martes, 31 de marzo de 2015

Margarita Villaseñor (1934/2011 )

Escrito
                      a rafael


Ha venido el silencio
a callarme la boca
a romper el pico de mi pluma.
Ha venido la dicha
a desteñir la tinta con su sal.
Se agazapan las palabras dolientes
en la cuenca colmada de mis manos.
Se me quema el corazón,
se me pone la carne de gallina.
Bebo un campo de lluvia cuando estás
conmigo sin temporal, ni siembra ni cosecha
y se deshace el tiempo.
Escribo con tu voz
no hay oreja ajena a mi semiótica
ni mirada sagaz entre renglones.
Hay fruta que endulza mi saliva
y un hondo pozo para albergar mi angustia.
Me encajo feliz en el silencio
como el que pierde la razón y nada
entiende.
Como quien nada tiene que decir.
Como un niño nacido sordomudo.
Estás ciego a mi voz, a mi aullido constante
de infortunio.
Las palabras se me vuelven agua, viento,
polvo de luz
y se van hacia dentro
al infarto fatal.
A ningún lado
al íntimo rescoldo de tu oído.


("Diecinueve poetas, una casa, un tiempo, antología", sel. silvia aboytes, uam-azcapotzalco, méxico, 1999.)

lunes, 30 de marzo de 2015

Héctor Carreto (1953 )

El nacimiento de Venus

Después de nacer de la espuma,
ataviada con su vestido de gotas,
los labios con sabor a marisco,
Venus confesó a su poeta:
“No creo en milagros ni en dones divinos;
soy sólida como el pan que muerdes,
imperfecta como la roca o el sueño,
mi sexo huele a sardina,
me gustan los collares de perlas,
la cerveza clara y amar sin quitarme las botas.


(muro fb del autor)

domingo, 29 de marzo de 2015

Nizar Qabbani (1923/1998 )


En tus ojos, el mundo ajusta su hora

Antes de que fueras mi amada
había más calendarios para contar el tiempo:
los hindúes,
los chinos,
los persas
y los egipcios tenían sus calendarios.
Después de ser mi amada,
la gente comenzó a decir:
el año mil antes de sus ojos
y el siglo décimo después de sus ojos.

En tu amor alcancé el grado de evaporación,
el agua del mar se tornó mayor que el mar,
la lágrima del ojo mayor que el ojo
y la superficie de la herida
mayor que la de la carne.

No puedo quererte más aún
ni estar más unido a ti.
Mis labios no bastan para cubrir los tuyos,
mis brazos no bastan para ceñir tu cintura
y las palabras que conozco
son muchas menos
que los lunares que adornan tu cuerpo.

No puedo
adentrarme más en la espesura de tu pelo:
llevan años
publicando en los periódicos que estoy perdido.
Sigo perdido
hasta próximo aviso.

El lenguaje es ya insuficiente para pronunciarte
y las palabras son como caballos de madera
que corren tras de ti noche y día,
sin alcanzarte.

Siempre que me acusan de quererte,
me siento superior;
convoco una rueda de prensa
y reparto tus fotos a los periodistas,
aparezco en la pantalla del televisor
con la rosa del escándalo
prendida en mi ropa.

Escuchaba a los enamorados
hablar de sus amores,
y me reía.
Pero cuando volví al hotel
y tomé el café, solo,
supe cómo penetra el puñal del amor en el costado
para no salir nunca.

Mi problema con la crítica
es que siempre que escribo un poema en negro,
dicen que lo he copiado de tus ojos.

Mi problema con las mujeres
es que siempre que niego mi relación contigo,
oyen el tintineo de tus pulseras
en la vibración de mi voz
y ven tu camisón
colgado en el armario de mi recuerdo.

No me acostumbres a ti:
el médico me ha aconsejado
que no mantenga mis labios en los tuyos
más de cinco minutos,
ni me siente bajo el sol de tus pechos
más de un minuto,
para no abrasarme.

Si conoces a un hombre
que te quiera más que yo,
preséntamelo
para felicitarlo
y luego matarlo.


