viernes, 28 de febrero de 2014

Darío Jaramillo (1947 )

Poema de amor


6


Tu lengua, tu sabia lengua que inventa mi piel,
tu lengua de fuego que me incendia,
tu lengua que crea el instante de demencia, el delirio del cuerpo
     enamorado
tu lengua, látigo sagrado, brasa dulce,
invocación de los incendios que me saca de mí, que me transforma,
tu lengua de carnes sin pudores,
tu lengua de entrega que me demanda todo, tu lengua muy mía lengua,
tu bella lengua que electriza mis labios, que vuelve tuyo mi cuerpo
     por ti purificado,
tu lengua que me explora y me descubre,
tu hermosa lengua que también sabe decir que me ama.




(fuente: Cuánto silencio debajo de esta Luna, Ed. UNAM, México, 1992, Col. El Ala del Tigre)

jueves, 27 de febrero de 2014

Blanca Varela (1926/ 2009 )



Nadie te va a abrir la puerta...


Nadie te va a abrir la puerta. Sigue golpeando.
Insiste.
Al otro lado se oye música. No. Es la campanilla del
teléfono.
Te equivocas.
Es un ruido de máquinas, un jadeo eléctrico, chirridos,
latigazos.
No. Es música.
No. Alguien llora muy despacio.
No. Es un alarido agudo, una enorme, altísima lengua que
lame el cielo pálido y vacío.
No. Es un incendio.



Todas las riquezas, todas las miserias, todos los hombres,
todas las cosas desaparecen en esa melodía ardiente.
Tú estás solo, al otro lado.
No te quieren dejar entrar.
Busca, rebusca, trepa, chilla. Es inútil.
Sé el gusanito transparente, enroscado, insignificante.
Con tus ojillos mortales dale la vuelta a la manzana, mide
con tu vientre turbio y caliente su inexpugnable
redondez.
Tú, gusanito, gusaboca, gusaoído, dueño de la muerte y
de la vida.
No puedes entrar.
Dicen.


(fuente: "rua das petras")

miércoles, 26 de febrero de 2014

Paco de Lucía, en Cancún

Paco de Lucía, guitarrista flamenco, Premio Príncipe de Asturias de las Artes y emblema, junto con Camarón de la Isla, de la renovación y difusión mundial del flamenco, ha fallecido hoy en Cancún, México, a los 66 años de edad.
El guitarrista se sintió mal cuando estaba jugando al fútbol con su hijo Diego, de diez años, en la playa, según fuentes próximas a su familia.
Su actual mujer le trasladó al hospital, donde al llegar se sentó en una camilla y falleció, posiblemente a causa de un infarto masivo, según las mismas fuentes.
El representante del cantante, que casualmente está en México con otro de sus representados, Joan Manuel Serrat, ha confirmado a Efe que De Lucía, el cual tenía pasaporte mexicano, estaba jugando en la playa con su hijo y que se sintió indispuesto, pero que no conocía más detalles, dado que en el país hispanoamericano aún es primera hora de la mañana.
Paco de Lucía estaba, desde hacía muchos años, vinculado a esa zona del Caribe de México, donde residía largas temporadas buscando privacidad y con el fin de practicar algunos de sus deportes favoritos, como la pesca submarina.
El artista era Premio Príncipe de Asturias de las Artes y emblema, junto con Camarón de la Isla, de la renovación y difusión mundial del flamenco.
Francisco Sánchez Gómez, de nombre artístico Paco de Lucía, había inyectado al flamenco a lo largo de su larga trayectoria ritmos como el jazz, la “bossa nova” e incluso la música clásica.
Discípulo de Niño Ricardo y de Sabicas, y respetado por músicos de jazz, rock o “blues” por su personal estilo, logró, entre otros muchos reconocimientos, un Grammy al mejor álbum flamenco 2004; el Premio Nacional de Guitarra de Arte Flamenco; la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes 1992; el Premio Pastora Pavón La Niña de los Peines 2002; y el honorífico de los Premios de la Música 2002.


