miércoles, 31 de julio de 2013

Sharon Olds (1942 )


Poema para mi primer amante

Ahora que comprendo, me gusta
pensar en tu horror: te habían dado una joven
loca de amor, largo cuerpo
lozano y crudo, delgado como un jabón
gastado, pechos redondos y turgentes y
opalinos como pompas de jabón,
colocada entre tus piernas, dieciocho años,
intacta. Me gusta entender tu
horror, ahora, la forma en que la tomaste,
desvirgándola como si destripases un pescado,
marchándote en la mañana hablando de una esposa.
Ahora que sé
algo del miedo al amor
me gusta pensar en su cuerpo incandescente
verduzco como un pez sacado a tierra, retorciéndose
a palmetazos contra una roca – caída en tu
regazo, hombre, estremeciéndose como tu polla,
una mujer enajenada de amor, recién
salidita, punzante como una herramienta a estrenar,
centelleante sobre tus muslos y todo lo que
podías hacer con tanto horror era arrancar su fruto como a un
caracol para sacarlo de su negra concha y después
deshacerte de ella. Me intimida que el horror
se cobre tanto, estoy enamorada de la chica que fue
a ofrecerse, vino a ti y
lo dispuso todo como un manjar en una bandeja, la
dulce carne — sí, sí,
acepto el regalo.



(texto tomado del blog "emma gunst", traducción jj almagro iglesias y carlos jiménez arribas)

martes, 30 de julio de 2013

Buñuel y Saura, cineastas

Cuando en 1960 conocí personalmente a Luis Buñuel, en el festival de Cannes, me di cuenta de que el ciclón de la Guerra Civil que quebró ilusiones y asesinó a algunos de sus mejores retoños no pudo con algunos poderosos árboles que hendían sus raíces en las entrañas de la tierra y que, al final de la contienda, como suele pasar a menudo, los perdedores habían ganado una guerra fratricida que dejó el suelo de España asolado y ensangrentado.
Ahora que el olvido de muchos, el alzhéimer de otros, la amenaza de la próstata y que los huesos que se derriten o anquilosan precipitan al olvido, convendría recordar que, como émulo y paisano de don Francisco de Goya y Lucientes, a Luis Buñuel Portolés le tocó vivir en el centro de un huracán que sacudió el mundo. Fue testigo de tres horribles guerras y sus secuelas: dos europeas —la última, saldada con más de 50 millones de muertos, una cifra que da vértigo y que pone en duda la inteligencia del ser humano—, la otra, una guerra próxima, la Guerra Civil española, que segó la vida de familiares y amigos. No es de extrañar que siendo testigo de esa barbarie, Buñuel detestara la tecnología, a la que solía emparentar con la muerte y la destrucción, quizá olvidando que también esa tecnología, que al fin y al cabo no es más que ciencia y por tanto conocimiento, podía servir, también, para evitar el sufrimiento y ampliar nuestro conocimiento y saber.
En sus últimos años, como un monje ermitaño y medieval, añoraba la vida conventual y por eso se refugiaba para trabajar en México y en Madrid en lugares silenciosos y solitarios, quizá acompañado de ese “ruido de los pensamientos” que dijera San Juan de la Cruz. “Si yo me muero ahora, pues nada, bien, ya he vivido lo suficiente, sería horrible ser inmortal”, decía a sus 70 años. Pero compensaba esos retiros místicos con comidas regadas con vino blanco de Yepes y tinto de Rioja, y charlas con sus amigos, charlas interminables, maravillosas conversaciones de una persona que ha vivido con pasión una época de intensos cambios, convulsiones sociales, movimientos artísticos y descubrimientos científicos, que han marcado definitivamente este siglo.
En su despertar mañanero se miraba al espejo y se reconocía poniéndose una mano en el pabellón de la oreja y accionando el audífono se preguntaba: “Luis, ¿cómo estás hoy, por la mañana?”. “Bien, bien, estoy bien”, respondía. En ese reconocimiento estaba implícita la sorpresa del alumbramiento de cada día. “Esta noche he soñado con carnuzo, es un sueño recurrente, montones de carne, de sebo, de grasa...”. Leí en alguna parte que cuando nos despertamos rompemos la frágil telaraña de los sueños. Los sueños son evanescentes, y al igual que los recuerdos los manipulamos a nuestro antojo; quedan restos de imágenes, sensaciones, terrores ancestrales, miedo a la oscuridad, caídas en el vacío... De sueños, pesadillas y alucinaciones sabía mucho don Luis.
En la oscuridad de la cueva, monoshombres de la odisea del espacio escrutan la negrura de los sueños: sueños eróticos imposibles, escaladas de poder, asesinos que pergeñan terribles crímenes en la oscuridad, pensamientos que anidan venganzas por las humillaciones sufridas... y también remansos de felicidad y placer; playas con sus palmerales y aguas transparentes, desiertos al amanecer, brumas nórdicas, bosques iluminados, y la esperanza en una vida mejor, el amanecer de un nuevo día, tal vez de un nuevo milenio... Dalí levanta la piel del mar Mediterráneo y debajo, sobre la arena, yacen Luis Buñuel y Federico García Lorca.
Luis Buñuel y sus compañeros de viaje: Lorca, poeta de Nueva York y de canciones populares acompañadas al piano; Bergamín, tan delgado y elegante, tan fino y educado, de palabra fácil y aguda. Julio Alejandro, Sender, Pitaluga, Picasso, Miró, Dalí, Pau Casals, León Felipe, Cernuda, Alberti, Villegas López, Carlos Velo, ¡y tantos otros de una generación inolvidable! ¡Qué contraste su vitalidad con nuestra generación de velatorio, desencantada y aburrida, de los años de posguerra!
Recuerdo una penosa proyección de Él, la película que Luis Buñuel dirigió en México, en donde críticos de campanillas del momento, y algunos amigos, dijeron inenarrables tonterías de esa obra maestra. Pero la vida es así, y como rectificar es de sabios, ahora “San Luis Buñuel” se entroniza en los altares de una cultura masificada. Muchos dirán que le conocieron bien —yo me adelanto para decir que solo conocí una pequeña parcela de su vida y la amistad que él me regaló—, y en este ágape dirán que tienen la clave de cómo era, cómo comía, cómo bebía, cómo pensaba... Se nombrarán comisiones laudatorias, monumentos, panegíricos... Y Luis Buñuel, desde las alturas del cumplido centenario sonreirá, con esa sonrisa suya simpática, cazurra, aragonesa, y soltará alguno de sus temibles consejos amistosos: “Carlos, si me dieran el Oscar, lo arrojaría indignado al suelo y me marcharía”. “No hagas nunca publicidad de tu película, eso está bien para los mediocres”. “La Palma de Oro de Cannes, nada, nada, malo... El Premio Especial del Jurado, bueno, porque ese no depende de las intrigas. Aunque a mí los premios, ya sabes: vanidad de vanidades...”. “La pasión es lo único que lo justifica todo, hasta el más horrible de los crímenes”. “Los católicos han inventado la confesión para poder controlar el último reducto de nuestra libertad: la imaginación; he tenido malos pensamientos, confesaba de chico, atormentado por las llamas del infierno”. “¿Qué pensamientos eran esos, hijo?”, me preguntaba el cura. “Mujeres desnudas, el sexo, me masturbaba”. “Bueno, aquí uno podía decir todo tipo de barbaridades, por ejemplo: que en mis pensamientos había matado a mi padre, que me acostaba con mi hermana... etcétera”. La imaginación, como decía Goya, no tiene límites.


(Si recuerdas "La prima Angélica", algunas escenas te remitieron al lenguaje de don Luis Buñuel. Nota de Carlos Saura reproducida del sitio "el país".)

Francis Ponge (1899/1988 )

Los placeres de la puerta

  Los reyes no tocan las puertas.

  No conocen esa felicidad: empujar hacia adelante con suavidad o violencia uno de esos grandes tableros familiares, volverse hacía él para ponerlo otra vez en su lugar: tener en nuestros brazos una puerta.

   La felicidad de empuñar por su nudo de porcelana el vientre de uno de esos altos obstáculos de una sola pieza; ese rápido cuerpo a cuerpo mediante el cual, detenido el andar por un instante, la mirada se extiende y el cuerpo entero se acomoda a su nueva habitación.

  Con una mano amistosa la retiene aún, antes de volver a empujarla con decisión y encerrarse: de lo que el ruido del pestillo potente pero bien aceitado le ofrece agradable confirmación.

 
(texto tomado del sitio "otra iglesia es imposible")

lunes, 29 de julio de 2013

Maura Stanton (1949 )


Niñez


Solía tenderme de espaldas, imaginando
una casa invertida en el techo de mi casa
donde paseaba sola por habitaciones vacías.
No había muebles
allá arriba, sólo un globo de vidrio en el suelo,
y barreras hasta la altura de las rodillas en cada puerta.
Las ventanas, bajas y con alféizar, se abrían al cielo azul.
Nada colgaba en el armario; hasta la cocina
parecía inmaculada, un lugar para la meditación.
Me gustaba caminar por el yeso que formaba remolinos
entrar en las partes de la casa que no podía ver.
El murmullo de la otra casa, ahora mi techo,
sólo me llegaba débilmente. Levantaba la vista
y descubría a mis hermanos mirando viejos dibujos animados.
o a mi madre pasando la aspiradora por la fea alfombra.
Observaba asombrada las camas deshechas, el desorden,
zapatos, muñecas a medio vestir, el teléfono,
luego regresaba vertiginosamente a mi planta perfecta
donde nunca hablaba u oía a nadie.

Debo de haber doblado en el vestíbulo equivocado,
o abierto una puerta que se cerró detrás de mí,
porque ahora vivo en el techo, no en el suelo.
Esta es mi casa, habitación vacía tras habitación vacía.
¿Cómo haré para regresar a la casa verdadera,
donde mis hermanas derraman la leche, mi padre llama
y yo estoy sentada a la mesa, comiendo cereales?
Lleno de muebles mis habitaciones blancas,
cuelgo cortinas sobre el penetrante azul de fuera.
Yazgo de espaldas. Me esfuerzo por mirar hacia abajo.
El techo es más alto de lo que solía,
el suelo está tan lejos que no puedo determinar
en qué habitación me encuentro, en qué año, en qué vida.


(texto tomado del sitio "otra iglesia es imposible",versión de Jonio González.)

domingo, 28 de julio de 2013

Amelia Biagioni (1916/2000 )


Oh tenebrosa fulgurante

Oh tenebrosa fulgurante, impía
que reinas entre cábala y quimera,
oh dura poesía
que hiciste mi imprevista calavera.

Por qué me diste huesos
sí yo era, entre lenguas, "la que nombra
muriendo transparente", y entre besos
"llovizna" desde el beso hasta la sombra.

Sí yo era la pálida costumbre
de cruzar el otoño trashumante,
mientras tú suavemente, ave de lumbre,
alta volabas y constante.

Por qué bajaste oscura. Mis despojos
creas, desencadenas mi esqueleto.
Devoraste mis párpados, mis ojos,
mi corazón secreto.

Oh sacrílega maga que ceñiste
la gracia en hambre, alazo, pico y garra,
por qué en tu salamandra convertiste
a mi tristísima cigarra.

Por qué. Pero me ofrezco y apaciento
mis huesos, y mi cara se acostumbra
a ser tan sólo profecía y viento.
Come, cuerva. Y relumbra.


(texto tomado del blog "otra iglesia es imposible")

sábado, 27 de julio de 2013

Estela Figueroa (1946 )

Abril

 El año pasado
por este mes
me compré un bolso
que tenía muchos compartimientos.

Me acompañó un año.
El año más atroz de mi vida.
Pero para qué extenderse
en una descripción de situaciones
que reclaman olvido.

