lunes, 26 de junio de 2017

Chantal Maillard (1951 )

Mejor no diga nada


Mejor no diga nada.
Sería inútil. Ya ha pasado.
Fue una chispa, un instante. Aconteció.
Yo acontecí en ese instante.
Puede que usted también lo hiciera.
Suele ocurrir con los poemas:
terminan condensándose las formas
en nuestros ojos como el vaho
sobre un cristal helado;
las formas, con su herida.
Pues quien construye el texto
elige el tono, el escenario,
dispone perspectivas, inventa personajes,
propone sus encuentros, les dicta los impulsos,
pero la herida no, la herida nos precede,
no inventamos la herida, venimos
a ella y la reconocemos.


("no me quites paz")

domingo, 25 de junio de 2017

Uriel Martínez (1950 )

La suerte


Sólo una vez frente
al cuaderno se anota
un nombre, una materia
escolar, un corazón latiente;
sólo un instante la luz
da de golpe en pelo,
frente, párpados vivos;
sólo un flash de golpe
captura, aprehende, ilumina
la mirada;

porque el ojo, el oído, el perfil,
el cuerpo se desangran,
se despiden, se vacían
como el barro que, perlado,
suda, hierve, reposa,
aplaca, enfría, envuelve;
hace que olvidemos al muerto,
su nombre, su aliento, su
negra suerte.


[Inédito]

sábado, 24 de junio de 2017

Kim Addonizio (1954 )

Oscureciendo, luego clareando


El cielo sigue mintiéndole a la granja,
alineando sus pesadas nubes
sobre la sombrilla de mesa azul
para luego lanzarlas sobre el río.
Y el día se siente desesperanzado
hasta que observa unos árboles
dejando caer delicadamente sus pétalos blancos
sobre el pasto junto a la casa de pájaros
posada en su poste de madera,
atiborrada de polluelos parpadeantes
como prendas en una maleta pequeñita. Al principio
deambulaste solitariamente en el jardín
y no ayudó en nada saber que Wordsworth
se sintió igual, pero entonces Whitman
te consoló un poco, y viste
el pasto como cabello sin cortar, anhelante
del producto que le da brillo.
Ahora estás recostada en el sofá bajo el tragaluz,
el cielo empieza a limpiarse,
mezcla su coctel de tristeza y resplandor,
un diluvio y luego una excavación
y luego suficiente tiempo para un
baile o un beso más antes de que empiece otra vez,
oscureciendo, luego clareando.
Escuchas el alto reloj de madera
en la cocina: su péndulo chasquea
de un lado al otro todo el día, y repica
con un sonido puro, cada hora a la hora,
aunque siempre a la hora equivocada.



("el poeta ocasional", trad. martha rodríguez mega)

viernes, 23 de junio de 2017

Blanca Varela (1926/2009 )

Alba


Al despertar
me sorprendió la imagen que perdí ayer.
El mismo árbol en la mañana
y en la acequia
el pájaro que bebe
todo el oro del día.
Estamos vivos,quién lo duda,
el laurel, el ave, el agua
y yo,que miro y tengo sed.


("life vest under your seat")

jueves, 22 de junio de 2017

Igor Barreto (1952 )

Carreteras nocturnas



AL cumplir los 35 años
me entregué con pasión
a las carreteras nocturnas, en ese tiempo viajaba
por el país imaginario
que todos construimos,
un país que me seguía como la única camisa azul
o el pañuelo
en el bolsillo izquierdo. Solía entonces
asomarme
a la ventanilla del autobús
y mirar en trance
la línea que segmenta
la mitad de la carretera, aquella línea
atravesada audazmente
por la pelambre de un zorro
o la sombra de una lechuza
escapada a la fijeza
de potentes faros,
o simplemente
el celaje
de una silueta
humana
huyendo de la fatalidad
y el arrollamiento.

