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Félix Grande (1937/ 2014 )

  Polifónica tarde a tempo en niebla Por el pasillo de mi casa avanza con muchos nervios y una novia de amor. Dentro de un sobre blanco la angustia y el fervor de la vida hierven en el puchero del poema. La tarde llueve sin lluvia: pura luz mojada con la saliva de los milenios. ¡El tiempo con su T vieja y su sonido atónito! Por el aire del comedor flotan en su silencio las cavernas remotas: los primordiales, desconfiados y prepensativos -Socorro!, dicen, susurrando. ¡Qué tarde lenta el Tiempo! ¡Qué hora cósmica, qué remoto este súbito con su novia de amor! Se van con gratitud indescifrable. [La mujer de mi vida duerme lucha en la cama a tos partida, contra su catarro septuagenario. Amor mío cúrate cúrame. Tu tos brama en el cráter de mi miedo. Oh cráter de mi culpa. ¿En qué barranco de mi infancia rodeé de perros tu inocencia, todos rabiosos? Ah tus pulmones: mira cómo señalan con su dedo neumónico hacia mi pasado materno. Y ahora qué con esa tos,...

Félix Grande (1937/ 2014 )

Vivir a cara o cruz Carezca yo de ti y al infortunio suceda la desgracia y a la desgracia el cataclismo y a todo ello asistiría con el desinterés de un muerto. Estés conmigo tú y por cada brizna de dicha que pretendan arrebatarnos avanzarían desde mi corazón espléndidos ejércitos de odio. Tú puedes ser la espalda atroz de mi destino o mi patria de carne.  (fuente: poemas a media voz) 

Sergio Solmi (1899/ 1981 )

Plegaria a la vida Para que más ardas, para mejor sentirte, para que siempre el corazón me parta el tajo sediento de tu espada, para que por la noche ansioso en vano en buscarte me debata y me alcance el alba como una muerte amiga, tregua no me des, vida mía, dame la humillante pobreza, los negros insomnios, los cuidados y los males. Dame el delirante deseo que se hincha de espejismos y la tímida sangre que se agita a cada soplo. Para que más ardas, para mejor sentir este, tu beso, que me retuerce y demuda, cada una de mis fibras consume en tu fuego, cada pensamiento somete y anula, cada dulzura tuya, la paz y la dicha, niégame todavía. ( fuente: "otra iglesia es imposible", versión de Jorge Aulicino)

Derek Walcott (1930 )

Port of Spain La mitad del verano se extiende ante mí con un bostezo de gato. Árboles con polvo en los labios, autos fundiéndose en un horno. El calor hace tambalear a los mestizos de la calle. Han repintado de rosa el capitolio, las verjas que rodean el parque de color sangre herrumbosa. Junta y coup d´etat , la última modalidad latina, empolla en el balcón. Monótonos arbustos rojizos cepillan el aire húmedo con ideogramas de gallinazos sobre los almacenes chinos. Los callejones asfixiantes como hornos donde sastres melancólicos espían sobre sus viejas máquinas uniendo junio y julio sin costura, y uno espera un relámpago cuando el centinela armado anhela aburrido el chasquido de un rifle pero yo me alimento de su polvo, de su cotidianeidad, de la inercia que llena de horror a sus exiliados, del polvo sobre las montañas con sus luces anaranjadas, incluso de la luz piloto del puerto maloliente que gira como la de un auto policial. El terror es local, al me...

Diane Wakoski (1937 )

El mecánico La mayoría de los hombres usan los ojos como metrónomo para marcar el compás del caminar de una mujer cómo sus caderas se ciñen contra la tela, igual que los higos en el árbol justo antes de reventar sus moradas pieles, para medir qué tanto de su andar emplea en la cama de noche, la jarra del cielo llenándose de vía láctea centellea cada vez que ella mueve los labios. pero, claro, los secretos no son los golpes obvios en la canción que cualquier baterista puede dar oyendo la velocidad del motor —hecho también de golpes— tan rápidos, sutiles, supongo, que llegan como un sonido continuo o el corazón que, por supuesto, golpea sin ventilador que lo mantenga fresco; es una prueba, un ritmo, que no podrían ver aquellos ojos medidores aunque tal vez haya algunos con dedos y oídos tan cerca de los motores con aceite limpio circulando por los oídos que depure la sesera, quizás algunos... puedan decir en qué consiste el secreto sangrar de una mujer Como mujer con estrellas untuos...

Narco y poder

La explosión social —Yo no tengo ninguna fascinación por la mafia —dice el profesor Leonardo Gibert, de la Universidad de Cucurpe. Sus alumnos del seminario de Delito Comparado lo escuchan muy atentos. —El crimen organizado es, en el fondo, un fenómeno de relación con el poder establecido —continúa el que también trabajó como investigador privado en Tijuana muchas años atrás—. No hay crimen organizado que no sea una colusión entre delincuentes, policías y militares, es decir: entre criminales y representantes del Estado. Entonces eso es lo que me ha interesado: las relaciones de poder entre política y delito. Eso es lo que está sucediendo. No se sabe si es una sublevación, una subversión, una guerra civil o un desafío de inspiración política. No parece que quiera tomar el poder de los criollos. —La vigilancia del lavado de dinero en México ha sido una simulación muy bien montada —dice Mario Aldaco, de Bacoachi. En realidad la Universidad de Cucurpe es una universidad con ruedas: ...

José Emilio Pacheco (1939/ 2014 )

Al este del paraíso En aquel entonces todas las muchachas se llamaban Teresa, Yolanda o Lilia. Me refiero a un mundo que sólo existe en la memoria que miente, desfigura, confunde. Éramos demasiado niños para tener acceso a un hotel y demasiado pobres para disponer de habitaciones al fondo del jardín o coches que pusieran a nuestro alcance carreteras y bosques. Nos tocaron los tiempos de las últimas filas en los cines, el zaguán en tinieblas, los besos en los parques. Siempre el temor pero no (extrañamente) la noción de pecado. (texto en Tarde o temprano , ed. FCE, col. Letras Mexicanas, México, 1980.)