Muerte de Juan Bautista (Mateo 14,1) Las mujeres no asisten al banquete de los hombres pero Salomé, sí. Porque ellas no quieren sino el techo y las sedas y Salomé mira más allá de los muros. Salomé quiere el regalo del Bautista, del hombre extraño cuya voz “clama en el desierto” anunciando la llegada del dios. Salomé quiere a este único hombre esquivo preso en la casa del banquete. He aquí que Herodes le teme, pero desea verlo muerto. He aquí que su mujer le teme porque Juan ha dicho a Herodes: “No te es lícito tenerla a tu lado”. He aquí que Salomé, por el contrario, le ama porque lo sabe inmune a su belleza. Ella no busca la paz doméstica sino la sangre, y danza. Ella no busca el mundo de los niños en su vientre sino el hombre erguido de la palabra de oro cuya comida estaba hecha de langosta y miel. Por eso al cabo de su danza, pide. Y aquello que pide le será concedido: en una bandeja de plata la cabeza del Bautista no mirará ya a nadie, no hablará ...