Fernando Pessoa (1888/1935 )
El cuidador de rebaños
XXV
Las pompas de jabón que ese niño
se entretiene en soplar de una pajita
son traslúcidamente toda una filosofía.
Claras, inútiles y pasajeras como la Naturaleza,
amigas de los ojos como las cosas,
son lo que son
con una exactitud redonda y aérea,
y nadie, ni siquiera el niño que las hace,
pretende que sean más que lo que parecen ser.
Algunas apenas se ven en el aire lúcido.
Son como la brisa que pasa y apenas roza las flores
y que sólo sabemos que pasa
porque algo se aligera en nosotros
y acepta todo más nítidamente
("la biblioteca de marcelo leites", trad. teresa arijòn y bàrbara belloc)
XXV
Las pompas de jabón que ese niño
se entretiene en soplar de una pajita
son traslúcidamente toda una filosofía.
Claras, inútiles y pasajeras como la Naturaleza,
amigas de los ojos como las cosas,
son lo que son
con una exactitud redonda y aérea,
y nadie, ni siquiera el niño que las hace,
pretende que sean más que lo que parecen ser.
Algunas apenas se ven en el aire lúcido.
Son como la brisa que pasa y apenas roza las flores
y que sólo sabemos que pasa
porque algo se aligera en nosotros
y acepta todo más nítidamente
("la biblioteca de marcelo leites", trad. teresa arijòn y bàrbara belloc)
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