SEIS EPITAFIOS SIN SOSIEGO
uno.
Aquí yace el agente literario de Juan Rulfo, que murió de inanición y silencio.
dos.
Aquí es el Infierno pero no se llama Comala, aunque abundan los Peter Páramo Littles.
tres.
A veces de madrugada despiertan los muertos; no esperan el canto de los gallos ni el juicio final. Simplemente maldicen su suerte porque nunca esperaron nada del Más Allá.
cuatro.
Aunque ya murió y yace bajo una lápida con su nombre, desearía estar cerca de la tumba de la lunática del pueblo, Susana, la que se trajo al silencio eterno su amor por el padre de ojos tristes.
cinco.
La Cuarraca tuvo puras hijas, llamadas en voz baja La Cuarraquita Uno, La Cuarraquita Dos y La Cuarraquita Tres. Por su parte, El Saltapericos dejó un par de gemelos: Lauro y Epitacio, quienes al paso de los años fueron travestis en Zapotlán el Alto. Con mucho éxito.
seis.
Llegado el nuevo siglo, los descendientes del cacique de Comala ya no fueron ni Miguel, ni José, ni Juan Carlos. Se llamaban Jeremy, Ian y Michael. Cuando los deportaron del norte consiguieron trabajo temporal en la asociación civil Nuevo Milenio, especializada en exportar metanfetaminas a otros países. Murieron a una edad temprana, no dejaron descendencia.
Aquí yace el agente literario de Juan Rulfo, que murió de inanición y silencio.
dos.
Aquí es el Infierno pero no se llama Comala, aunque abundan los Peter Páramo Littles.
tres.
A veces de madrugada despiertan los muertos; no esperan el canto de los gallos ni el juicio final. Simplemente maldicen su suerte porque nunca esperaron nada del Más Allá.
cuatro.
Aunque ya murió y yace bajo una lápida con su nombre, desearía estar cerca de la tumba de la lunática del pueblo, Susana, la que se trajo al silencio eterno su amor por el padre de ojos tristes.
cinco.
La Cuarraca tuvo puras hijas, llamadas en voz baja La Cuarraquita Uno, La Cuarraquita Dos y La Cuarraquita Tres. Por su parte, El Saltapericos dejó un par de gemelos: Lauro y Epitacio, quienes al paso de los años fueron travestis en Zapotlán el Alto. Con mucho éxito.
seis.
Llegado el nuevo siglo, los descendientes del cacique de Comala ya no fueron ni Miguel, ni José, ni Juan Carlos. Se llamaban Jeremy, Ian y Michael. Cuando los deportaron del norte consiguieron trabajo temporal en la asociación civil Nuevo Milenio, especializada en exportar metanfetaminas a otros países. Murieron a una edad temprana, no dejaron descendencia.
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