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Rafael Cadenas (1930 )

Derrota Yo que no he tenido nunca un oficio que ante todo competidor me he sentido débil que perdí los mejores títulos para la vida que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución) que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos que me arrimo a las paredes para no caer del todo que soy objeto de risa para mí mismo que creí que mi padre era eterno que he sido humillado por profesores de literatura que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo que tengo vergüenza por actos que no he cometido que poco me ha faltado para echar a correr por la calle que he perdido un centro que nunca tuve que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo que no encontraré nunca quién me soporte que fui preterido en aras de personas más miserables que y...

Jorge Teillier (1935/1996 )

El pasajero del Hotel Usher Las escaleras se disuelven como el humo de las tazas de té. El pasajero sueña con Annabel, en las oscuras riberas de ríos donde nunca estuvo. El llamado del teléfono es el perforante guijarro de las garzas en la laguna el oleaje de los autos acuna sus pesadillas. El cuarto está lleno de gaviotas que en vano intentan revivir sobre un césped, que en vano se estrellan contra vidrios empañados. Sus alas serán cortadas, sometidas a la misma condena a la que se somete el pasajero. Los pantanos de la memoria absorben al Hotel, absorben al pasajero que no se levanta del lecho, no recorre las galerías donde las arañas tejen sus mensajes, no mira las mesas del comedor donde dialogan, para no morir de tedio, las alcuzas con el mantel de hule. No contempla las desteñidas reproducciones de Doré en los muros. No ve el polvillo de las demoliciones en los primeros rayos matutinos. Ya se fue Ariadna de la ciudad y el laberinto de los pasadizo...

Carlos Marzal (1961 )

El animal dormido                                          a Luis García Montero Has llegado en la noche, como otras tantas noches, hasta la casa apuntalada en sombras. La puerta ha clausurado el alba amenazante, y, tú mismo una sombra, te desvistes por el pasillo a tientas, con las voces aún y el sabor de esa noche hurgando en la memoria. La habitación todavía es más ciega, y la invade, corpórea, la familiar tibieza de una niebla invisible. Has tumbado tu noche, tu cansancio y tu cuerpo, junto al cansado cuerpo de su noche. Quién sabe qué fantasmas la estarán visitando, con quién departirá en la hora puntual de los demonios, por qué tierras salvajes de los sueños andará extraviada y sin echarte en falta. Toda la suma de casualidades, de planes no cumplidos, de rutas postergadas, de incertezas, y que llevan por fin hasta esta noche, resulta un laberinto in...

Joan Margarit (1938 )

Ella Es tiempo ya de no esperar a nadie. Pasa el amor, fugaz y silencioso como en la lejanía un tren nocturno. No queda nadie, es hora de volver al desolado reino del absurdo, a sentirse culpable, al vulgar miedo de perder lo que estaba ya perdido. A la inútil y sórdida moral. Es hora ya de darse por vencido en el trabajo, a solas, otro invierno. ¿Cuántos quedan aún, y qué sentido tiene esta vida donde te he buscado, si ya llegó la hora tan temida de comprobar que nunca has existido? ("rua das petras")

Max Rojas (1940/2015 )

El turno del aullante I Lo furioso, lo verdaderamente animal que me sostiene, lo que me guarda en pie con el rencor crecido, esto como de hueso, como de dientes que se muerden después de haber mascado el polvo, esto de sangre, esto de grito ahorcado como un aullido en la garganta, esto como un muro, como un sollozo largo de noche sin hogueras, lo animal, lo verdaderamente huraño que me duele en los ojos. Dije que el mar es algo así como esa diaria muerte de mi cuerpo. Hoy me sale lo bronco y me revuelvo, hoy me sale lo herido y me desgarro —perdón por esta forma de amargura, pero es que hoy de muy dentro me sale lo animal desbocado, la verdadera furia que me empuja: esto de maldecir espinas por la boca lo formalmente triste, lo exactamente amargo como el llanto. Ahora me vuelvo y me despido y me regreso. Voy a buscar mi sombra entre la sombra, porque mordí sin tiempo un corazón de niebla, y lo bronco, lo verdaderamente animal que me sostiene está dolido. ...

Alejandra Correa (1965 )

Sostiene mi mano... Sostiene mi mano derecha en su mano derecha la contiene en el hueco y aprieta mi puño en su puño pulgar e índice apuntalan esta pluma dibujamos unos signos antiguos me lleva desde fuera de mi trazo él es mi trazo él se aventura yo lo sigo pero ya no es a él es al movimiento y su música su mano apretando la mía su movimiento en el mío mojamos juntos la pluma en el tintero mínimo el olor agrio de la tinta negra en mi pequeña nariz volvemos al trazo interrumpido se elevan nuestras manos se acortan se ciñen se controlan dibujamos el idioma respira tan cerca su profunda voz emite algún sonido como dictando más corto más largo más reunido y entonces me dice: - Ahora, vos sola y me abre en un abismo ("el poeta ocasional")

Truman Capote (1924/1984 )

El regalo  Empecé a escribir a los ocho años – de la nada, sin ningún ejemplo que me inspirara. No había conocido a nadie que escribiera; en verdad conocía bastante poca que leyera. Pero el hecho fue que las únicas cuatro cosas que me interesaban eran: leer libros, ir al cine, el tap y dibujar. Después un día empecé a escribir sin saber que me encadenaba de por vida a un noble pero impiadoso amo. Cuando Dios te da un regalo también te entrega un látigo, y la sola función de ese látigo es la autoflagelación. ("hasta donde llega la voz", versión de tom maver)