El pasillo interno del autobús
era otro camino
de cuerpos contraídos
en posición fetal.
El ayudante del chofer
recorría aquel pasadizo
apoyándose en el espaldar
de los asientos
y mirando
al interior del sueño
de los viajantes.
Había silencio
y algún susurro de voces
era el esporádico acompañamiento
de aquellas horas.
El sueño que se vive
durante un viaje en autobús
produce fatiga de los sentidos:
debilidad nerviosa, psicastenia.

A los 35 años
ya era un viajero
por lugares de crápula y peligro,
y había descubierto algo
tan importante
como el destino familiar
esperado al término de la ruta.
Finalmente
atinaba con aquello
que parecía
una metáfora del país.

El novelista Enrique Bernardo Núñez
en Una ojeada al mapa de Venezuela
escribió esta frase:

Ante todo la tierra que tenemos delante reclama de nosotros una interpretación.

Deben ser como las 2 a.m.
y la proa del bus-cama
reduce la velocidad
estacionándose bajo el antetecho
de un restaurante de carretera.
Al abrirse las puertas del bus
nos desplegamos aturdidos
a la soledad de los urinarios,
al tragamonedas,
al pan y al café.
La luz del recinto
era blanca
como una niebla
que rozara la cabeza de los viajantes.

En la oscuridad
la carretera permanecía
–inmóvil–.

Sé que hay una ciudad cercana,
un bosque cercano
pero cómo relacionarlos
y armar con ellos
un universo.
El mapa del país
resulta inútil.

A pesar
de la certeza de la noche
si alguien preguntara:
¿qué día es,
de qué año y qué fecha?,
no sabría responderle.

Entonces, aquel momento estancado
en un presente continuo
me pareció tan semejante al país:
quiero decir que el país
es como los restaurantes nocturnos
de carretera.
Estas imágenes han resonado
durante años
como una onda que se expande
y no se disuelve.
Diría que es un lugar de amnesia.
Así también lo cree
un poeta antillano llamado Walcott.

La amnesia
es la visión de unas garzas
que posan a la orilla del mar
luego de un largo viaje.

La piedad llueve
sobre esta estampa
y no hay remedio.
Quién recuerda
una muerte ocurrida,
un pasado sepultado.

Con ojos calmos
releo –otra vez–
Una ojeada al mapa de Venezuela,
impreso por la editorial Élite en 1939:

A veces, al cruzar una aldea, veo casas abandonadas. El hombre se ha marchado de allí y ha cambiado sin dificultad el hogar por una reducida habitación en la ciudad fría.

En 1939
todavía se hablaba de la «hermosa barbarie»
mas hoy
las favelas acorazan
las montañas
con su muro de ladrillos anaranjados.

Es la maldita circunstancia
del presente por todas partes.

Ahora,
cuando el bus se aleja del restaurante
hay un momento en que la fachada
queda impresa
como un resplandor tenue
en el enorme vidrio lateral
de las ventanas.

No entiendo por qué evoco
un viaje a Grecia
y mi única visita
a la Acrópolis
y al teatro de Epidauro.

Mis ruinas
siempre han sido:
el óleo de una quieta montaña,
o la incandescencia
de la costa caribeña de Macuto.

Un país entrañable

que no volverá más.


("latin american literature today")

miércoles, 21 de junio de 2017

Luís Quintais (1968 )

Doce

VI

Un mapa está sobre la mesa.
Encuentro también ahí un libro.

El mapa está semiapagado, a espacios
largos, entre inscripciones,
encontramos tierras sin nombre,
incógnitas, señales de manchas y descuidos.

El libro está quemado,
carbonizado. El libro
es una sombra de ceniza
que se deshace al tacto.

La mesa era de mi padre, pero el mapa
y el libro son sólo fragmentos
o indicios de lo que
oscuramente fui.


IX

Eras niño
y te sentabas en el piso
muy quieto,
orillándote a la tierna
llegada.

La flor más negra
depositaba la leve,
segura forma
sobre tu mirar
para doler.

La madre enceraba el piso,
había silencio entrecortado
por disparos lejanos
allá afuera,
un designio de normalidad,
una figuración del Paraíso
allí dentro,
allí dentro.

