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Uriel Martínez (1950 )

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                                                  foto de alejandro ortega neri Luis Ayer cumpliste 32 años de fallecido, te secabas el pelo recién lavado con pistola, hasta que tu casa cerró como acordeón sin fuelle; temías dormir solo siempre tenías una enfermera cerca, como el aliento, como los dedos de la mano: supongo que en el fondo temías morir pronto, la mañana de un 19 de septiembre y ahora yaces solo; ni modo luis, porque te llamaste luis como hay miles, agradece que me acuerdo de ti que lloro demasiado pronto., demasiado tarde. (Inédito)

José A. Ramírez Lozano (1950 )

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                                                                  foto: trianarts Ropa tendida Tú renunciaste al patio, esa galera comunal que vigilan los gatos en su oscura complicidad de cómitres divinos. Lo tuyo era subir de noche a por la ropa a la azotea y jugar a perderte conmigo entre las sábanas. Virgen tú entre tus prendas, desnuda me burlabas, esquiva te reías de la torpeza de mis manos. Hasta que te rendías, pipa de melón ya tu boca, sobre el blanco montón de la colada. La espuma deja siempre tras de sí el rastro leve de la huida y ampara también las formas puras que sostuvo un instante en su ola. ¡Oh luna de algodón, jabón de mar con el que lavo aún mis pecados más viejos, la memoria que sigo tendiendo en tu azotea. ("trianarts")

Gabriela Mistral (1889/1957 )

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                                                                                                                         foto: cervantes.es Los sonetos de la muerte I Del nicho helado en que los hombres te pusieron, te bajaré a la tierra humilde y soleada. Que he de morirme en ella los hombres no supieron, y que hemos de soñar sobre la misma almohada. Te acostaré en la tierra soleada con una dulcedumbre de madre para el hijo dormido, y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna al recibir tu cuerpo de niño dolorido. Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas, y en la azulada y leve polvareda de luna, los despojos livianos irán quedando presos. Me alejaré cant...

Charles Baudelaire(1821/1867 )

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Las ventanas Quien desde fuera mira a través de una ventana abierta, jamás ve tantas cosas como quien mira una ventana cerrada. No hay objeto más profundo, más misterioso, más fecundo, tenebroso y deslumbrante que una ventana tenuemente iluminada por un candil. Lo que la luz del sol nos muestra siempre es menos interesante que cuanto acontece tras unos cristales. En esa oquedad radiante o sombría, la vida sueña, sufre, vive. Por sobre las olas de los tejados, acierto a entrever a una mujer madura, arrugada ya, pobre, perpetuamente enfrascada en su tarea y que nunca sale. Con su rostro, con su atuendo, con sus gestos, con apenas nada, he reconstruido la historia de esta mujer, o quizá fuera mejor decir su leyenda, y de vez en cuando, entre lágrimas, me la recito a mí mismo. De haber sido un pobre anciano, habría reconstruido la suya con la misma naturalidad. Y me acuesto, satisfecho de haber vivido y padecido en la piel de otros. Y tal vez me digan: «¿Cómo sabes que esa...

Irene Gruss (1950/2018 )

Pero el arte Pero el arte Lo bueno y lo malo que he perdido no ha sido arte sino malentendidos: no saber oír, trastabillarme; raro cansancio hacía que diera cosas por sentado: el abrazo; hasta un puré era algo tan elaborado que evité pelar papas, ya fuera por bueno, o malo, sin arte alguna, me equivocaba. Tarde descubrí que el errar, el perderse, podían ser lo mismo, un oficio extravagante. Pero el arte, ah el arte, no es oficio sino servir un simple puré de papas, ni muy caliente ni tibio.                                                                        a mirta rosenberg, a elizabeth bishop ("eternacadencia")

Ana Blandiana (1942 )

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Caza en el tiempo Siento que soy la presa pero no sé de quién, pues las alas y las garras que descienden sobre mí, y me encadenan a la sombra mucho antes de alcanzarme carecen de nombre. Sólo la frescura del aire dibuja la amenaza que se acerca con cruda y voluptuosa lentitud. Sé que no hay salvación, pero tampoco sé qué sería la salvación. Si intento huir, la sombra también cambia amoldándose a mi horizonte como las nubes, feroz y protectora en su cuidado de no perderme, presa de otro. En la espera, los sobresaltos se confunden, el pavor se mezcla plácidamente en el misterio, desentrañar su enigma será mi sino: tengo que vivir hasta que encuentre la respuesta un tiempo igual al tiempo de la caza en el que, al menos, sé que soy la presa. ("zenda libros·, traducción de viorica patea y antonio colinas)

Javier Egea (1952/1999 )

Eran tiempos muy duros Eran tiempos muy duros. No era fácil vivir. Por eso madrugué por los despachos, volví mañana, les expuse el caso y conseguí un empleo para ella: tras mirarla a los ojos -al menos eso dijo- le entregaron la llave más preciada, pusieron a su cargo el alumbrado. Yo hice lo que pude, lo que en mi mano estaba, y no la he vuelto a ver: aquella misma noche me cortaron la luz. ("ruadaspretas")