("el poeta ocasional", traducción: maría luisa prieto)

sábado, 28 de marzo de 2015

José Juan Tablada (1871/1945 )

Títeres Rosete Aranda


Cuando llegó a Otumba una compañía de títeres muchos niños que no habían visto más que las pastorelas de navidad, se iniciaron en la ilusión teatral. Yo entre ellos. Aquella compañía debe  haber sido la clásica, la de Rosete Aranda... Mis hermanas y yo fuimos con los criados a una función vespertina. ¡Inefable programa! El Negrito y el Caimán; Juan Panadero y el Toro; Fiesta de Indios en Ixtacalco, ¡y una corrida de toros y una pelea de gallos...!
     De regreso a casa se produjo algo curioso:
     -¿De qué tamaño eran los títeres? -preguntó alguien, quizá mi madre...
     -¡Del tamaño de las gentes! -contesté yo entusiasmado.



(La feria de la vida, Conaculta, Tercera serie Lecturas Mexicanas, no.22, México, 1991.)

viernes, 27 de marzo de 2015

Vicente Quirarte (1954 )

Plaza mayor


En la terraza del viejo hotel Majestic
celebramos los oficios del viento:
montañas y nubes incendiadas
al fondo de la calle
nos devuelven imágenes perdidas
y el Sol vuelve a poner
los seres y las cosas en su sitio.
Un grupo de palomas se desprende
del sagrario barroco
y firma en el aire su victoria.
Dan ganas de decirle a la ciudad
lo que el coro festivo de albañiles
a esa mujer madura pero hermosa,
cuando el arte mayor de sus tacones
parte la plaza vespertina:
"Todavía, Señora".


(Diecinueve poetas, una casa, un tiempo [antología], Silvia Aboytes compiladora, ed. UAM Azcapotzalco, México, 1999.)

jueves, 26 de marzo de 2015

Circe Maia (1932 )

La escalera a oscuras



En la escalera oscura
nadie sabe muy bien dónde está parado.
Los escalones fueron devorados
por gran oscuridad: el pasamanos
/resbaloso, invisible.
El descansillo -al torcer su dirección la
/escalera
puede hacernos dar un traspié. Conviene
subir o descender con grandes precauciones.

O mejor esperar a que se encienda
la luz, si es que la encienden -si es que
/alguien más sube o baja-.
Atención entonces al mínimo crujido

de la escalera.

("la biblioteca de marcelo leites")

miércoles, 25 de marzo de 2015

Rodolfo Alonso (1934 )

Consecuencias


Un día, mirando sin haberlo previsto el hueco entre el pulgar y el índice de mi mano derecha, yo me he visto latir. Es decir, me he sorprendido vivo, he visto a la vida haciendo su trabajo, a mi cuerpo haciendo su trabajo, por su cuenta, sin que yo tuviera nada que ver en todo eso.


( Poemas pendientes, ed. UV, Xalapa Veracruz, México, 2011)

martes, 24 de marzo de 2015

Estela Figueroa (1946 )

Principios de febrero



No.
El hermoso verano
no ha terminado aún.
Nos queda un mes para estarse en los patios
y descalzarnos
mientras charlamos
de esto y aquello
sin ton ni son.
Todavía habrá hombres de brazos tostados
en las calles
de la ciudad envuelta por la noche
brotada toda
como un lazo de amor.

No.
No me sostengas que no voy a caerme.
Sólo se caen las estrellas fugaces
y yo -te dije-
quiero permanecer.

Un hombre es bueno para una noche.
Cuando amanece es un reflejo dorado
sobre la cama donde se toma café.
Y es agradable el olor que deja.
Dura todo un día.
Pero no toda la vida.

Luego hay que descansar.
El libro de Kavafis y el de Pavese
sobre la mesa de luz.
Hay que aminorar la marcha.
Sentarse un rato a solas
en el sillón del patio.
Mujeres: tendríamos
que aprender de los gatos.
Cómo agradecen el tazón
que rebosa de leche!

Falta para el otoño.
Que nos encuentre intactas.
Sin habernos negado
a estas pasiones
que cada tanto

asaltan.