Después llegaba
lentamente-
despacio -dirás hoy, perplejo-
y abandonaba la suave
digna mano
sobre tu cabeza.


("nueve poetas portugueses para un nuevo siglo, antología", ed. unam, méxico, 2016; traducción josé javier villarreal)

martes, 20 de junio de 2017

Luis Antonio de Villena (1951 )

La canción de las sirenas


Yo te rogaría, hermana, que lo dejases libre.
Sé que te gusta su cuerpo oscuro y que cuando
sostienes en tus manos sus glúteos apretados,
los párpados del mar abren sus ojos límpidos...

Hermana, mi soledad precisa también su cuerpo, 
la reciedumbre de sus piernas, sus ojos de miel
oscura, el brillar de sus labios, su pecho duro y maravilloso
como hecho en jaspe y pedernal, pero acuático asimismo.

Cuando me posee y su lengua sucumbe
a mi lengua, y su fuerza se somete en
la beatitud de su dulzura cetrina y hermosa,

la muerte me acompaña transformada en vida.
Hablaban dos sirenas de un joven pescador tunecino.
¿Qué lengua dicen las sirenas, quiénes son, amigo?


("en afán desmedido", ed. uv-xalapa, ver., méxico, 2017) 

lunes, 19 de junio de 2017

Ko Un (1933 )

Bajando de la montaña


Al mirar atrás
¡ah!
la montaña de la que desciendo
ha desaparecido.
En el lugar donde estoy
la brisa otoñal agita
indolente
la piel que mudó la serpiente


("a media voz",versión joung kwon tae revisada por isabel r. cachera)

domingo, 18 de junio de 2017

Igor Barreto (1952 )

Nocturno




Durante las noches de mi infancia
mi madre
saca una silla frente al portón
y duerme
con el abanico de palma moriche sobre las piernas.

El técnico del taller donde reparan radios
está aún
bajo una lámpara de luz muy pálida.

Durante las noches de mi infancia
los bulbos de una radio desarmada
vuelven a encender su voz
y de nuevo la voz desaparece.

Entre las ramas de un samán
transcurre el río;
se diría que esa noche
da a su paso
un tono más lento.

Durante las noches de mi infancia
escucho el rugido de los tigres
de la casa de los ingleses:
pobres animales enjaulados en torno a una piscina.
Yo sé
que tras el muro
lamen sus garras
y amurrungan los ojos.

Mi padre ha llegado en su jeep
y unas lechuzas lo sobrevuelan.

El único ratón de la casa da las nueve

porque a esa hora corre

y atraviesa la sala.


("igorbarretoblogspot")

sábado, 17 de junio de 2017

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Divorcio


Para los niños el primer fin del mundo de su vida.
Para el gato un nuevo dueño.
Para el perro una dueña nueva.
Para los muebles escaleras, golpes, carga, descarga.
Para las paredes claros cuadrados tras los cuadros descolgados.
Para los vecinos de la planta baja un tema, una pausa en el hastío.
Para el coche mejor que fueran dos.
Para las novelas, la poesía —de acuerdo, llévate lo que quieras.
Peor para la enciclopedia y el vídeo,
ah, y para el manual de ortografía,
donde tal vez se explique el tema de los dos nombres:
si todavía unirlos con la conjunción “y”,
o ya separarlos con un punto.


("el hacedor de sueños", trad. gerardo beltrán)

viernes, 16 de junio de 2017

Josefa Parra (1965 )

I. Del tacto


Acércate despacio a mis dominios;
que tus dedos tanteen el espacio
ciegamente, la oscuridad que envuelve
mi cuerpo; que construyan un camino
y lleguen hasta mí a través del velo
espeso y taciturno de las sombras.
Sálvame con la luz que hay en tus dedos
si me tocan, conjura la desidia,
enciéndeme o abrásame en el tacto
esplendoroso y claro de tus manos.
Como las mariposas de la noche,
hacia la llama iré que tú convocas,
que prefiero quemarme a estar a oscuras.


