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José Antonio Cedrón (1945 )

Llueve sobre aquel pájaro Llueve sobre aquel pájaro en la rama del patio sobre la mancha verde que no alcanza la nitidez del ojo, sobre el vidrio astillado de sus alas y hay ruido de cucharas, de mediodía puntual, rumor eterno en la silla vacía de mi padre con su mirada al fondo, aquella, siempre quieta, y voces en el rostro de la pared que tuvo la obediencia. Pasa un caballo mudo, anónimo, sin cascos (¿heredado de quién?) descascarándose al sol de la intemperie. Tal vez jamás lo he visto. Es más, tal vez no existió nunca, pero yo lo recuerdo, como ahora cuando lo necesito. Y es como son tus manos las de ayer, repitiendo la cita, o tal vez antes sobre el cielo caliente de un mantel. Traigo una vieja herida de aquella travesía, que fue espera. No sé nada después, es un decir, vuelve tu mano izquierda y hace a un lado el vacío donde estamos ausentes. Ay si te he recordado –como si hubieras sido posible– en estos años. O por qué me pregunto por el tiempo entre es...

Robert Graves (1895/1985 )

Así muere la luz del día Así muere la luz del día. La luna ha menguado por completo, ni las primeras estrellas pueden ya eclipsarla. Pero, ¿qué es del amor, que se supone ha de descartar el terror recurrente del último cuarto de luna? ¡Niña, coge mi mano, bésala dedo a dedo! ¿Puede apagarse el amor verdadero? No temo a la muerte, sino sólo dar pena, y el olvido del vocabulario intemporal del amor, y que acabe la poesía con el loco avión de la muerte como una exhalación por el cielo. ¡Niña, coge mi mano! ("apología de la luz", s/c al traductor)

Gloria Fuertes (1917/1998 )

Poema que luego no podré escribir Cuando no tenga nada que catar más que la tierra, que un hombre rudo me dé la cucharada (de oficio enterrador) la paletada, aún con la boca así, llena de tierra, seguiré recitando enamorada: Te quise y aún te quiero todavía, toda viva te amé, y hoy, toda muerta el timbre de mi voz llama a tu puerta. Lo siento, soy así, algo pesada. (muro fb jesús aparicio gonzález)

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Las nubes Con la descripción de las nubes debería darme mucha prisa, en una milésima de segundo dejan de ser ésas y empiezan a ser otras. Es propio de ellas no repetirse nunca en formas, matices, posturas y orden. Sin la carga de ningún recuerdo se elevan sin problemas sobre los hechos. ¡De qué van a ser testigos!, en un segundo se disipan en todas direcciones. Comparada con las nubes la vida parece tener los pies sobre la tierra, se diría que es inmutable y prácticamente eterna. Frente a las nubes hasta una piedra parece un hermano en el que se puede confiar y las nubes, nada, primas lejanas y frívolas. Que exista la gente si quiere, y después que se muera uno tras otro, poco les importa a las nubes esas cosas tan extrañas. Sobre toda Tu vida y también la mía, aún incompleta, desfilan pomposas igual que desfilaban. No tienen la obligación de morir con nosotros. No necesitan ser vistas para poder pasar. Charco Recuerdo muy bien ese miedo infa...

Juan L. Ortiz (1896/1978 )

Invierno -El viento llora, padre... -Sí, alaridos como de vidrio... -Sin nadie, padre... -¿Igual que caminos, solos, de piedra? -¡Entro en el viento, ay, padre, cómo silba! -¿Dónde terminarán los silbidos, dónde? -¿Es otro padre el viento, ay, fuerte, que me lleva a sus arenas amarillas, hundidas? -Hundidas en una ausencia demasiado larga y lastimada... -¿Y qué es la ausencia, padre? -El viento es un alma, hijo, desesperada... -¿Desesperada de qué, padre? -Desesperada de...aire sin fin...y del... -¿De qué más? -De fuga... -Estoy vacío, padre, y a la vez en esos gritos.... -Las islas gritan también, oyes? -¿Tienen alma también las islas, padre? -Cuando hay mucha agua, ellas vuelan y llenan toda la noche, ay, de heridas... -Pero al río, mira, al río le han salido mariposas... -Flores del viento... -¿Pero el viento, verdad, traerá otras flores? -Ay, él casi siempre las deshace, o son pálidas... -¿Pero no alcanzará al fin la tierra verde? -Y agitará banderas ...

Martín Adán (1908/1985 )

La piedra absoluta (fragmento) " Poesía se está de fuera: Poesía es una quimera Que oye ya a la vez y al dios. Poesía no dice nada: Poesía se está callada, Escuchando a su propia voz Como se va vida, O como crece pelo de cadáver, Estás tú, piedra aviternísima, piedra ilusa, Entre las cosas reales. Eternidad haraposa, Firmeza sin edades, Y un cordero de debajo que bebe el agua, Y los cielos infinitos y con hambre... Todo lo humano lo vi en ti, Bestia mía y lejana, abiertas las fauces... Todo de acto cumplido, Y acezante... Para cuando te estés muerto todavía, Yo mismo, eres la muerte. Eres yo mismo alguna vez Entre las veces, Entre las cosas, Entre los quienes... Pero tú, piedra enquistada, ¿Quién eres? ¿A quién voy entre los seres? ¿A qué tiempo, a qué futuro iré con mis míes y mis desdenes y con mis piedras recónditas, yo mismo, nube de mí mismo, celeste? La desesperación es una playa, Sábelo, recóndita, alta piedra. La Desesperación está co...

María Negroni (1951 )

Haiku ¿qué pensás del atardecer? a lo mejor mañana alcanzaremos el sol en el jardín de lo indeleble no es fácil saber morir de flores inesperadas ("la ficción del olvido")