CERTIDUMBRES DESVANECIDAS
Exposición de fotografía en la Galería Pecannins (sábado 29 de agosto a las 12:30 hrs.)[1]
Auténtico hombre del Renacimiento, Rogelio Pereda es fotógrafo y científico. Con un doctorado en química y un amplio trabajo como jefe de un laboratorio centrado en el estudio de productos farmacéuticos de origen vegetal que hagan frente a infecciones hospitalarias, los resultados de sus pesquisas lo llevaron a obtener el Premio Nacional Martín de la Cruz de Investigación Química y Biológica, 2007. Desde hace un par de décadas, es miembro del SNI (nivel 3) y ha formado a investigadores nacionales y extranjeros en el posgrado en Ciencias Químicas de la UNAM; impartido más de un centenar de cursos de posgrado;
realizado estancias posdoctorales en Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, Brasil… donde son apreciadas sus i
nvestigaciones que combinan la herbolaria ancestral con una parafernalia de punta.
Las dotes de observación de Pereda no se enclaustran en el laboratorio; hace más de una década que asiste regularmente a la celebración del Orgullo LGBTTT en la ciudad de México. Parte de este trabajo se exhibe en dos series que constituyen “Diversidad / Adversidad”, donde las
certidumbres se desvanecen. Lo que una vez se consideró inamovible ahora se convierte en una línea más. De tal forma, se multiplican fronteras que se han cruzado en el mundo actual. Una de ellas es el lindero del género. Sin duda, los avances en la medicina y una amplia labor legal en el reconocimiento de la reasignación genérica han permitido otear nuevos horizontes para que el ser humano “se sienta a gusto en su piel”, como lo frasea una expresión gala. La complejidad de este movimiento ha exigido un esfuerzo científico, médico, religioso, legal, sociológico, psicológico de repensar, vivir, defender la subjetividad desde otras coordenadas. Esta revolución va más allá del ámbito de lo subjetivo o familiar. Exige tanto como construye una nueva sociedad. La exposición de fotografía “Diversidad / Adversidad” de Rogelio Pereda (quien se define a sí mismo como “a compulsive amateur photographer trying to find the meaning of life through the lens.”[2]) explora en algunos rostros que son el soporte de estas nuevos recorridos.
Me detengo brevemente en la imagen de un soldado del ejército norteamericano que se ha transformado. La enorme fuerza de la fotografía contrasta con la inmovilidad del sujeto. Desde su nuevo género, ella sostiene su pasado en la forma de una fotografía enmarcada: un pasado genérico y profesional: el salto no se produce sin vértigo porque ella fue hombre, fue soldado… En este contexto, el camuflaje del rostro pasa a ser un maquillaje más; el uniforme militar adquiere connotaciones de uno más de los travestimientos de un sujeto que ahora ha llegado a un vestido, un sitio al que ha querido ir de manera personal. Los senderos de la defensa del país, del deber, uno de los sitios privilegiados en la construcción de la masculinidad, se relativiza: de defensa del país se pasa a la defensa del deseo personal. En contraste con el posicionamiento social del soldado, el sendero que aparece en la fotografía de Rogelio Pereda, es personal, único. Ella fue él. Un él que pudo sobrevivir a muchos peligros. Uniforme militar y diversidad genérica (agua y aceite para muchos); lo común y lo individual, la imposición y el deseo subjetivo confluyen en la fotografía. La solidez y la invariabilidad del uniforme se desvanecen, quedan en la superficie plana de una foto. La foto es también foto de la foto en una mise en abime que potencia el vigor de ese momento en que ella se enfrenta al fotógrafo.
Al estar frente a las fotografías del Dr. Rogelio Pereda, uno tiende a establecer una serie de narrativas de los sujetos fotografiados. Más allá de acertar, de que las suposiciones del espectador sean falsas o atinadas, las fotografías contienen un poderoso dispositivo narrativo: ante el sujeto uno supone avatares, imagina derroteros de sus vidas… Sin duda es éste uno de los índices del abismo que constituye cada uno de esos rostros que se ha confrontado de manera tan frontal con su deseo y armado con ese deseo sostiene la mirada mediadora del fotógrafo, de los espectadores, del Otro.
AM: El sábado 29 de agosto a medio día se abre tu exposición de foto “Diversidad / Adversidad” en la Galería Pecanins (Durango 186) que se encuentra en el amplio contexto de Foto Septiembre. ¿Cómo caracterizarías “Diversidad / Adversidad”?
