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Sigal Ben Yair (1970 )

Eco Me entrenaste para no llorar frente a la desdicha, para morder mi rabia y detenerme antes de que el suelo arda bajo mis pies. Me abrazabas poco para que añorase el roce de toda otra piel, para que respondiese a cualquier otra caricia. Tienes un corazón fantasma y cuando escucho que mi voz se trocó en la tuya oigo un eco. Ya no miro hacia atrás. Veme ahora: soy, en resumidas cuentas, mi pasado. ("de_canta_sión" blogspot, trad. gerardo lewin)

Jorge Teillier (1935/1996 )

Notas sobre el último viaje del autor a su pueblo natal 5   El único hojalatero que quedaba en el pueblo fue a buscar trabajo a Lonquimay. No ganó mucha plata pero contempló la Cordillera. El no tiene Leica ni Kodak así que se dedicó a dibujarla para que sus nueve hijos la conocieran de verdad. ("proyecto patrimonio")

May Sarton (1912/1995 )

Querer morir A veces quiero morirme para acabar con todo de una vez, no volver a hacer mi cama nunca, no contestar otra carta nunca ni regar las plantas, ningún esfuerzo de esos que hay que hacer todos los días para seguir  viva. Pero después no me quiero morir. las hojas cambian y tengo que ver el rojo y el dorado una vez más, una sola hoja amarilla cayendo por última vez bajo el sol. ("el placard", versión sandra toro)

Harold Alvarado Tenorio (1945 )

Dolora En las eternas noches de las ciudades tu música fue compañía. Ningún otro recuerdo llevaré a la muerte que las melodías de tus canciones cuando, olvidado de todos, me daba a la gloria que deparaba el cuerpo oyéndote en El Corzo o en Casablanca, diluyendo mi alma en días de hierro. Para quienes no sabrán de ti, quede aquí la noche donde en El Barrio tocas la trompeta que te dio la abuela rogando conservaras, entre una hostil lengua, el ritmo y la suavidad del corazón. Queden no solo tus canciones sino también tu figura de muchacho pobre y la confusión de saber que nos tocó vivir un mundo de asco y mezquino racismo. (en muro fb hernán vargascarreño, 14,viii,2016)

Rómulo Bustos (1954 )

Cotidiana La hermana pasa lentamente la escoba sobre el pequeño tumulto de las hormigas y no cesa de asombrarse de lo rápidas que acudieron al saltamontes inesperadamente caído del techo —Parece que supieran —dice Cuánta minúscula y moviente voracidad sobre el cuerpo muerto Cuánto vértigo de pinzas trincando, desgarrando, cargando victoriosamente el animalejo —Algo las llama —insiste sabiamente la hermana Yo nada digo Yo aparto los pies y dejo barrer mientras miro la desorientación de las hormigas que ahora no parecen saber tanto ("otra iglesia es imposible")

Eileen Myles (1949 )

Un poema americano Yo nací en Boston en 1949. Nunca quise dar a conocer este hecho, de hecho, me he pasado la mayor parte de mi vida adulta tratando de barrer mis primeros años bajo la alfombra y llevar una vida que fuese claramente mía e independiente del destino histórico de mi familia. Pueden imaginarse lo que era ser una de ellos, estar hecha como ellos, hablar como ellos cargar con los beneficios de haber nacido dentro de una familia americana tan rica y poderosa. Yo fui a los mejores colegios, tuve toda clase de entrenadores y tutores, viaje a todas partes, conocí a los famosos, a los controversiales, a los no muy admirables y supe desde muy temprano que si había alguna posibilidad de escapar del destino colectivo de esta famosa familia de Boston yo tomaría ese camino y lo he hecho. Me subí al Amtrak a Nueva York a principios de los setenta y creo que podría decirse que fue el principio de mis años ocultos. Pensé: seré poeta. ¿Qué podría s...

Billy Collins (1941 )

Locos Dicen que puedes joder un poema Si hablas de él antes de terminarlo. Si lo dejas ir demasiado temprano, advierten, Tu poema saldrá volando, Y esta vez tienen toda la razón. Piensa en la noche en que te comenté Que quería escribir sobre los locos, Como tan alegremente los llaman los diarios, Que atacan obras de arte, no en críticas, Si no con cuchillos de pan y martillos En los silenciosos museos de Praga y Ámsterdam. De hecho, ellos son los verdaderos artistas, Dijiste, moviendo el hielo en tu vaso. El destornillador es su pincel. Los verdaderos vándalos son los restauradores, Continuaste, lentamente poniéndome patas arriba,  Esos con sus batas blancas Que cierran la herida en el paisaje, Arruinando así el verdadero arte de los locos. Miré cómo mi poema volaba hasta el frente  Del bar y rondaba ahí Hasta que el próximo cliente entró— Entonces lo miré salir por la puerta hacia la noche Y navegar, solitario, podía imaginarme, Sobre los oscu...