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Efraín Huerta (1914/1982 )

Esa sangre No la veo, no me baña su doloroso color, ni la oigo correr sobre las piedras, ni mis manos la tocan, ni mis cabellos se oscurecen, ni siquiera mis huesos se ponen amarillos, ni aún mi saliva es verde, amarga y pálida. No la he visto. No. No la he sentido en mi propia sangre revolotear como pájaro perdido, llorando o nada más en busca de descanso. Es horrible que no llueva sangre española sobre las ciudades de América, como sangre de toros embistiendo o lágrimas de águilas. Pero sí, sí la veo, sí corre por el cielo de mi ciudad, sí la tocan mis manos, sí mis cabellos oscurecen de miedo, sí mi boca es una herida espantosa y mis huesos roja pesadumbre. La he visto, la he tocado con mis propios asustadizos dedos, y todavía estoy quejándome de pena, de noche, de nostalgia. Yo soy testigo de esa sangre. Puedo decir que hablé con ella como un árbol ensangrentado con una casa deshabitada; puedo decir a los incrédulos que en su corriente iban, s...

Amalia Bautista (1962 )

Mis mejores dese os Que la vida te sea llevadera. Que la culpa no ahogue la esperanza. Que no te rindas nunca. Que el camino que tomes sea siempre elegido entre dos por lo menos. Que te importe la vida tanto como tú a ella. Que no te atrape el vicio de prolongar las despedidas. Que el peso de la tierra sea leve sobre tus pobres huesos. Que tu recuerdo ponga lágrimas en los ojos de quien nunca te dijo que te amaba. ("cómo cantaba mayo en la noche de enero")

Eugénio de Andrade (1923/2005 )

Adiós Ya hemos gastado las palabras en la calle, amor mío, y lo que nos ha quedado no basta para alejar el frío de cuatro paredes. Lo hemos gastado todo salvo el silencio. Hemos gastado los ojos con la sal de las lágrimas, hemos gastado las manos a fuerza de apretárnoslas, hemos gastado el reloj y las piedras de las esquinas en esperas inútiles. Meto las manos en los bolsillos y no me encuentro nada. Antes teníamos tanto que darnos; era como si todo fuese mío: cuanto más te daba más tenía que darte. A veces decías: tus ojos son unos peces verdes y yo me lo creía. Me lo creía porque a tu lado todas las cosas eran posibles. Pero eso era en el tiempo de los secretos, era en el tiempo en que tu cuerpo era un acuario, era en el tiempo en que mis ojos eran realmente peces verdes. Hoy son sólo mis ojos. Es poco, pero es la verdad, unos ojos como los demás. Ya hemos gastado las palabras. Cuando ahora te digo amor mío , ya no pasa absolutamente nada. Y sin em...

Yolanda Pantin (1954 )

Poema ―Bienvenida a tu cueva, me dice la penumbra. ―Saludos, Yolanda, me recibe la parentela. ―Saludos, almas de la casa. ("el nacional")

Joan Margarit (1938 )

París Venía atravesando una ciudad construida con sueños y recuerdos. No recordaba el nombre del hotel ni dónde estaba. Se lo hizo recordar, desde el Jardín du Luxembourg, el olor de una hoguera de hojarasca. ¿Cómo salvar los días consumiéndose en el montón de hojas del pasado? Y de pronto vio el rótulo : Hotel de L´Avenir. Ella seguía allí esperándolo. Y con una sonrisa le dijo : al fin has vuelto. Lo único decente que hay en ti nunca ha salido de esta habitación, de aquí conmigo. ("javier das")

Uriel Martínez (1950 )

Imagen
Easy Rider Como en una mala película de los años sesenta pasaron esporádicos motociclistas en vehículos exhaustos con chicas en ancas de piel ajada, ojeras como volcanes y pelo volante como medusas. Salí temprano al súper con un cielo borrascoso, sin celular, sin google earth ni whatsapp inoportuno, antes del mediodía y sin cenit a la vista. Ellos llevaban tatuajes en bíceps, en codos, en uñas como quien simula el paso del mundo en una vieja cinta Eastmacolor. Quizá cuando viajan de un desierto a otro evocan escenas del Far West donde abundan dunas, serpientes, forajidos y otras faunas del cine importado. Indudablemente van al encuentro del sol de una media tarde mortecina; acamparán en una aldea desconocida y ahí -en pareja-, morirán sin rendirle cuentas a nadie. [Inédito]

Elvis Guerra (1993 )

Letanía para el llorón Llorar es mi número de la suerte. Llorar es morir a solas. Llorar es amar a un hombre desnudo. Llorar es entregarle todo a quien no te ama. Llorar es un acto de libertad, es un basta, un hasta luego. Llorar es temblar en una cama llena de sapos. Llorar es nadar con tu primo y su primer barro. Llorar es el árbol que guarda los pasos de mi tío que se suicidó un 31 de diciembre. Llorar es la abuela vendiendo su último centenario. Llorar es un perro que te arrastra, te lame, te chupa y se aleja sin volver la vista. Llorar es la lámpara que nunca encienden en los [hospitales. Llorar es comunión del cuerpo, oficio de la carne, sed del deseo. Llorar es un pájaro moribundo. Llorar es tu padre muerto de un disparo en la cabeza. Llorar es tu flor mejor guardada. Llorar es un perro chimuelo que te despedaza a [puñetazos. Llorar es un sí donde nadie pregunta. Llorar es tu madre llamando a las once de la noche para saber si ya terminaste de hacer e...