Héctor Carreto (1953)
Viernes santo en Madrid
Delante de mí, camino a los Jardines de Sabatini,
van dos muchachas infieles, riendo,
ajenas a la procesión que en otra calle
conducen a Cristo y su cruz.
Una porta su atuendo árabe
de la cabeza a los pies;
la otra oculta el cabello con un hidjab,
pero viste una falda corta
que se pega a sus muslos desnudos
y ostenta pulseras en brazos y tobillos.
Se contonean despacio
sobre altísimos tacones de Vuitton o de Zara.
Sus risas coquetas se mezclan
con el redoble de los tambores de luto.
Es Viernes Santo,
me ciño la corona de espinas
y ruego a Dios que esas pecadoras
sanen mis llagas con sus labios.
(texto tomado de Clase turista, edición Versus/Postdata Editores, Monterrey, N.L., México, 2012.)
Delante de mí, camino a los Jardines de Sabatini,
van dos muchachas infieles, riendo,
ajenas a la procesión que en otra calle
conducen a Cristo y su cruz.
Una porta su atuendo árabe
de la cabeza a los pies;
la otra oculta el cabello con un hidjab,
pero viste una falda corta
que se pega a sus muslos desnudos
y ostenta pulseras en brazos y tobillos.
Se contonean despacio
sobre altísimos tacones de Vuitton o de Zara.
Sus risas coquetas se mezclan
con el redoble de los tambores de luto.
Es Viernes Santo,
me ciño la corona de espinas
y ruego a Dios que esas pecadoras
sanen mis llagas con sus labios.
(texto tomado de Clase turista, edición Versus/Postdata Editores, Monterrey, N.L., México, 2012.)
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