("el hacedor de sueños")

jueves, 15 de junio de 2017

Lêdo Ivo (1924/2012 )

Certidumbre


Ni temo ni me asusta
la fría luz invernal:
sé bien que la primavera

se esconde bajo la nieve.


("life vest under your seat", s/c traductor)

miércoles, 14 de junio de 2017

Enrique Symns (1946 )

Preocupado


Qué pasará mañana
si esta tarde
no me ocupé de mi futuro,
si no me ocupé de mi imagen
ni de mi bolsillo
si no me ocupé de nada ni de nadie
por importante que fuera
Qué pasará mañana si esta tarde
fui feliz.


("life vest under your seat")

martes, 13 de junio de 2017

Adam Zagajewski (1945 )

La poesía es búsqueda del resplandor


La poesía es búsqueda de resplandor.
La poesía es un camino real
que nos lleva hasta lo más lejos.
Buscamos resplandor en la hora gris,
al mediodía o en las chimeneas del alba,
incluso en el autobús, en noviembre,
cuando al lado dormita un viejo cura.
El camarero en el restaurante chino
estalla en llanto y nadie imagina por qué.
Quién sabe, quizás esto también es una búsqueda
que se parece a un instante a la orilla del mar,
cuando en el horizonte aparece un barco rapaz
y se detiene, paralizado largo tiempo.
Pero también, momentos de profunda alegría
e incontables momentos de angustia.
Déjame ver, por favor.
Déjame persistir, por favor.
Al atardecer cae una fría lluvia.
En las calles y avenidas de mi ciudad
en silencio y con fervor trabaja la oscuridad.
La poesía es búsqueda de resplandor.


("el cultural", traductor martín lópez-vega)

lunes, 12 de junio de 2017

Amparo Osorio (1951 )

En secreto


¿Por quién canta la oscura caracola
y su polvo de siglos
por qué persiste aún?

Hemos partido tantas veces
bajo el breve temblor de las estrellas
que huir de nuevo
es sólo más camino.

No se parte.
Nunca se parte
se regresa siempre.


("life vest under your seat")

domingo, 11 de junio de 2017

Uriel Martínez (1950 )

La comisión


recuérdalo: no quiero flores,
ni cirios, ni plegarias,
ni lágrimas, ni adioses,
ni tumba, ni agua maldita,
ni llanto, ni incienso,
ni flamas, ni notarios,
ni collares de ajo; tampoco
cal, ni rosarios, ni té deum,
ni novenario, ni pantaletas
de color, ni colorete, ni
polvos de arroz, ni pantuflas,
ni crucigramas, ni té
de azahar, ni de tila, ni café,
ni mezcal, ni tequila; tejuino
y tepache por descontado.

me tomas de las axilas
de ceniza, me llevas arrastras
al Pico de Orizaba
y ahí me dejas; y que
el olvido haga su tarea.


[Inédito]

sábado, 10 de junio de 2017

Martín Prieto (1961 )

La revelación


El relámpago de la juventud se apagó
justo cuando te escribía una carta
que no te mandé. La carta era imperial:
hablaba de un tanque australiano
donde nos habíamos bañado un verano
y de las flores blancas y amarillas
de unos nenúfares que se enredaban en tu pelo
y volaban como si fuesen marionetas de mariposa
cada vez que vos movías la cabeza
para sacártelas de encima
– y no se iban. ¿Por qué te escribí?
¿Por qué terminó la tormenta
que parecía que iba a durar para siempre?
¿Por qué una cosa sucedió mientras sucedía la otra?
Envejecí escribiéndote una carta
cuyo objeto era retratarte como fuiste una vez
y por cada célula tuya que lograba inmortalizar
se moría una mía, una mía se moría, se moría.