Este año el cierre se rompió
y compré otro.
Ya sin compartimientos
y del mismo color.

Pasaron unos días
hasta que llegó el momento de la ceremonia.
Sobre la colcha floreada de mi cama
vacié el bolso viejo.
Todos sus compartimientos.

Aparecieron recibos de sueldo
propagandas de distintos comercios
remedios
boletos de ómnibus
una libreta en blanco
mi documento de identidad
monedas
y una carta enviada desde Madrid
donde un joven me escribe
que momentáneamente está allí
que todas las noches
piensa en mí que
fue una pena que
sabré de él por
otra carta o…

He orado
por él
por mí.
Bolso de la vida:
sé benévolo.


 (texto tomado del blog "otra iglesia es imposible")

viernes, 26 de julio de 2013

Argentina: antropología forense

La Bestia, para muchos, un camino de ida. En su trayecto se devora vidas, pero no cualquiera. Son las de inmigrantes desesperados que, a costa de todo, se suben al tren que los llevará a la tierra del sueño americano. Esta red ferroviaria que atraviesa todo México, desde el sur hacia el norte, es utilizada por los migrantes indocumentados que saltan al tren para llegar a la frontera con Estados Unidos. Muchas veces ese salto es mortal y, en medio de la desgracia, el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) echa luz en el rearmado de un siniestro rompecabezas.
Reconocido internacionalmente, el EAAF se encuentra trabajando, actualmente, en este tema. Denominado Proyecto Frontera, se destaca por ser un trabajo regional que integra todo Centroamérica y la frontera sur estadounidense a partir de la creación de Bancos Forenses.
Frontera puede considerarse una prolongación de trabajos anteriores del EAAF en la región, como en los casos de Ciudad Juárez y de la Masacre del Mozote. Su labor pone en escena la importancia de la restitución de los cuerpos para la realización del duelo familiar y social.

En el camino de la memoria
Creado formalmente en 1987, el equipo se constituye como una organización civil sin fines de lucro. Actualmente, el EAAF tiene más de 50 profesionales trabajando en todas sus sedes, Argentina (Buenos Aires, Rosario y Córdoba), Nueva York, y en sus representaciones en Sudáfrica y México.
Hasta el momento, el EAAF trabajó en más de 40 países, apoyó y asesoró la creación de equipos de antropología forense en otros países como Colombia, Guatemala, Perú, Chile, Zimbabwe y Sudáfrica. Como parte de tribunales especiales, integró el tribunal para la ex Yugoslavia en el caso de los Balcanes, Bosnia y Kosovo durante fines de los años 90 y comienzos de los 2000, también para el Alto Comisionado de las Naciones Unidas. Su trabajo también se ha expandido hacia el área de transferencia, de aquí que en 2012 inauguraron en Africa una escuela de Antropología Forense para Asia y Africa.
En la Argentina llevan identificados 573 desaparecidos víctimas de la última dictadura militar. En la actualidad, están realizando investigaciones en Campo de Mayo y continúan aportando pruebas a distintas causas vinculadas a los juzgados Federales en la Provincia de Bs. As., Córdoba, Santa Fe, Chaco y Tucumán, aunque saben que nunca se podrá llegar al número total y absoluto en la restitución de restos, ellos continúan un trabajo incesante. En cada restitución de un cuerpo se juega la posibilidad de duelo familiar y también social.
Fue a fines de los años 80, cuando el EAAF se incorpora al trabajo internacional. Por entonces, varios países latinoamericanos se encontraban saliendo de dictaduras y procesos violentos. Poco después, a partir del año 1987, gracias a la difusión de su trabajo en el exterior, Comisiones de la Verdad y organizaciones de Derechos Humanos se conectan con el EAAF y los convocan a trabajar en Centroamérica, por ejemplo, en el Proyecto Frontera, Ciudad Juárez y Masacre del Mozote.
El EAAF está especializado en la búsqueda y restitución de los restos de víctimas de violaciones a los derechos humanos y violencia política.
Esto se lleva adelante dentro de un contexto amplio de trabajo que consta de tres etapas, según explica Silvana Turner, antropóloga del EAAF “la investigación histórica y documental, el trabajo de campo con la excavación de un sitio, y el de laboratorio que incluye las técnicas de la antropología física para establecer el perfil biológico de la persona, la edad, la estatura, el sexo y también los rasgos individualizantes a través de la ficha odontológica, las lesiones y la patología. El último paso es la restitución de los restos a los familiares”.

Tránsito a la muerte
Actualmente, se encuentran trabajando, a nivel regional, con el proyecto Frontera en Centroamérica –Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Chiapas y estados norteños– con migrantes no localizados.
Estos países son zona de tránsito hacia los Estados Unidos que, dadas las políticas norteamericanas centradas en cerrar la frontera mexicana, sufrieron una intensificación de las técnicas de detención de cruce ilegal de personas indocumentadas. Esto hizo que los migrantes tuvieran que reencaminar el paso hacia Estados Unidos por las zonas de más difícil acceso. Aquel que solía caminar dos días en el desierto para cruzar a los Estados Unidos ahora debe hacerlo durante siete días. Esto produjo un incremento de los casos de muerte de migrantes en el desierto de Arizona “En los últimos años la situación se complejizó un poco más, antes el camino de los migrantes era separado a la ruta utilizada por el narcotráfico, ahora van por el mismo lado”, explica la antropóloga Sofía Egaña, integrante del EAAF. “El tema de la migración se ha dado siempre, pero antes se realizaba con un guía o coyote que, por lo general, era un vecino del pueblo. Ahora esto se ha tercerizado lo que lleva a la pérdida de vínculos. Cada vez más seguido los migrantes se cruzan con redes criminales en el camino, lo que deriva en una situación dramática”.
Un punto central de su investigación para la identificación de restos de migrantes fue el trabajo con los servicios médicos de la frontera sur de Estados Unidos, caso del estado de Pima County, Arizona, donde poseen, en sus servicios médicos, un alto número de restos sin identificar, dado que los migrantes mueren del lado norteamericano.
Este punto sobresaliente del trabajo tuvo lugar mientras el Equipo trabajaba en los casos de Ciudad Juárez. Allí observaron que 48 familias permanecían con hijas en condiciones de desaparición dado que no se correspondían con los restos que se encontraban en el Cemefo del lado mexicano.
Con la hipótesis de que las víctimas habrían sido llevadas del otro lado y fallecido en Estados Unidos, el EAAF se puso en contacto con una morgue del condado de Pima y comenzó a trabajar en colaboración. “Sólo esa morgue poseía 700 cuerpos no identificados, y el perfil se enmarcaba dentro del ‘estereotipo’ migrante, tal como el lugar de hallazgo de los cuerpos, rasgos y perfil biológico de las personas”, amplía Sofía Egaña.
De esta forma, el Equipo comenzó a trabajar a nivel regional (incluyendo país de origen, país de tránsito, país de arribo), impulsó la creación de bancos forenses, que facilitó el cruce de información y permitió trabajar juntamente con organizaciones gubernamentales, no gubenamentales y cancillerías. Gracias a los bancos forenses, que poseen una carpeta por migrante desaparecido con su muestra de ADN, facilita el cotejo de la muestra con los hallazgos, y permite el cruce de información para que un familiar que tiene un migrante, que pudo haber muerto en Arizona, le sea restituido el cuerpo.
Por primera vez en México, y por iniciativa del EAAF, el equipo realizó la primera comparación masiva de ADN en el caso de Ciudad Juárez. Este procedimiento se llevó a cabo con el fin de comparar todos los perfiles genéticos de muestras sanguíneas donadas por familiares con una mujer o niña desaparecida con el perfil genético obtenido de los restos femeninos sin identificar o de identificación dudosa.
Lugar del mayor femicidio de los últimos tiempos, Ciudad Juárez posee una alta concentración de mano de obra femenina debido a la instalación de las maquilas, es decir, de las fábricas que trabajan en forma disociada la línea de producción.
Fue a partir de 2001 que comenzaron a aparecer restos esqueletizados de mujeres en zona urbana y desértica, sumado a las denuncias por desapariciones. Hacia el año 2004 el EAAF es convocado para trabajar en la identificación de restos y hasta el año 2009 trabajó con 112 expedientes de homicidio y desapariciones de mujeres.

Explicar los exterminios
En cuanto a delitos de Lesa Humanidad sobresale el trabajo realizado en El Salvador centrado en la recuperación de los cuerpos de la masacre del Mozote (1981), cuyo contexto rural le dio particularidad al trabajo.
Los sobrevivientes de la masacre solían tener entre 10 y 20 familiares desaparecidos, es decir, padres, hermanos, tíos, sobrinos, dado que en la masacre se había utilizado la estrategia denominada “quitarle agua al pez”, o bien “Tierra arrasada” es decir, arrasar completamente con la población. A pesar de la Ley de Amnistía dada por el estado salvadoreño, las ONG Tutela Legal del arzobispado de El Salvador demandó al estado para que se restituyeran los restos de las víctimas del Mozote. Allí, intervino directamente el EAAF junto con Probúsqueda de niños y niñas desaparecidos en conflicto armado interno (PROBUSQUEDA) buscando a los niños secuestrados, nacidos en cautiverio y desaparecidos en las masacres, muchos de ellos dados en adopción y buscados en otros países. En los casos de fallecimiento de los niños, el EAAF interviene buscando sus restos.
La restitución del cuerpo es la pieza fundamental para que la familia, y también la sociedad, realicen el duelo y, a través del ritual de enterramiento, pongan fin a la vida física de la persona. El cuerpo enterrado, la tumba, nos permite proximidad con el fallecido, estar frente a sus restos nos posibilita llorarlo pero con sensación de cercanía, como si él o ella estuviera allí.
El trabajo del EAAF restituye, frente a la ausencia de vida, la presencia del cuerpo.


(reportaje de Cecilia Fiel en el sitio "revista ñ", Clarín.)

jueves, 25 de julio de 2013

W.H. Auden (1907/1973 )

Balada para un funeral

Detengan todos los relojes, desconectá el teléfono.
Dale un buen hueso al perro para que no ladre.
Silencien los pianos y al sonido sordo de ese tamborileo
Saquen el féretro, dejen entrar a los deudos.

Que los aviones den vueltas arriba y se lamenten
Garabateando en el cielo el mensaje Él ha Muerto,
Pongan cintas negras en los cuellos blancos de las palomas,
Dejen que el policía de tránsito use guantes de lana negros.

Él era mi Norte, mi Sur, mi Este y Oeste,
Mi semana de trabajo y mi domingo para descansar
Mi tarde, mi medianoche, mi charla, mi canción,
Yo creí que el amor duraba para siempre, me equivoqué.

Ya no deseo las estrellas; apáguenlas todas,
Empaquen la luna y desmantelen el sol.
Vacíen los océanos y acaben con los bosques;
Porque desde ahora nada puede llegar a buen puerto.


