Efraín Huerta (1914/1982 )
Esa sangre No la veo, no me baña su doloroso color, ni la oigo correr sobre las piedras, ni mis manos la tocan, ni mis cabellos se oscurecen, ni siquiera mis huesos se ponen amarillos, ni aún mi saliva es verde, amarga y pálida. No la he visto. No. No la he sentido en mi propia sangre revolotear como pájaro perdido, llorando o nada más en busca de descanso. Es horrible que no llueva sangre española sobre las ciudades de América, como sangre de toros embistiendo o lágrimas de águilas. Pero sí, sí la veo, sí corre por el cielo de mi ciudad, sí la tocan mis manos, sí mis cabellos oscurecen de miedo, sí mi boca es una herida espantosa y mis huesos roja pesadumbre. La he visto, la he tocado con mis propios asustadizos dedos, y todavía estoy quejándome de pena, de noche, de nostalgia. Yo soy testigo de esa sangre. Puedo decir que hablé con ella como un árbol ensangrentado con una casa deshabitada; puedo decir a los incrédulos que en su corriente iban, s...