("life vest under your seat")

viernes, 9 de junio de 2017

Al Berto (1948/1997 )


de Cinco fotografías para Alejandro de Macedonia



servía el vino un joven esclavo

cuando se derramaron algunas gotas sobre la mesa

en honor a Baco

reparé en la delicadeza acuática de sus manos

recorro tu rostro y la sombra que se impregna al mantel

cuando te inclinas

parece el centro sosegado de una rosa

nunca habías aprendido a tocar la cítara

te valía la belleza del cuerpo

y el conocimiento nocturno de todas las salivas



afuera… tal vez en Delfos

los cascos dorados de los caballos se enterraban en el polvo

los carros estaban listos

de las islas llegaba el silencio perturbador de los sueños

ataba las puntas durísimas de una estrella en acero

este cuerpo pasajero partirá al amanecer

la ciudad se movía

en el fulgor crítico de los frutales que la rodeaban

me acuerdo

tenías quince años y el vino era puro



con la luz apagada fumábamos tumbados

se levantó Alejandro

para besar los párpados de su amigo aún entregado al sueño

y por la mañana

cuando los dioses cansados se reclinan

en sus lechos vegetales y sobre los océanos

surgen constelaciones de repente palpables

se torna dulce amar a los adolescentes de Beocia



de nuevo me obligaste a inventar el insomnio

y a saciar la sed con la ambrosía de tus cabellos


("círculo de poesía", versión de cidália alves dos santos y javier garcía rodríguez)

jueves, 8 de junio de 2017

Raymond Carver (1939/1988 )


Carta



Cariño, por favor, mandame el block
de notas que dejé en la mesita.
Si no está, mirá debajo.
O debajo de la cama. Está por ahí.
Si no es un block, son unas líneas
garabateadas en trozos de papel.
Pero seguro que están.
Tiene que ver con lo que nos contó una vez
nuestra amiga la doctora Ruth
sobre aquella anciana de ochenta y pico de años,
«sucia y endurecida por la mugre»
—fueron sus palabras—,
tan poco preocupada por sí misma
que la ropa se le había pegado al cuerpo
y tuvieron que arrancársela
en la sala de urgencias.
«Estoy tan avergonzada. Lo siento»,
decía sin parar.
¡El olor de la ropa irritó los ojos
de Ruth! Las uñas de la anciana
habían crecido tanto que se curvaban
hacia los dedos. Le costaba respirar,
sus ojos sólo expresaban miedo.
Pero, así y todo, fue capaz
de contarle a Ruth su historia.
Había debutado en la Madison Avenue,
pero su padre la repudió cuando bailó
en el París del Folies Bergère.
Ruth y los que estaban de guardia
en urgencias creyeron que deliraba,
pero les dijo cómo se llamaba su hijo
al que no trataba, que era gay
y regentaba un bar gay en la ciudad.
Y él lo confirmó todo. Todo
lo que había dicho la anciana era verdad.
Luego sufrió un ataque al corazón
y se murió en los brazos de Ruth.
Pero quisiera ver qué más anoté
de lo que nos contó.
Quiero ver si es posible recrear
esa época de hace sesenta años
en la que aquella joven desembarcaba
en Le Havre, hermosa, decidida,
dispuesta a triunfar en el escenario
del Folies Bergérie, capaz de tirar
la cabeza hacia atrás y de saltar a la vez,
llevar plumas y medias de malla,
y bailar y bailar, los brazos enlazados
con los de las otras jóvenes, levantando
las piernas en el Folies Bergere.
Puede que sea un block de tapas azules,
el que me regalaste a la vuelta de Brasil.
Puedo ver mi letra junto al nombre
del caballo ganador en el hipódromo
que había junto al hotel: Lord Byron.
Pero me importa esa mujer,
no la suciedad, eso no me importa,
ni siquiera cuando pesaba casi 150 kilos.
A la memoria no le importa dónde habita
y se burla del cuerpo.
«Una vez aprendí
algo sobre la identidad»,
dijo Ruth,
recordando sus años de
prácticas, «todos nosotros,
jóvenes estudiantes de medicina,
boquiabiertos ante las manos de
un cadáver. Ahí es donde la humanidad
pervive más tiempo —en las manos».
Las manos de esa mujer.
Anoté algo en ese momento,
como si la estuviera viendo
con las manos pegadas
a las esbeltas caderas,
las mismas manos
que Ruth tuvo entre las suyas y
no puede olvidar.