(fuente: agencia EFE en la nube)

martes, 25 de febrero de 2014

Álvaro Bisama (1975 )

Death Metal


A él lo conocíamos de esa época, de cuando escuchábamos a Kreator. Era más bien pavo, huevoncito. Pendejo. En la universidad cambió. Eso pasa cuando algunos se van del pueblo. Se convierten en otras personas. Yo creo que él no era demasiado inteligente. Por eso le pasó lo que le pasó. Yo no sé mucho. Me sé la parte de acá. A veces se juntaba con nosotros. Ibamos a esa botillería que quedaba cerca del cerro y comprábamos una garrafa y nos pasábamos la noche en la línea del tren. Una vez una locomotora que venía con las luces apagadas casi nos mata. Llevaba fierros para esas fundiciones que hay cerca de San Felipe. Fue una sombra que nos curó la resaca y nos llenó de espanto. Fue una ballena negra atravesando el pueblo de noche como una pesadilla concreta. Otra vez nos llevaron presos unos pacos de civil. Sonamos. Nos pasamos la noche en el calabozo. El era chico. Tenía a lo más quince. Siempre andaba con una polera de Iron Maiden. Hablaba de los cuentos de Lovecraft. Yo le dije que conocía a un tipo que tenía el Necronomicon fotocopiado. Se lo había vendido un librero de Valparaíso. Estaba en inglés. Nadie leía inglés. Lo leímos igual. Fingimos que lo leíamos, pero nadie lo entendía. Las bandas del pueblo escribían sus canciones satánicas con un diccionario de inglés-español en la mano. Nadie se preocupaba de la gramática. Aún nadie conocía el Matando Güeros. Las letras, eso sí, siempre eran escabrosas: fetos salidos del averno que emergían del vientre de muertos vivos, lobos gigantes que despedazaban gente en ciudades donde habían caído pedazos de la luna, que ahora estaba partida por la mitad; asesinos seriales que se dejaban violar por el Anticristo. Cosas así. Imagínatelas cantadas en un inglés chapurreado, sonando pésimo porque los parlantes y los músicos y sus instrumentos también eran pésimos. Imagínatelos leyendo ese Necronomicon e intentando entender cosas de ahí y luego largándose al Brutal Party mientras todos sacudían la cabeza con esas letras y escuchaban covers de Venom. Porque creíamos en ese Necronomicon fotocopiado. Creíamos al punto que una vez hicimos un ritual satánico. El estaba entre los asistentes. Conseguimos una cabeza de chancho, subimos a un cerro y la quemamos. Invocamos a una divinidad lovecraftiana y escuchamos ese disco de Destruction que remeda una de las imágenes de Fantasía de Disney. No pasó nada. No vino nadie. Nos quedamos en el cerro esperando. Para terminar la noche, nos bajamos una garrafa. El estaba ahí. Yo creo que se tomaba en serio el ritual. Yo creo que a los quince años se creía satánico. Se tatuó en el brazo un mono que aparecía en la carátula de un disco de Sepultura. Fue donde ese tipo rucio que antes tenía una banda y se lo hizo en una tarde. Le cobró barato. Le salió bien feo: una mancha negra sobre la piel roja. O una mancha roja sobre la piel negra. Ahora que no queda nada de él, me acuerdo de eso, de la confusión de los colores entre el tatuaje y la piel. De que era medio satánico y que era simpático. Del tatuaje. De que le iba bien en el colegio. Cuando dio la prueba, quedó en la USACH, en Santiago. Se fue para allá. Volvía en los veranos a trabajar en el local de pernos de su papá. Una vez nos quedamos en su casa en Ñuñoa. Venía un grupo noruego y nos fuimos para allá. El no fue. No tenía plata. Nadie hizo el esfuerzo por invitarlo. Después del recital nos pasamos a un bar a la Alameda y luego tomamos una micro. Vivía en uno de esos blocks que quedan cerca del Estadio Nacional. Abrimos unas cervezas y nos acostamos como pudimos en los sillones. El se levantó temprano. No nos despedimos. Ese verano no volvió al pueblo. Se perdió en unos trabajos voluntarios. No supimos qué pasó. En ese espacio vacío que fue el tiempo en que no lo vimos, todo lo que conocíamos de él se esfumó. Supimos que se dejó un mohicano. Supimos que se mudó a una casa okupa. Unos amigos se quedaron en esa casa luego de otro recital de otra banda noruega. El ya era vegetariano. Durmieron en el suelo. Esa madrugada se tomaron una caja de vino y comieron unos tallarines con carne de soya. El les dijo que ahora esa era su vida. Que había dejado la universidad. Que estaba bien. Que su cuerpo era un templo. No les dijo nada más. Les dijo que estaba bien, que no se preocuparan. Que sabía lo que hacía. No volvió más al pueblo. La otra noche, mientras cargaba en su mochila una bomba artesanal, explotó en pedazos. Yo vi la noticia por la tele. Mostraron su foto. Se parecía y no se parecía a la persona que había conocido. Estaba más flaco. Se estaba quedando pelado. Estaba comenzando a parecerse a su padre. Iba en bicicleta a poner una bomba. ¿A quién se le ocurre ir a poner una bomba en bicicleta? ¿A quién se le ocurre leer el Necronomicon fotocopiado? ¿A quién se le ocurre quemar una cabeza de chancho en la punta del cerro? ¿A quién se le ocurre irse del pueblo a la universidad y dejar la universidad? ¿A quién se le ocurre comer tallarines con carne de soya? ¿A quién se le ocurre querer destruir al Estado? ¿A quién se le ocurre vivir en una casa okupa? ¿A quién se le ocurre quedarse en cuclillas en la oscuridad mientras explica en qué se convirtió su vida? ¿A quién se le ocurre armar una bomba en la calle? ¿A quién se le ocurre pedalear con una mochila llena de explosivos en medio de las sombras? No lo sé. No se me ocurre nada. Unos amigos tomaron un bus y fueron a Santiago al funeral. Yo me quedé acá. Yo me quedé en el pueblo. Yo nunca aprendí inglés. Yo me quedé acá leyendo el Necronomicon fotocopiado.


