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Irene Gruss (1950/2018 )

Autorretrato Ah, si pudiera recostarme, ser así, la mosquita muerta que inclina su cuello, lánguida ; si borrara el rictus de una Callas desahuciada, Magnani en batón, así me veo, dulces musas de la debilidad, dónde estáis, denme la brisa, dénmela, no la ventolina a orillas del mar, siempre a orillas del mar, ay me, mandolina y no viola da gamba, quién me miraría si él observa el culo de la que pasa, ay me, cuántas uñas delicadas habrán rasguñado el hombro, la nuez, su espalda, oh, su espalda, y engalanar lo que no tengo, un aspecto sutil, ese gesto de no haber sufrido hambre, menos ansia de saber, una sor Juana cortejada por virreyes y virreinas, la suavidad del papiro, y el vientre sin estrías, ay me, si hubiese usado aquel pote, si no supiera que el tiempo no es el Teatro No, máscara que cubre el savoir faire y otras minucias, oh, gatitas, si pudiera lagrimear, las he visto contonearse sinuosas hacia mi objeto incólume, han conseguido lo que apenas ...

Louise Glück (1943 )

Mañana lluviosa No amas el mundo. Si amaras el mundo habría imágenes en tus poemas. John ama el mundo. Tiene un lema: no juzgues si no quieres ser juzgado. No discutas este punto con la teoría de que no es posible amar lo que uno renuncia a comprender: renunciar al discurso no significa suprimir la percepción. Fíjate en John, fuera en el mundo, corriendo incluso en un día miserable como hoy. Que elijas no mojarte se parece a la patética preferencia del gato por cazar aves muertas: completamente consistente con tus dóciles temas espirituales, el otoño, la pérdida, la oscuridad, etc. Todos podemos escribir sobre el sufrimiento con los ojos cerrados. Deberías mostrarle a la gente algo más de ti misma; mostrarles tu clandestina pasión por la carne roja. ("eterna cadencia", trad, andrés catalán)

César Vallejo (1892/1938 )

Hasta el día en que vuelva, de esta piedra... Hasta el día en que vuelva, de esta piedra nacerá mi talón definitivo, con su juego de crímenes, su yedra, su obstinación dramática, su olivo. Hasta el día en que vuelva, prosiguiendo, con franca rectitud de cojo amargo, de pozo en pozo, mi periplo, entiendo que el hombre ha de ser bueno, sin embargo. Hasta el día en que vuelva y hasta que ande el animal que soy, entre sus jueces, nuestro bravo meñique será grande, digno, infinito dedo entre los dedos. ("obra poética completa", ed. casa de las américas, la habana, 1975, tercera ed.)

Salvador Novo (1904/1974 )

Imagen
Epifania Un domingo Epifania no volvió más a la casa. Yo sorprendí conversaciones en que contaban que un hombre se la había robado y luego, interrogando a las criadas, averigüé que se la había llevado a un cuarto. No supe nunca dónde estaba ese cuarto pero lo imaginé, frío, sin muebles, con el piso de tierra húmeda y una sola puerta a la calle. Cuando yo pensaba en ese cuarto no veía a nadie en él. Epifania volvió una tarde y yo la perseguí por el jardín rogándole que me dijera qué le había hecho el hombre porque mi cuarto estaba vacío como una caja sin sorpresas. Epifania reía y corría y al fin abrió la puerta y dejó que la calle entrara en el jardín. ("otra iglesia es imposible")

Uriel Martínez (1950 )

Aunque Aunque ya cayó un aguacero los pronósticos indican lluvia en gran parte de la noche; aunque ya humea el incienso y empieza a expandirse en rincones y abraza pleuras; aunque la hoja da cabida a confesiones que callas de día y no te expresas a ti mismo; aunque las goteras caigan y escurran en vidrieras y paredes, la noche es joven; aunque los libros sigan alineados en estantes y guarden resinas y hojas de árboles añejos; aunque la noche se dilate en irse y en día en su arribo, tú hablas. [Inédito]

Charles Simic (1938 )

Atardecer de verano Haciendo tiempo bajo un árbol, mientras charlaba con un pájaro al que podía oír pero que nunca vi y se hacía de noche y unas pocas casitas se iluminaban a lo largo de la calle sorprendiendo a un gato con algo entre los dientes. En la manzana de al lado había una agencia de viajes con un cartel de Venecia en el escaparate que estudié con cuidado para determinar si los barcos del Gran Canal estaban algo más cerca de su destino. Detrás de los raíles cubiertos de maleza había una pequeña feria pobremente alumbrada con un tiovivo, una barraca de tiro al blanco y una joven pareja probando suerte con un rifle y una hilera de patos, mientras pasaba de largo y pensaba: tarde o temprano encontraré el camino a casa, solo o en compañía de un amigo real o imaginario que golpea la cerca con su blanco bastón o reparte comida china por el barrio. ("perros en la playa", trad. jordi doce)

Carlos Edmundo de Ory (1923/2010 )

En un café He vuelto ahora sin saber por qué a estar triste, más triste que un tintero. Triste no soy, o si lo soy no sé la maldita razón porque no quiero. He vuelto ahora sin saber por qué a estar triste en las calles de mi raza He vuelto a estar más triste que un quinqué, más triste que una taza. Estoy sentado ahora en un café y mi alma late, late de sed de no sé qué, tal vez de chocolate. No quiero esta tristeza medular que nos da un golpe traidor en una tarde. Pide cerveza y basta de pensar. El cerebro está oscuro cuando arde. ("cómo cantaba mayo")