(texto tomado del blog "otra iglesia es imposible", versión libérrima: Valeria Meiller)

miércoles, 24 de julio de 2013

La lucha de yaquis por el agua

CIUDAD OBREGÓN, SON.- La decisión del gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, de secar una cuenca hidrológica para saciar la sed de Hermosillo, ha dinamitado la vida sonorense y los daños colaterales se han esparcido por todo el país.
Su insistencia en concluir el Acueducto Independencia ha violentado la convivencia de ese estado y, sobre todo, los derechos históricos de los yaquis.
Desde el pasado 29 de mayo, la paz social se rompió, cuando la tribu yaqui se levantó y paralizó la principal carretera del noroeste. Desde entonces, las exportaciones y la agricultura de este valle están en riesgo. La obra, en sí misma, ha generado una inversión ociosa de 4 mil millones de pesos.
“El gobernador es un tirano y hace lo que quiere, pero si es necesario, los yaquis defenderemos lo que es nuestro hasta con enfrentamientos militares, como hace miles de años”, amaga Tomás Rojo Valencia, vocero de la tribu Yaqui.
El Acueducto Independencia se encuentra sobre el Río Yaqui, exactamente sobre la presa General Plutarco Elías Calles, El Novillo, a unos 150 kilómetros de Hermosillo. Su longitud rebasa los 132 kilómetros desde la presa hasta el Organismo Operador Municipal de agua Potable de Hermosillo.
Y a pesar de que actualmente están en revisión juicios de amparo, el 3 de julio la Corte decidió que el Acueducto Independencia continuara en operación para abastecer de agua al municipio de Hermosillo.
Pero los yaquis no quieren que se siga trasvasando el líquido que por derecho les pertenece. Defienden la obligación que las autoridades tienen de tomarlos en cuenta, escucharlos y que respeten sus derechos, esos que se violaron al no darles audiencia para que expusieran su opinión en uno de los principales proyectos de la administración del panista Guillermo Padrés.
Humberto Borbón, gerente del distrito de riego, reconoce que actualmente operan dos de las cinco bombas, como parte del proceso de pruebas del Acueducto, y que a la fecha han sido trasvasados alrededor de 10 millones de metros cúbicos de agua.
La propiedad que tiene la tribu yaqui sobre aguas y tierras se remonta al 27 de octubre de 1937, cuando el entonces presidente Lázaro Cárdenas resolvió el problema agrario de la región yaqui de Sonora, otorgándole 500 mil hectáreas de tierras que les habían despojado en las últimas décadas, así como el derecho al 50% de las aguas del Río Yaqui.

 PLANHIDRICO3

Duro golpe a la supervivencia

El trasvase de 75 millones de metros cúbicos anuales del Acueducto Independencia a Hermosillo representará dejar de sembrar en cada ciclo agrícola unas 10 mil hectáreas de cultivos, puesto que el líquido les llega a través de la cuenca del rio Yaqui.
“Esas 10 mil hectáreas significarían para los yaquis más del 50 por ciento del área agrícola que tenemos en explotación, actualmente se están sembrando únicamente 18 mil hectáreas”, subraya Rojo Valencia.
El portavoz yaqui advierte que la falta de agua aceleraría también el problema de salitre en sus terrenos agrícolas. Actualmente tienen alrededor de cuatro mil hectáreas infectadas.
En la etnia son aproximadamente dos mil familias las usuarias del agua del Río Yaqui y, además de la agricultura, subsisten de la ganadería, apicultura y silvicultura, basada en el corte de leña y frutas silvestres, actividades que depende de la humedad del ambiente que generan los riegos agrícolas. Estos sectores productivos dan trabajo a los habitantes de 56 asentamientos.
“La violación a los derechos de la tribu yaqui no son por simple descuido de las autoridades, el beneficio real del Acueducto no es a la población sino a los terratenientes y la zona industrial, donde ya se están instalando empresas nacionales y transnacionales, cuyo consumo de agua es elevado: cerveceras, refresqueras y maquiladoras de todo tipo, así como la ampliación de otras como la planta Ford”, acusó Tomas Rojo.
“El agua es nuestro único recurso, si no la quitan, nos quitan todo”, reflexiona el líder yaqui. “Es un golpe existencial para mis hermanos y para toda la tribu, pero si nos despojan vamos a luchar hasta el final”.

La Federación y la solución

Juan Leyva Mendívil, líder del Consejo de Administración del Distrito de Riego del Río Yaqui, y quien ha estado muy de cerca apoyando la defensa de los yaquis, dice que las posibilidades de llegar a un acuerdo -y que se cierre eventualmente el Acueducto- son reales, pero con el Gobierno federal.
“Por la cerrazón del Gobierno estatal vemos casi agotadas las posibilidades de llegar a un acuerdo, ya que desde el principio de las pláticas el gobernador dijo se iba a hacer, queramos o no queramos, apoyado por el presidente Felipe Calderón. Nosotros consideramos agotadas las posibilidades aquí en el estado, pero con el gobierno federal sí vemos la posibilidad de llegar a un acuerdo y lo estamos buscando”, declara.
Asegura que luego de las reuniones que han tenido con Luis Miranda Nava, subsecretario de Gobernación, las negociaciones siguen y ve una buena postura para llegar a acuerdos, aunque destacó que mientras no se cierre el Acueducto Independencia, el plantón en la carretera se mantendrá.
“El compromiso fue lograr una alternativa y lo que se trató en la mesa fue la instalación de una desalinizadora”, comenta.
El Gobierno federal estudia alternativas y parece que todo se dirige a una sola: construir una desalinizadora para abastecer a la capital del estado de agua. Sin embargo, dicha medida obligaría un segundo gasto de unos de 3 mil 500 millones de pesos.
“El compromiso en la mesa de negociaciones con el gobierno federal es la construcción de una desalinizadora y esto es una muestra de la cerrazón del gobierno estatal, porque por ahí se debió empezar. Se planteó desde un principio pero el gobernador no quiso escuchar”, acusa Mendívil, quien ha mantenido una serie de reuniones con el subsecretario de Gobernación, Luis Enrique Miranda.
Subraya que siguen valorando dicha posibilidad pero primero tendría que parar el trasvase y que se desmantele el Acueducto.

Lucha legal sin fin

Actualmente existen siete juicios de amparo promovidos por productores agrícolas, un núcleo ejidal y la tribu Yaqui, además de dos controversias constitucionales promovidas por los municipios de Cajeme y San Ignacio Río Muerto, y dos averiguaciones previas por el delito de abuso de autoridad, previsto por el artículo 206 de la Ley de Amparo.
Ante todo lo anterior, los yaquis no cesarán su lucha ni levantarán el plantón carretero y, si es necesario, el conflicto llegará a las últimas consecuencias.
Tomás Rojo Valencia, vocero de los indígenas yaquis es claro. “El agua es de los Yaquis. Vamos a seguir hasta donde haya que llegar, lo que sea”, expresa.
El calor de tierras sonorenses alcanza los 40 grados, la temperatura sube y el tono de sus palabras también.
“El gobernador no escucha, ya hay sentencias a nuestro favor y él simplemente no hace caso. Aquí en Sonora él controla todo y hace lo que su voluntad le dicte”.
La Lucha de Rojo Valencia, confiesa, puso en riesgo su propia vida. “Sí he recibido amenazas, me llegan de los enemigos que ya conocemos y de otros personajes obscuros, pero no me importa, si ya no estoy yo vienen otros atrás; somos muchos y esto no es una lucha de uno, no es mía, es de todos los Yaquis”.

El bloqueo en Vícam

La tribu vive desde hace dos meses aquí, en Vícam, localidad yaqui en el  kilómetro 51. Bloquean la carretera federal México-Nogales y a pesar de que cientos de camiones permanecen parados, don Ernesto, líder yaqui, afirma que se siente mal por la situación.
“No queremos seguir así, sabemos que afectamos a muchas personas, pero es nuestra defensa, queremos que nos entiendan y que lo único que queremos es seguir teniendo nuestro único sustento, que es el agua”.
A un costado de la carretera yacen sillas y algunas mesas, equipo de sonido y en la otra acera, mujeres yaquis hacen tortillas para que los manifestantes -y quien lo desee- puedan comer.
Además, se supo que el alimento de la tribu y todos los gastos para la defensa del agua provienen de particulares: empresas -nacionales y trasnacionales- que dan entre 20 pesos y 250 mil pesos para que la defensa no cese en recursos.

“La lucha ha sido mediante la denuncia, información, la movilización, la resistencia civil y, ahora, con el bloqueo, pero de aquí ya entraríamos a un clima de autodefensa, porque de en adelante van a comenzar las agresiones físicas, verbales, actos intimidatorios y no nos va a quedar otra que defendernos.

La tribu Yaqui tiene permisos para portar armas, nuestras guardias tradicionales tienen permiso para portar armas porque es mediante un decreto presidencial, donde a la tribu nunca se le desarmó”

Tomás Rojo Valencia

vocero de la tribu yaqui


(nota tomada del sitio "24 horas".)

Roberto Arlt o la crónica del XX

1927 fue un año clave para Roberto Arlt. Su primera novela, El juguete rabioso , se acababa de publicar y era un pequeño artefacto explosivo arrojado al torrente sanguíneo de una literatura argentina todavía, en cierto modo, nonata. El autor aún no había cumplido los 27 años (Arlt tenía la edad del siglo XX), pero en aquella época la adultez era un fenómeno mucho más temprano; hoy lo veríamos con un joven escritor argentino, pero para el contexto de aquellos años era un señor ya bien entrado en la vida. Así, en febrero de ese año fue a pedir trabajo en el diario Crítica, esa increíble experiencia periodística, comandada por Natalio Botana, que le dio un golpe de modernidad a la prensa gráfica nacional. Así describe esa redacción Alvaro Abós: “Botana, un gran conversador, dedicaba mucho tiempo a las entrevistas con los periodistas nuevos. Ordenaba a su ayudante que nadie lo interrumpiera. Le gustaba conocer al aspirante, lo hacía hablar y la charla podía durar horas. Botana conocía al dedillo el mundo del periodismo y la literatura de Buenos Aires. Siempre al tanto de las novedades, haría legendario su ojo clínico para detectar y convocar talentos. En 1924, le encargó al desconocido pintor Emilio Pettoruti, recién llegado de Europa, la crítica de arte del diario. En 1933, llamó a Jorge Luis Borges, poeta y crítico notorio pero narrador ignoto, para codirigir el suplemento literario, a condición de que Borges publicara allí sus propios relatos sobre bandidos y asesinos”. En esa redacción fervorosa y signada por ese toque mágico que tienen los diarios fundantes, a Arlt se le asignó la tarea de escribir una crónica policial semanal, para la que tenía que recorrer las calles de la ciudad de Buenos Aires, camuflarse entre las sombras y encontrar alguna historia que fuera lo suficientemente poderosa como para recortarse de los chanchullos cotidianos y elevarse a la categoría de aguafuerte criminal. En ese sentido, Arlt era un periodista de escritorio pero también de la calle, y esa identidad urbana terminaría siendo una de sus marcas de fábrica y uno de los grandes hitos de su narrativa.
Quizá nunca como en aquellos años, la ciudad fue un elemento tan importante para la literatura argentina. La década del veinte fue el teatro para la modernización de Buenos Aires, que cambió su fisonomía con vértigo e incorporó una serie de costumbres urbanas que dieron un vuelco a su identidad cultural. Al mismo tiempo, crece la inclusión ciudadana en el mundo letrado (con altos índices de escolarización, por ejemplo) y se expande el catastro urbano (con los tendidos eléctricos y el tranvía, por ejemplo). El flâneur que cristalizó Baudelaire para París (“un caballero que pasea por las calles de la ciudad”) solo podía nacer en el contexto de una ciudad que explotó casi de un día para el otro, con la impresionante renovación que ejecutó el Barón Haussmann en los boulevares y las avenidas de la ciudad luz a mediados del siglo XIX. Un día, París era una ciudad relativamente pequeña; al otro día, era una ciudad inmensa donde por primera vez un hombre podía circular en completo anonimato durante horas, vagando sin rumbo fijo. La Buenos Aires de los años veinte ofreció esa posibilidad, y Arlt la explotó. Beatriz Sarlo, en Una modernidad periférica, Buenos Aires 1920 y 1930 , escribe: “Arlt produce sus personajes y su perspectiva en las Aguafuertes, constituyéndose él mismo en un flâneur modelo. A diferencia de los costumbristas anteriores, se mezcla en el paisaje urbano como un ojo y un oído que se desplazan al azar”. Esa nueva ciudad de Buenos Aires cobrará textualidad como dos ciudades: una en las novelas y textos de Arlt y otra en la poesía de Jorge Luis Borges. Esa tensión, esos dos modos de apropiarse y plasmar literariamente una ciudad en transformación definió buena parte de la tradición literaria, e incluso llega a nuestros días. Para Ricardo Piglia, “unir y mezclar a Borges y a Arlt es una de las utopías de la literatura argentina, pero eso no es posible, aunque el intento de la cruza está en Cortázar, en Marechal, muy nítido en Onetti”.