("life vest under your seat")

lunes, 23 de marzo de 2015

Jorge Aulicino (1949 )

Saint Germain des Prés


El viejo temor. En una iglesia de París
encendí una vela y no supe -aun con mi más
ferviente deseo penetrando mis huesos,
como el frío entre aquellas piedras medievales-
si podía creer, si me era dado creer, si mi fe era cierta
y aceptada. Eran indescifrables los labios
de la Virgen en aquella piedra tan gastada.
El viento, no el de ayer, no el del Quinientos,
un viento frío de hoy -aunque puro en cierto modo,
o puro contra todo- apagó una vela. Creí que era
mi pequeño cirio, mi querido cirio, el cirio de mi deseo, rojo
en su cápsula de vidrio. Y aun creyendo
que había perdido todo, que la boca de Dios
o del Averno
o del siglo
lo había apagado,
lo volví a encender
con el mismo encendedor de plástico.
Y luego de rezar de algún modo, me di cuenta
de que no era mi vela la que había vuelto a encender,
sino otra, la de al lado, chamuscada, vieja, ennegrecida.
Fui raramente feliz y lo confieso.
Sin quererlo, había avivado otra plegaria,

un rezo desconocido, el rezo de otro


("el poeta ocasional")

domingo, 22 de marzo de 2015

Uriel Martínez (1950 )

La ceniza


Dame a escoger entre Vivaldi
y Joaquín Rodrigo y me quedo
con el silencio que guardan
los muertos.

Pídeme que decida entre
los restos de ceniza de volcán
y la ceniza de tabaco, escojo
el aliento de flores estancado.

Pero no me pidas que pise
brasas ni roca volcánica,
ni que vaya como liquen
sin dueño entre tus labios.

De mí no esperes paredes
escritas como sonámbulo
que va por la noche desnudo
y al garete.

No.

sábado, 21 de marzo de 2015

Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978)

¡Y vete, eres demasiado enamorante!



¡Y vete, eres demasiado enamorante!
Demasiado seda para este plástico roto,
demasiadas esmeraldas, hebillas con jabalíes,
y cuando te acaricias la mirada con las pestañas,
yo Ravenna y Pisa en un asiento
no sé por dónde comenzar a admirarlas,
ni sé manejar con un Tiziano al lado
que de reojo y a lo lejos, entre arbolitos,
muestra como un secreto un agua azul
pero de un azul que no es más que una idea,
la idea del fondo que está más allá del fondo
de un laberinto como tú de belleza,
que del marfil me lleva hasta las perlas
y de las perlas a la espuma de mar
y de la espuma...¡Baja de este auto,

eres demasiado enteramente cautivante!


("intercuerpos")

viernes, 20 de marzo de 2015

Susana Cabuchi (1948 )

La carta


Ha llegado la carta.
Está sobre la mesa,
al lado de las flores.
La miro
largamente.
Conozco la letra.
Pero la leeré
a la medianoche,
cuando los trenes
que pasan hacia el norte
hagan temblar

los vidrios de la casa.


("festival internacional de poesía de buenos aires", muro fb)

jueves, 19 de marzo de 2015

Concha Lagos (1907/2007 )

Sabrás


Sabrás que me has tenido por tenerte,
por saberte por fin fijo en tu adentro.
Sabrás lo que se sabe al encontrarse.

Y me sabrás después, desde el lejano
imposible-jamás, río perdido.
Ignorado final a cara o cruz.

Te esperaré en ayer, en hoy, en blanco.
¿Cómo explicar en el «adiós» mañana?

Si algo se puede hacer, cuenta conmigo.


("life vest under your seat")

miércoles, 18 de marzo de 2015

Ana Ajmátova (1889/1966 )

La musa


Cuando en la noche oscura espero su llegada,
Se me antoja que todo pende de un hilo.
¿Qué valen los honores, la libertad incluso,
cuando ella acude presta y toca el caramillo?
Mira, ¡ahí viene! Ella se echa a un lado el velo
Y se me queda mirando larga y fijamente. Yo digo:
"¿Has sido tú la que le dictó a Dante las páginas sobre el infierno?"
Y ella responde: "Yo soy aquella."


("festival internacional de poesía de buenos aires", muro fb, versión: maría teresa león)

martes, 17 de marzo de 2015

Jorge Fernández Granados (1965 )

Las cosas


Se van yendo las cosas
en un ritual tranquilo.

No sé si desaparecen
o sólo cambian de lugar.
Pero cada vez son menos
las cosas y parecen perderse
alrededor de mí
en una blanca neblina.

Esa luz de la tarde las protege.

Los días se van llevando las cosas que he querido.
Con pasos secretos, a mi espalda
se desvanecen. Las cosas
pequeñas, provisionales. Las cosas
que supuse que eran mías.

