Uriel Martínez (1950 )
Falta un mes para llegar a marchas forzadas a los setenta años de vida. Este encierro en parte forzado y en parte obligatorio nos lleva a sacar de nosotros mismos lo peor y lo ínfimo, nuestras miserias y nuestras pepitas perdidas a lo largo del camino andado. Permanecer a la espera de que la emergencia se levante, se vaya, se desvanezca es olvidarnos de un pasado tan lejano y tan próximo como fue el año 1985 y su secuela: el miedo a las réplicas de nuestro precario equilibrio, el pánico a perder nuestra falsa comodidad, el horror de sabernos en camino irreversible al rastro de los inconscientes, de los falsos inocentes ("Yo no fui, fue Teté"). Es olvidarnos del eclipse que vivimos con el magnicidio de L. D. Colosio Murrieta, con el fallecimiento de grandes y pequeños amigos desde nuestras primeras letras hasta el día de ayer. Qué nos depara la suerte, qué nos lleva el sabernos ir y volver sobre la cuerda floja. No lo sé, Si tienes la respuesta, dímela.
Tenemos una herencia judeocristiana: se lava al muerto antes de vestirlo con ropa nueva, zapatos nuevos, accesorios nuevos: cinto, paliacate, billetera, reloj, etcétera; antes del novenario lo llevamos a la iglesia a su primera misa de difuntos, lo trasladamos de nuevo a casa o al lugar donde se le va a velar y donde se rezarán los nueve rosarios en nueve días. Transcurrido el novenario se le lleva otra vez a la iglesia donde se oficia la misa de despedida. Esto antes de acompañar al finado al camposanto o cementerio. Pero todo esto terminó, le cuento a Orlando el florista, indígena originario del Estado de Hidalgo.
Él me replica: las funerarias tienen la orden de no demorar la velación de un cuerpo más de tres horas; ya no se puede llevar y traer y pasear al muerto del lugar donde reciben el pésame los deudos; y si el fallecido murió víctima de Covid19 es obligada la incineración inmediata, ante el riesgo de que el cuerpo yerto multiplique el contagio de familiares, vecinos, compadres, hijos, nietos, etcétera. Esta abreviación de la despedida ha mermado totalmente la demanda de coronas de flores para el muerto. Se venderán una o dos coronas, no más, me dice desolado. No nos imaginamos qué pase la víspera del 2 de Noviembre, cuando se celebre el Día de Finados. Ni sabemos si el 10 de Mayo los panteones no sólo estén clausurados y custodiados por militares sino que también hayan desaparecido los mariachis, los tríos, las serenatas y las festines de costumbre, pues el comercio seguirá muerto.
Querida K, respondió:
Tenemos una herencia judeocristiana: se lava al muerto antes de vestirlo con ropa nueva, zapatos nuevos, accesorios nuevos: cinto, paliacate, billetera, reloj, etcétera; antes del novenario lo llevamos a la iglesia a su primera misa de difuntos, lo trasladamos de nuevo a casa o al lugar donde se le va a velar y donde se rezarán los nueve rosarios en nueve días. Transcurrido el novenario se le lleva otra vez a la iglesia donde se oficia la misa de despedida. Esto antes de acompañar al finado al camposanto o cementerio. Pero todo esto terminó, le cuento a Orlando el florista, indígena originario del Estado de Hidalgo.
Él me replica: las funerarias tienen la orden de no demorar la velación de un cuerpo más de tres horas; ya no se puede llevar y traer y pasear al muerto del lugar donde reciben el pésame los deudos; y si el fallecido murió víctima de Covid19 es obligada la incineración inmediata, ante el riesgo de que el cuerpo yerto multiplique el contagio de familiares, vecinos, compadres, hijos, nietos, etcétera. Esta abreviación de la despedida ha mermado totalmente la demanda de coronas de flores para el muerto. Se venderán una o dos coronas, no más, me dice desolado. No nos imaginamos qué pase la víspera del 2 de Noviembre, cuando se celebre el Día de Finados. Ni sabemos si el 10 de Mayo los panteones no sólo estén clausurados y custodiados por militares sino que también hayan desaparecido los mariachis, los tríos, las serenatas y las festines de costumbre, pues el comercio seguirá muerto.
Querida K, respondió:
no tengo respuesta a tu incertidumbre, lo único que te puedo decir es que disfrutes la vida, así como está en estos momentos. Creo que es claro que el hombre está cosechando lo que sembró y la naturaleza lo está poniendo en su lugar, como ha sido por milenios. Si eres hombre de fe, tranquilamente espera que esto llegue a su fin y dale gracias a Dios porque te puedes dar el lujo de quedarte en casa, muchos no lo pueden hacer, y tienen que salir en busca de la supervivencia. Me he preparado para fluir con la vida, esto es, no vivir con miedo y disfrutar el momento y vivir el aquí y el ahora. ¿Qué nos depara el futuro? no lo sé, se cosecha lo que se siembra.
En estos momentos lo mejor es vibrar alto y darle gracias a la vida por todo lo que tienes y no tienes.
En estos momentos lo mejor es vibrar alto y darle gracias a la vida por todo lo que tienes y no tienes.
(Inédito)

Comentarios