La alegría brasileña
Pero no sólo en Buenos Aires encontró Arlt la posibilidad de deambular y luego escribir. En 1930, el director del diario El Mundo, para donde escribió después, le dice que salga a recorrer un poco otros países, y lo manda a Río de Janeiro en el que sería su primer viaje. Ahora que se publicaron las hermosas Aguafuertes cariocas , podemos ver que Arlt mandaba una nota todos los días, sin descanso, y en esa continuidad que no se interrumpe, se visibiliza el camino que hizo el escritor en tierras cariocas, que va de la fascinación al desencanto en tiempo récord. Más allá de la experiencia personal de Arlt, los años treinta fueron también importantes en materias de crónicas de viajes. Sylvia Saítta, autora de la biografía de Arlt El escritor en el bosque de ladrillos , escribe lo siguiente: “Con Alberto Ghiraldo, Roberto Arlt, Leónidas Barletta, Raúl González Tuñón y Cayetano Córdova Iturburu se inaugura otro modelo de crónicas de viajes: ya no se trata del viaje estético y consumidor de los hombres del ochenta, ni tampoco del viaje de los escritores de clase alta, para quienes –como son los casos de Oliverio Girondo y Victoria Ocampo– el viaje representa el contacto con las elites internacionales, sino de cronistas que viajan y que responden con su trabajo a una demanda del diario, que exige una escritura rápida, donde desaparece la posibilidad de corrección y, al mismo tiempo, quita libertad al imponer pautas muy precisas: uso de cierto tono de lenguaje coloquial, prohibición de temas, brevedad y un formato determinado”. La pertinencia de la figura de Arlt en su momento histórico es total. Cuando la ciudad se modernizaba, él andaba por ahí, pateando los barrios, encontrándole nuevo sentido a la vida puerca. Al mismo tiempo, cuando la crónica de viaje se desembaraza de su lastre aristocratizante, encapsulada sobre todo en las páginas de la revista Sur y sus satélites, ahí está Arlt para recorrer Río de Janeiro y después España y Africa.
Apenas llegado a Brasil, después de un viaje en primera clase en barco, el cronista quiere devorarse la calle. La urgencia por entender lo extraño marca el pulso y el vértigo de los textos: el tipo se mete en todos lados, anda de día y de noche, y arroja sentencias sobre cada cosa que ve. La comparación es el sistema conceptual de los que viajan por primera vez; los brasileños son de tal modo cuando los argentinos somos de tal otro. Al principio, el deslumbramiento deviene idealización, y todo le parece más nítido, más vivo, más natural. Sin embargo, una lenta melancolía los empieza a permear, y en cierta medida se podría decir que ese viaje lo reconcilia con lo argentino, reafirmándole las credenciales de su origen. Lo interesante de esos viajes, además, es que duraban meses. El trayecto hasta el destino ya era de por sí un viaje en miniatura, y la experiencia luego se extendía durante una o dos estaciones. La noción del tiempo, por supuesto, era otra, pero esa dilatación de los periplos confabulaba para que la crónica de viajes tuviera diferentes estadíos: fascinación, confusión, rechazo, reconciliación, etc. El viaje de Arlt a Río no duró tanto (apenas un par de meses, que no es poco), porque estando allí recibe la noticia de que ganó el tercer Premio en el Concurso Municipal de Literatura y vuelve a Buenos Aires.


Redacciones perdidas
Decíamos al principio que 1927 fue un año central para Arlt, y habría que agregar que lo fue también en terminos personales. Así lo cuenta su biógrafa: “ese 1927 transcurrido en la redacción de Crítica es un duro año para Arlt: la muerte, y no sólo de las crónicas policiales que registra diariamente, pareciera rondarlo. El 4 de marzo muere su padre Carlos Arlt. No parece importarle mucho: dicen que Arlt se quedó dormido en el velorio; dicen también que cuando lo despertaron, reprochándole su desinterés, respondió: ‘¿Y si mi padre era un hijo de puta en vida, por qué no va a serlo después de muerto?’. Pero el 8 de octubre de ese mismo año muere su otro padre, Ricardo Güiraldes”. El año del despegue literario es entonces, al mismo tiempo, el año de la muerte de algunas figuras centrales en su vida. Sin embargo, los golpes de la vida no le dan demasiado respiro, porque el trabajo de periodista es intenso y lo encuentra escribiendo todos los días, casi sin excepción. Si miramos la bibliografía completa de Arlt que aparece como cierre de la biografía de Saítta, se extiende durante 112 páginas. Y pensemos que Arlt murió a los 42 años. Para los escritores que no venían de una familia terrateniente o adinerada, el periodismo era la oferta laboral natural de aquellos días. Las redacciones eran al mismo tiempo salones literarios –convivían entre máquinas de escribir muchas de las plumas icónicas de la década– y talleres de escritura, donde se aprendía a escribir rápido y sin demasiados raptos estilísticos. Hemingway dijo varias veces que el periodismo le enseñó a escribir con comienzos contundentes, y agregó una frase ya clásica: “el periodismo es el mejor oficio del mundo a condición de dejarlo a tiempo”.
¿Arlt es hoy un escritor canónico? Es una pregunta difícil de contestar. Sus libros se leen religiosamente en las cátedras de literatura argentina de la facultad de letras y en muchos colegios. Pero, ¿qué es ser canónico? ¿No es, de algún modo, estar cristalizado y que no sea necesario leerlo? Durante década se cristalizó a Arlt como el escritor de la calle, el tipo que se mete en los bajos fondos y después lo narra en lunfardo y con guiños porteños. Algunos intelectuales hicieron el trabajo, entonces, de sacarle ese estigma y mostrar que Arlt era un autor con una gran cultura propia. Por lo pronto, sus libros no paran de reeditarse y esa es, como el voto popular, la única garantía de actualidad.


(nota de Mauro Libertella en el sitio "revista ñ".)

domingo, 21 de julio de 2013

SI OLVIDASE...

Si olvidase el alfabeto, la escritura,
si perdiese el habla, la vista,
los dientes, el deseo: te hablaría
con las manos, los pies, las axilas,
qué sé yo, la lengua.

Si olvidase cómo eres, tu nombre,
tus empeines, los lunares, tu manzana
de Adán, tu forma de tragar saliva,
tus muslos de guerrero, el bigote
que no llevas, tus bucles de señor calvo:
acaso, sólo acaso, te urdiría.

Si acariciara tus crines, tus noches,
tu cielo, tu silencio, tus sinuosos
ronquidos, tus nalgas frondosas
como árboles plantados para guarecerse
en su sombra, tus frutos de origen
guaraní, tu zumo a un tiempo amargo
y vivificante, no sé.

Si yo me perdiese en tu agonía,
en mis propias heces,
en la búsqueda del Aleph,
en los sótanos de tu vello púbico,
en la sombra de tus pesadillas,
en tu Biblia manuscrita,
en la combinación de tu caja fuerte,
en los caudales que no tienes,
en tu sed insaciable de tequila,
en tus compuertas y diques,
en la hora y el día señalados,
quizá, y sólo quizá, un día
o una noche, la pasaría en vela.

sábado, 20 de julio de 2013

Robert Frost (1874/1963 )


Aceptación


Cuando el sol que se acaba arroja sus rayos a las nubes
Y se hunde ardiente en el golfo que hay abajo
No se oye una voz de la naturaleza que lance un grito
Ante ese suceso. Al menos los pájaros han de saber
Que el firmamento se viste de negro.
Murmurando algo quedo en su pecho
Un pájaro empieza a cerrar los ojos apagados;
O sorprendido demasiado lejos de su nido,
Apresurándose a poca altura de la arboleda, uno que andaba perdido
Se precipita, justo a tiempo, al árbol que recuerda.
A lo sumo piensa o gorjea suavemente: "¡A salvo!
Y que ahora la noche se me haga del todo negra.
Que la noche me resulte demasiado oscura para ver
El futuro. Que lo que haya de ser, así sea".

(texto tomado del blog "otra iglesia es imposible", traducción de Enrique L. Revol)

viernes, 19 de julio de 2013

Edgar Lee Masters (1868/1950 )



 Chase Henry

En vida fui el borracho del pueblo;
cuando morí, el cura me negó el entierro
en suelo consagrado.
Lo que fue en mi beneficio.
Porque los protestantes compraron este lote
y enterraron mi cuerpo aquí, 

junto a la tumba de Nicholas, el banquero,
y de su esposa, Priscilla.
Tomad nota, almas prudentes y pías,
de las vueltas de la vida
que traen honor a muertos que vivieron en el oprobio.

(texto tomado del blog "otra iglesia es imposible", versión de Gerardo Gambolini.)

