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Odette Alonso (1964 )

Días de Géminis Fósforo A la llama pequeña casi inofensiva no le bastó el cerco que hicimos con las manos ni el soplo de la boca previsora. Infamó cuanto había alrededor. Fue incendio. Miel de agave Otra miel es la que quiero aquella que se embarra entre los dedos y los chupo hambrienta golosa del sabor y del aroma. Otra miel definitiva esa que se unta al labio y siembra con acidez propiciatoria la adicción. ("old music island", izc-zac., méx., 2018)

Al Berto (1948/1997 )

Del ardor de la pasión a la muerte en el poema El cuervo vuela como una navaja atravesada en la boca de quien escribe. Viene a posarse en el hombro luminoso del habla. Quien escribe segrega palabras negras, tan negras como sus alas: —No hubo un solo día en que no estuviese enamorado de ti. En que no haya pensado, en pleno vuelo, deshacerte a picotazos. Tan solo quiero decirte, Alexandre, que llegué a comprender el lenguaje limpio de los pájaros, a leer nuestro futuro en las entrañas de las víctimas, a vencer al miedo, a las serpientes por medio de encantamientos, a evocar las sombras, a excavar la ciudad hasta sus abismos más profundos, a hacer del día noche y de la noche día... Pero si miras el firmamento, descubrirás una ruta de estrellas. Y verás que una estrella comienza a caer. Debes, entonces, observar atentamente su recorrido y el lugar donde por fin se extinga. En ese punto de la noche insomne encontrarás Samarcanda. ("la nube habitada", versión de fernando ...

Adrienne Rich (1929/2012 )

XII Durmiendo, girando incesantes como planetas en sus praderas nocturnas: un roce es suficiente para hacernos saber que no estamos solas en el universo, aún dormidas los fantasmas del sueño de dos mundos cruzan sus pueblos fantasmas, casi hablándose entre sí. Despierto al susurro de tus palabras dichas a años luz o años sombra como si mi propia voz hablara. Pero tenemos voces diferentes, aún en sueños, y nuestros cuerpos, tan parecidos, son sin embargo diferentes y resuena el pasado a través de nuestras venas cargado con lenguajes diferentes, sentidos diferentes, pero cualquier crónica del mundo compartida podría ser escrita con un sentido nuevo: éramos dos amantes de un género, éramos dos mujeres de una generación. ("poemario de mujeres", s/c traductor)

Roberto Malatesta (1961 )

Dormir sobre una piedra Hoy dormí sobre una piedra, sobre la misma piedra dormía el sol, el sol y la piedra eran mi lecho, yo no tenía otra visión que el cielo, no tenía otro pensamiento que un cielo sin nubes. Pronto apareció un grupo de aves, creí que se trataba de nuevos pensamientos pero eran aves reales, pude oír sus gritos, giraban en círculo, quizá sospechaban que estaba muerto, seguramente eso creían pues moví una pierna y luego moví otra pierna y las aves desaparecieron. Regresé entonces a mi único pensamiento, al sonido único del viento en la montaña, a la sensación una del sol de la piedra. Me hallaba en otro sitio, era un solo y único sitio, estaba en una piedra y nadie podía hallarme, nadie podía molestarme excepto las aves que pronto regresarían a verificar si al fin me había muerto. ("otra iglesia es imposible")

Joan Margarit (1938 )

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J.L. Borges Nada ni nadie es la poesía. Ni el personaje solo en una roca que mira los embates del mar. Ni el mar, lo único que ha perdurado en la mitología. Poesía no eres tú. Ni los crepúsculos, ni el inútil prestigio de la rosa, ni haber escrito el verso más triste alguna noche. Nada ni nadie es la poesía. Ni el ínfimo temblor de las estrellas, ni mármol y ceniza, reunidos por los clásicos, ni los muelles al alba, ni las hojas muertas, ni escuchar la canción Les feuilles mortes. Nada ni nadie es la poesía. Ni las cartas de Rilke, ni Venecia, ni la bala en la sien de Maiacovski, ni la luz del farol entre la niebla donde siempre esperará Lili Marlene. Nada ni nadie es la poesía, pero ella es quien me salva de este monstruo que acecha en un lugar dentro de mí, la bestia que me hace compañía. ("poéticas")

Carilda Oliver Labra (1924 )

Anoche Anoche me acosté con un hombre y su sombra. Las constelaciones nada saben del caso. Sus besos eran balas que yo enseñé a volar. Hubo un paro cardíaco. El joven nadaba como las olas. Era tétrico, suave, me dio con un martillito en las articulaciones. Vivimos ese rato de selva, esa salud colérica con que nos mata el hambre de otro cuerpo. Anoche tuve un náufrago en la cama. Me profanó el maldito. Envuelto en dios y en sábana nunca pidió permiso. Todavía su rayo lasser me traspasa. Hablábamos del cosmos y de iconografía, pero todo vino abajo cuando me dio el santo y seña. Hoy encontré esa mancha en el lecho, tan honda que me puse a pensar gravemente: la vida cabe en una gota. Busco una enfermedad que no me acabe... Busco una enfermedad que no me acabe sino el dolor constante de la vida: algo para fingir que estoy dormida detrás de este temblor de escarcha grave. Busco un agua cósmica que lave la lágrima terrible que me oxi...

George Bacovia (1881/1957 )

Frío Cerca de una valla rota el viento me golpea con hojas mojadas. Estoy cada vez más feo, más acabado. El frío va empañando los vidrios. Sobre la calle que se inclina en descenso hace un otoño parecido a un poema viejo. Las faldas de las mujeres se levantan por el viento; nunca podré hacer pareja con alguna de ellas. El otoño desgarra carteles y flores. Y es cada vez más triste, lejos, en los barrancos, encender el fuego varias veces al día. Ah, más triste todavía, lejos, en los barrancos... Hojuelas de nieve revolotean... (revista "la palabra y el hombre", no.43, uv-xalapa, 2018; traducción aleqs garrigós)