Claudia Masin (1972 )
El silencio
De niños respirábamos como las plantas pequeñas,
y el aire más escaso, para nosotros, era suficiente. Vivíamos
igual que las piedras: trasladados por corrientes
o desprendimientos -fuerzas exteriores
sobre las que no se tiene poder ni conciencia- hacia lugares nuevos.
¿Qué peligros y terrores habremos conocido entonces,
cuando las manos amadas nos ponían en movimiento,
hacia qué ríos furiosos, a qué pendientes
donde íbamos a perdernos habremos sido arrojados,
en qué avalanchas habrá quedado parte de nuestra materia?
¿Y si todo lo que quisiéramos decir ya estuviera escrito
en esa piedra que otros moldearon como viento?
De niños respirábamos como las plantas pequeñas,
y el aire más escaso, para nosotros, era suficiente. Vivíamos
igual que las piedras: trasladados por corrientes
o desprendimientos -fuerzas exteriores
sobre las que no se tiene poder ni conciencia- hacia lugares nuevos.
¿Qué peligros y terrores habremos conocido entonces,
cuando las manos amadas nos ponían en movimiento,
hacia qué ríos furiosos, a qué pendientes
donde íbamos a perdernos habremos sido arrojados,
en qué avalanchas habrá quedado parte de nuestra materia?
¿Y si todo lo que quisiéramos decir ya estuviera escrito
en esa piedra que otros moldearon como viento?
("la ficción del olvido.blogspot")
Comentarios