)

Enrique Solinas (1969 )

Esta es mi lengua ¿Has visto cómo el sol cada mañana levita siendo ánima o es virgen, en ascenso constante, para empezar el día? De par en par, abro las ventanas de mi cuerpo y dejo que la brisa suceda sobre la piel, mientras cierro los ojos y puedo sentir la sombra de los pájaros, el movimiento de una flor. Puedo sentir el leve susurro de la escarcha. Qué maravilloso es despertar y que la naturaleza te abrace como a un hijo perdido y recobrado, así cada palabra con su esencia recupera el aroma del sentido. Mi lengua se construye en la visión que acabo de contarte. De la gran ciudad al bosque, un largo trecho de metáforas hay que recorrer. ¿No has visto cómo el sol irrumpe y es la lluvia de luz que nos sorprende cada instante del día? Te digo que no hay visión igual, el pensamiento suele confundirnos. Si no lo has visto aún, no has visto el mundo. ("griselda garcìa")

Alfonso Gatto (1902/1976 )

Fin Cuando la muerte sea el suave viento que la tarde del campo cobija en su regazo, o un lago o un cielo, y la hierba en sí misma un latido, el muro eterno blanco… Y paseen del brazo voces límpidas de mujeres lunares —tal creeremos— y de exhaustos soldados desplomados sobre linternas… Veremos otra vez el blanco lecho de aire, las casas a lo lejos con una sola luz entre calles que el sueño trepa y baja de voz en voz… Penetraremos hondamente el brazo vigoroso del cielo y, en la densa cerrazón de los pueblos, las tinieblas, el mar ceñido en galerías de olas. Seremos estentóreos despojos en los tronos de bárbaros legados a una vida que nos tomó de niños, con el miedo eternamente incrustado en los ojos. Final Si al volverme ya no te veo, ¿cuál de nosotros dos es el ausente? ¿Quién, de su pensamiento, un acto vio salir tan veloz que se perdió más allá de las nieblas de los muertos que miran hacia atrás? Si al volverme ya no te veo, ¿cuál de nosotro...

Héctor Rojas Herazo (1920/2002 )

Un agujero Le pregunté al tendero gordo, con toda seriedad: – ¿Usted es Dios, señor? Y él me responde, mientras corta trocitos de jamón, mientras mueren poco a poco sus ojos: – No, no soy Dios, pero sí lo conozco. –¿Cómo es él? – le pregunto. Y el me responde: – Es así. Y me da su tamaño, su peso, sus medidas. ("ruadaspretas")

Uriel Martìnez (1950 )

Imagen
Encargos una libreta de taquigrafìa de cien hojas, una pluma bic de tinta negra, un epìgrafe de borges, otro de cèsar vallejo y, acaso, uno de girondo; por separado una bolsa de canicas àgata, una goma de borrar y dos làpices eagle nuevos y un sacapuntas; un thermo de cafè y dos cajetillas de cigarros; ningùn libro de oraciones ni agenda con # telefònicos, tampoco ningùn mòvil, ni biblia, ni estampitas de santos; libros no sè, voy a pensarlo... (inèdito)

Amalia Bautista (1962 )

¿Què haces aquí? Creía que te había dicho adiós, un adiós contundente, al acostarme, cuando pude por fin cerrar los ojos y olvidarme de ti y de tus argucias de tu insistencia, de tu mala baba, de tu capacidad para anularme. Creía que te había dicho adiós del todo y para siempre, y me despierto y te encuentro de nuevo junto a mí, dentro de mí, abarcándome, a mi vera, invadiéndome, ahogándome, delante de mis ojos, enfrente de mi vida, debajo de mi sombra, en mis entrañas, en cada pulso de mi sangre, entrando por mi nariz cuando respiro, viendo por mis pupilas, arrojando fuego en las palabras que mi boca dice. Y ahora, ¿qué hago yo?, ¿cómo podría desterrarte de mí o acostumbrarme a convivir contigo? Empezaremos por demostrar modales impecables. Buenos días, tristeza. Africanas La luna está africana y yo también. Esta noche se ha puesto del color de las lámparas de cuero de camello. Yo, ajorca en el tobillo, sudor en el escote, tambores en...