Herta Müller (1953)

Los piojos

Cítara-Lommer aprendió el primer invierno a limpiar de piojos el jersey de lana. Al atardecer, a menos de cero grados centígrados, se cava en la tierra un agujero de 30 centímetros de profundidad, se mete el jersey en el hueco, dejando asomar una punta de un dedo de larga, y se tapa el agujero sin apretar la tierra. Durante la noche todos los piojos salen del jersey y con las primeras luces del alba se apelotonan en la punta formando grumos blancos. Entonces puedes aplastar con el pie todos a la vez.
   Cuando llegaba marzo y la tierra ya no estaba tan profundamente congelada, cavábamos agujeros entre los barracones. Las puntas de las prendas asomaban de la tierra todas las noches como un huerto de punto. Al amanecer florecían con una espuma blanca similar a la coliflor. Pisoteábamos los piojos y sacábamos los jérseis de la tierra. Volvían a abrigarnos y Cítara-Lommer decía: La ropa no muere ni siquiera cuando se entierra.


(pasaje tomado de Todo lo que tengo lo llevo conmigo, ed. Punto de Lectura, Madrid, 2011. Traducción de Rosa Pilar Blanco.)

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