Entradas

Enrique Verástegui (1950/2018 )

  Primer encuentro con Lezama  Llevo un sol en mis bolsillos pero ya no tengo nada en mí no puedo soñar cantar pensar en cosas concretas no puedo soñar cantar escribir ese poema para ti mi gatita           arañándome el hombro y mis vecinos me tienen controlado me ven llegar como una peste y hablan de mí entre comillas soy el ocioso el paria el que llega tarde en la noche y corro por estas calles de Lima buscando recordando a Vivian cayéndome en pedazos consumido por mí mismo y tu no hacías nada           por mí, viejo Lezama, estás ya viejo, pero te guío por estos           sitios Vivian solía aparecer desnuda con sus enormes muslos de cedro y mira acá esta foto: es Jericó devastada por el mal uso de los sebos,           por la droga, las flores de plástico y sal un poco de tus paginas, de esos aires, Lezama, sé que el asma es         ...

Adalber Salas (1987 )

XXXI Bajo a tu cuerpo para recoger agua. Un agua quieta, sin orillas, que devuelve la mirada como esos ojos animales repletos de una infancia que no reconocemos. Persiguiendo ese agua convexa, ese agua precisa, bajo: para contar con mis dedos el rosario de gotas exactas que se han empozado en ti. Busco con qué alimentar esta vegetación que no conozco bien pero que llamo voz, con qué lavar las costras de este insomnio. Bajo a tu cuerpo para ayunar, tomar algo de tu mansedumbre y refrescar con ella mi cuello entumecido. Bajo con mis manos hechas cuenco blando, imperfecto: bajo al lugar donde la vida se convence de sí misma. ("subverso")

Natalia Figueroa (1983 )

Primavera Tom y Marie viajan por el mundo en busca de orquídeas. Hablan de la inteligencia de estas flores de los aceites y perfumes que producen para atraer insectos. Capaces de engañar a las moscas soltando olor de cadáver y de atraer a las abejas con fragancias idénticas a las de sus hembras imitan su forma, color y textura: la abeja intenta aparearse con ellas entra en contacto con la antera llevará los polineos de una flor a otra en sucesivos intentos coitales. – Cada flor produce un aroma levemente distinto – Tienen como nosotros diferentes rostros. – Supongo que las cultivan en casa. – No, son flores delicadas nuestro país es frío. Hemos llegado a la isla. Entre las piedras montones de orquídeas aparecen, se marchitan La formación de individuos nuevos está asegurada: las abejas andan como locas el polen se ve en el aire hacia el sol se orientan las flores. Sí, es difícil convertirse en la tierra, la roca y el aire necesarios para cultivar esta flor...

Erik Moya (1994 )

  General ruso Vladimir tiene ocho años de tristemente casado hoy es viernes y como siempre entra por la puerta del general su cuerpo de dios griego tiene amarrada la tela blanca en la cintura y bajo de ella el bulto de lo que realmente es me dice es imposible ver dentro de la neblina se distinguen fantasmas penando máscaras sobrepuestas en este cuarto oscuro hay espíritus asechando figuras macho objetos erectos racimos de hombres crecen del azulejo pasos con sandalias caderas desnudas aquí el hombre crece/se desarrolla/vive aquí siempre es de noche aquí hombres contra hombres aquí se encuentra la gloria prometida por dios  Vladimir sabe que este viernes es diferente lo esperan en casa: la esposa con cara de unllegastarde y sus hijas con manos hechas regalo con velas prendidas en la punta de sus cabellos todos con los ojos de quéfelices somos una familia quégenealidad es vivir sin preguntar y él con aroma de lo que oculta cada viernes este día me di...

Margaret Atwood (1939 )

Frente a un espejo Fue como despertarme después de haber dormido siete años y encontrarme con una cinta tiesa, de un negro riguroso podrido por la tierra y los torrentes pero en cambio mi piel se endureció de corteza y raíces como cabellos blancos Mi heredada cara traje conmigo una aplastada cáscara de huevo entre otros desechos: el plato de loza hecho añicos en el sendero del bosque, el chal de la India destrozado, fragmentos de cartas y el sol de aquí me ha impreso su bárbaro color Se me han puesto rígidas las manos, los dedos quebradizos como ramas y los ojos perplejos después de siete años, y casi ciegos/brotes, que sólo ven el viento la boca que se abre y se agrieta como una roca al fuego al intentar decir Qué es esto (sólo hallas la forma que ya eres, pero qué si has olvidado ya en qué consistía o descubres que nunca lo has sabido) ("zenda libros", s/c al traductor)

Fernando Pessoa (1888/1935 )

No quiero rosas, con tal que haya rosas No quiero rosas, con tal que haya rosas. Las quiero sólo cuando no las pueda haber. ¿Qué voy a hacer con las cosas que cualquier mano puede coger? No quiero la noche sino cuando la aurora la hizo diluirse en oro y azul. Lo que mi alma ignora eso es lo que quiero poseer. ¿Para qué?… Si lo supiese, no haría versos para decir que aún no lo sé. Tengo el alma pobre y fría Ah, ¿con qué limosna la calentaré? ("zenda libros", trad. f. gutiérrez)

Gerardo Deniz (1934/2014 )

Confesiones                                      Je forme une entreprise qui                                      n’eut jamáis d’exemple. De Ginebra, mi pueblo calvinista, donde todo era nítido como la sombra de una camisa  de fuerza, resbalé a Lyon, adonde Jouvet con un florete de platino me calcinó el punto cerúleo.  Touché. Merci. Desde entonces, diremos que sin saberlo, en cualquier  teatro vacío, estreno siempre sueños, aunque no se entiendan todos o mi valioso trabajo cotidiano salga perdiendo. Mientras, el vecino de cada noche tose, tose, y no muere. Primero recorríamos las cordilleras divulgando  tonadas accesibles, un trozo del Lago de los cisnes y cosas así. Vimos mapaches, hablamos con Sísifo (—No, moharrachos, eso del horror de volver a  e...