jueves, 18 de julio de 2013

RB, la mística del kamikaze

Entre 1973 y 1976, en las mesas del café La Habana de la calle Bucareli, en México, un grupo de estudiantes de Filosofía y Letras de la UNAM quiso fundar un movimiento literario. Fue un grupo de acción radical más conocido por sus molestas irrupciones en eventos literarios que por el par de antologías que publicaron (Pájaros de calor, 1976, Muchachos desnudos bajo el arcoiris de fuego, 1979) o por una revista efímera (de sólo un número) que salió entre octubre y noviembre de 1977. Estaban inspirados por el espíritu del estridentismo de los años veinte y proponían un retorno a una poesía lumpen, que reinvidicaba la autodestrucción, la libertad sexual y la vanguardia. Hubieran quedado en el olvido de no ser por uno de ellos: Roberto Bolaño, fumador militante, poeta mediocre y agitador insolvente, que transformó esa prehistoria en mito en su novela Los detectives salvajes, publicada en 1998.
En los diez años que pasaron desde su muerte el 15 de julio de 2003, este chileno exiliado en México en su adolescencia, que hizo de Blanes (España) su última trinchera, se convirtió en el autor que había que leer, una figura influyente para las nuevas generaciones, un escritor maldito que murió demasiado pronto y ocupó por prepotencia (de trabajo) el lugar riesgoso de “último escritor latinoamericano”. En un efecto de traducción viral, se puso de moda tanto en Estados Unidos como en China, fue denostado por ser un “escritor para escritores” o un mero invento del mercado y, gracias a las pesquisas póstumas, se reveló como un autor mucho más profuso de lo que fue en vida.
Queda la acidez, la ternura y el romanticismo que destilan sus artículos de Entre paréntesis y una obra narrativa intransigente que encarna el espíritu de la revolución y a la vez su derrota. El realismo visceral –el movimiento literario en el que se reconocen los escritores de Los detectives salvajes – sostiene que la legitimidad de la labor simbólica del escritor depende de su actitud vital. Bajo ese influjo, Bolaño interviene con delay –todavía abrumado por el efecto de las dictaduras latinoamericanas en los setenta– en el debate intelectual sobre la función del escritor: entre el compromiso y la comunión del arte y la vida.
Ese es el nervio que atraviesa cada una de las páginas de Los detectives salvajes, articula los cuentos de Llamadas telefónicas y condensa el descomunal proyecto narrativo de 2666, cinco libros que conforman una novela en la que Bolaño vuelve a instalar en el centro la figura fantasmal de otro escritor –Benno von Archimboldi– atravesada a su vez por el horror de una acumulación implacable de crímenes ocurridos en la ciudad fronteriza de Santa Teresa.
Mientras escribía, Bolaño se dedicaba a escapar de una realidad que lo aplastaba en Chile, en México o en Barcelona, tres ciudades en las que vivió y de las que se fugó por la violencia política o por las esquirlas del amor. Hasta que un día un diagnóstico médico (trastorno inmunológico que afecta a las vías biliares y va dañando el hígado) le recordó que de la muerte nadie escapa y entonces se sentó a escribir para escapar del olvido. De ese modo, Bolaño se convirtió en el escritor de la desesperación romántica; en el escritor de nuestra época, de nuestras perspectivas y de “nuestros modelos del espanto”, como escribe en uno de sus poemas.
Con Los detectives salvajes (Anagrama), Bolaño obtiene el Premio Rómulo Gallegos y se convierte en un meteorito clavado en el centro de la literatura latinoamericana, con un linaje trazado entre Borges, Arlt y las peripecias beatniks, entre el idealismo de Cortázar y la desolación de Antonio Di Benedetto. Y con una tradición descomunal a cuestas, no como lastre sino como santuario en el que se le reza a la lírica de Neruda, Enrique Lihn, Gabriela Mistral o Nicanor Parra.
Suele decirse con razón que Chile es un país de poetas y en los últimos años los poetas empezaron a narrar. Allí están Alejandro Zambra, Álvaro Bisama, Alejandra Costamagna, Juan Pablo Roncone o Diego Zúñiga, por ejemplo. Es justamente Zúñiga (Iquique, 1987) quien sugiere que uno de los grandes aportes de Bolaño a la literatura chilena fue instalar el mandato de leer poesía. “Porque Nicanor Parra la rompe. Porque Enrique Lihn la rompe.” Porque en definitiva es el misterio de la poesía y el de los poetas el que se agita en Los detectives salvajes.
En esta novela, tanto Ulises Lima y Arturo Belano, líderes del realismo visceral, como el narrador, Juan García Madero, son poetas desesperados, poetas muertos de hambre, poetas adolescentes perdidos en ciudades enigmáticas, poetas que en los setenta querían hacer la revolución y al final de sus vidas terminan resignados en busca de una poeta (Cesárea Tinajero) de la que todos hablan pero a la que nadie publicó y que ellos rastrean como si leerla fuera la única salvación posible.
Bolaño tuvo la extraña capacidad de convencer a sus lectores de que lo único que tiene sentido en esta vida es estar obsesionado con escribir un poema. Sólo uno. O al menos una línea que pueda romperte la cabeza.
Una vez escribí que la figura de Roberto Bolaño se parecía a uno de esos escoceses que luchan contra el ejército inglés en la película Corazón valiente. No hablo de fisonomía ni pienso en Mel Gibson (estereotipo del héroe trágico) sino en la figura de un viejo que, aunque le hayan cortado el brazo en batalla, grita como desaforado porque aún quiere dar pelea. Escribir, para Bolaño, era enfrentarse a un ejército imbatible con la certeza de que nunca podrás vencerlo. Un escritor kamikaze desesperado por salir al campo de batalla para pelear contra un monstruo invisible. Así, todavía hoy, me lo imagino.


(nota tomada del sitio "revista ñ", autor: Diego Erlan, Clarín, Esa revista "efímera, de un solo número", se llamó ZARAZO y fue el número cero, concebida antes de que Bolaño y Mario Santiago se conocieran, ejemplar que fue cocinado mientras los colaboradores de su índice asistían al taller de la UNAM coordinado por Juan Bañuelos, se planeó en el departamento de José Antonio Suárez, en la colonia Las Águilas, al sur de la ciudad. Entre otros, contenía poemas de Pescho, Mara Larrosa, Uriel Martínez, los propios autores del proyecto y algunos sudamericanos. En su editorial se fijaba la posición contestataria de la revista. Fue saludada en el suplemento "Diorama de la Cultura", de Excélsior, por J.E. Pacheco.)

miércoles, 17 de julio de 2013

HOMENAJE


Mal tiempo


Si te preguntan cómo está el clima, diles que llueve en los alrededores de mi barrio, que el día es borrascoso, que los tendederos lucen prendas interiores blancas, translúcidas y fatigadas con el agua; que si pronto se abre paso el sol, requerirán otro baño por aquello de la lluvia ácida. Que hace una década murió Roberto.


(texto tomado y pegado del muro de feis buc del autor.)

martes, 16 de julio de 2013

RB, puerta tras puerta

En la prospección de los infinitos estratos que conforman la obra de Bolaño es posible que estemos todavía excavando en la superficie. Así lo cree, por ejemplo, Alejandro Zambra: “Bolaño es casi infinito; estamos muy lejos de agotarlo”. El escritor chileno habla en una mesa redonda organizada por ElCultural.es para diseccionar la figura del inabarcable autor de 2666. La ocasión la brinda la Semana de Autor, celebrada durante esta semana en la Casa de América (lugar también de esta charla a muchas bandas), y que este año se centra en exclusiva en él. Junto a Zambra toman asiento también el editor Jorge Herralde, el crítico Ignacio Echevarría, el poeta y profesor mexicano Rubén Medina y el escritor argentino Patricio Pron.

Para radiografiar a Bolaño no está de más empezar por la persona, más allá del escritor, aunque, como advierte de entrada Pron, “es la parte menos interesante de Bolaño”. No es cuestión de ponerlo en duda, sobre todo porque no le falta razón: lo más interesante de los escritores, por más que algunos se regodeen buceando en sus biografías, suele estar en los papeles que entintaron con sus bolígrafos, sus máquinas de escribir o sus ordenadores. Pero la mitomanía que lo está inflando ha desdibujado los contornos de la persona para convertirlo en icono, y ante semejante fenómeno conviene escuchar a los que lo trataron cara a cara y con cierta cotidianeidad.

"Generoso y cruel"
Todos coinciden en dos adjetivos: “generoso y cruel”. Generoso a la hora de prestar su apoyo a jóvenes escritores que luchaban por hacerse oír. Y cruel para atacar a todos aquellos que se habían apoltronado en la cúspide de la pirámide del prestigio literario. “Era muy divertido y un excelente e infatigable conversador. La prueba es que cuando le entrevistaban y le planteaban varias veces una misma pregunta siempre conseguía responder sin repetirse. Y luego tenía conocimientos enciclopédicos de todo: de poesía francesa, de programas de televisión, de alineaciones del Barça”, explica Ignacio Echevarría, hombre al que Bolaño confió la gestión de su legado literario tras su muerte.

Herralde suscribe lo de gran conversador: “Cada vez que se acercaba a la editorial para contarme sus proyectos, hacía una tournée por todos lo departamentos que duraba horas. Luego entraba a mi despacho y jugábamos torneos de maldades literarias”. Si las paredes de ese despacho hablaran...

La literatura: única drogodependencia
En esta deformación de la figura de Bolaño hay un asunto especialmente escabroso: su presunta adición a la heroína y otras sustancias. Es un rumor a voces que sobre todo se ha tenido muy en consideración en los Estados Unidos. Allí se acogió a Bolaño como un escritor desclasado, enfrentado a sus contemporáneos, pobre, drogodependiente y obsesionado con su dedicación a literatura. Rubén Médina, compañero de gamberradas infrarrealistas en México, cuando los dos eran jóvenes y pretendían subvertir los estamentos literarios, lo niega, tranquilamente: “Él, cuando visitamos al poeta de turno, estaba mucho más pendiente de aprender y de hacerle preguntas que le podrían servir para luego escribir que en los licores. Era muy moderado: se tomaba una cerveza en el tiempo que los demás habíamos tomado ya varios tequilas”. Jorge Herralde señala el origen de la habladuría en uno de sus cuentos, que tiene como protagonista a un heroinómano y que muchos creyeron autobiográfco, pero que el propio Bolaño desmintió que fuera así”.

“A mí me resulta muy difícil de creer esto”, tercia Pron, “porque él siempre me decía que me cuidara, que no abusara del alcohol y que comiera mucha fruta y verduras” [Risas en la sala]. Explica Pron que estos consejos se los daba para que le ganara tiempo a la muerte y pudiera escribir más libros. Bolaño también se aplicaba esta receta, con la desesperación de saber que la muerte le aguardaba al otro lado de la esquina, pero se ha autoimpuesto rematar a toda costa su obra magna, 2666, una novela de más de 1.000 páginas. “Su compromiso con la literatura”, continua, “era total”. “Salvo sobre la propia supervivencia, estaba por encima de todo. Escribir era un fin en sí mismo, no un medio para obtener prebendas políticas ni para ascender socialmente”, remacha Pron, que entrevistó a Bolaño en la Universidad de Gotinga cuando éste andaba de promoción por Alemania y luego mantuvo con él una intensa correspondencia digital. “Los días que tenía mensaje suyo eran más felices”.

La conversión de Bolaño en un “fetiche pop”, como advierte Ignacio Echevarría, es un riesgo que corre el escritor prematuramente muerto y ensalzado a los altares de la literatura casi unánimemente. En las calles de algunas ciudades, como Santiago de Chile o Barcelona, se ven grafitis con su cara pintada. Pero el autor de Los detectives salvajes tiene el antídoto más eficaz contra ese proceso de trivialización en marcha: su propia obra. “Su esencia es múltiple. No ha creado un universo cerrado, como el Macondo de García Márquez, él abre puertas y puertas, por eso no se puede reducir, ni simplificar, es imposible”. Lo dicho: Bolaño es un autor infinito.



(nota en el sitio "el cultural", 23/XI/2010.)

RB o los primeros años

El Café la Habana está situado en la esquina de la calle Morelos con Bucarelli, en Ciudad de México. Allí, según la leyenda, se reunían en los años 50 Fidel Castro y el Che Guevara a planear su desembarco en Cuba.

En la década de los años 70, otro tipo de revolucionarios -más jóvenes, igual de beligerantes- también se encontraban ahí para complotar: los infrarrealistas, encabezados por un joven chileno de gafas, pelo largo y un eterno vaso de café con leche en las manos. Roberto Bolaño.

"Era donde nos reuníamos y bebíamos. Llegaban los infrarrealistas, los amigos del infrarrealismo, los medio infrarrealistas... A veces de ahí se partía en vagancia, en los recorridos por las calles de México que era la otra parte: café y la cosa deambulatoria".

Así lo recuerda el poeta peruano José Rosas Ribeyro, integrante de los infras, un movimiento furiosamente contestatario y marginal.
Rubén Medina, Verónica Volkow y José Rosas Ribeyro aparecen (con nombres distintos) en "Los detectives salvajes".
También aparece Mario Santiago (José Alfredo Zendejas Pineda es su verdadero nombre), el gran amigo de Roberto Bolaño -una amistad, dice Rosas Ribeyro, como ha visto pocas en su vida- y uno de los personajes principales de dicha novela, Ulises Lima.
Mario Santiago llevó su compromiso con la literatura y la marginalidad a extremos que ni el propio Bolaño conoció. Murió atropellado una madrugada en Ciudad de México, en 1998. No alcanzó a leer "Los detectives salvajes".

"Eramos gentes con un estado de espíritu común. ¿Frente a qué? Frente a una cultura completamente encadenada y encerrada en una clase social y un grupo mafioso que dirigía un tipo de gran valor, Octavio Paz. Él cómo poeta y ensayista es extraordinario, pero estaba rodeado de una banda de mediocres que eran su corte y esa corte tenía encerrada la cultura mexicana con cuatro llaves", le dice a BBC Mundo.

"Roberto era un tipo gracioso, medio pesado, hay que decirlo. Tenía un ladito medio arrogante. Siempre creyó en sí mismo. Si bien estaba dentro de la marginalidad, su marginalidad no era la de Mario Santiago. La de Mario era autodestructiva. Llevaba hacia la nada. Hacia lo que terminó".