Y cada vez me siento
más solo, pero más ligero.
Un emigrante, digamos,
que va perdiendo su equipaje
pero no lo lamenta.

Creo que mi vida
ha sido un ir dejando cosas
extraviadas, inútiles
y queridas

en lugares que he olvidado.


("life vest under your seat")

lunes, 16 de marzo de 2015

Adalber Salas Hernández (1987 )

Heredar la tierra

XXII


En esta ciudad, que te vio nacer,
los muertos caminan por la calle
despojados de su muerte.

Se desplazan con esfuerzo, cojeando,
desorientados, los tobillos
perforados por el frío.
Todos tosen. Ya no entienden bien
para que sirve el aire,
qué clase de broma absurda
son los pulmones.

Pocos no llevan
hostias de plomo en el pecho.

Los vivos recibimos sus visitas
a cualquier hora.
Jadean, ladran, rasguñan la puerta
con una impaciencia tímida,
ansiosos por hablarnos.

Pero no comprendemos lo que dicen:
en sus voces hay demasiada lluvia.
Sus palabras se escurren como peces.

Entonces se van
a vagar de nuevo por las aceras,
titubeando a cada paso.

Tuyo también es este reino
de muertos sin muerte.

Conserva sus nombres, atesóralos.

Sólo puede morir quien conoce
la paz de haber sido llamado.
Sólo puede morir quien ha tenido
un nombre que abandonar
al partir.


("décima avenida")

domingo, 15 de marzo de 2015

LAFCADIO EL ESCRITOR


LAFCADIO EL ESCRITOR

                                             Uriel Martínez
1.
Conocí a Lafcadio Casquillo un mediodía en un café del centro de la ciudad, Dogville. Al principio me llamó la atención verle la destreza con la que dominaba las agujas, el estambre y la plática que sostenía con dos interlocutores al tiempo que, mentalmente, contaba los puntos que se llevan en cada embestida alterna de las agujas; en mantener el hilo de estambre tenso y fluido, que guardaba en la mochila hombrera ; y en la continuidad en la charla sobre, por ejemplo, Émile Michel Cioran o Antonio Porchia. Cuando supe que era ensayista, en cuanto cayó en mis manos una selección de lecturas sobre la mujer, me soplé su trabajo acerca de una poeta sudaca que acabó con su vida de motu proprio. Más adelante entablamos plática a raíz de que coincidimos en la misma mesa con una amiga común. Por él mismo supe que alternaba el tejido y la escritura en los sitios públicos. A menudo lo veía a través de los cristales de la cafetería con un cuaderno Scribe de un color y luego de otro. No corregía sus manuscritos sino que hacía versiones de cada capítulo. Tiempo después de que publicó su primera noveleta, en edición de autor, renunció al trabajo e ingresó a otro diario con una mejor retribución, aunque salía, después del cierre de la edición, horas después de media noche. Un día que llegaba del periódico a su colonia, fue asaltado por un grupo de muchachos. Ahí, en ese episodio vivido antes de la madrugada, perdió el manuscrito definitivo, así me lo contó, de su segunda noveleta. Cuando me hizo la síntesis del despojo, Lafcadio ya sabía que los rufianes eran menores de edad, vecinos de la misma colonia y que el delito quedaría impune. Para cuando me puso al tanto, él ya había reiniciado la reescritura a partir de los bosquejos anteriores conservados en los cuadernos. "Aunque ya no será la misma historia, ni el mismo tono, ni las mismas pausas y ni los mismos silencios de los personajes", me precisó con voz desolada el egresado de la Escuela de Artes y Letras. Ha pasado el tiempo y, es de suponerse, prosigue con su quehacer en el medio informativo y en la escritura. Esa última vez que coincidimos en el café, me pidió el ejemplar que conservo del autor chileno Pedro Lemebel. Me negué a desprenderme de la novela, "Tengo miedo torero", que, abrigo la intención, quiero releer. "Además, le aclaré, tiene una dedicatoria que me dio en su último viaje a la Feria Internacional del Libro", le mentí.