RP: Diversidad/Adversidad está integrada por fotografías de dos series complementarias, Tal como fuimos y Carotas. Mi intención al reunir estos dos trabajos fue establecer una correspondencia a distancia entre los voluntarios posantes para ambas series. Unos pertenecientes al grupo de Apoyo Transgénero “Sienna”, de Louisville Kentucky, EE. UU.; los otros, participantes sobresalientes de las marchas anuales del Orgullo LGBT en la ciudad de México. Ambas series tienen un propósito común, el descubrimiento de posibles relaciones peculiares entre la apariencia y la identidad personales o grupales. Para mí, diversidad se refiere a individualismo, la condición de presentar características, valores y creencias únicas. Mientras en la primera serie es evidente la voluntad de las posantes de compartir sus respectivas historias personales; algunas piezas de la segunda plantean un desafío al espectador al sugerir la necesidad de identificar el género de los y las posantes. De ahí, el término adversidad, ya que el principal objetivo de las dos series es propiciar una duda sobre el concepto de identidad la cual significaría un avance hacia la comprensión de las adversidades que han debido afrontar estas personas en sus propósitos de obtener una correspondencia entre su identidad física y su verdadero ser interior.
AM: Me gustaría que te detuvieras un poco más en “adversidad”…
RP: Mi trabajo fotográfico de los últimos cinco años se ha concentrado en la exploración de nociones sobre la identidad, el género y la diversidad. La marcha del orgullo LGBT es un buen ejemplo de cómo la definición de género se ha dilatado tanto como el número de personas que despliegan su pluralidad, aunque éstas sigan representando puntos ciegos en el campo visual ajeno (de la sociedad en general). Las series Tal como fuimos y Carotas investigan y confrontan algunos de los estereotipos culturales y sociales subyacentes en el concepto de género, optando por concentrar la atención en la belleza, la sensibilidad y las vulnerabilidades de la comunidad transgénero. Estas personas han conquistado su espacio a riesgo de desequilibrar la relación entre lo que es y lo que debe ser, según los demás. En la marcha celebran sus diferencias y las adversidades que han tenido que afrontar en su vida cotidiana venciendo los estereotipos culturales y sociales subyacentes en la identidad de género. Ambos proyectos tienen un carácter realista documental, aunque formalmente rigurosos y conceptuales en su aproximación. Los dos tienen el objetivo de desestabilizar y subvertir las nociones convencionales de lo masculino y lo femenino para perturbar al espectador.
AM: ¿Cuánto tiempo ha exigido tu trabajo?
RP: Una década: inicié el registro de la marcha en 1999 y en 2003 decidí concentrar mi esfuerzo rescatando particularidades de los participantes debido a que la fotografía callejera entre las multitudes es un trabajo sumamente difícil. Así, decidí descontextualizar las imágenes del ruido visual que provocan las aglomeraciones utilizando un fondo blanco de plástico para resaltar las individualidades de los participantes de las paradas que accedieron a posar y, de esta manera, inicié una especie de catálogo de la diversidad que continué desarrollando durante cinco años con una cámara de medio formato y película en blanco y negro.
AM: ¿Por qué un fotógrafo habría de ocuparse de la diversidad?
RP: Bajo este término de diversidad se debería aludir a la impresionante pluralidad de prácticas y creencias que regulan la expresión sexual en las distintas culturas del mundo. En México, esta información sobre las costumbres sexuales de las demás sociedades es muy limitada, por lo que cuando se habla de diversidad sexual se hace únicamente referencia a las prácticas no heterosexuales. Las combinaciones posibles de relación sexual entre los seres humanos no son tantas: las personas venimos al mundo en cuerpo de mujer o de hombre, por lo que hay básicamente tres modalidades de pareja sexual: mujer/hombre, mujer/mujer, hombre/hombre. Sin embargo, las prácticas sexuales y sus manifestaciones individuales en las comunidades a través de las actitudes cotidianas son infinitas y es precisamente esta pluralidad la que me ha interesado registrar fotográficamente.
AM: ¿Por qué privilegiar los rostros?
RP: Después de realizar mis primeras exploraciones fotográficas con la comunidad transgénero, concluí que la sensación de vivir en un cuerpo equivocado y los intentos de modificarlo artificialmente para ocuparlo a plenitud, afloraba a la cara. El extrañamiento constante de sí mismo por presión de los demás y la sensación de ajenidad a toda norma moral o social fusionan desafío y seducción en la mirada. De allí que la serie fotográfica titulada Carotas se centre en la exploración de rostros que buscan su razón de ser en la diferencia de su mirada.
AM: En este contexto, en alguna fotografía, tú acentúas el contraste con el uso del blanco y negro y del color ¿Qué consideraciones te llevaron a tomar esta decisión cromática?