Allí, en sus años mexicanos, en su trasegar por la calles del DF y en las interminables conversaciones sobre poesía y vida, poesía y muerte, se gestaría el Roberto Bolaño que después sorprendería al mundo con una obra fulminante, escrita en poco más de diez años.
El infrarrealismo -como el nadaísmo en Colombia o el Techo de la Ballena en Venezuela- fue un eco tardío pero muy latinoamericano de los movimientos vanguardistas europeos, como el dadaísmo y el surrealismo.

Es probable que su fama no hubiera pasado de capillas de iniciados y círculos académicos, pero la publicación en 1998 de la novela de Roberto Bolaño "Los detectives salvajes" cambió todo.

En la primera parte de la novela se retrata vida y milagros de un movimiento poético marginal en la capital mexicana: los Visceral Realistas. Un trasunto de sus experiencias de los 70.

 "Cuando salen los 'Los Detectives Salvajes' aquello explota. Y dicen, bueno ¿qué es esto? ¿De dónde sale esta novela? ¿Existe este grupo? Yo estoy en Chile y ni saben que realmente existe el infrarrealismo, creen que Roberto se lo inventó todo", rememora Rubén Medina, otro cuate infrarrealista de Bolaño, hoy un respetado profesor de literatura en la Universidad de Wisconsin-Madison, Estados Unidos.

Medina (quien en el otoño publicará en México una monumental antología de los infrarrealistas) conoció a Roberto Bolaño en el tercero de los ejes -con cafés y caminatas- del grupo: los talleres literarios.

"Lo conocí a través de Mario Santiago, en el otoño del 75. Solía asistir a talleres literarios, básicamente a buscar nuevos poetas y dar a los escritores jóvenes otra visión", le cuenta a BBC Mundo.

"En esos momentos ya estaban empezando a organizar un grupo. A partir de ese día empezamos a vernos casi a diario. A caminar, escribir poemas colectivos, hablar sobre poesía mexicana, latinoamericana. Poesía en general".

Ya en ese entonces la armazón de disciplina, beligerancia y profundo conocimiento literario estaba casi formada en Roberto Bolaño. Con trabajo de galeote adquirió una prosa hipnotizante que se nutría de lugares tan disímiles como poesía, ciencia ficción o novela negra.
"Roberto era una persona muy enfocada, que desde temprano sabía lo que quería. Dedicadísimo a la literatura, leyendo diario, tomando notas. Vivía para la literatura y tenía un conocimiento bastante amplio de lecturas, de movimientos. Era una persona superinteligente y con una habilidad para presentar ideas, para debatirte, para cuestionar", dice Medina.

Fue también en esa época que lo conoció Verónica Volkow, nieta de León Trosky, poeta por derecho propio, traductora y en la actualidad profesora de literatura del siglo XVII en la UNAM.

"Lo ubico dentro del grupo y recuerdo este carácter extremadamente desafiante, arrojándote a la cara que para escribir poesía tenías que llevar una vida tipo Rimbaud: ir en contra de todos los valores establecidos, desafiar los valores burgueses, sin concesiones. Una praxis muy sustentada en el impulso del instinto", le dice a BBC Mundo.

Y agrega: "A mí lo que más me gusta -aunque no soy especialista en su obra- es la poesía. Y la parte de la narrativa que más me gusta es la recuperación de atmósfera, de cómo era la poesía en esa época, de cómo eran los talleres literarios, de las dinámicas, de los sentimientos que teníamos todos al acercarnos a la poesía en esa generación. Es de una fidelidad maravillosa. Una máquina del tiempo".
Luego, entre 1977-78, como si alguien hubiera dado una orden silenciosa, empezó la diáspora.

"El 77 es el año de la estampida. De repente se fue Roberto, me fui yo, se fue Bruno Montané y se fue Mario Santiago. En diferentes momentos, sin coordinarnos. Quizá porque el ambiente mexicano, que habíamos tratado de agitar era demasiado fuerte y cerrado".

Así lo rememora ante BBC Mundo José Rosas Ribeyro, quien durante los últimos 35 años ha vivido en París, donde trabajó como periodista en Radio France International.

Rubén Medina se marchó en 1978 para Estados Unidos, donde aún reside. "En Barcelona Roberto y Bruno sacan una revistica que se llama 'Rimbaud vuelve a casa'. Y ahí siguen con los mismos postulados éticos. Cada quien, a su propia manera, sigue manteniendo los principios éticos del infrarrealismo. Con una diferencia muy notable: Mario regresa a finales del 78 a México y vuelve a retomar todo el movimiento".

Muchos de los antiguos camaradas siguen viendo a Bolaño como un poeta. O no hacen distinción entre poesía y prosa.

"La idea de escribir narrativa es básicamente para ampliar sus horizontes de subsistencia a través de los concursos literarios, pero ya en 92 deja de trabajar y se dedica a la literatura. Porque en los 80 trabaja y escribe. Pero desde el 77, que llega a Barcelona, hasta el 92, son 15 años de marginalidad, de vivir en España como vivió en México", reflexiona Rubén Medina.

Bolaño empezó a darse a conocer a un público más amplio con "La literatura nazi de América", un juego de espejos con "Historia universal de la infamia", de su amado Borges, a quien llamaba "Dios".

Luego, todos lo volvieron a ver alguna vez. Rosas Ribeyro en París cuando fue a presentar su primera novela traducida al francés. Verónica Volkow en Caracas, en 1998 cuando Roberto Bolaño fue a recoger el premio Rómulo Gallegos por "Los detectives salvajes".

"Lo que me sorprendió cuando lo volví a encontrar es que era un hombre extremadamente radical, de una radicalidad política sin ningún tipo de concesión. Por otro lado, era muy tierno. Eso es interesante. Y esa parte es la que se manifiesta en sus poemas, que son muy bellos".

Es algo en lo que están de acuerdo todos los que lo conocían: Roberto Bolaño asumió desde muy joven una actitud ética a rajataba con la literatura y sus convicciones.
Aunque se consideraba ante todo poeta, sus obras más conocidas son las novelas, entre ellas dos obras maestras: "Los detectives salvajes" y "2666" (publicada de manera póstuma en 2004).
También tiene varias novelas cortas, entre las más destacadas están "Estrella distante", "Nocturno de Chile" y "Amuleto".
Su obra poética está reunida en "La Universidad desconocida".
Sus cuentos están reunidos en tres volúmenes: "Llamadas telefónicas", "Putas asesinas" y "El gaucho insufrible".

Así lo piensa también la periodista Mónica Maristain, quien hizo la última entrevista que dio Bolaño y que acaba de publicar "El hijo de Míster Playa", un primer acercamiento biográfico al escritor.

"Era muy generoso y muy buena persona, con un corazón muy noble. Bolaño era un tipo muy sincero en sus aproximaciones a la gente".

"Lo creo un gran compañero de ruta, alguien que hubiera cambiado mucho el sistema tan perverso en el que se mueve nuestra literatura, esa cosa de premios y este delirio de homenajes y palmadas en la espalda, cuando en realidad la gente lo que tiene que hacer es escribir".

Mónica Maristain, Ciudad de México. "Siento una gran tristeza en estos días, recuerdo los días previos a su muerte, me acuerdo haberle escrito un correo una semana antes, muy enojada porque no me escribía y era que ya estaba muy enfermo... Su muerte fue muy trágica porque realmente tenía mucho por escribir. Su obra, como él mismo lo dijo, es una batalla futura y nos corresponde velar por ella. Bolaño, además de estar en manos de los académicos, está en manos de los jóvenes. Yo creo que ellos nos van a enseñar a leerlo".

José Rosas Ribeyro, París, Francia. "El último recuerdo... me encontré con Roberto en París el día que se presentaba el primer libro en francés, en la Maison de l'Amerique Latine. Llego yo allí y me dicen, oye, Roberto está acá atrás y preguntó por ti. Llevábamos muchos años sin vernos. Había mucha gente, pero dejó a todo el mundo y se puso a conversar conmigo".

Rubén Medina, Wisconsin, Estados Unidos. "Tengo muchos recuerdos de Bolaño. No tengo uno fijo. Las cartas que me mandó. Lo recuerdo como a alguien dedicado a la literatura como forma de vida, no como profesión. Una persona muy culta, ávido lector. Siempre recuerdo su voz cuando leía poemas".

Verónica Volkow, Ciudad de México. "Recuerdo la ternura, sobre todo en su trato... Y como tuve la fortuna de leer poesía con él, en su poesía es donde miré esa capacidad de ternura hasta para con los seres más desamparados, me recordaba a Rimbaud recogiendo borrachos como si fuera una madre tierna. Ya lo último que supe fue cuando ya estaba enfermo y que estaban pidiendo un trasplante de hígado. Fue un golpe la noticia. Y luego me enteré del fallecimiento".

Pilón

Entrando al Café La Habana, a la derecha, hay una placa de bronce con todos los nombres de los famosos que allí se reunían. Están, claro, Fidel Castro y el Che Guevara. También Octavio Paz.

El último nombre de la lista es el de Roberto Bolaño, después, sólo tres puntos suspensivos...


(Juan Carlos Pérez Salazar, "Los años mexicanos de RB" en BBC en línea.)

lunes, 15 de julio de 2013

Bolaño o el orgasmo de la obra maestra

Un fantasma recorre el mundillo literario hispano. El fantasma es una pregunta. La pregunta es a qué se debe el éxito póstumo de Roberto Bolaño en Estados Unidos (y en todas partes). Se trata de un éxito colosal, del que periódicamente nos llegan noticias; la última hasta el momento es que 2666 -la novela póstuma de Bolaño- obtuvo el pasado mes de marzo el premio a la mejor novela publicada en 2008 que otorga el Círculo Nacional de Críticos Literarios de Estados Unidos, después de haber cosechado críticas inmejorables y haberse convertido en un auténtico best seller, cosas todas ellas extraordinarias en un país casi blindado frente a la literatura extranjera. Las respuestas a la pregunta fantasmal son desde luego muy variadas. He leído que el éxito norteamericano de Bolaño se debe a su muerte prematura y al hecho de que se haya construido en torno a él una leyenda maldita y en parte falsa de perseguido político, marginado literario y adicto a la heroína. He leído que el éxito norteamericano de Bolaño se debe a que en cierto modo Bolaño era un escritor norteamericano, cuyos modelos literarios son norteamericanos y cuya prosa funciona mejor en inglés que en castellano. He leído que el éxito norteamericano de Bolaño se debe a que ha encontrado un gran editor norteamericano que ha sabido usar todas esas cosas para convertir a Bolaño en un gran éxito norteamericano. He leído muchas respuestas más, pero todas ellas me producen la embarazosa sensación de que han sido ingeniadas no sólo para rebajar el mérito del éxito de Bolaño, lo que a fin de cuentas no tendría ninguna importancia, sino para rebajar el mérito de la obra de Bolaño, lo que sí la tiene. Confieso que no alcanzo a entenderlas. Hay muchos escritores que han muerto de forma prematura y rodeados de una leyenda más o menos maldita que nunca han conseguido el éxito de Bolaño, ni es probable que lo consigan. Hay muchos escritores que en cierto modo son escritores norteamericanos porque sus modelos literarios son norteamericanos y que nunca han conseguido el éxito de Bolaño, ni es probable que lo consigan (lo de que Bolaño funciona mejor en inglés que en castellano tendrán que explicármelo mejor, porque dicho así la verdad es que da un poco de risa). Y en cuanto a su editor norteamericano, nadie duda de que esté haciendo muy bien su trabajo, pero asimismo lo hizo muy bien su editor español, y en todo caso, aunque su editor americano le haya dado mucho a Bolaño, es imposible que le haya dado más de lo que le dio su editor español, que es lo más importante que al menos en determinado momento le puede dar un editor a un escritor: confianza en sí mismo, una confianza que -me parece que no me equivoco- hasta entonces Bolaño no había tenido.