2.
Con Lafcadio hubo un distanciamiento en el pasado. Ocurrió  que quiso aplicarme un cuestionario para una revista electrónica de espectáculos con matriz en Tijuana. El pretexto era que me interesé en la Astrología desde hace un tiempo, luego de elaborar un horóscopo de ese año, 2001, que colgué en mi muro de FB, espacio que firmo con seudónimo. Por lo novedoso del enfoque y tratamiento que le di a los signos zodiacales, éstos comenzaron a compartirse entre mis contactos; y los suyos. Pronto comencé a elaborar cartas astrales que mis conocidos me pedían en forma privada. Se corrió luego la voz que un político de altos vuelos comenzó a recomendarme. Fue cuando el escritor Casquillo me solicitó una entrevista por internet. De entrada me negué pues consideré poco profesional de su parte no procurar entregarme el cuestionario en corto; más aun declinó enviarme las preguntas para, si no estudiarlas, repasarlas por lo menos antes de acordar una cita. Ante la imposibilidad de entendimiento, opté por bloquearlo en mi muro y marcar sus correos electrónicos como "basura". Vino el enfriamiento de la relación hasta que asistí a la presentación de su segunda obra. Que no resultó del género literario conocido como novela, tal como se anunció en los medios pues, según yo, era un cuento largo acerca de una mujer internada en el siquiátrico de un pueblo vecino a Dogville. La obra se presentó en el sótano de un inmueble que en el pasado ocupó un ala de la Inquisición, en lo que fueron las celdas de aislamiento de los heterodoxos a la ideología ibérica. No hubo mesa ni ponentes en el acto; y los escasos asistentes eran pasantes de la escuela de artes y letras del pueblo; dos estudiosas de equidad de género y una diputada y su asistente. Adquirí la obra recién publicada y me fui antes del coctel. Esa misma noche leí el relato de noventa páginas, de tipografía grande y márgenes generosos y cinco epígrafes de autores europeos y orientales postulados hasta el agobio al Premio Nobel durante la última década. Dormí tranquilo, quizá para su siguiente obra dé en el clavo, supuse. "Pobrecillo".

3.
Así pasó el tiempo. Hacía una semana que el autor chileno había muerto. Lafacadio me esperaba un mediodía en la esquina de la librería La Azotea, donde presto mis servicios de asesor. Era un día frío y ventoso; él vestía una gabardina caqui y yo un makinoff deslavado y una mascada paquistaní blanca que adquirí en un local de la Merced, a principios de año. "Vengo por los ejemplares que tienes a consignación", me dijo. Abrí la puerta de acero, cerrada con doble llave, mientras de reojo esperaba que me extendiera el saludo de mano. No lo hizo. Traía ambas manos metidas en la prenda que lo cubría del viento frío e inmisericorde. Cuando abrí, antes de empujar la puerta, le pedí: "Aquí espérame". Lo vi que sacó una pistola escuadra del bolsillo. "No te tardes. Y dame la novela de Lemebel", ordenó apuntándome.

sábado, 14 de marzo de 2015

Kostas Karyotakis (1896/1928 )

Préveza



Muerte son los pájaros que chocan

contra los negros muros y los techos,

muerte las mujeres que hacen el amor

como si pelaran cebollas.

Muerte las sucias, insignificantes calles

con sus ilustres y pomposos nombres,

los olivos, el mar en torno, y aún

el sol, muerte entre los muertos.

Muerte el inspector que verifica,

en la balanza, una porción incompleta,

muerte los nardos en el balcón

y el maestro con el diario.

Base, Guarnición, Regimiento de Préveza.

El domingo escucharemos la banda.

Abrí una cuenta en el Banco,

primer depósito: treinta dracmas.

Caminando lentamente hasta el muelle,

“¿existo?”, digo, y luego: “¡no existo!”.

Llega el barco. Izaron la bandera.

Quizás viene el señor Prefecto.

Si al menos, entre estos hombres,

uno muriera de aburrimiento…

Silenciosos, apesadumbrados, con modos graves,


todos nos divertiríamos en su entierro.


("el hombre aproximativo", s/c al/la traductor)

viernes, 13 de marzo de 2015

Raúl Gómez Jattin (1945/1997 )

Un probable Constantino Cavafis a los 19


Esta noche asistirá a tres ceremonias peligrosas
El amor entre hombres
Fumar marihuana
Y escribir poemas

Mañana se levantará pasado el mediodía
Tendrá rotos los labios
Rojos los ojos
Y otro papel enemigo

Le dolerán los labios
Y le arderán los ojos como colillas encendidas

Y ese poema tampoco expresará su llanto.


