LA FÓRMULA

Cuento con los ingredientes
para envenenar una manada.

A saber: ajo, sal marina,
agua purificada, aceite de oliva.

Nada es importado sino el deseo
de saciar una sed imperiosa de viernes.

Un hambre que si no halla
cauce se desvanece en la siesta.

Una dormitada que sólo el suicida
se explica al deletrearla en islas.

Un archipiélago rodeado de peces
a base de boqueos en la arena.

Una ausencia de oxígeno,
un paladar hendido, una lengua seca.

Otra vez: tengo la fórmula precisa
de exterminio de legión de hormigas.

Un bosque de ecos como oleaje
de espejos, de cuerpos ya vacíos, desangrados.

Un caldo de navajas que desciendan
gargantas de mármol, una soprano yacente.

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