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César Simón (1932 )

De tarde en tarde A veces, de tarde en tarde, paso por aquella playa. Y nada pediría, si se me ofreciese; que todo regresara, por ejemplo. Disimulo quién soy, si me siento a una mesa y acude el camarero que nos atendía. Es como si dijera: yo no he sido nadie, yo no he tenido nada. Y sin rencor lo digo, con impreciso gesto, con oscuro semblante. Pues esta sensación es verdadera: no hay que sacar de nada conclusiones. Y menos que de nada de aquellos días muertos que no deben, por respeto, ni mencionarse. ("rua das petras")

Niki Marangou (1948/2013 )

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Tierra de nadie Eso que llaman "tierra de nadie" no existe porque siempre pertenece a alguien vivo. En el tendedero de la memoria las camisetas se requebrajan al sol un niño cae al suelo y se lastima la rodilla. Una mujer llora. Por fortuna la tierra no sabe de todo eso y decora los muros en ruinas con hiedra las heridas con amapolas y las tumbas con tomillo. ("estampas de chipre", uv-xalapa, ver.,méxico, 2015, trad. selma ancira)

Homero Pumarol (1971 )

Clementina Te escribí un poema y me pediste otro Que no mencionara a ninguna otra mujer, Menos solemne la forma, más eficaz el mensaje. Han pasado dos meses desde que nos separamos, Ahora vivo con mis papás y no trabajo, Una situación inmejorable para la poesía. Pero se mete entre mi deseo y tu reclamo un océano, mis papás desnudándose, tres de mis hermanas y nueve sobrinos, Sin contar los televisores, los teléfonos, los cuñados y los perros. Mientras tanto voy juntando palabras sueltas: Pantalón, Mariachi, Cabecita, Mamey, ¿Cuándo nos vamos a volver a ver? ¿Será un haiku o una larga letanía? A veces creo que nunca lo voy a terminar. Sería mucho más fácil si durmieras conmigo. ("revista ping pong")

János Pilinszky (1921/1981 )

Alguien Por un perfecto círculo, o mejor, por un óvalo imperfecto está mirando Dios al monstruo. Un millón de caras, manos y uñas en conjunto. En el fondo una cama larga y muda; una vulgar cobija y una almohada. La pezuña del monstruo perfora el pavimento, y alguien rompe a llorar. ("otra iglesia es imposible", traductores rodrigo escobar holguín y vera székács)

Charles Simic (1938 )

Los relojes de los muertos Una noche fui a hacerle compañía al reloj. Tenía un ruidoso tic tac después de la medianoche. Como si estuviera asustado. Es como silbar frente a un cementerio, Le expliqué. De cualquier manera, le dije, te comprendo. Hubo una vez relojes como este En todas las cocinas de los Estados Unidos. Ahora las ventanas de las fábricas están todas rotas. El anciano del turno de la noche está sobre el bote de Caronte. El día que te detengas, le dije al reloj, Las pequeñas ruedas de reserva Se echarán a rodar Hacia resquicios de difícil acceso. De tan sólo pensar en eso, me olvido de darle cuerda al reloj. Nos levantamos en la oscuridad. Que tranquila está la ciudad, digo. Como los relojes de los muertos, mi esposa responde. Abuela en la pared, Escucho la nieve de tu infancia Que empieza a caer. ("revista ping pong", traducción frank báez)

Billy Collins (1941 )

Los muertos Los muertos siempre nos están mirando, dicen, Mientras nos ponemos los zapatos o preparamos un sándwich, Ellos miran hacia abajo a través del fondo de cristal de los botes Del cielo. Mientras reman lentamente en la eternidad, Miran nuestras cabezas moviéndose abajo en la tierra, Y cuando nos acostamos en un campo o en un sillón, Drogados quizás por el murmullo de un tibio atardecer, Piensan que los miramos a ellos, Entonces levantan sus remos y se quedan callados Esperando, como padres, que cerremos los ojos. Sin tiempo Con prisa esta mañana Toqué la bocina mientras Avanzaba junto al cementerio Donde están enterrados mis padres Uno junto al otro Bajo una  delgada losa de granito. Luego, me paso el día pensando en él Levantándose y dándome esa mirada De reproche, Mientras mi madre, calmada, Le dice que vuelva a recostarse. ("revista ping pong", trad. de giselle rodríguez cid)

Alda Merini (1931/2009 )

Su esperma bebido... Su esperma bebido por mis labios era la comunión con la tierra. Bebía con mi magnífica exaltación mirando sus ojos negros que huían como gacelas. Y jamás una manta fue más cálida y lejana y jamás fue más feroz el placer dentro de la carne. Nos partíamos en dos como el timón de una nave que se abría para un largo viaje. Teníamos con nosotros los víveres para muchos años todavía y besos y esperanzas y no creíamos más en Dios porque éramos felices. ("la ficción del olvido", trad. delfina muschietti)