(fuente: "revista ñ", Clarín.)

lunes, 24 de febrero de 2014

Hamutal Bar-Yosef (1940 )



 Si logras recordar

Si logras recordar cómo me dabas de comer
cerezas partidas boca a boca
con la habilidad de un actor de cine
y cómo al cabo de un año te propuse probar
la tibia leche que manaba de mis duros pechos
y cuál fue la expresión de tu rostro cuando lo hiciste...
y cómo comiste y elogiaste el primer arroz mal cocido
y el pollo que guisé con sus vísceras el primer otoño
para nuestra cena antes del Yom Kipur
y cómo me compraste con tu primer sueldo
un vestido de gamuza gris y guantes de gamuza violeta
y cómo a escondidas y a plazos te compré
la bata de lana con el cuello chino
y si logras recordar mi chaqueta de cuero
y tu pantalón pijama celeste
que tendimos en el jardín del hospital entre los arbustos
la noche que te visité a escondidas
porque me llamaste para decir que me necesitabas
y yo ya era madre de cuatro hijos
y cómo volviste a casa del cuartel en plena noche
y qué feliz y orgullosa estaba yo de que fueses mío
y si logras recordar cómo reclinaste tu cabeza en mi regazo
y cerraste bien los ojos frente al lago que brillaba entre los árboles
en el banco de la avenida tras firmar aquel contrato
y entendí que ahora eres realmente feliz
y si logras recordar cómo te retuve con todas las fuerzas
que pude reunir en mis débiles brazos
mientras gemías en la bañera con llanto de oso herido
y cómo aferrabas mi hombro y mi vientre preñado en el funeral de mi padre
cuando me había puesto el vestido al revés y no podía dejar de llorar
y me perdonaste heroicamente las mentiras y las actitudes rencorosas
y si logras recordar la espinosa mata de zarzamora
que se empeñó en crecer pese a que los obreros la cubrieron de cemento,
entonces recuérdamelo, por favor,
porque últimamente tiendo a olvidar las cosas.


