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Marco Antonio Ettedgui (1958/1981 )

Lloro mi muerte A mí, cuando vivo vivía Lloro mi muerte y la de todos como yo de velas rodeado cinco círculos de flamas separadas unas de otras por puñales tallados con los que me asesinaron mientras pensaba horizontal morí con una lágrima en cada ojo y con una en el oído izquierdo honor a los sordos sobrevivientes humanistas presocráticos ¡Cómo hubiese amado mi retrato en la verídica prensa del siglo XX! varias veces introdujeron los puñales como en novelas de Agatha Christie misteriosamente encontrado oyendo en mi alcoba al aire tocando el piano que le presté y dos pinos con guitarras alquiladas por mis vecinos del frente, Morela se las dio para que tocasen en las noches  de niebla. Música como de amor en Bar fino en los bolsillos cargaba raros dulces y chupetillas con sabor a joven guinda. ("medusario, muestra de poesía latinoamericana", sel. y notas r. echavarren, j. kozer y j. sefami, ed. FCE, México, 1996)

Eugenio Montejo (1938/2008 )

Setiembre                                       a alejandro oliveros Mira setiembre: nada se ha perdido con fiarnos de las hojas. La juventud vino y se fue, los árboles no se movieron. El hermano al morir te quemó en llanto pero el sol continúa. La casa fue derrumbada, no su recuerdo. Mira setiembre con su pala al hombro cómo arrastra hojas secas. La vida vale más que la vida, sólo eso cuenta. Nadie nos preguntó para nacer, ¿qué saben nuestros padres? ¿Los suyos qué supieron? Ningún dolor les ahorró sombra y sin embargo se mezclaron al tiempo terrestre. Los árboles saben menos que nosotros y aún no se vuelven. La tierra va más sola ahora sin dioses pero nunca blasfema. Mira setiembre cómo te abre el bosque y sobrepasa tu deseo. Abre tus manos, llénalas con estas lentas hojas, no dejes que una sola se te pierda. ("alfabeto del mundo", ed. fce, méxico, 2a. ed., 2005)

Uriel Martínez (1950 )

Otro país enero: con tecnología google di con tu casa, llegaste pasado de copas, como reptil de piedra febrero: otro día te seguí hasta la puerta de otra casa, donde nadie respondió tu toc toc toc marzo: una semana después, casi sobrio, oprimiste el timbre de un edificio deshabitado y de ventanas rotas abril: por un momento creí que tirarías piedras al tercer piso, donde vivió quien esto expresa en otro país.

Cristian López Talavera (1985 )

Mi cuna deriva como un vendaval a ovillarse en el olvido Padre, ¿A qué sabe la luz? ¿A qué sabe la sombra? ¿A qué el silencio de tus ojos? Ahora que la noche ciega reposa en el manto de estrellas fugaces ¿A qué sabe el dolor de perros acogidos en la lluvia? ¿A qué tu cuerpo inmóvil en la doblez de los dioses? Ahora que la carne se ha transformado en oruga ¿En qué cierzo deshabitado estos parajes oscuros, valles claustrofóbicos? ¿A qué tu escafandra agusanada de melancolía? Padre, ¿Para qué tu soledad si tu diáfana luz desciende sobre estos párpados bifurcándose en llantos? ("revista ping pong")

Enrique Solinas (1969 )

El doble Ese hombre que está sentado frente a mí es apenas un reflejo de lo que soy. Tiene mi voz atrapada en su garganta -y sé que es personal - como si alguien lo hubiera autorizado a dejarme mudo. Transcurren sus días en mi contemplación. Sabe más de lo que yo comprendo. Ese hombre que está sentado frente a mí sonríe, acomoda su pelo y espera a que me duerma de una buena vez para ocupar mi historia. Ahora observo que se aleja, sin mortificaciones. Ahora: parte como quien regresa   de un largo sueño. Y es tan simple, tan vacío de significación, tan elegante, tranquilo y eficaz, que da gusto verlo cada vez, regresando hacia mí, abriendo           las puertas de la muerte. ("al pial de la palabra")

Carmen Callejo (1990 )

Las manos de los asesinos Mi vecino me habla de Guaros, de tesoros incas enterrados en el bosque para huir de las garras destructoras de mis antepasados. Me cuenta también cómo hace pocos años todo el pueblo marchó y cómo juntos cerraron esa mina. Mi alumna me explica el Inti Raymi, la fiesta del sol del solsticio de invierno y hablamos por horas del Tunche, el Chullachaki, de todos los espíritus que habitan en el bosque. ("Miss Carmen, dime, ¿tú crees en ellos?") En el pueblo del otro lado de las montañas un anciano me cuenta cómo su lengua natal, el awajún, se le ha ido oxidando entre los labios cuando se le obligó a tragar castellano a la fuerza. "Los awajún viven allá," me dice un compañero, "al fondo de la selva, en pequeñas cabañas. Tienen flechas y arcos, son parte del bosque y es por eso que defienden como nadie sus árboles sagrados de las madereras." Una amiga me cuenta que desde que llegara el cristianismo y fo...

Raúl Henao (1944 )

El olvido Cerca al desposeído al desamparado El olvido pasea sus muertos Insepultos entre la niebla Cruza el sordo la calle A brincos la sangre le hace señas En el espejo de la mañana. Y no hay un árbol a la redonda Donde poner un nido de pájaros Una sola nube donde acampar al sol. El olvido pasea sus muertos insepultos Cerca al desposeído al desamparado. El sordo cruza la calle. Entre la niebla acampan los pájaros Porque no hay un sol donde poner una nube Un árbol donde borrar La sangre a cántaros de la madrugada. ("ala de cuervo.blogspot")