("marcelo leites", trad. jaime priede)

miércoles, 7 de junio de 2017

Luis Antonio de Villena (1951 )

Nuestra señora de la noche


¡Ah, la hermosura diaria de la noche!
¡La dulce hora en que al caer la tarde,
salimos de nosotros como si nunca hasta entonces
hubiéramos probado los frutos de la vida!
Recorremos las cuevas y los bares, nos
nos mezclamos con seres que odiaríamos de día,
nos dejamos llevar por los sentidos, como en baile,
y alargamos la mano a cada cosa, la lengua
a cada jugo, deseosos de apurar los instantes
diarios en que al vivir, tan solo le pedimos vida.
A veces, al azar, se nos revela un cuerpo,
y a veces, la aventura, la noche que nos lleva
en vaivenes errantes, las copas prometidas,
nos permiten la gloria de acabar abrazados
con aquel pecho tibio, entre caricias jóvenes, bajo
unos verdes ojos. Y el corazón entonces,
entre la piel silvestre, reconoce de nuevo
que nunca hasta aquel momento palpó la dicha,
Otras veces, en cambio, el azar se nos niega,
y agotado hasta el fin el sabor de los oscuro,
muy próximos ya al alba, retornamos a casa.
Aún perdura el silencio en las calles mojadas.
Y renegamos entonces de la noche -tan solos-
con el cansancio ese, tan viejo y cotidiano, de la vida.


("en afán desmedido", ed. uv, xalapa, veracruz, méxico, 2017)

martes, 6 de junio de 2017

Al Berto (1948/1997 )

de Quinta de Santa Catarina (fragmento)



animales estrangulados, materias plásticas, un ladrillo con los agujeros llenos de helechos. un perro atropellado, manchas de sangre seca. el fondo del tanque de cemento, el perfume de la ropa lavada. una sombra se inclina sobre el tanque. encima de la mesa los besos, la regla que perteneció al abuelo, la resma de papel, una cuchara de plata labrada, una lámpara fundida, agua. más agua, un sobre mojado, las plumas, los lápices, la máquina de escribir. se volvió difícil prever hasta dónde los ojos consiguen nombrar, archivar, amontonar para siempre los pequeños residuos de la adolescencia. hoy, escribir es un acto nocturno. respiro dolorosamente. escribo siempre inclinado y encogido sobre la mesa. el silencio y las sombras se deslizan a mi alrededor. se asoman por encima del hombro para ver lo que estoy escribiendo. oigo la música que viene del fondo de mi soledad. música acuática, aristas de sangre, medrosos dedos tamborileando en los vidrios polvorientos. tu nombre, este sonido frío de los árboles desmoronando la cal de las paredes. escribo con el miedo y el susto dentro de cada palabra. la vida alcanza la espiral vertiginosa de la noche. es esta palabra que me sirve para nombrarte y no otra: miedo. los textos progresan como la desolación de la casa, laten sobre el papel, me duelen los dedos y los ojos y los órganos del cuerpo que nunca vi. el pecho desgastado por la dolencia. por una ranura en las maderas crece el alba. penetra, entra por la ventana, invade la intimidad en penumbra del cuarto. dejo de escribir estoy muy cansado. en el agotamiento de la noche me encontré enumerando las cosas amadas. las pongo en los lugares donde siempre estuvieron, les doy una edad, una utilización, y antes que la mañana caiga sobre la casa recreo el mundo. después espero el sueño. se me hinchan los párpados, adivino los sueños anteriores a mi edad. el cuerpo se escurre por el abismo florido de las galaxias. nada sé de mí durante esas horas. absolutamente nada.

