lunes, 7 de marzo de 2016

Seamus Heaney (1923/2013 )

Seguidor



Mi padre araba con un caballo de tiro,
su espalda se curvaba como una vela inflada
extendida entre la esteva y el surco.
El caballo tiraba a un chasquido de su lengua.

Todo un experto. Colocaba el yugo
y ensartaba la reja de acero reluciente.
Y la tierra se volteaba sin romperse.
Al final del campo, con un solo tirón

de riendas, el grupo sudoroso daba la vuelta
y volvía a la tierra. El ojo entrecerrado
de mi padre, fijo en el suelo,
al trazar cada surco con exactitud.

Yo tropezaba en la huella de sus botas,
a veces me caía en la tierra lustrosa,
otras veces él me llevaba en andas
subiendo y bajando mientras caminaba.

Yo quería crecer y arar,
cerrar un ojo, tensar el brazo.
Lo único que hacía era seguir
su sombra ancha alrededor de la granja.

Era un fastidio, tropezando, cayéndome,
siempre parloteando. Pero ahora
es mi padre el que tropieza

detrás de mí, y no se va.



("el placard", versión sandra toro)

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