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Ana Luísa Amaral (1956 )

Las más perfecta imagen Si yo barriese todas las mañanas las pequeñas agujas que caen de este arbusto y que el suelo les da casa, tendría una metáfora perfecta de lo que me llevó a dejar de  amarte. Si todas las mañanas limpiase esta ventana y, en el fulgor del vidrio, más allá de mi reflejo, sintiese distraerse la la transparencia que la nada representa, vería que el arbusto no pasa de un infierno, ausente el decasílabo de la llama. Si todas las mañanas mirase la tela adornarle las ramas, también la entendía, a esa imperfección de mayo a agosto que le corrompe los hilos y le desarma la geometría. Y el color. Aun si ahora viese este poema en tono conclusivo, notaría cómo su verso crece, sin rimar, en una prosodia incierta y discontinua que huye a mi entender. La lentitud del viento, la erosión. Vería que la nostalgia pertenece a otra tela de otro tiempo, no es de aquí, pero se incrustó a una neurona mía, una memoria que aún insiste en cualquier belleza: el fueg...

Luís Filipe Castro Mendes (1950 )

Una ciudad en Escocia, desenfocada en el poema Ahí nadie me esperaba. Tampoco dije que quería ir. Una cena solitaria, la lluvia doliendo en los cristales, un cuarto sencillo y hecho a la carrera. A la mañana siguiente el aire estaba limpio como las    las palabras en un buen poema y las calles y las casas, libres de retórica, nos dibujaban el día, simplemente. Me siento tan bien en los lugares que no fingen querernos, que no nos imponen recuerdos ni legados, que simplemente son y nos permiten ¡no pertenecer! (¿Por qué escribimos siempre contra alguna cosa, aun cuando hablemos de felicidad?) ["nueve poetas portugueses para un nuevo siglo, antología", ed. unam, méxico, 2016, traducción de josé javier villarreal; sel., prólogo y notas de nuno júdice]

Gastón Baquero (1914/1997 )

Jamás con ese final Si tomas entre los dedos la palabra amor, y la contemplas de derecho a revés, y de arriba abajo, verás que está hecha de algodón, de niebla, y de dulzura.             Si después aprisionas la palabra música, sentirás entre tus dedos el crujir de una frágil lámina de arena.             Si cae entre tus manos la palabra jamás, la terrible palabra que pone punto final a la pasión y al destino, sentirás que está lleno de infinito, y que la serpiente inmóvil de la S es un eslabón entre el fuego y la nieve, entre el infierno y el cielo, entre el amor y la música.             La palabra jamás con ese al final no termina nunca; rodea la tierra y salta luego, perdiéndose en el océano de las estrellas. ("no me quites paz")

Uriel Martínez (1950 )

El médico El médico me habla de enfermedades hospedadas en cuerpos que ignoran el mal; luego me enumera el sida, la diabetes, la presión arterial, entre otras; pero veo que calla el dolor de mutilados, del suicida, del paciente preso en un vasto vergel de medicinas, horarios, dosis; dosis reguladas por enfermos, él incluido, de alcohol, aspirinas, plegarias, familia, gimnasio, compromisos, corbatas, modas, tarjetas de visita, honorarios, mentiras. Todo eso juntos, él y yo. [Inédito]

Beatriz Vignoli (1965 )

Surf Te has sentado en la esquina donde alguien puso mesas, sillas de plástico. Necesitabas ver toda esta luz. Hubieras sido un pintor impresionista de nacer en otro siglo, en otra clase. Te gusta mirar a los skaters, esos surfistas de tierra que pasan con luz verde y logran que parezca un océano el asfalto. Estás solo. Desde que viniste de allá, andás solo. Vas por fuera del mundo como un ángel, vos, que mataste. ("el placard")

Diana Azcona Trejo (1982 )

Crónicas de hospital VIII Salgo de la sala de urgencias al amanecer, luego del informe médico: dicen que no has despertado. Prendo un cigarro   o dos y leo un poema      o dos. Hago lo mismo desde hace muchos días, no sé exactamente cuántos: he perdido la capacidad de medir el tiempo. Siento como si llevara años viviendo aquí, como si la entrada del hospital fuera el comedor de nuestra casa, como si los parientes de los otros enfermos fueran de nuestra familia; los observo y padezco con ellos: el padre de Alfonso luce abatido esta mañana el pulmón de su hijo colapsó; la hermana de Silvia , paciente de cáncer, llora tranquila y come tamales mientras espera a que le entreguen a la muerta radiada; la casi viuda del hombre comatoso bebe café, lee un poema   o dos, prende un cigarro y no sabe qué hacer ante el esplendor de la despedida. ("caína bella")

Eugénio de Andrade (1923/2005 )

Primavera en Oxford La floración: el cuerpo magnífico del viento nos trae el aroma de la floración de las lilas en las calles más íntimas de Oxford, coronando de alegría a los muchachos que huyen en bicicleta bajo la lluvia menuda y clara, como si la luz corriese con ellos hacia un encuentro nupcial conmigo o con la vida. Las nubes A  veces bailan en las colinas o en los ojos de las tórtolas: van hacia el sur, buscan la luz fresca de las islas, los pies diminutos de la lluvia, el estallido del mar, el olor juvenil de la leña todavía verde y con resina, el alma de las placitas, los gorriones, el susurro del alba. (tomado de la web, trad. iván garcía)