poco más que decir. camino dejando caer los últimos residuos de la memoria. fragmentos de noche escritos con el corazón presintiendo catástrofes del mundo. la gran soledad es un lugar blanco poblado de mitos, de tristeza y de alegría. pero estoy casi siempre triste. algunas fotografías me revelan que en otros lugares ya he estado triste. por ejemplo, en el fondo de este pozo vi iniciarse la sombra del adolescente que fui. Agua lunar, cañaverales, luminosos escarabajos, este sol quemando la piel de las plantas. camino por los textos y me voy dando cuenta de todo esto. lo que empiezo y dejo sin terminar, como dejaré la vida, tengo la certeza inacabada. el mundo me ha pertenecido, la memoria me revela esta herencia, ese bien. hoy, sólo siento el viento reavivar heridas, nada poseo, ni siquiera el sufrimiento. otra memoria va tomando forma, me asusta, todavía casi nada ha sucedido y ya envejecí tanto, un juego de astillas es todo lo que poseo, la memoria que viene aún no tiene su dolor dentro de ella. las fotografías y los textos, tu rostro, podrían proyectarme para un futuro más feliz, o contarme los desastres de los recomenzados regresos. pero, cuando más tarde conseguí darme cuenta que la vida vibró en mí, un instante, tendré la certeza de que nada de aquello me perteneció. ni incluso la vida, ninguna muerte. en la misma posición, reclinado sobre mi frágil cuerpo, recomienzo a escribir. estoy otra vez ocupado en olvidarme. escribir es morada precaria para el vaguear del corazón. me queda la perturbación de haber atravesado los días, humildemente, sin quejidos. anochece o amanece, da lo mismo.


("círculo de poesía", versión de luis david palacios)

lunes, 5 de junio de 2017

Jorge Reis-Sá (1977 )

Dinner at eight

                                a mi padre



Ya no hay melancolía posible. Acabó el día en que esta
música llegó en las alas de una mariposa y yo,
   recordando
personajes de una novela, Fernando, Augusto, António
me supo amarga por el grito de un hijo. También soy
   hijo.
Aunque no tenga padre a quien gritar.

Esta música me hace llorar. Y yo no tengo cómo
   repetirlo,
hablar de nuestra cena - ¿te acuerdas, papá, del arroz
   con tomate,
bien suelto, que mamá hacía con empanadas?, mamá
   nunca
más cocinó - y poder decirle finalmente la verdad:
moriste como un árbol y yo quedé bajo el sol. Antes

eras tú el mayor tronco y yo no tenía cómo crecer. Ni
te voy a decir - cómo, ¿con diecisiete años? - cuánto te
quise insultar para juzgarte vivo. Por eso este poema
cuando oigo a este hijo ajustar cuentas con un padre -
coloca tus puños bien alto, papá, y déjame pelear
contigo una última vez al grito de quien te quiere vivo
para decirte cómo fue decisiva tu muerte.
Lo dije, padre. Y pienso: ¿cómo puedo ser feliz con la vida
que tengo? ¿Cómo? Guilherme. Y tú aquí, él no más
que una mentira. Raramente pienso en ello, te digo.
Pero esta música, papá. Este lamento. Quiero recordar
el arroz con tomate de nuestra cena y pensar que, todavía
vivo, fue posible envejecer contigo, aun
así, padre, con el arroz con tomate y sin Guilherme
yo sería feliz como hoy. Y no puedo.


("nueve poetas portugueses para un nuevo siglo (antología)", selección, prólogo y notas de nuno
júdice; ed. unam. méxico, 2016; traducción de josé javier villarreal)


domingo, 4 de junio de 2017

Belén Ianuzzi (1979 )

Ahora salgo...


Ahora salgo
con un chico que anda en moto
compró un casco nuevo para mí
pasa a buscarme
nos damos un beso
y subidos al corcel metálico
serpenteamos las calles brillantes y vacías
del invierno porteño

yo lo abrazo fuerte
con el casco en mi cabeza
siento que nada malo puede pasar
casco de superhéroe
digo nada malo puede pasar
y me dejo llevar por el movimiento
aunque mi corazón esté embalsamado
y yo crea en Dios
en los milagros
en las fuerzas que no se ven

yo lo abrazo y cuando arranca
digo tres veces hacia adentro
hoy voy a tener fe.


