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Poemas de la resistencia chilena

En Febrero de este año se publicó en Chile un pequeño y extraordinario libro titulado La libertad no es un sueño: Recopilación de poesía chilena de la resistencia . La obra cuenta con un prólogo de Cortázar, amigo del escritor que compiló los poesías en la clandestinidad. El libro es una antología de poemas de chilenos –reconocidos y anónimos- escritos durante la dictadura de Augusto Pinochet. Entre los escritores conocidos están Gonzalo Rojas, Ariel Dorfman, Antonio Skármeta y Jorge Teillier. Lo más fascinante de este compendio es que, junto con los poemas de estos reconocidos autores, coexisten textos clandestinos de autores anónimos escritos desde los campos de concentración. “En el año´73 Raúl Silva-Cáceres, un crítico y poeta chileno, era agregado cultural en París. Después del golpe de Pinochet, Silva-Cáceres compiló estos poemas para publicarlos en Europa porque no se podían publicar en Chile, pero nunca logró hacerlo”, le contó Alexis Vega Bueno -uno de los creadores de Signo E...

Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978 )

¿Qué es el amor?  El amor que hace dulce a quien áspero era no se concede a los gregarios. El amor que ordena las distintas percepciones no resiste las músicas vulgares. El amor que hace azules el aire y el agua no puede todo transustanciar. El amor que da sentido al mundo externo ama el silencio, la soledad, el mar. Tú, huso de fuego interno, casta rosa radioactiva, que lo transitorio en eterno muda en la llama viva, efluvio de la materia por tu espíritu restaurada, y de nuestra miseria singular belleza abstracta, tú, ascua de hielo, emanas tu inmortalidad sólo a quien tiene puras las manos de la común pusilanimidad. (texto tomado del sitio "otra iglesia es imposible",traducción de Jorge Aulicino )  

Olga Orozco, poeta

Si me puedes mirar   Madre: es tu desamparada criatura quien te llama, quien derriba la noche con un grito y la tira a tus pies como un telón caído para que no te quedes allí, del otro lado, donde tan sólo alcanzas con tus manos de ciega a descifrarme en medio de un muro de fantasmas hechos de arcilla ciega. Madre: tampoco yo te veo, porque ahora te cubren las sombras congeladas del menor tiempo y la mayor distancia, y yo no sé buscarte, acaso porque no supe aprender a perderte. Pero aquí estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo, vuelta estatua de arena, puñado de cenizas para que tú me inscribas la señal, los signos con que habremos de volver a entendernos. Aquí estoy, con los pies enredados por las raíces de mi sangre en duelo, sin poder avanzar. Búscame entonces tú, en medio de este bosque alucinado donde cada crujido es tu lamento, donde cada aleteo es un reclamo de exilio que no entiendo, donde cada cristal de nieve es un fragmento ...

Laura Ruiz Montes (1966 )

                                                                                                                                              Mercancías C uando entraron las momias a Egipto,  las aduanas, los oficiales no sabían qué impuesto cobrar. Como pescado salado entraban la...

Ricardo Elizondo Elizondo (1950/2013 )

La memoria nos devuelve las mejores imágenes de Ricardo Elizondo. Su carácter alegre, su sarcasmo, sus ganas de hacer todo lo propuesto y su inmensa responsabilidad ante lo que consideraba un deber: rescatar a los suyos, conservar la voz de sus abuelos, admirar los paisajes agrestes del desierto del noreste, encumbrar a los humildes huisaches y hablar como se debe, “aunque me digan ranchero”, decía. Su obra literaria, de tan local, logró colocarse en el escaparate internacional. Ricardo era respetado, invitado por la Unesco, consultor de la Enciclopedia Británica y gozó todos los viajes. Disfrutaba igual caminar por los campos de Los Ramones, como viajar de lujo a Alejandría. Su entusiasmo era contagioso. “Se organizó la Trouppe” y emprendía las vacaciones a Cuba o a donde pudiera formarse un grupo con sus muchísimos amigos. Gozó la vida y trasmitió su enorme conocimiento hasta en la plática más banal. Le gustaba lo trivial y lo culto, no había tema que no pudiera seguir, ni faltaba...

Martha Kornblith (1959/1997 )

 Invocación C uando caiga el gobierno estaré habitualmente sola. Como habré pospuesto las compras -como es habitual- de tanto usar el tiempo para imaginarte, mi despensa andará vacía y deambularé sin un grano de pan, ni parientes, sola. Seré una mujer en un país en guerra que piensa en ti habitualmente -sola-     (texto tomado del blog "emma gunst")

Wislawa Szymborska

Adolescente ¿Yo, adolescente? Si de repente, aquí, ahora, se plantara ante mí, ¿tendría que saludarla como a una persona próxima, a pesar de que es para mí extraña y lejana? ¿Soltar una lágrima, besarla en la frente por el mero hecho de que tenemos la misma fecha de nacimiento? Hay tantas diferencias entre nosotros que probablemente sólo los huesos son los mismos, la bóveda del cráneo, las cuencas de los ojos. Porque ya sus ojos son como un poco más grandes, sus pestañas más largas, su estatura mayor y todo el cuerpo recubierto de una piel ceñida y tersa, sin defectos. Nos unen, es cierto, familiares y conocidos pero casi todos están vivos en su mundo, y en el mío prácticamente nadie de ese círculo común. Somos tan diferentes, pensamos y decimos cosas tan distintas. Ella sabe poco, pero con una obstinación digna de mejores causas. ("emma gunst", s/c al traductor)