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Alfredo Fressia (1948 )

Liturgia Meticulosamente deshice el cordón de los tobillos, abrí el cinto del vientre y bajé con cuidado las caderas. Me desabrocho con minucia el pecho, me quito la máscara facial desde el mentón hasta la nuca y si un escalofrío dorsal me delata la columna la pliego como un feto cada madrugada. El miedo, padre Padre, yo me espanto de estar preso en mi cuerpo, el condenado umbral, perfecto, este retorno, padre, eternamente en viaje y muerto, por las cuatro estaciones y la suerte echada de los hombres, los hijos obedientes de la especie, padre, los muertos venideros. ¿Quién es este huésped en mi cuerpo? Estos años, ¿de quién son prisioneros en las venas? ¿Qué hago, padre, con mi espanto a cuestas, y mis días en los días implacables de los hombres? ("la libélula vaga")

Ana Merino (1971 )

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  Vida de lagartija Yo quise ser animal casero con vistas a la playa pero soy lagartija y habito entre las grietas de una roca volcánica en medio del desierto. A veces alguien corta el final de mi cola y allí quedan mis sueños moviéndose nerviosos creyendo que están vivos. Yo soy como las horas que pierden los domingos acaricio el descanso metido entre las sábanas y espero a que amanezcan los días de diario. La vida es un enigma del que sólo descifro un trozo de esperanza lo miro de reojo y nunca me detengo porque temo al acecho de los tirachinas o la sombra de un gato. ("rua das pretas")

Rubem Fonseca (1925 )

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Puta "Éramos seis, cinco mujeres y un hombre. Yo, la única blanca, de cabello liso, claro. Pero ser guapa y blanca s´lo me ayudó a ser puta. Es decir, no sé si ser una puta blanca es mejor que ser una puta mulata, comercialmente hablando. Me dijeron que me metí a puta porque quise, . Tenía entonces doce años." ("el gran arte", ed. cal y arena, méxico, 2011, trad. miriam lópes moura)

Álvaro Valverde (1959 )

Aquí                                                            para vicente valero Estás sentado solo frente al valle con un libro en las manos que abandonas a ratos para poder mirar, con la calma debida, cuanto la vista alcanza. Suena el silencio. A veces, el rumor de las ramas o el canto intermitente de algún pájaro. Respiras hondo. Ves. Aprecias uno a uno los momentos que te concede este vivir al margen. No haces tuya la queja de los que quieren irse pero que aplazan siempre la ocasión de su huida. Permaneces aquí por propia voluntad: es éste tu lugar. Tú eres de él. ("no me quites paz")

Rafaela de Buen (1921/2016 )

Primer llanto Apenas naciste ya eras rehén tu primer grito horadó los muros quedó enredado entre los disparos sentiste el olor de la pólvora y el humo del incendio nubló tu mirada en ese hospital de Stavropol donde te recibió la locura humana. Rehenes, la sangre secándose en los escombros las llamas, los gritos, cañones hablando el lenguaje triste del odio entre hermanos. Un cordón cortado, mientras tu madre llora al verte nacer, rehén, a su lado. ("eg")

Aurora Luque (1962 )

Interior A menudo converso con mis sueños. Los invito a salirse de la noche y se sientan, con trajes neblinosos, junto a mi mesa sucia de papeles. y les pregunto sobre su sintaxis porque se ofenden si hablo de semántica. Hoy he recuperado de sus manos un fragmento de ti tan exquisito . como una noche de junio en Gil de Biedma, un otoño de Keats o aquel sabor a polo de naranja de las viejas mañanas de domingo. Carpe noctem Carpe noctem, amor. Coge el brusco deseo ciego como adivino, los racimos del pubis y las constelaciones, el romper y romper de besos con dibujos de olas y espirales. Miles de arterias fluyen mecidas como algas. Carpe mare. Seducción de la luz, de los sexos abiertos como tersas actinias, de la espuma en las ingles y las olas y el vello en las orillas, salpicado de sed. Desear es llevar el destino del mar dentro del cuerpo. ("poesía cuatro")

Uriel Martínez (1950 )

Alguien Alguien nos busca al amparo de la oscuridad previa a la madrugada; alguien deja gotas de sangre en la alcoba, los espejos, los silencios, en el sueño ligero; alguien dormido nos chista, nos bisbisea, nos infunde alarmas sordas; alguien con linterna en mano aluza párpados, aluza labios, miedos; alguien nos toma de la mano porque un hilo de sangre mana y mana incesante; su rostro es una máscara y detrás de ese escudo alguien nos llama con voz triste, con un vos eres el siguiente, con un vosotros; tímidos entonces, casi sin parpadeo descendemos peldaños y permanecemos en vigilia. [Inédito ]