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Juan Bonilla (1966 )

Esto quería ser un poema de amor Tiras de las dos asas amarillas Y la bolsa se cierra. Luego haces dos nudos Sobre las mondas de naranja y las cáscaras de plátano, Las sobras de la cena, Unas cuantas docenas de colillas Y una planta que ha muerto. Son doce pisos luego y unos cuarenta pasos Hasta el contenedor –en el que apenas cabe ya ninguna bolsa. En el momento de depositarla allí Se ha iluminado un número en tu mente: Setenta y seis. Son pocas todavía Las bolsas de basura que habéis llenado juntos Si las comparas con las más de mil Que Laura y tú llenasteis; Son muchas, desde luego, un escorial, si las comparas Con las apenas diez Que de aquel sótano de Londres donde Marge, Sacabas rumbo a un minúsculo depósito en el patio. En La Habana Amarilis Cada noche colgaba la basura de las ramas de los árboles –para evitar la proliferación de ratas–: llenasteis juntos veintitantas bolsas. Es fea, bien lo sabes, tu costumbre De computar amores en bolsas de basura....

Jimena Arnolfi (1986 )

Tesoro Ahora dejé la ciudad y vuelvo de la huerta con olor a tomillo, albahaca, romero, vos enlazás mis manos, las respirás, pedís hacer tu casa en ellas. Un hogar es algo difícil de lograr. Un hogar es como un árbol. Si te quitan los árboles, perdés tranquilidad, belleza y protección. A veces caigo como una hoja en otoño, no sé si estoy quieta o en movimiento pero algo está crujiendo. Habrá que estudiar lo que dice el maestro. Cuando más de un árbol se seca en un mismo lugar, la naturaleza está avisando: hay un tesoro escondido bajo las raíces muertas. ("blog del amasijo")

Marosa di Giorgio (1932/2004 )

De súbito estalló la guerra De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar arriba de las calas. Primero, creíamos que era juego; después, vimos que la cosa era siniestra. El aire quedó ligeramente envenenado. Se desprendían los murciélagos desde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a los platos, como rosas, como ratones que volvieran del infinito, todavía, con las alas. Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas: "Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas...". Pero, ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno, tenía calavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes, al alcance de la manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el este, el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se divorciaran. De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra, arriba de las calas. ("concédeme esos cielo...

A.E. Quintero (1969 )

Veníamos... veníamos de cortar algunos capullos de mariposas. Las tardes de noviembre las usábamos para salvarlos de las primeras heladas. Y a ese bisbiseo de ir juntos, de cortar capullos, le llamabas -con tu voz de hablar bonito, ronca- silencio. Le llamabas silencio. Y yo te miraba más alto, corazón de raíz profunda, raíz, te miraba más alto y más mi padre que otros días. Y ciertamente el silencio bisbiseaba, y ciertamente todos mis corazones de niño que camina con su padre, de niño que huele a tierra despertada temprano y a yerbas echadas a un lado, bisbiseaban. Mi corazón, que no es mi corazón de ahora, te veía más alto. Y aquellos capullos de mariposa son la única prueba que aún tengo de que tuve un padre, y de que había momentos en los que caminábamos juntos y me quería. Porque hubo momentos en que me quería. ("monolito")

Theo Dorgan (1953 )

Ítaca                                                                                          para Leonard Cohen Cuando emprendas el viaje desde Ítaca otra vez deja que sea otoño, temprano, que las hojas planas caigan mientras te vas, para la primavera te sacudirían sus premuras, sus rumores de juventud. Te habrás ganado el camino de vuelta al puerto, deber cumplido, tu cuota de trabajo pagada, arraigada la casa, tu hijo en el pleno de la paternidad, su madre, tu largamente amada, disuelta en la penumbra. Camina por los umbrales, no mires a diestra o siniestra, no vayas a inhalar el humo de la leña, el tímido brillo de las muchachas, la resina y el pino de la casa. Quédate ahí, mantén su mirada, ellos han sido buenos vecinos. ...

Juan Carlos Moisés (1954 )

El tomate Corto el tomate en la tabla de un tajo, lo parto en  mitades sucesivas, y para no demorar lo inevitable sigo cercenando esos pedazos indefensos hasta hacerlos papilla, y salvo el color rojo como una mancha de sangre en el pecho del herido ya no podemos saber lo que fue alguna vez, bajo nuestros pies, su raíz hablando una lengua desconocida, ni lo que será, después de condimentar a gusto, sentarnos a la mesa familiar y comenzar a comer sin culpa, mientras conversamos animados sobre los temas impiadosos del día. ("la ficción del olvido")

Lêdo Ivo (1924/2012 )

La hoguera Quema cuanto puedas: las cartas de amor las cuentas telefónicas el cesto de ropa sucia las escrituras y certificados la deslealtad de los colegas resentidos la confesión interrumpida el poema erótico que confirma la impotencia y anuncia la arteriosclerosis los recortes antiguos y las fotografías amarillentas. No dejes a los voraces herederos ninguna herencia de papel. Sé como los lobos: muere en la madriguera y sólo muestra tus afilados dientes a los canallas. Vive y muere cerrado como un caracol. Dile siempre no a la escoria electrónica. Destruye los poemas inacabados, los borradores, las variaciones y los fragmentos que provocan el orgasmo tardío de filólogos y eruditos. No dejes a los catadores de basura literaria ninguna migaja. No confíes a nadie tu secreto. La verdad no puede ser dicha. ("no me quites paz", trad. josé carlos de nóbrega)