 

En realidad la pregunta fantasmal es, creo, una pregunta equivocada; la pregunta acertada es quizá otra. Doy por hecho que todos ustedes ya han leído a Bolaño; si no lo han leído, por una vez -y sin que sirva de precedente- háganme caso: tiren ahora mismo a la papelera este artículo, corran a la librería más próxima, rompan el escaparate a patadas, llévense cualquier libro de Bolaño y, después de pagar religiosamente libro y escaparate, dediquen los próximos días a leerlo. Entonces coincidirán conmigo en que quizá la pregunta acertada no es por qué Bolaño tiene éxito cuando está muerto, sino por qué no lo tuvo cuando estaba vivo. Por supuesto, 2666 -la obra póstuma que lo ha consagrado en Estados Unidos, y en todas partes- es una novela excepcional, pero también son excepcionales Los detectives salvajes y Estrella distante y La literatura nazi en américa y sus libros de cuentos y todo o casi todo lo que escribió a partir del momento en que se convirtió en una máquina omnívora de picar la realidad y convertirla en gran literatura. A algunos nos dolía la boca de decirlo -lo que en honor a la verdad no tiene ningún mérito: para advertir que Bolaño era grande bastaba leerlo-, pero no sirvió de mucho y, aunque al final de su vida gozaba de un fuerte prestigio minoritario, lo cierto es que sus libros nunca le alcanzaron para llevar más que una modestísima vida monástica. Esto, a ratos, me parece triste; miento: me parece una putada tremenda. Pero sólo me lo parece a ratos.
Porque la realidad es que Bolaño conoció en vida un éxito absoluto. Quiero decir que la pregunta fantasmal es una pregunta equivocada y la pregunta que a primera vista parece acertada también es una pregunta equivocada. Todo escritor de verdad sabe que el éxito y el fracaso (o eso que suele llamarse éxito y fracaso) son espejismos: la prueba es que lo obtienen escritores buenísimos, escritores buenos, escritores regulares, escritores malos y escritores malísimos; o dicho de otro modo: todo escritor de verdad sabe lo que son de verdad el éxito y el fracaso. Cyril Connolly escribió que "la verdadera misión de un escritor es crear una obra maestra". Hay poquísimos escritores que consiguen crearla; en mi opinión, Bolaño fue uno de ellos: experimentó la intensidad incomparable de escribir no una obra maestra sino más de una. Nadie que yo haya conocido sabía mejor que Bolaño que para un escritor no hay ningún éxito que pueda ni remotamente compararse a ése.


(Texto del autor Javier Cercas, "Bolaño forever", 5.IV.2009, sitio "el país".)

sábado, 13 de julio de 2013

Spring breakers en casa

El Gobierno de Estados Unidos emitió hoy una alerta de viajes a México ante el problema de seguridad a causa de las organizaciones del crimen trasnacionales, que protagonizan una “violenta lucha por el control de las rutas del narcotráfico”.
El Departamento de Estado emitió la alerta de viaje, que substituye la emitida el 20 de noviembre de 2012 e impone restricciones adicionales para los viajes de personal del Gobierno estadounidense en territorio mexicano.
“Las organizaciones criminales trasnacionales están implicadas en una violenta lucha para controlar las rutas del tráfico de drogas y otras actividades criminales. El crimen y la violencia son problemas serios y pueden ocurrir en cualquier parte”, dijo la alerta.
La alerta indicó, sin embargo, que el Gobierno de México hace un “esfuerzo considerable” para proteger a los ciudadanos estadounidenses y otros visitantes en los principales destinos turísticos y “no hay evidencia de que las organizaciones criminales trasnacionales dirijan sus ataques a visitantes y residentes estadounidenses en base a su nacionalidad”.
Cada año, millones de estadounidenses visitan sin problemas México para realizar estudios, turismo y negocios, incluyendo más de 150 mil que cruzan a diario la zona fronteriza.
El año pasado, más de 20 millones de estadounidenses visitaron México, señaló la nota.
Por otro lado, la nota señaló que los estadounidenses han sido víctimas de crímenes como homicidio, asaltos armados, secuestros, robo de autos y robo en las carreteras.
Aunque la mayoría de las víctimas son miembros de los carteles de la droga, también han perecido personas inocentes, según el Departamento de Estado.
El número de estadounidenses que han perecido en México y han sido reportados al Departamento de Estado fue de 113 en 2011 y de 71 el año pasado, según la nota, que ofrece un desglose de la situación de seguridad en todo el país.


(aunque la nota de la agencia Efe no menciona puntos específicos del país, sabemos que Zacatecas está entre las entidades más violentas pues aquí, donde residimos, se registran cientos de sucesos violentos que las autoridades policiacas y el gobernador MAR nos ocultan. Por otro lado, de antemano sabemos que los spring breakers seguirán llegando en oleadas para el equinoccio de primavera, primordialmente a los puertos del Pacífico. Nota tal cual en el sitio "sin embargo".)

viernes, 12 de julio de 2013

Si no bailas tango...

“Cuando empecé a pensar cómo se iba a llamar el lugar, el requisito era encontrar una idea que cruzara homosexualidad con tango y que fuera accesible. Si bien me tentaba, después decidí que era mejor no meterme con la orientación sexual de Gardel”, explica Augusto Balizano sobre el bautismo de la milonga gay más famosa y más antigua de Buenos Aires, de la que es alma pater y anfitrión, cada viernes, desde hace diez años. El nombre llegó a su mente en un collage de imagen y sonido de los relatos sobre personajes marshallescos –que su abuela conoció a través de las ondas de radio El Mundo– y de las decenas de personajes de los que Augusto bebió en su adolescencia de boliche en boliche, entre los que nunca faltaba una drag que se declarara ferviente fanática de Niní. A pesar de ser icono popularísimo, referencia para locas de todas las edades, y a pesar de la indignación de Augusto sobre este punto, muchxs habitués siguen anglosajando el nombre de su milonga. Es por eso que al logo, para barrer las dudas, le agregó una tilde incorrecta pero segura: “Marsháll”.
“La Marshall empezó como prueba piloto, con unas 15 personas estables (que en los años noventa eran un número) en un loft en San Telmo, de un amigo artista. Fue una etapa muy íntima. Había que ir y tocar el timbre. Llevábamos comida y pasábamos la música nosotros. Después dos amigos, Roxana y Edgardo, se suman al proyecto y nos mudamos a lo que ahora es Buenos Aires Club. En estos años boyamos por boliches y salones. Al principio la hacíamos los miércoles porque nadie te daba un día del fin de semana. Fuimos construyendo un público propio y muy diverso hasta llegar a El Beso, toda una institución tanguera, donde empezó un momento de gran estabilidad, hasta hoy.” Este viernes la milonga festeja una década de vida y tiene preparados varios shows, entre ellos el del Ballet de Tango y Expresión, integrado por bailarines con discapacidad mental. “A los chicos del ballet los conocí por una de las profesoras, Andrea Etchepare, que es muy amiga mía y de ahí viene el vínculo. Ellos ya han bailado acá, pero nunca con tanto público como esperamos que haya en este cumpleaños. La invitación tiene que ver con ampliar esta propuesta de inclusión en el mundo de la milonga de otras minorías.”

 

En un momento hubo en La Marshall un período de excelencia del baile en el que todo el mundo hablaba de lo bien que se bailaba acá, de los buenos bailarines que venían, ya fueran héteros o gays. En estos últimos dos años mi sensación fue que por esa excelencia habíamos perdido algo de diversión. Esto de que “si no bailo tan bien me da vergüenza”. No importa la técnica, la cosa pasa más por el respeto. Son códigos tangueros. Nadie te va a decir nada si no sabés bailar. Si te chocás con alguno, pedirás disculpas y ya está. Se nota la diferencia que hay entre hacer las cosas mal porque no te importa o porque no te sale y lxs tanguerxs se dan cuenta. La invitación está hecha desde lo gay pero las puertas están abiertas para todxs, y ésa es la gracia. Así como estando en milongas héteros escuché tantas veces que por lo bajo me tiraban un “el tango es para machos, así se nos va todo al carajo”, no quiero replicar ese mecanismo en La Marshall.

 

Cuando te preguntan “¿Te pasa lo mismo bailando con un chico que con una chica?”, en el fondo eso apunta a saber con quién es mejor, y la verdad es que no hay mejor: hay distinto. Está lleno de chicos que vienen y nunca han probado bailar con una chica. No les gusta y dicen que no lo quieren hacer. Y está bien. A veces me sale esta cosa de no-discriminación pero después me doy cuenta de que si se sienten incómodos bailando con una mujer, nadie los obliga. La otra gran milonga gay que hay en Buenos Aires es Tango Queer, de Mariana Docampo, que lejos de ser una rival, es una socia con la que trabajamos en el Festival Tango Queer de Buenos Aires. Obvio que está todo mezclado, pero las chicas están más concentradas en lo de Mariana. Y los chicos aquí. Si bien tenemos parejas femeninas, a La Marshall vienen más hombres.

 

Está dando vueltas por ahí el prototipo del mirón que muchas veces es el más divertido. Está medio en un limbo entre lo gay y lo hétero. Tiene etapas. Primero se queda sentadito por atrás. Vuelve, pero todavía no se anima mucho, entonces saca a alguna de las chicas porque aún le da vergüenza bailar con un chico. Avanza lentamente. El tango, a pesar de ser una movida popular, tiene algo muy individual, a cada uno le pasa algo muy distinto con él. Los curiosos, que en general llegan solos, tienen también su proceso. Algunos no son tan curiosos, se largan de cabeza porque encontraron lo que estaban buscando, y a otros les lleva más tiempo.

 

Existe la idea de que el mundo del tango es homofóbico y misógino. Y obvio que los estereotipos existen. Sin embargo ese macho-machote muchas veces sorprende. De repente, te encontrás con el modelo de cuchillero reo –que te dice: “Qué hacé, mamá” con la boca torcida– que todavía perdura pero actualizado. Sin poner en tela del juicio su masculinidad ni su orientación sexual, veo noche a noche cómo ese estereotipo machote se derrumba cuando llega a La Marshall. Tal vez se relaja. Con ese mismo tono de arrabal te dice: “¡Qué bien bailan los pibes!”. Son menos prejuiciosos estos estereotipos machos que muchas mujeres. Durante cinco años fui pareja en la vida de mi compañero de baile, Miguel, que hacía el rol del conducido. Muy pocos hombres se han resistido a sacarlo a bailar. Cada vez que un machote probaba con él, volvía con los demás y les decía: “No te lo pierdas, sacalo a Miguelito”. Algunos se animan y otros no, pero a todos les prende la duda: “¿Cómo será conducir a un hombre?”.

 

Me acuerdo de una mujer que pagó su entrada, se acomodó y más tarde volvió enojadísima pidiendo que se le devolviera la plata. Nos dijo que era abogada, que lo que hacíamos era ilegal. Su razonamiento era que al estar en una milonga gay iba a planchar. Jamás se le pasó por la cabeza que acá la propuesta era distinta, que tanto mujeres como hombres sacan a bailar a quien quieran. Te das cuenta enseguida si el que reclama la plata es un verdadero desorientado que entró y se dio cuenta de que estaba en una milonga gay y se quiere ir rajando. A ése se la damos. Pero si el tipo entra, se sienta, se queda, y a la media hora se viene hacer el escandalizado, bueno, lo lamento. Ha habido casos de escandalizados que se lo toman realmente mal, se van puteando y amenazan con ir a la comisaría. De hecho, hasta hubo uno que se fue puteando y volvió con un cana. No pasó a mayores, pero es un quilombo del que siempre nos acordamos.