("el hombre aproximativo")

jueves, 12 de marzo de 2015

Jorge Leónidas Escudero (1920 )

Caso de atar


¿Es lógico decirme
que no hay que enamorarse de la mujer del prójimo?
¿Acaso el corazón entiende de taparse ojos,
cerrar boca y tragarse tu nombre?
¿Acaso es tarde para que se me, en los dedos,
un ansia de acariciarte exista?
Muerto
he de sacar la mano todavía al viento
para sembrar lo que me abunda.
¿Acaso vas a impedirme el gesto
de llamar al amor en tu oscura calle?
Conserva vos lo tuyo, tus costumbres, tu nido;
yo andaré como quiera. Suelto, violín de un grillo,
al buscarte a vos
amo a la hembra inmensa que es la vida.


(en muro fb de marcelo leites)

miércoles, 11 de marzo de 2015

Elena Shvarts (1948/2010 )

Un retrato del sitio de Leningrado mediante pintura de género, naturaleza muerta y paisaje


2, Naturaleza muerta

La basura del crepúsculo lame la ventana.

Un joven se encorva sobre ella impaciente,

mirando fijamente una cacerola…

Dentro de la cacerola, un gato balbucea.

Cuando llegas a su altura, lo llama «conejo».

Come, ríe salvajemente.

No tarda en morir. Con calma, en el aire

trazas con carboncillo una naturaleza (¡y tanto!) muerta.

Una vela, un poco de cola de carpintero,

una ración de pan, un puñado de lentejas.

¡Rembrandt! Así querría uno vivir y orar.


Incluso congelado. Incluso en los huesos.


("rima interna", versión de martín lópez-vega)

martes, 10 de marzo de 2015

Héctor Carreto (1953 )

¿Volver a Ítaca?


xxv

Cada vez estoy más
y más cerca de la tranquila Ítaca;
cada día lo compruebo en el espejo:
el nacimiento de una arruga
o una cana joven lo demuestran.


xxix

Cuando volví, por fin, a Ítaca,
todo era de bronce:
las estatuas, los retratos.
Al acercarme a Penélope,
acaricié sus piernas: éstas,
entonces, se volvieron bronce:
eran, aún, las piernas de Circe.


xxxii

Penélope se acostaba
con un hombre distinto
cada noche:
aquel que la preñara
se casaría con ella,
sería rey de toda Ítaca.
Después de veinte años
un viejo marino, llamado Ulises,
le daría ese gusto.


("poesía portátil 1979-2006", unam,2009)

lunes, 9 de marzo de 2015

Gloria Fuertes (1917/1998 )

Ante un muerto en su cama


¿Dónde estarán las abejas que hicieron la cera de tus cirios?
¿Dónde habrán ido a parar los primeros cuadernos que escribiste?
¿Dónde tu primera novia que no presiente que te has muerto?
¿En qué paisaje te has estremecido
para ir a decirle que estás, quieto?
(No es lo peor morirse, lo angustioso
es que después, no puedes hacer nada,
ni dar cuerda al reloj,
ni despeinarte
ni ordenar los papeles...)
Te comprendo, estás triste.
-Intento consolarte-.
Si valiera decirte que te has muerto sobre tu cama limpia,
que tu alcoba la estaban rodeando los amigos
que se hizo todo lo posible por curarte
-que te estaban rallando la manzana-,
y que estaban bajándote el termómetro
y el más creyente rezaba muy bajito.
Piensa en los que no mueren en su casa,
en los que mueren de pronto en accidente,
o en esa mayoría que se van, en la guerra.
Ya han venido los de la funeraria,
estás sobre una alfombra y tienes cuatro cirios,
un crucifijo blanco y un coro de vecinas;
que no te falta nada

y estás muy bien peinado.


("cómo cantaba mayo en la noche")

domingo, 8 de marzo de 2015

Uriel Martínez (1950 )

