Lauren Camp (1967 )
Para el padre de las cinco niñas asesinadas en la cama
¿Qué edad tenían, tus niñas?
Cada una en su mundo, creciendo en sus propios campos y océanos,
el zigzag de sus cabellos castaños
sobre la almohada, sus dedos entrelazados
mientras dormían
juntas, en la misma cama, llevando sueños
hacia la oscuridad, esos serenos capullos blancos que atesoraban.
Oh, tus ojos heridos, tu alarido;
vivirás en el hueco de aquella habitación
con el pelaje de sus fotos, tu corazón
en vuelo, desde ya luchando contra
la forma líquida de la codicia,
una chispa de locura, nudo apretado a tu futuro.
Desprendimiento de la memoria y la razón.
Es obvio que no volverás a cantar
pero no emerjas de ese objeto del dolor
insultando y rechazando, por encima del gueto,
a las familias que te marcaron.
Otros pueden leer tu atrancado rostro
en esos días pesados, en cada sol
reluciente, en cada silencio.
Las hojas se aferran a los árboles en primavera.
Aquella noche llegó en tonos canela
y tamarindo; tus niñas…estaban dormidas.
La inconfundible imagen de sus pequeños cuerpos,
déjala que se bolle en el tuyo, que tus dedos
impriman cada uno de sus cabellos en tu pecho.
Ellas dormían, y tú debes despertar
bajo los largos ángulos de un cielo sangri-radiante.
Sin luminarias, solo la aterradora luz de esta pérdida.
Dime todo lo que sabes
sobre tus niñas. Dímelo todo,
y luego cuéntamelo otra vez.
Descríbeme la angustia que lleva tu esposa
cómo fueron coronadas, sus primeros llantos.
Su inocencia responderá.
Se fueron sin previo aviso, sin
el pinchazo de una partida.
Deja que se conviertan en mapas y lágrimas
en el fracturado puente de tu memoria,
¡oh, pero su piel, el dulce olor de la flor de su piel!
Menciónalo, en tu cuento de amor.
("círculo de poesía", trad. alain pallais)
¿Qué edad tenían, tus niñas?
Cada una en su mundo, creciendo en sus propios campos y océanos,
el zigzag de sus cabellos castaños
sobre la almohada, sus dedos entrelazados
mientras dormían
juntas, en la misma cama, llevando sueños
hacia la oscuridad, esos serenos capullos blancos que atesoraban.
Oh, tus ojos heridos, tu alarido;
vivirás en el hueco de aquella habitación
con el pelaje de sus fotos, tu corazón
en vuelo, desde ya luchando contra
la forma líquida de la codicia,
una chispa de locura, nudo apretado a tu futuro.
Desprendimiento de la memoria y la razón.
Es obvio que no volverás a cantar
pero no emerjas de ese objeto del dolor
insultando y rechazando, por encima del gueto,
a las familias que te marcaron.
Otros pueden leer tu atrancado rostro
en esos días pesados, en cada sol
reluciente, en cada silencio.
Las hojas se aferran a los árboles en primavera.
Aquella noche llegó en tonos canela
y tamarindo; tus niñas…estaban dormidas.
La inconfundible imagen de sus pequeños cuerpos,
déjala que se bolle en el tuyo, que tus dedos
impriman cada uno de sus cabellos en tu pecho.
Ellas dormían, y tú debes despertar
bajo los largos ángulos de un cielo sangri-radiante.
Sin luminarias, solo la aterradora luz de esta pérdida.
Dime todo lo que sabes
sobre tus niñas. Dímelo todo,
y luego cuéntamelo otra vez.
Descríbeme la angustia que lleva tu esposa
cómo fueron coronadas, sus primeros llantos.
Su inocencia responderá.
Se fueron sin previo aviso, sin
el pinchazo de una partida.
Deja que se conviertan en mapas y lágrimas
en el fracturado puente de tu memoria,
¡oh, pero su piel, el dulce olor de la flor de su piel!
Menciónalo, en tu cuento de amor.
("círculo de poesía", trad. alain pallais)
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