 

La gran diferencia al acercarte a la pista para sacar a bailar a otro hombre es que tenés que preguntar qué rol está acostumbrado a hacer, preguntar: “¿Querés llevar o querés que te lleve?”. También existe, pero no se hace tanto, el intercambio del rol dentro de un mismo tango. A mí no me gusta cambiar de rol en el medio del tema. Tenemos casos de señores, tal vez por arriba de los sesenta años, que están muy acostumbrados a llevar y que con años de Marshall van probando qué pasa del otro lado. Hay viejos que dicen que uno baila como es en la vida y creo que es un poco cierto. Hay muchos casos de tipos que quisieran llevar y no les sale. Y si te ponés a hablar con ellos, te das cuenta de que son muy inseguros. También si te ponés a charlar con las mujeres que “bailan solas” te das cuenta de que son independientes, han llevado adelante sus hogares, dirigen empresas. No van a estar esperando que un hombre les marque el paso.

 

Es muy machista. Se emperifolla, se calza, se pinta, se perfuma. Quiere llegar, sentarse y que el señor la saque. Pero también tenemos un montón de señoras habitués que son unas diosas, sacan a quien quieren, sin drama. De cualquier manera, me parece que ese mito de la milonga hétero de que el rol de la mujer es pasivo tampoco es cierto. Cuando una chica quiere bailar con vos, te vas a dar cuenta. Me he comido más de una puteada de alguna milonguera enojada porque no la quería sacar. Por suerte, todos esos códigos viejos en La Marshall se licuan.

 

Como tenemos una gran parte de público estable, cuando empieza a venir algún muchacho nuevo, lo revolotean. Según la tipología del nuevo, los que estamos del lado de atrás de la barra hacemos apuestas a ver quiénes se lo van a tratar de levantar. Hay mucho levante, tal vez no tanto como en un boliche, porque tenés que venir unas cuantas veces, ir conociendo a la gente. Pero tenemos varias historias. Se han formado varias parejas, la mía incluida, y se han deformado varias parejas, la mía incluida.

 

Por alguna razón el público trans siempre fue poco. Alguna que otra vez se nos acercaba alguna chica, venía un par de veces, pero no mantenían la regularidad. Tampoco me voy a hacer el ingenuo y el naïf: la verdad es que la comunidad gay tiene siempre sus distancias con lo trans. Su postergación se da en todos los ámbitos y el tango gay no es la excepción. Tal vez sea duro hablar de discriminación dentro de la misma comunidad, pero sí creo que nos debemos una autocrítica en este tema. A las chicas trans que venían –y muchas de ellas bailaban muy bien– nadie las sacaba a bailar. Y después no volvían. Hombres trans casi no se han acercado a La Marshall tampoco. Tanto ellos como las mujeres trans son un público que todavía no hemos logrado sumar.

 

El origen de muchos de los conflictos que se dan en y fuera de la pista son, obviamente, por celos. En todos estos años hubo mil idas y venidas, uno que le robó el novio al otro, gente que sigue viniendo pero que no habla entre sí. En fin: nunca mejor expresado “el puterío”. Hay enemigos que se la junaron y ahora se pasan por al lado y no se saludan, o se sientan en una punta y otra de la milonga. Surgen peleas divertidas porque no dejan de tener relación con lo tradicional y los lugares comunes del mundo hétero. Por ejemplo, teníamos una pareja habitué que de pronto se separó y estaba todo muy mal entre ellos. Luego nos enteramos de que el tercero en discordia había salido también de La Marshall y que, supuestamente, había aprovechado para tirarle onda a uno y sacarlo a bailar cuando el otro se fue al baño. No faltan tampoco escenas melodramáticas. Me acuerdo de otro habitué que andaba con un chico en la milonga, iban, venían. Y una noche tuvieron una pelea de película. Quedábamos poquitos y éste estaba dando vueltas por la pista, desgarrado, desgarbado. Ya casi era de día y le gritaba al otro “sin mí te vas a pudrir, vas a terminar en una granja” y, de pronto, le encajó un sopapo digno de Dinastía, que hasta el día de hoy nos acordamos de cómo sonó.

 

Logramos un espacio en el que la mezcla se da en diversos aspectos y de forma natural. Te encontrás muy seguido con pendejos de veinte bailando con señores de más de sesenta y nadie se sorprende. Esa es una escena que en los boliches no ves. La otra gran mezcla que se da es entre lo local y lo extranjero. Dentro de la movida extranjera hay dos estereotipos: el extranjero que sabe a lo que viene, que la tiene clara con el tango, viene con conocimiento y participa bien preparado. Y el que se sorprende, lo toma como una curiosidad. Viene a Buenos Aires, va al Obelisco, al Jardín Japonés y viene a la milonga gay. Es un contacto pasajero, más externo, mira más de afuera.

 

Han pasado algunas orquestas muy conocidas por La Marshall, como el Quinteto Negro de La Boca. Algunas muy tradicionales y otras más jóvenes. Hemos traído a grupos de tango electrónico como Tanguetto y en esas oportunidades reventó de gente. Pero en general no tenemos orquesta porque no nos da la infraestructura. Si bien El Beso es grande, no hay escenario, no tiene el sistema de sonido que necesitaríamos para tener siempre una orquesta. Así que tenemos un DJ. Pero sí tenemos shows, sobre todo de baile en pista. Tuvimos transformistas. Actualmente nuestro transformista oficial es Juampi, que de noche es La Fiera y se viene con unos trajes increíbles. Estuvo también Eduardo Solá. También han venido compañías de folclore, un espectáculo de Ballet con humor, que son bailarines cross, malabares con tango y todo lo que nos sonara interesante ha estado. Lo único que nos quedaba pendiente lo tuvimos hace quince días y fue un stripper. Pero no estuvo tan bueno, y muchos chicos se fueron disconformes porque el stripper se emperró con una chica, estuvo toda la noche bailándole a ella y ni bola para los demás.


(si planeas viajar a Buenos Aires aquí tienes el pie para entrar con el pie derecho a sitios de rompe y rasga. Entrevista de Dolores Curia en el sitio "soy", Clarín.)

Picasso saqueado

Catherine Huntin-Blay, hija de Jacqueline Picasso, asegura que le han sido robadas en los últimos años un total de 407 obras de Pablo Picasso entre dibujos, litografías y catálogos realizados por el pintor español. La hijastra de Picasso, de 65 años, cuenta hoy al diario Le Parisien que en 2011 advirtió la desaparición de algunas de las obras que heredó de su madre cuando una galería puso a la venta unos dibujos que, alertada por la Picasso Administration, comprobó que eran suyos. Esta entidad, con sede en París, gestiona los derechos de los herederos del artista español.
La investigación de la desaparición de las obras de la hija de la última mujer de Picasso comenzó hace dos años y ha permitido arrojar luz sobre la manera en la que una "trama bien organizada", como la denomina la publicación, se hizo con cientos de obras del artista a lo largo de varios años. "Quise verificar si tenía las obras, archivadas en sus clasificadores, en papel no ácido: ¡ya no estaban! Eso desencadenó el resto", explica esta mujer de 65 años que desde 2010 abre al público en su castillo de Vauvenargues (sureste) parte de su colección.
Hutin-Blay cree que los robos se cometieron entre 2005 y 2007 y que cuando lo descubrió, hace dos años, sospechó "de todo el mundo". Según la publicación -que revela el caso en su semanario distribuido hoy- también ha sido víctima de robo de obras de Picasso Sylvie Baltazart-Eon, de 58 años, hija de Aimé Maeght, marchante del malagueño, y que vive en una casa vecina a la de Hutin-Blay. Le Parisien revela que Freddy Munchenbach, un "hombre de confianza" que hacía trabajos sin precisar en el domicilio de Baltazart-Eon y luego en el de su vecina, es el sospechoso de haberse hecho con más de 600 obras en total propiedad de las dos mujeres.
Munchenbach las pasaba a Toni Celano, un litógrafo detenido en Italia en enero pasado, que pudo haber sido quien compró las obras robadas para revenderlas a la galería parisina Belle et Belle; en la trama también interviene un tal Richard P., electricista y amigo de Munchenbach, que enmarcó y exhibió en su casa litografías originales de Miró y Francis Bacon.
En total, según cuenta Le Parisien, pudieron ser robadas a ambas mujeres 265 estampas de Joan Miró, Kandinsky, Antoni Tàpies, además de esculturas de Giacometti y Eduardo Chillida. A ese botín pertenecen los 407 dibujos y catálogos de Picasso que forman parte de la colección de la hija de Jacqueline Picasso; todas las obras robadas podrían alcanzar un valor de entre 1 y 2 millones de euros (entre 1,3 y 2,6 millones de dólares).
Hutin-Blay confiesa a la publicación que hasta el momento ha podido recuperar 22 obras y que la investigación continúa: "No estoy al tanto de todo. Los agentes de la brigada contra el robo son encantadores y saben mucho de arte. Tengo suerte de que se fotografió todo antes del robo".


(nota en el sitio "público".)

Los vaqueros gays

Antes existía un lugar para la homosexualidad. Se le arriconaba en el buen gusto y la sensibilidad artística refinada, según el prejuicio. Se le circunscribía a las buenas maneras concebidas de la manera más clasista. De esta forma, al homosexual se le excluía de lo importante: las armas, la política, las leyes, la economia... se podía ser homosexual si se era "muy educado". Y las señoras podían afirmar con vigor: No es amanerado es.... educado. Siendo la rudeza el espacio de la masculinidad: eran los tiempos en que los hombres tenían tres efes: feo, fuerte y formal.

Los circunloquios eran necesarios para cohabitar con lo que se consideraba como uno de los mayores tabúes. Para excusarse de tratar y dirigirse con jotos se atenuaba argumentando la "alta" cultura. Era la excusa ideal para escapar a las severas leyes que el supremachismo dictaba. De esta forma, la alta cultura se convertía en cosa de jotos...

Ahora estamos en otros tiempos. Uno de los grupos más dinámicos y con mayor personalidad, son los vaqueros, es decir, un grupo de varones que no tienen que cultivar las artes para mostrar su diversidad. La moda ha pegado fuerte al punto de que quizá los heterovaqueros quizá pronto tendrán que justificarse por utilizar este look.

Los vaqueros es un grupo que muestra su diversidad, con otras estrategias y desde otro punto de vista. Crítica a la gaydad, al fashionismo, los vaqueros están por una masculinidad construida tradicionalmente, en la fuerza con la que hay que bregar en las labores del campo.  Es una masculinidad sin requiebros, brusca y "diversa", que desmiente el vículo facilón que se establece según el cual la única forma de aparecer socialmente como homosexual es en la jotería, el amaneramiento, el travestismo.

En una vida apartada de la frivolidad, el vaquero se monta a caballo y luce la gallardía y la fuerza del hombre de campo. Los hombres del campo no son todos heterosexuales. Hay homosexuales que salen a Marchar por los derechos de la comunidad como los vemos en este grupo abanderado por El Potrero, un lugar que aún no conozco....

No son solo vaqueros jóvenes. Los hay de diferentes edades; algunos podrían ser osos; otros podrían ser musculosos. Todos portan con donaire el sombrero campirano y lucen la blancura de una camisa impecable. 

¡Ay!, el alma se estremece al verlos montados en sus caballos 

(y las narices se arrrugan cuando sienten los acres olores del rastro dejado por los caballos en La Reforma, ¡Jesús, frente al altar a los Padres de la Patria!)

Escuché que alguien quería ser lazado por los vaqueros. No pregunté su nombre ni la razón para generar tan peregrina fantasía... Hay que indagar en la simbología del lazo y en el significado de ser lazado...
 
 
(notícula de Antonio Marquet en su muro de feis-buc. Se le recomienda al autor viajar a este pueblo para la celebración del Día del Charro, nada que ver con los cetemistas, y encontrará mucha tela de donde roer.)