(fuente: "la mirada del lobo", tr. Mario Wainsten y Florinda F. Goldberg)



domingo, 23 de febrero de 2014

Rubén Bonifaz Nuño (1923/ 2013 )

Para los que llegan a las fiestas

 Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
- pues uno no sabe bailar, y es triste;
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos;


para los que saben con amargura
que de la mujer que quieren les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;


para los que fueron invitados
una vez; aquéllos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta
ya mucho después de entrados todos
supieron que no se cumpliría
la cita, y volvieron despreciándose;


para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas,
vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;


para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia,
porque no serán consolados
los que no tendrán, los que no pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.

(fuente: "rua das petras")

sábado, 22 de febrero de 2014

Eduardo Errasti (1960 )






Radiografía


La tarjeta de un videoclub
y la de la Seguridad Social.
Dos entradas (siempre me ha gustado
la última fila de los cines).
Un carnet de identidad
con la foto borrosa de alguien
a quien me cuesta reconocer a veces.
Mi Número de Identificación
Fiscal. Trozos de papel con frases
que pudieron haberme llevado
a la gloria aunque ya no me importe
(he perdido demasiados trenes).
Teléfonos de amigos a los que no llamaré
nunca, estoy seguro. Direcciones.
Un par de calendarios atrasados.
Mi cartilla del paro (he de ir
cada tres meses al mercado de esclavos.
Algún día nos pedirán que enseñemos
los dientes). Cuatro décimos de lotería
que no me sacarán de la miseria
(la estadística casi siempre ha jugado
en mi contra). Ni un céntimo.
Muchas noches, cuando estás dormida,
me pregunto ¿Por qué sigues conmigo...?


(fuente: "rua das petras")

viernes, 21 de febrero de 2014

Chantal Maillard (1951 )



He seguido las huellas de los lobos


He seguido las huellas de los lobos
hasta donde se trenzan las ramas de los árboles.
Les he visto clavar sus dientes en el cuello
de un corzo acorralado,
y la luz era verde y el viento acariciaba
sus vientres jadeantes.
He visto debatirse una liebre en las garras de un águila,
y el sol,
ese gran ojo ciego que se nutre
de los cuerpos inertes,
resplandecía en la montaña.
He hurgado en las entrañas de un pájaro nocturno
y en mis manos bebieron los chacales.
Sé cómo besan las serpientes: su beso es el reflejo de la luna
sobre el agua fría.
Por todas partes, en todas las cuevas
donde he velado el fuego que me consume y me alimenta
te he vuelto a conocer,
      y te he amado
en los ojos que besan las serpientes,
en la humedad del viento,
en el sol que calcina los huesos de los lobos.
Te he amado y te amo
en todo lo que muere
y en todo lo que mata
y en la raíz que corre a ras de suelo como una comadreja.


(fuente: "palabras mal dichas")

miércoles, 19 de febrero de 2014

Octavio Paz, cien años

El aniversario del nacimiento del Nobel mexicano de Literatura se cumplirá el próximo 31 de marzo, mes en el que se abrirá la agenda  de homenajes, entre los que destacan publicaciones, lecturas, conferencias, mesas redondas y otras celebraciones que se prolongarán a lo largo de este año.

Las actividades para recordar al poeta, ensayista y diplomático, nacido en 1914 en Ciudad de México, también se extenderán a Madrid, Buenos Aires, Tokio, París y Río de Janeiro, indicó DPA.

El secretario (ministro) de Educación de México, Emilio Chuayffet, dijo durante el anuncio de las festividades que el homenaje nacional e internacional "no sólo será una fiesta del pensamiento, sino que incitará a seguir leyendo a Paz".

En el Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana se alojará desde el 1 de septiembre la muestra "Un soplo de luz: Octavio Paz y el mundo del arte", en la que se expondrán piezas de arte, provenientes de unos 50 museos, sobre las que el autor escribió.

La actividad inaugural de la celebración tendrá lugar el 20 de marzo, con el lanzamiento de un timbre postal y un billete de lotería en la capital mexicana, donde además se publicará próximamente "Viento entero", una obra inédita con un modesto tiraje artesanal editado en India y cuyos ejemplares fueron firmados por el Premio Nobel de Literatura 1990.

La figura del escritor mexicano siempre fue polémica: mientras para unos no hay intelectual ni escritor mexicano más grande que él, otros lo acusan de reaccionario, arrogante u hombre vinculado al poder.