Carta a Benjamín Alire Sáenz


Querido Benjamín:
     Un día, no recuerdo hace cuántos años, la hermana más chica de mamá me regaló un billete: "Toma, para que nuca te falte dinero", me lo extendió. Era un billete descontinuado de un peso: en una cara tenía impreso un calendario azteca y en la otra cara ya no recuerdo qué. Y un día lo perdí, como en otra ocasión extravié una pluma Parker que me regaló su hermano, también menor e hijo varón. No recuerdo que alguien me haya regañado por extraviar un billete fuera de circulación.Pero me reprocharon haber perdido la pluma, traída del país de enfrente.
     Cuando releí sus cuentos, especialmente el de Javier y Juan Carlos, recordé esos dos obsequios que pronto extravié. Los perdí pero no los olvidé. Tuve que encontrarme con Kentucky Club (*), traerlo a casa y releerlo para evocar esos dos hechos. Javier porta en la muñeca un regalo de su padre, un reloj que recibió de herencia. Solemos conservar un recuerdo como un objeto sagrado; y más cuando  es de alguien ya muerto. Tan es así, que no falta alguien que conserve un recetario manuscrito de un ser querido; una oración que se musita antes de dormir; una luz tenue para pasar la noche; una novela de Knut Hamsun u otra de Henry James, con o sin dedicatoria.
     Estimado Ben, he encontrado que sus historias son de seres en tránsito. Porque pasar de la adolescencia a los 18 años implica sufrimiento, abandonar la ciudad donde nacimos, el país, la lengua, la madre que nos parió, la casa, el barrio, la escuela, los primeros amigos; involucra el despojo, el exilio y la orfandad. Pero también son historias de frontera: aquí la ciudad urbanizada y a la siguiente cuadra el desierto; aquí el barrio y a tres pasos las dunas, el zapato que el viento ha desenterrado, la blusa que llevaba la mujer desaparecida hace meses (por lo menos así lo precisa la nota roja; y la información consignada en el acta del ministerio público.)
     Sus historias, Benjamín, son de seres tatuados por la desgracia: Tom porta en el brazo una sirena, Carmen quiere ser pintora y quiere estudiar arte, otro personaje pinta, pero quiere suprimir la obra iniciada y partir de cero.. Son seres incapaces, mutilados, incompletos, incómodos; tienen desajustes indefinibles que no remedian ni con drogas, ni con alcohol ni con sexo.Parecen descendientes del sur de Tennessee Williams, de la granja de Flannery O'Connor, del café de Carson McCullers, del Greyhound de Cormac McCarthy.

(*) Alire Sáenz, Benjamín, Kentucky Club, PEN/Faulkner Award, 2013, Literatura Random House, México, 2014, traducción de Juan Elías Tovar Cross.)


sábado, 7 de marzo de 2015

Óscar Hahn (1938 )

 Tratado de sortilegios

En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye 
unas rosas re-raras, oh, 
y había un tremendo olor a incesto, a violetas macho, 
y un semen volando de picaflor en picaflor. 
Entonces entraron las niñas en el jardín, 
llenas de lluvia, de cucarachas blancas, 
y la mayonesa se cortó en la cocina 
y sus muñecas empezaron a menstruar. 
Te pillamos in fraganti limpiándote el polen 
de la enagua, el néctar de los senos, ¿ves tú? 
Alguien viene en puntas de pie, un rumor de pájaros 
pisoteados, un esqueleto naciendo entre organzas, 
alguien se acercaba en medio de burlas y fresas 
y sus cabellos ondearon en el charco 
llenos de canas verdes. 
Dime, muerta de risa, a dónde llevas 
ese panal de abejas libidinosas. 
Y los claveles comenzaron a madurar brilloso 
y las gardenias a eyacular coquetamente, muérete, 
con sus durezas y blanduras y patas 
y sangre amarilla, aj! 
No se pare, no se siente, no hable 
con la boca llena 
de sangre: 
que la sangre sueña con dalias 
y las dalias empiezan a sangrar 
y las palomas abortan cuervos 
y claveles encinta 
y unas magnolias curiosísimas, oye, 
unas rosas re-raras, oh.

("ómnibus.revista intercultural" no.49)

viernes, 6 de marzo de 2015

Jorge Spíndola (1961 )

Romance del pedacito de carbón y doña rama


el pedacito de carbón
le dijo a la rama
- pronto seré ceniza

la rama lo miró desde sus brotes
y pensó qué lindo
ser ceniza / árbol hecho polvo
que se mezcla con el viento y vuela.

y entonces dijo
- pedacito de carbón
  acuérdate de mi
  cuando andes por la mar.

- no estés triste ramita de mi amor
- le dijo él –
  una sola gota de la lluvia
  eso es toda la mar.