RP: No hubo ninguna intención inicial. Fue mera casualidad. La fotografía en blanco y negro la realicé para el proyecto Big Face (2008) que incluían fotos analógicas (con película) en blanco y negro y color de cada uno de los posantes. En aquella ocasión, Andrew formó parte de los voluntarios que participaron en una serie de imágenes para una instalación fotográfica que pertenece a la Oficina de Servicios LGBT de la Universidad de Louisville. En este proyecto, Brian Buford, el director de este centro, convocó mediante el correo electrónico a las personas que frecuentan el centro a participar en un par de sesiones fotográficas que me permitieron fotografiar a unas ochenta personas de donde fueron seleccionadas seis imágenes para la integración de un foto mural con impresiones de 90 ´ 75 cm cada una que resumiera la Diversidad en su significado más amplio e inclusivo. Sólo supe del deseo de Andrew por iniciar su transformación genérica posteriormente. Yo fui la última persona que registró su imagen juvenil masculina antes de que iniciara su proceso de cambio. De ahí, inicié una serie de sesiones fotográficas con Andrea donde ya he registrado su cambio en tres ocasiones y en todo momento fueron en color utilizando registros digitales. La composición fotográfica que se utilizó en la invitación es un díptico que titulé Diversidad/Adversidad, “The Crying Game” y que representan dos momentos de la transformación genérica de Andrew (2008) en Andrea (2009). Cuando inicié la selección del material para la exposición Diversidad Adversidad, tomé la decisión de utilizar el contraste para destacar su fenotipo masculino en blanco y negro y su identidad física femenina estaría iluminada en colores ya que ésta corresponde a su verdadero ser interior. La lágrima que escurre discretamente en su mejilla sugiere las adversidades que ha debido afrontar en su propósito de obtener esa correspondencia.
AM: A un par de días de que abra tu exposición en la Galería Pecanins, no hemos visto aún las cédulas de la exposición… ¿hay un nombre que sea el soporte de esos dos momentos congelados? Yo lo necesito para referirme a él/ella… la ausencia de nombre es como bordar en el vacío, como la sensación de fracasar en el esfuerzo de tratar de encontrar un término…
RP: Diversidad / Adversidad, serían las palabras adecuadas. Decidí no utilizar cédulas ya que las fotografías de la serie Carotas no tienen título, sólo se identifican con la palabra Orgullo seguida de un número, a la manera de un catálogo razonado. La imágenes de la serie Tal como fuimos se distinguen con el nombre de cada posante, por ejemplo, Christine, Emma, Bárbara, etc. La exploración de los rostros enfocada a las diferencias de su mirada y la ambigüedad de la imagen y de su identidad genérica, así como la escala dimensional de los retratos, que permiten el detallado de hasta la más pequeña modificación o adulteración fisonómica o, en su caso, la perfección del proceso de su transformación, sería el hilo conductor que unificaría las dos series para propiciar, cuando menos, una duda sobre el concepto de identidad. Al mismo tiempo, esta búsqueda constituye el soporte de esos dos momentos registrados, el pasado y el presente, como en el díptico “The Crying Game” con los close-ups de Andrew/Andrea o en la serie Tal como fuimos constituida por medium shots de personas que sostienen en sus manos fotografías anteriores a sus procesos de transformación genérica.
AM: ¿Sabes acaso si la experiencia de la guerra (uno incluso se imaginaría que se alistó para Irak a cambio de una nacionalidad) actuó como una especie de catalizador de la reasignación genérica: el espectador pensaría que una vez que salvó la vida, ya no habría tiempo para dudas, postergaciones, para complacer a una familia y a la sociedad manteniendo su conducta, su aspecto y su fisiología … después de la experiencia de guerra, quizá libraría una nueva batalla, armado con la certeza de que había sobrevivido…?
RP: No tengo ninguna información al respecto. Sin embargo, Christine inició su proceso antes de los acontecimientos recientes de la Guerra en Irak.
AM: ¿Cómo entraste en contacto con tus modelos? Sé que requirió tanto una serie de viajes como una labor intensa durante cada una de tus estancias…
RP: Contacté al grupo de Apoyo Transgénero “Sienna”, de Louisville Kentucky, EE.UU
., a través de la Oficina de Servicios LGBT de la Universidad de Louisville mediante Brian Buford, su director. Me presenté junto con Mari Mujica a una de sus reuniones mensuales y expuse mi proyecto fotográfico previo “Diversidad Descontextualizada” que fue publicado en la revista estadounidense de JPG Magazine (número 10, 2007) y que se exhibió en dos ocasiones en México bajo el nombre de Únicas e Innumerables. De esta forma, recluté a las personas que expresaron su interés de participar como voluntarias para mis fotografías. Programé sesiones fotográficas intensas de dos a tres horas con cada una de las modelos que necesitaron de dos viajes a Kentucky con estancias de tres días. En todos los casos, se utilizó un fondo de papel blanco y luz natural al exterior de sus residencias.