No obstante, su obra literaria y su poesía son consideradas de las más vastas y ricas de las letras españolas, en tanto su pensamiento se venera por inducir irremediablemente al debate y la confrontación.

De los homenajes también hará parte el "Encuentro Intelectual Octavio Paz y el Mundo del siglo XXI", cuya sede será el Colegio Nacional los días 26 y 27 de marzo.

Fuera de México, el 25 de marzo abrirá sus puertas en la Biblioteca Nacional de España la exposición "Memoria de Octavio Paz" con sus escritos ilustrados.

En mayo, otro premio Nobel, el peruano Mario Vargas Llosa, asistirá al coloquio "Política y democracia en el siglo XXI a la luz del pensamiento de Octavio Paz" en la Casa de América de Madrid.

Meses después, entre el 5 y el 8 de noviembre en París habrá un ciclo de mesas redondas con autores y artistas cercanos a Paz o conocedores de su trabajo.


(fuente: "Télam" en línea.)

John Malcom Brinnin (1916/ 1998 )

La oscuridad marginal


La lluvia, como un viajero, camina sobre la noche.
Los rascacielos hacen sus gestos cubistas allí donde
El alcance del hombre excede su estatura mortal;
Las intermitentes multitudes están aquí,
Reunidas por la lluvia bajo los portales, detenidas en su fuga
Entre las casas de comercio y la noche.

Camino entre ellas puesto que es necesario, trasformado
Sobre las aceras, me apropio de sus ojos
Y voy con ellas, deformado, a sus encantadas
Lizas, sus inventadas realidades
De cinematógrafo y canciones; nos retiramos ilesos
Aunque la muerte, con su rostro transformado, está próxima.
Reunidos en el subterráneo, esperamos trenes
Que corren en la oscuridad como por los rieles del tiempo;

Nosotros, lisiados negativos de promesas, apoyamos
Nuestra muleta de huesos en una garabateada viga;
Mientras el ruidoso año golpea imparcialmente, como la lluvia
Sobre elocuente mármol, aguardamos nuestros trenes.

Noche de esta noche; hay una plegaria en mí
Que lee mi destino en su amor.
Ojalá que este cáncer y esta lepra
Prueben la marca soberana de nuestra conjunción.
Este es mi mundo en medio de las bestias que ven;
En ellas sobrellevo la noche, y ellas en mí.


(fuente: "otra iglesia es imposible", traducción de William Shand y Alberto Girri.)

martes, 18 de febrero de 2014

Edgar Lee Masters (1868/ 1950 )

 Roscoe Purkapile

Ella me amaba. ¡Oh!, ¡cómo me amaba!
No logré nunca esquivarla
desde el día en que me vio por vez primera.
Pero después, cuando nos casamos, pensé
que podría demostrar su mortalidad y dejarme libre,
o que podría divorciarse de mí.
Pero pocas mueren, ninguna renuncia.
Entonces me escapé y anduve un año de parranda.
Sin embargo nunca se lamentó. Decía que todo saldría
bien, que yo volvería. Y volví.
Le dije que mientras remaba en un bote
había sido capturado cerca de la calle Van Buren
por piratas del lago Michigan,
y atado con cadenas, así que no pude escribirle.
¡Ella lloró y me besó, y dijo que eso era cruel,
ultrajante, inhumano!
Comprendí entonces que nuestro matrimonio
era un designio divino
y no podía ser disuelto
sino por la muerte.
Tuve razón.


(fuente: blog "palabras mal dichas", traductor: Josep Limona.)

lunes, 17 de febrero de 2014

Sergio Loo (1982/ 2014 )

Para ser...