Encenderé un fuego



Es de noche
en la curva
donde debo torcer
el camino.

La noche se atraviesa
como un jinete
corta en seco
el campo oscuro.

Soldaré metales
y así se soldará mi corazón.

Moldearé arcilla
y así suavizaré mi corazón.

Encenderé un fuego
y así se purificará mi corazón.

Trabajaré la tierra cada día
y así mi corazón se volverá fértil
cada día
cada día.


("emma gunst" y "life vest under your seat")

sábado, 3 de junio de 2017

Margarida Vale de Gato (1973 )

Quizá la inyección letal


tan cansada de tragar
comprimidos sin dormir
de mi sexo que se embota
estirado horizontal
bajo una aguja sensual
y la sopa en la olla
empáñame la ventana
y sorbo pero sin paladar
sin tener fuerzas para el salto

si hay una falla un temblor
Dickinson Plath Woolf Plath
a donde fueran estaban locas
querían cosas estaban huecas
querían chic estaban piedras
querían arte eran mierdas
intentando el vuelo eran estacas
puño en ristre eran puntas
hornos huertos su delirio
nunca fue santo martirio


["nueve poetas portugueses para un nuevo siglo, antología",ed. unam, méxico, 2016; selección, traducción y prólogo de nuno júdice; traducción josé javier villarreal]

viernes, 2 de junio de 2017

Joâo Luís Barreto Guimaraes (1967 )

Muerte anónima
                              in memoriam alberto garrido

De cuando en cuando la Muerte insiste en
sorprendernos. Sin gran alharaca
es cierto (ni siquiera sin anunciarse) antes
súbita y precisa
lacónica
indiferente. Pero siempre ella
la Muerte
(cruda y definitiva) como
queriendo mostrar inexorabilidad-
ni siquiera la muerte inmortal que cupo a Patroclo
(entregándose en gloria a la
espada del divino Héctor) o
la que consiguió Héctor arrastrado por Aquiles
(ni siquiera la que tuvo Aquiles en la
punta de la flecha de Paris). Hablo de
una muerte simple pero
humana
(sin historia) extraño que nos
muramos más quienes nos morimos de
muerte anónima.


["nueve poetas portugueses para un nuevo siglo (antología), sel., prólog y notas de nino júdice, ed. una, méxico, 2016; traducción josé javier villarreal]

jueves, 1 de junio de 2017

Maria do Rosário Pedreira (1959 )

Hoy apareció una paloma muerta en el
pato. No fue el gato, que murió
antes que ella
un sábado sin sol, ya
no quiere mi mano, ya no quiere
mi regazo. Quedé cansada: hubo siempre

tantas muertes en mi vida -mis
padres, tú, la niña que oscila en mi
seno, mis hermanos -y, como
la paloma, también estas alas ya van
reclamando vuelos en otros cielos. Si yo

quisiese camelias blancas en mi
sepultura, como las que llevé a la iglesia
cuando nos casamos, o arrastrar hacia
la oscuridad de la tierra el inútil oro de
nuestros anillos; si todo lo que junté

(y fue tan poco) pudiese aún quedar
con lo que me falta, daría estos dedos
deformes al telar de las palabras y
escribiría una nota, como las muchachas

que se envenenan por amor; y habría de
ponerla en el pecho después de acostarme,
ya lavada y vestida, para que nadie
se diese el trabajo, que yo conozco
ese dolor. Pero partir es aún mi

última voluntad: tú ya has muerto, murió el
gato hace días; encontré hoy una paloma
muerta en el patio y, cuando la entierre, ya

no habrá nada que me retenga -me voy
de aquí tan sola como llegué, sin haber
dejado a nadie el nombre que me dieron.


["nueve poetas portugueses para un nuevo siglo, antología", edi. unam, méxico, 2016, selección,prólogo y notasde nino júdice; traducción de josé javier villarreal]