Entradas

Uriel Martínez (1950 )

La vorágine cuando vinieron los pistoleros por mis vecinos, el día señalado, guardé silencio para salvarme. cuando llegaron los militares y saquearon la casa de las muchachas, fui discreto por no meterme en líos. cuando los cacos vaciaron el domicilio de al lado y sólo dejaron el ábaco del infante, me mantuve al margen del delito consumado. cuando aparecieron los sicarios y le prendieron fuego al negocio de enfrente, fingí indiferencia porque no era el mío. cuando los cuervos derribaron mi puerta a culatazos, salí al patio y me dejé llevar por la vorágine.

Laura Yasán (1960 )

Llegar a salvo hay que saber llegar hasta la orilla sin mojarse los pies cruzar una ciudad en donde el agua es negra y negra es la saliva de los perros y negro el semen que descargan los ángeles en las sábanas sucias de los partos hay que hundir la cabeza con los ojos abiertos negociar el ardor forzar al corazón su máquina de aceite y resistirlo a flote una noche completa hay que entregar el cuerpo a la corriente fijar la convicción                                  nadie vendrá para salvarme no soltar la palabra que dispare el alud de un espejismo                                                                     nadie vendrá para salvarme tragar si es necesario la sal que se desprende generosa de tu propio temor se...

Griselda García (1979 )

Torso desnudo de un muchacho al sol El cuerpo se tensa en cien fibras enloquecidas. En el abdomen plano dos líneas se pierden en la espesura del pubis. Esas líneas bastarían para adorarlo meses. Al final del día buscarle las axilas, olerlo buscarlo entre las piernas y encontrarlo duro pesado de semen joven. Es verano. La tortura de no tenerlo es dulce. ("la biblioteca de marcelo leites")

José Emilio Pacheco (1939/2014 )

La rueda Sólo es eterno el fuego que nos mira vivir. Sólo perdura la ceniza. Funda y fecunda la transformación, el incesante cambio que manda en todo. Sólo el cambio no cambia y su permanencia es nuestra finitud. Hay que aceptarla y asumirla: ser del instante, material dispuesto a seguir en la rueda del hoy aquí y mañana en ninguna parte. ("life vest under your seat")

Charles Simic (1938 )

El caballo Me desperté en medio de la noche y encontré a un caballo muy quieto sobre mi cama. Amigo mío, qué alegría verte, le dije, está nevando y debías sentir frío y soledad en tu establo allá abajo junto al granjero y su esposa, ambos muertos. Déjame que te arrope y compruebe si hay algún terrón de azúcar en la cocina, como el que vi una vez a un hombre con chistera darle a una yegua en un circo. Aunque temo que te hayas ido cuando vuelva; de modo que mejor será quedarme en tu compañía en esta oscuridad. ("rima interna", versión martín lópez-vega)

Dino Campana (1885/1932 )

Mujer genovesa Tú me trajiste un poco de alga marina en tus cabellos, y un perfume de viento, que ha llegado desde lejos, grave de ardor, y había en tu cuerpo bronceado la divina simplicidad de tus delicadas formas, no amor ni congoja, un fantasma, una sombra de la necesidad que ambula inevitable y serena por el alma y la diluye en dicha, en encanto, serena, para que el viento del sudeste pueda llevarla al infinito. ¡Qué pequeño y leve es el mundo en tus manos! ("otra iglesia es imposible", traducción guillermo boido)

Horacio Castillo (1934/2010 )

El foso Respiré por última vez el aroma de los eucaliptos y pasé bajo el arco donde estaba escrito: Aquí termina      el mundo. ¿Dónde estamos? —preguntó el niño que todavía no      había nacido. En ninguna parte —contestó el hombre que ya había      muerto. Y señalando en el medio del campo un inmenso foso agregó: Todos saldrán por ese mismo lugar. ¿Dónde estamos? —preguntó el hombre escondiendo los ojos en el bolsillo de la chaqueta. En ninguna parte —contestó la mujer plegando su      cabellera como un mantel. En ese momento el viento cambió de dirección y sentí por primera vez el olor de la nada. Y ese olor nos atormentó durante el resto de la jornada,      y la jornada siguiente, y todas las que siguieron hasta el fin de nuestros días. ¿Dónde estamos? —preguntó el hijo templando las      cuerdas de las alambradas. En ninguna parte —contestó el padre pasando una   ...