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Margarita Villaseñor (1934/2011 )

Escrito                       a rafael Ha venido el silencio a callarme la boca a romper el pico de mi pluma. Ha venido la dicha a desteñir la tinta con su sal. Se agazapan las palabras dolientes en la cuenca colmada de mis manos. Se me quema el corazón, se me pone la carne de gallina. Bebo un campo de lluvia cuando estás conmigo sin temporal, ni siembra ni cosecha y se deshace el tiempo. Escribo con tu voz no hay oreja ajena a mi semiótica ni mirada sagaz entre renglones. Hay fruta que endulza mi saliva y un hondo pozo para albergar mi angustia. Me encajo feliz en el silencio como el que pierde la razón y nada entiende. Como quien nada tiene que decir. Como un niño nacido sordomudo. Estás ciego a mi voz, a mi aullido constante de infortunio. Las palabras se me vuelven agua, viento, polvo de luz y se van hacia dentro al infarto fatal. A ningún lado al íntimo rescoldo de tu oído. ("Diecinueve poeta...

Héctor Carreto (1953 )

El nacimiento de Venus Después de nacer de la espuma, ataviada con su vestido de gotas, los labios con sabor a marisco, Venus confesó a su poeta: “No creo en milagros ni en dones divinos; soy sólida como el pan que muerdes, imperfecta como la roca o el sueño, mi sexo huele a sardina, me gustan los collares de perlas, la cerveza clara y amar sin quitarme las botas. (muro fb del autor)

Nizar Qabbani (1923/1998 )

En tus ojos, el mundo ajusta su hora Antes de que fueras mi amada había más calendarios para contar el tiempo: los hindúes, los chinos, los persas y los egipcios tenían sus calendarios. Después de ser mi amada, la gente comenzó a decir: el año mil antes de sus ojos y el siglo décimo después de sus ojos. En tu amor alcancé el grado de evaporación, el agua del mar se tornó mayor que el mar, la lágrima del ojo mayor que el ojo y la superficie de la herida mayor que la de la carne. No puedo quererte más aún ni estar más unido a ti. Mis labios no bastan para cubrir los tuyos, mis brazos no bastan para ceñir tu cintura y las palabras que conozco son muchas menos que los lunares que adornan tu cuerpo. No puedo adentrarme más en la espesura de tu pelo: llevan años publicando en los periódicos que estoy perdido. Sigo perdido hasta próximo aviso. El lenguaje es ya insuficiente para pronunciarte y las palabras son como caballos de madera que corren tras de ti ...

José Juan Tablada (1871/1945 )

Títeres Rosete Aranda Cuando llegó a Otumba una compañía de títeres muchos niños que no habían visto más que las pastorelas de navidad, se iniciaron en la ilusión teatral. Yo entre ellos. Aquella compañía debe  haber sido la clásica, la de Rosete Aranda... Mis hermanas y yo fuimos con los criados a una función vespertina. ¡Inefable programa! El Negrito y el Caimán; Juan Panadero y el Toro; Fiesta de Indios en Ixtacalco, ¡y una corrida de toros y una pelea de gallos...!      De regreso a casa se produjo algo curioso:      -¿De qué tamaño eran los títeres? -preguntó alguien, quizá mi madre...      -¡Del tamaño de las gentes! -contesté yo entusiasmado. ( La feria de la vida, Conaculta, Tercera serie Lecturas Mexicanas, no.22, México, 1991.)

Vicente Quirarte (1954 )

Plaza mayor En la terraza del viejo hotel Majestic celebramos los oficios del viento: montañas y nubes incendiadas al fondo de la calle nos devuelven imágenes perdidas y el Sol vuelve a poner los seres y las cosas en su sitio. Un grupo de palomas se desprende del sagrario barroco y firma en el aire su victoria. Dan ganas de decirle a la ciudad lo que el coro festivo de albañiles a esa mujer madura pero hermosa, cuando el arte mayor de sus tacones parte la plaza vespertina: "Todavía, Señora". ( Diecinueve poetas, una casa, un tiempo [antología], Silvia Aboytes compiladora, ed. UAM Azcapotzalco, México, 1999.)

Circe Maia (1932 )

La escalera a oscuras En la escalera oscura nadie sabe muy bien dónde está parado. Los escalones fueron devorados por gran oscuridad: el pasamanos /resbaloso, invisible. El descansillo -al torcer su dirección la /escalera puede hacernos dar un traspié. Conviene subir o descender con grandes precauciones. O mejor esperar a que se encienda la luz, si es que la encienden -si es que /alguien más sube o baja-. Atención entonces al mínimo crujido de la escalera. ("la biblioteca de marcelo leites")

Rodolfo Alonso (1934 )

Consecuencias Un día, mirando sin haberlo previsto el hueco entre el pulgar y el índice de mi mano derecha, yo me he visto latir. Es decir, me he sorprendido vivo, he visto a la vida haciendo su trabajo, a mi cuerpo haciendo su trabajo, por su cuenta, sin que yo tuviera nada que ver en todo eso. ( Poemas pendientes, ed. UV, Xalapa Veracruz, México, 2011)