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Alberto Cardín (1948/1992 )

Presencia de Ibn Gabirol Si tu fealdad logró del terror elevarte hacia la fuerza ¿de dónde extrae belleza tu verso sino de la ira? Pudiste hablar de ti para morir tan joven La edad que a otros convierte en paladines dejó de ti palabras sólo tus versos que llenaron el vacío del yo sobre la nada sellan para mí idéntico destino en vida Morir bien poco importa puesto que importa todo Saber cómo colmar la propia vida vacía de sentido cómo entretener la tarda llegada de la muerte Sólo eso importa ("cómo cantaba mayo en la noche")

Antonio Orihuela (1965 )

Esperar sentado Los sueños de mi padre se han cumplido, morirá feliz y atado a sus árboles y su barbecho, volviendo a casa en su mula, dormido en el sofá frente un documental de bichos en La 2. Habrá arena en sus botas unas humildes botas de mercadillo de las que guarda tres pares nuevos e idénticos. Morirán muchas cosas, grandes trozos de nosotros, cuando la muerte se vista con él. Mi madre lo mantendrá vivo mientras se repitan, iguales, las nieves, las flores, las cosechas. ("apología de la luz")

John Donne (1572/1831 )

La pulga Mira esta pulga, pues y así discurre cuán poca es la merced que tanto niegas; a mí picó primero, ahora te bebe; nuestras sangres en ella van mezcladas sin que nadie descubra ni pecado ni vergüenza, ni doncellez perdida:    ella sólo disfruta, sin proemios    se atosiga con sangre de dos partes:    tanto a nosotros no se nos concede. Tres vidas en la pulga replegadas; desposadas, y más, en ella estamos; lecho nupcial nos alza, también templo, y somos, simultáneos, tú y yo juntos, desplazca o no, o a quién: vamos cercados por vivientes murallas de azabache,    Si la costumbre os mueve hacia mi muerte,    no cedáis, que suicidio se llamara    y triple sacrilegio en triple escarnio. Cruel y repentina empurpuraste la uña en una sangre de inocencia. ¿De qué pudo la pulga ser culpada si no de haber libado en ti una gota?    Y pues es cierto, aprende la mentira    de los temores, p...

Martín Adán (1908/1985 )

VIII Llego a verde absoluto, regresando; y no es el valle. ¡Y cómo pesa el pie, calzado de espesa sangre! Andando sobre mí mismo, yo me procuro, cargándome; y cada cosa me orienta a un coágulo de sangre. Miro buey: dos ojos ciegos, que lucen a eternidades, bajo testuz que es un vaso de ofrenda de dura sangre. Miro regato, de córnea que una vez miró, vivace: una lividez de párpado, rusida de quieta sangre. Casi humus, casi luz, vasta electricidades, los trigos ganados tremen, vibran: ¡que abreve la sangre! Nieves de cimas y cirros, alcores de claras sales, toisón del cordero albo morirían para sangre. ¡Ay, que paró el que seguía como el eterno romance!... Y se me va la palabra como se iría mi sangre. Y escuchando a luces mudas, aprehendo lo impenetrable: que todo mi sangre vierte si no lo agita la sangre. ("casa barbieri", blogspot)

Manuela Fingueret (1945/2013 )

Mi padre No fue sabio No fue justo No fue valiente Sólo un pobre carpintero judío recorriendo el verano en bicicleta Detenido en Tolstoi entre los cielos de Chagall hacia la tierra prometida Jerusalem fue un sueño que terminó en abandono No fue músico No fue rabino No fue maestro Sólo un pobre carpintero judío remontando la guerra y el origen para vivir a tiempo en la palabra de su hija. ("estación quilmes")

Uriel Martínez (1950 )

Los huéspedes a veces adivino que alguien anda en el cuarto de huéspedes, alguien levanta un cobertor, alinea los cojines, estira sábanas para deshacer imperfecciones; hay noches que siento un alguien pasar el índice en libros y autores de ese espacio siempre vacío; alguien que consulta contenidos, prefacios, cuarta de forros, fichas bibliográficas o que repasa y repasa un poema en silencio, con la mirada y pupilas tenues; desde la habitación que ocupo quiero adivinar esas noches apenas rotas por una franja de luz en el piso; afino el oído para oír pisadas de calcetines rumbo a la cocina, adivinar el chorro de agua en el peltre, el cerillo acercado a la estufa, la tapa que cubre el recipiente puesto al fuego; en silencio cuento las hojas pasadas del libro, los capítulos dilatados, la decisión de la heroína al beberse el veneno, la tinta que corre al redactarse la última despedida, el soplo tenue del alma al retirarse de la carne, el clic de una vi...

Lucian Blaga (1895/1961 )

Final Hermano, una enfermedad vencida parece que es cualquier libro. Pero quien te habla está ahora en la tierra. Está en el agua. Está en el viento. O tal vez, está más lejos. Con esta hoja cierro las puertas y tiro las llaves. Estoy en alguna parte del cielo o del infierno. Apaga tu vela y pregúntate: Tu misterio vivido ¿dónde se ha ido? ¿Te quedó en tus oídos alguna palabra? Desde el cuento con sangre narrado, vuelve tu alma hacia la pared y pon tu lágrima hacia el ocaso. ("cuaderno de traducciones", ed. fce, col. cuadernos de la gaceta, méx., 1984,, trad. jorge alberto lamoyi)