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Linda Pastan (1932 )

Ética Hace muchos años en clase de ética nuestro profesor nos preguntaba cada otoño: ¿si se prendiera el fuego en un museo qué es lo que salvarías, una pintura de Rembrandt o una anciana a la que de todos modos no iban a quedarle muchos años de vida? Impacientes en las duras sillas nos preocupaban poco los cuadros o la vejez, optábamos un año por la vida, al siguiente por el arte y siempre con poco entusiasmo. A veces la mujer adoptaba el rostro de mi abuela dejando por una vez la cocina para recorrer algún museo inhóspito y sólo a medias imaginado. Un año, creyendo ser ingeniosa, respondí ¿por qué no dejar que decida la anciana? Linda, explicó el profesor, evita la carga de la responsabilidad. Este otoño, casi anciana yo misma, estoy en un museo real frente a un verdadero Rembrandt. Dentro del marco los colores son más oscuros que el otoño, más oscuros aún que el invierno— los ocres de la tierra, aunque los elementos más brillantes arden a través del lienzo. ...

Sharon Olds (1942 )

Mirándolos mientras duermen Cuando llego a casa tarde y es de noche y entro a besar a los niños veo a mi hija con el brazo doblado alrededor de la cabeza, su cara sumergida en lo inconsciente; tan centrada por completo en su yo oscuro, la boca que resopla con ligereza como alguien saciado pero con una mueca leve de no haber tenido suficiente, los ojos tan cerrados que uno pensaría que han girado sobre el iris para mirar la parte posterior de la cabeza, el globo ocular desnudo y marmóreo bajo el párpado anhelante grueso y satisfecho, descansa sobre la espalda en posición cerrada y de abandono y el hijo en su habitación, oh, el hijo, está de lado en la cama, una rodilla arriba como si estuviera escalando peldaños escarpados en la noche, y bajo el temblor fino de los párpados sabes que sus ojos están abiertos de par en par, mirando y vidriosos, con su azul codicioso y cristalino en toda esta oscuridad, y la boca está abierta, respira con dificultad por la subida y j...

Isla Correyero (1957 )

Para quién escribo                       10 de octubre de 1995 Mi hijo de diez años me ha preguntado para quién escribo. Mi palabra sale de la afonía de una guardia, de un sufrimiento crónico. Escúchame, Paolo, yo quisiera escribir para todos los que sufren en esta larga galería de la muerte. Para los que lloran por el clima y desfallecidamente caen entre las sábanas mojadas. Para las madres que nunca acaban de perder al hijo estremecido y permanecen a su lado las horas eternas de las tinieblas. Escribo para los ancianos sin sucesión ni campos de manzanas que llaman solitarios a los timbres temblando por su incontinencia. Para el bálsamo de su inmovilidad escribo en el lavatorio de sus heces. Escribo, Paolo, para las alas fosfóricas de la guadaña que pasa cada noche sobre el piso noveno y deja caer su cucharón de palo para comerse al más ausente. Para los hijos, escribo, los hijos que fuman los cigarros amargos a escond...

Karmelo C. Iribarren (1959 )

Vuelve a intentarlo                            para alberto moyano Esas mañanas de domingo,                        en invierno,                        a primera hora:                        las calles recién regadas,                        el aire fresco,                        limpio,                        el olor a cruasán de las cafeterías,                        la locura                        de los pájaros... ...

Uriel Martínez (1950 )

Asilos si un día coincidimos en la misma casa de reposo no finjas que fuimos felices; o si nos encontramos en la funeraria no muestres luto por nosotros; si acaso el destino nos junta en el manicomio, di que fui tuya y fuiste mía como error del azar. [Inédito]

Juan Manuel Roca (1946 )

Poética Tras escribir en el papel La palabra coyote, Hay que vigilar Que ese vocablo carnicero No se apodere de la página, Que no logre esconderse Detrás de la palabra jacaranda A esperar a que pase la palabra liebre Y destrozarla. Para evitarlo, Para dar voces de alerta Al momento en que el coyote Prepara con sigilo su emboscada, Algunos viejos maestros Que conocen Los conjuros del lenguaje Aconsejan trazar la palabra cerilla, Rastrillarla en la palabra piedra Y prender La palabra hoguera para alejarlo. No hay coyote ni chacal, No hay hiena ni jaguar, No hay puma ni lobo Que no huyan cuando el fuego Conversa con el aire. ("otropáramo")

Juan Manuel Roca (1946 )

Las enfermedades del alma Me da luna Verte cruzar por una esquina Cuando se enciende el faro de la isla Y se apagan los barcos del contrabando. Me da río Ver los muertos en los trenes desbocados Que viajan hacia el mar de las Antillas. Me da nube Mirar cómo trepan por el aire Las calladas catedrales. Me da barca Cuando cruzas, sonámbula, Como si empujaras al viento. Me da libro El tren que parece la cremallera de la noche, La poderosa maquinaria Que rebana dos tajos de oscuridad. Me dan buitres Las noches góticas Que se pueblan de cirios y cilicios. Me da puerto Cuando el río sestea al mediodía Entre bosques de pimienta O bajo los brazos de un samán. Me da Sur, Mucho Sur, oír tu silencio Que acompasa la música Con su discreta percusión. Me da aguja La sombra cimbreante Que vive cosida a tu belleza. Me da bar Cuando escucho en la madrugada El taladro de la lluvia. Me da nieve El llanto de una niña Que rompe el silencio del vecindario. ...