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Eliseo Diego (1920/1994 )

El payaso Allá el payaso por el aire viene no se sabe de dónde ni se sabe cómo; precédelo su roja, planetaria nariz; siguen los ojos que han visto el fin de la función y pueden aún sonreír; luego la boca que no le sirve, no, para comer; los pantalones hecho de pompa y de mohín; las botas buenas para no estar;                 pero así viene a empellones de gloria,               a puntapiés, trastabillando de aire en casi nada, de tumbo en vuelo, de milagro desde la sombra hasta el candil, desde el silencio al ser. ("premio de literatura latinoamericana y del caribe juan rulfo," 1993)

Marcelo Díaz (1981 )

Newton y yo La manzana que cayó durante la siesta de Newton descansa en mis manos como un agujero negro hambriento de sentidos. La muerte de los cometas cabe en su núcleo. Escribo el poema con lo que tarda un rayo de luz en aparecer en el mundo. Newton sabía que los árboles trabajan a la inversa de la gravedad, lo leyó debajo de sus píes: en cada hombre, comprimida, hay una descarga universal del tamaño de un planeta. ("marcelo leites")

Cecilia Romana (1975 )

Maldonado A veces la vida toma la forma de un pez o la de un bastidor sin tela. Cada cual lleva en sí mismo el molde de la suya. Nadie escapa a ese plan. Con el tiempo el presagio se hace carne. ("marcelo leites")

Miguel Torga (1907/1996 )

Ejercicio espiritual Horas finales de la vida. Cuántas, no lo sé. Pero las que fueren, sean de poesía. Nimbadas por la gracia Del claro entendimiento Y de la pura emoción. Horas de exaltación Serena. De tal modo pensadas y sentidas Que, después de vividas, Nada más valga la pena. ("cara lusitania, poetas portugueses contemporáneos", ed. aldvs, méxico, 2010, tr. f. cervantes)

Juan Bonilla (1966 )

El viajero Allí de donde vengo nadie me retenía. Sé que nadie me espera donde voy. Por la ventana inmóviles desfilan los paisajes. Sería hermoso no llegar a ningún sitio. Permanecer así: viajando de un lugar que ya no existe a otro que jamás existirá. ("rua das petras")

Fernando del Paso (1935 )

Que te acaricie yo, tus pechos, ave... Que te acaricie yo, tus pechos, ave, como rezar las cuentas de un rosario. Y que mi amor badajo y campanario te lo repique yo, que yo te clave. Que sean mis manos, de tus muslos, llave. Tu rosa, de mis dedos, relicario, y en su fronda la lengua de un canario con mi lengua, la sal, que yo te lave. Nada más eso pido, quiero, ruego. A eso me dedico y adorarte a quererte, y a eso me consagro. Y te juro, las manos sobre el fuego, que volveré otra vez a codiciarte cada vez que cumplas el milagro. ("premio fil de literatura 2007")

Héctor Viel Temperley (1933/1987 )

Hay unos sauces... Hay unos sauces quietos como yo, desde hace horas. Pero las hojas de un olmo —como por un hilo unidas al olmo y, sin embargo, toda la luz del olmo— se conmueven y brillan en cuanto sopla el aire. Sin tocar con sus hojas ni molestar a nadie, un único olmo se estremece y baila por el hombre y los sauces, quietos desde hace horas. ("la biblioteca de marcelo leites")