AM: ¿Hay una bitácora en la que el fotógrafo registre algunos detalles de esos personajes?
RP: Este proyecto lo inicié junto con una antropóloga Mari Mujica quién se ha dedicado a realizar entrevistas con cada una de mis modelos en donde se pretende reunir sus historias de vida.
AM: En algunos casos, me refiero a una de las fotografías de la invitación, retratas dos momentos de una transformación genérica. Punto de partida y punto de llegada… ¿es esto así? ¿Consideras tú que hay o habría en esos dos momentos, un punto de llegada?
RP: Sí, existe un punto de llegada de estas series, el despojamiento de los disfraces impuestos por la normalidad, para ser lo que anhelan a la luz del día: signos de un mundo donde es posible la fidelidad al propio ser interno aunque ello conlleve la exaltación de sus atributos externos. Son imágenes únicas pero también innumerables como las manifestaciones de la sexu
alidad humana que han multiplicado las aspiraciones de la estética corporal desplegadas como el espectro solar. Lo idéntico ya no cabe en un mundo caracterizado por sus diferencias. Ése es el conflicto de identidad más atractivo para un fotógrafo que ve en la irrepetibilidad del ser la necesidad de personificar variaciones de apariencia que conlleven cambios de significado.
AM: ¿Cómo armaste estas tres dimensiones de un rostro en la fotografía de Christine de la serie Tal como Fuimos? En la foto habría un primer plano compuesto por la fotografía enmarcada, como una especie de féretro; un segundo plano que sería el personaje vivo que tú retratas, la que sostiene la fotografía, y habría uno más: la dimensión del personaje que tiene en el rostro el maquillaje de camuflaje. Por esto hablo de tres dimensiones de un mismo personaje…
RP: Fue una casualidad, un regalo de los “Dioses de la Fotografía”, cuando inicié el proyecto “Big Face”, Christine fue una de las primeras posantes. Ella, una nativa de Hawaii con una herencia polinesia evidente provocó una pregunta que de inmediato le formulé: ¿qué era lo que estaba haciendo en medio del “Midwest” gringo, pudiendo disfrutar del clima de su tierra natal? Su respuesta, “Yo pertenecía al Ejército y me trasladaron a la base militar que se localiza en las cercanías de Louisville, Kentucky”. Ahí fu
e el inició de esta imagen cuando le pregunté si tenía alguna fotografía de esa época como un sargento del Ejército. Mi sorpresa fue inmensa cuando la fotografía que tenía era una composición maravillosa de dos imágenes, una un retrato de tres cuartos de perfil con el maquillaje que se utiliza para el camuflaje de los combatientes en acción y la otra frontal a un costado de la bandera de las barras y estrellas. La fotografía estaba hecha. Le pedí que utilizara un vestido sin mangas para que mostrara su brazo tatuado, un atributo que le da una fuerza viril. Lo mismo pasó con Emma, una imponente escultura africana de 1.90 m de altura, quién era un piloto comercial. En ese momento, me pareció que sus profesiones no correspondían a los estereotipos culturales y sociales subyacentes en la identidad de género ya que ambas se desempeñaron en actividades que convencionalmente se consideran del domino masculino.
AM: Tus fotografías tienen dos espacios, Louisville y la Marcha del Orgullo LGBTTT de la ciudad de México: nos podrías hablar de esas dos experiencias que a primera vista parecen polarizadas (México/EU; espacio público/domicilio privado…)?
RP: Sí existe una polarización ya que la apertura, el activismo y la conciencia de su impacto en la gestación de una cultura de aceptación de la pluralidad de las participantes
del Grupo de Apoyo Transgénero Sienna en EE. UU. contrasta dramáticamente con el anonimato de la mayoría de los miembros de esta comunidad en México. En la marcha LGBT, las chicas transgénero se muestran orgullosas pero la vida cotidiana de la mayoría de ellas se reduce a la clandestinidad y algunas se ven orilladas a la marginalidad de la prostitución. El grupo de Apoyo Sienna brinda a través de sus reuniones mensuales la oportunidad de encontrar interlocutores para compartir experiencias y reintegrar a sus miembros a la vida social como personas productivas sin la necesidad de ocultarse. La diferencia radica en la educación ya que la participación de la Oficina de Servicios LGBT de la Universidad de Louisville brinda la oportunidad de participar en un ambiente académico, cultural y recreativo para el desarrollo integral de su espíritu.
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