Para ser tu doliente he tenido que sacarte de la carnicería donde te tenían empaquetado y con la vehemencia de quien vende ungüentos prodigiosos he hablado de ti lo que antes ni atreverme -sí cobarde sí arrepentido- y he prendido listones rojos a tu playera y fotografías de niños extraviados con alfileres a tu pantalón He rellenado tu boca con fotocopias de salmos para que todos sepan Luis lo bondadoso que fuiste te he colocado en un altar para que me encuentres vestido de negro arrojándote piedras En un pedestal te puse mártir vuelto de cabeza para que me arranques de este espanto y me regales San Valentín de Porres un milagrito Amén Amén Hazlo ya


(fuente: Sus brazos labios en mi boca rodando, editorial Tierra Adentro, México, 2007)

domingo, 16 de febrero de 2014

LA SED

Te uniste a la manada
una noche de luna nueva
como un acto de piedad
hacia ti.

Te hicieron espacio merced
a un gesto que no sabes
de qué soledad oculta
vieron en tus espejos.

Famélico bebiste con numerosos
animales llegados a abrevar
de un cauce intuido,
de ciegas vetas.

Quizá al fondo del pozo
haya un ojo de agua
que resurge en callados
manantiales. Quizá

Llegaste con la crin
alazana, sediento como
bestia silvestre que eres,
sin adivinar umbrales.

Habías trotado parte
de tu vida en espera
de astros y vientos propicios.
No esperabas otra cosa.

Fuiste parte del hato
cuando en el agua que bebías
encontraste alivio momentáneo a tu sed.

viernes, 14 de febrero de 2014

Cernuda, el nómada irredento

Tal vez no sea casual el que los tiempos más felices que Cernuda pasara en México fuesen los primeros, los que viviera antes de establecerse en la capital mexicana en noviembre de 1952. Su primer viaje data del verano de 1949. El poeta entonces vivía y trabajaba en Mount Holyoke, un colegio para mujeres en Massachusetts, Nueva Inglaterra. Hastiado de la vida norteamericana, de la falta de estímulo intelectual y humano (su única interlocutora en Mount Holyoke era su gran amiga Concha de Albornoz), de los largos y gélidos inviernos, por no decir nada de sus clases sobre teatro español de los siglos de oro, Cernuda decidió viajar hacia el sur, en busca de una tregua. Y la experiencia colmó sus expectativas. No sólo volvió a reunirse con amigos como Manuel Altolaguirre, Concha Méndez, José Moreno Villa, Ramón Gaya y Emilio Prados, a quienes no había visto desde su salida de España, en plena guerra civil, en febrero de 1938, sino que incluso hizo amistades nuevas con algunos mexicanos, como el pintor Manuel Rodríguez Lozano, los músicos Salvador Moreno e Ignacio Guerrero, y el poeta Enrique Asúnsulo. Con Moreno y Guerrero Cernuda hizo el primero de muchos viajes a Acapulco. La playa, desde luego, siempre lo había apasionado, pero lo que realmente lo conmovió, fue el simple hecho de estar otra vez en una tierra soleada donde la gente hablaba español. Después de once años de destierro en países sajones, Cernuda pudo por fin escapar del frío y las brumas, y escuchar el español hablado libre y espontáneamente a su alrededor. México no era España, pero los dos países tenían tanto en común que el poeta sentía como si, por arte de magia, hubiera regresado de repente a su país. Ya de vuelta en Mount Holyoke, en septiembre de 1949, le escribió a Salvador Moreno: “No quiero callarle que, cuando temprano en la mañana, miré el cielo sucio y el verde amarillento del norte, todo lo que perdía con la ausencia de México se me representó: el cielo limpio, el aire claro, las flores que no pasan, los cuerpos oscuros; y se me arrasaron con lágrimas los ojos.”

Fue tal la impresión que le causó el viaje que, en febrero de 1950, enclaustrado de nuevo en Mount Holyoke, el poeta empezó a escribir unos breves “trozos” en prosa en que evocaban diversos momentos y aspectos de su experiencia en México. Otros poemas nuevos surgirían a raíz de un segunda visita al mismo país en el verano de aquel mismo 1950. En un texto introductorio a este libro, que se daría a conocer como Variaciones sobre tema mexicano, Cernuda anunció su propósito de trazar “los ecos nuestros que aquí resuenan, intactos a pesar del tiempo y del extrañamiento”: es decir, evocar lo que todavía había de España en lo que alguna vez había sido la Nueva España. El volumen corría el riesgo de convertirse en “una forma sutil retrospectiva de orgullo nacional”. Pero el poeta supo evitar este escollo, sobreponiendo su sensibilidad andaluza a su fascinación por la Castilla imperial del siglo XVI. Variaciones viene a ser, así, el reconocimiento de un paisaje en tantos aspectos parecido a la Andalucía que había conocido en su niñez y juventud.