("la biblioteca de marcelo leites")

jueves, 5 de marzo de 2015

Luis Cernuda (1902/1963 )


Unos cuerpos son como flores

Unos cuerpos son como flores,
otros como puñales,
otros como cintas de agua;
pero todos, temprano o tarde,
serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre.

Pero el hombre se agita en todas direcciones,
sueña con libertades, compite con el viento,
hasta que un día la quemadura se borra,
volviendo a ser piedra en el camino de nadie.

Yo, que no soy piedra, sino camino
que cruzan al pasar los pies desnudos,
muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen,
aunque les lleve a una ambición o a una nube,
sin que ninguno comprenda
que ambiciones o nubes
no valen un amor que se entrega.


("life vest under your seat")

miércoles, 4 de marzo de 2015

Eduardo Chirinos (1960 )

Dos


cuando acorralé al ciervo dio un gran salto la tierra tembló
las aves huyeron espantadas los perros dejaron de ladrar así
apareció cristo jesús cómo brillaba entre los cuernos apenas
podía ver tan fuerte era el resplandor me dijo plácido ¿por
qué me persigues? no supe responder mi nombre es eustaquio
patrón de cazadores protector de tempestades y tormentas



los que nunca ingresaron al arca los que restregaron sus
lomos en la puerta los que perdieron sus nombres cuando
la lluvia arreciaba los que vieron de cerca el rostro oculto
de la desesperación todavía existen pueblan los bestiarios
recorren oscuros laberintos habitan el miedo y la fantasía
de los hombres atanasio los registre san eustaquio los
proteja dios los tenga en su gloria


(en "humo de incendios lejanos", coed. uanl-aldus, méxico, 2009.)

martes, 3 de marzo de 2015

Mascha Kaléko (1907/1975 )

Carta desde una tierra vehemente

Desde esta tierra extrema yo te escribo
a la sombra de un árbol que ayer aún no estaba
pues aquí crece todo de repente.
Apenas surge un plan, ya se ha cumplido.
Demasiado vehemente es nuestra tierra.
Yo no sé bien si tú
podrías adaptarte a este clima,
admito que yo misma con frecuencia lo temo.
Quema el sol como cólera encendida,
y él madura el grano, tuesta el grano
a su gusto. No puede una fiarse:
hoy representa amor, mañana odio.
A partir de una nada, de una fuente,
nace de pronto un río que veloz
inunda el campo todo entero
y de nuevo decrece en un instante.
Aquello que deseas se cumple sin demora,
pues los deseos tienen un poder evidente
-no deseo maldades, menos mal,
se metería una si no en un mar de sangre-.
Tú miras con deseo a una mujer
y así ya eres un hombre
y tu deseo engendra un hijo.
Es aquí cada cual igual que el viento,
que esparce sus semillas sin tiempo a preguntar
si han echado raíces.
Observas con cariño alguna estrella
y entonces brilla y te obedece
y lleva tu talento a su apogeo.
Te colma hasta tal punto de venturas
que te corta el aliento. ¡Vente ya!
Sé mi invitado. Aunque es difícil
adaptarse, a aquel que lo consigue
le salta el corazón y se le rompe.


("otra iglesia es imposible", traducción: inmaculada moreno)

lunes, 2 de marzo de 2015

Enrique Solinas (1969 )

En ti confío


Cuando era chico
en la Iglesia me regalaron
una estampa del Sagrado
Corazón de Jesús.

El rostro joven
no dejaba de mirarme
a los ojos,
al mismo tiempo que
la mano santa
señalaba su corazón,

       su corazón,

su corazón:

su corazón como una llama roja,
rodeada de espinas;
su corazón de fuego atravesado
por el mundo y la cruz;
su corazón divino y humano.

Entonces, en ese instante,
me di cuenta de que
el amor de verdad es un misterio
y que el dolor te hace más hermoso.

Para que brilles
y descubra tu belleza,

siempre, siempre,

siempre el corazón encontrará

una nueva manera de sufrir.


("otra iglesia es imposible")

domingo, 1 de marzo de 2015

Hugo Padeletti (1928 )


Me he sentado a la puerta y he mirado pasar

los años como ramas hacia el humo.
Los pesados membrillos fueron humo
también. Y las granadas,

alveolada codicia de incendiados
veranos,
se abrieron sin salvarse:

amarilla, astringente, con amargo
sabor medicinal,
la cáscara en el clavo.


("otra iglesia es imposible")