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Mariano Brull (1891/1956 )

Epitafio a la rosa Rompo una rosa y no te encuentro. Al viento, así, columnas deshojadas, palacio  de la rosa en ruinas. Ahora -rosa imposible- empiezas: por agujas de aire entretejida al mar de la delicia intacta, donde todas las rosas -antes que rosa- belleza son sin cárcel de belleza. ("antología de la poesía hipsanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Tom Maver (1985 )

Cruces de palo Hay cruces de palo en el camino a Tiu Chacra. Ayúdeme, abuela, a avanzar entre las oraciones que elevan los muertos desde el cementerio al borde de la ruta. Si uno soltara su memoria en campo abierto, ella se quedaría paralizada, los ojos fijos en la negrura. Sáqueme el miedo, abuela, hábleme de las leyendas del viento, las transformaciones de los hombres en mujeres, en animales, del doble espíritu de cada uno, del ángel de la guarda que fortifica abandonando, de la ceniza que pasaba sobre la herida del cerdo recién capado y noche que pasaba cuidándolo. Yo vengo al pueblo donde nació por caminos secundarios, acerco mi oído a su lengua mestiza, a sus historias sobre las horas de trabajo, la resistencia de la gente de campo que ha hecho de sus días un entrenamiento del cuerpo para la ascensión de la cosecha. Hábleme, usted que habló tan poco en vida. ("sonámbula")

Rosabetty Muñoz (1969

(El río de la noche) El río de la noche es otro atravesado y solo en la ciudad que duerme. Le gusta que le lleve naranjas y poemas que no le tema y le tema arrullándome con alemanes hermosos que miraban el cielo para construir su casa y hombres tristes que se perdieron tierra adentro. “La vida les debe lo innombrable” y me abre los brazos oscuros. “Podrías dormirte dulcemente”. Me habla como a una amapola que tiembla en el viento. Pero amanece y no es el mismo. El río de la noche no me reconoce entre todas las muchachas que cruzan el puente. ("revistaaltazor")

Gabriela Mistral (1889/1957 )

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Dios lo quiere III Dios no quiere que tú tengas sol si conmigo no marchas; Dios no quiere que tú bebas si yo no tiemblo en tu agua; no consiente que tú duermas sino en mi trenza ahuecada. V Si te vas y mueres lejos, tendrás la mano ahuecada diez años bajo la tierra para recibir mis lágrimas, sintiendo cómo te tiemblan las carnes atribuladas, ¡hasta que te espolvoreen mis huesos sobre la cara! ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", josé olivio jiménez, alianza editorial, madrid, 1973)

Macedonio Fernández (1874/1952 )

Creía yo No a todo alcanza Amor, pues que no puedo romper el gajo con que Muerte toca. Mas poco Muerte puede si en corazón de Amor su miedo muere. Mas poco Muerte puede, pues no puede entrar su miedo en pecho donde Amor. Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte. ("antología de la poesía hispanoamericana 1914-1970", Alianza editorial, Madrid, 1971, josé olivio jiménez)

Eduardo Chirinos (1960/2016 )

Tarde en el lago Trasimeno Aquí, donde tú y yo tomamos sol y nos bañamos, hubo hace siglos una batalla muy sangrienta. Aquí, donde los bañistas se reponen de su jornada de trabajo y los niños corretean desnudos sin que a nadie le importe, pelearon y murieron cientos de soldados por una causa que en verdad ignoro. Hay una heladería muy buena que se llama “Aníbal”, presumo entonces que un lado fue cartaginés y el otro romano. Pero Aníbal era cartaginés (y por lo tanto el enemigo), ¿por qué el recuerdo de una heladería? Nobleza italiana, supongo. Frente a la costa hay dos islotes. En uno de ellos (la guía no nos dice cuál) san Francisco ayunó, rezó y conversó con el Señor y los demonios. Aquí, donde hace siglos lucharon y murieron cientos de soldados, Francisco renunció a su sayal y nadó estilo mariposa hasta el islote donde el Señor lo esperaba. Aquí, donde tú y yo tomamos sol y nos bañamos, hay un montón de historias. Y una heladería muy buena que se llama “An...

Gabriel Ferrater (1922/1972 )

Ocio Ella duerme. Es la hora en que los hombres ya despertaron, y una escasa luz entra todavía a herirlos. Con muy poco nos basta. Solamente el sentimiento de dos cosas: la tierra gira y las mujeres duermen. Reconciliados, nos apresuramos hacia el fin del mundo. No nos es preciso hacer nada para ayudarle. ("antigua vamurta", versión de josé agustín goytisolo)