Variaciones se publicaría en México en 1952, cuando el poeta ya había hecho otro viaje más, que abarcó los meses de junio a noviembre de 1951. Esta tercera estancia fue en cierto modo una feliz repetición de los dos viajes anteriores, pero con una diferencia importante. En esta ocasión el poeta se enamoró profundamente de un joven culturista mexicano llamado “Salvador”. Como habría de reconocer en “Historial de un libro”, dicha experiencia tuvo una enorme importancia, en su obra no menos que en su vida, dando pie a uno de los poemarios más intensos suyos, sus Poemas para un cuerpo (1957): “Creo que ninguna otra vez estuve, si no tan enamorado, tan bien enamorado, como acaso pueda entreverse en los versos antes citados, que dieron expresión a dicha experiencia tardía. Mas al llamarla tardía debo añadir que jamás en mi juventud me sentí tan joven como en aquellos días en México; cuántos años habían debido pasar, y venir al otro extremo del mundo, para vivir esos momentos felices”.

Y fue así cómo, en el mes de noviembre de 1952, con sólo 500 dólares en el bolsillo, Cernuda renunció a su puesto en Estados Unidos y se trasladó a la ciudad de México. Durante un año vivió en un piso en la calle Madrid, en el centro de la ciudad; pero luego, hacia finales de 1953, animado por su amigo Altolaguirre (quien entonces vivía con su segunda esposa, María Luisa Gómez Mena), Cernuda fue a vivir a casa de Concha Méndez y su familia, en Coyoacán. Con algunas interrupciones, ésta había de ser su casa durante los once años que le quedaban de vida. No es imposible que ya para entonces se le hubieran agotado sus ahorros y, cosa más dramática aún, que hubiera llegado a su fin su relación con Salvador… En todo caso, en su correspondencia se empieza a observar un cambio en su percepción de su nuevo país de residencia, conforme la realidad se va imponiendo poco a poco sobre los espejismos del deseo.

Rota la fragilidad de la ilusión amorosa inicial, México, en efecto, empieza a perder esa fascinación que tuviera para el poeta, quien, por otra parte, a partir de 1954 y gracias a la oportuna intervención de Octavio Paz, entra a trabajar tanto en la Universidad Nacional Autónoma de México como en El Colegio de México. Fruto de su trabajo de estos años son sus libros de crítica literaria Estudios sobre poesía española contemporánea (1957) y Pensamiento poético en la lírica inglesa (Siglo XIX). Pero es sólo cuando Cernuda es invitado a dar un curso en Los Angeles, en el verano de 1960 que el poeta vuelve a inspirarse y escribe algunos de los grandes poemas de su última colección Desolación de la Quimera (1962). En ese sentido, más que un feliz destino final, México tal vez fuera sólo un lugar más por donde el nómada irredento que era Cernuda paseó su melancolía y su fervor.



(fuente: "El Cultural" en El Mundo, autor: James Valender, 19/09/2002.)

Jane Kenyon (1947/ 1995 )


 La esposa enferma

La esposa enferma permaneció en el coche
mientras él hacía la compra.
Sin tener aún cincuenta años
ha aprendido lo que es no poder
abotonar un botón.

Era mediodía,
así que sólo madres con niños pequeños
y parejas jubiladas
caminaban por el enlodado aparcamiento.

Ropa de la tintorería colgaba en perchas
en los coches de los acomodados.
Con qué facilidad se movían,
con cuánta libertad,
incluso los ancianos y los relativamente débiles.

Las ventanas empezaron a empañarse.
Los coches aparcados a su lado
salieron tan deprisa
que entristecieron su corazón.


(fuente: blog "palabras mal dichas", traductor: sin crédito)

jueves, 13 de febrero de 2014

Gombrowicz, antes y después

Cuando un escritor muere, lo que queda es su obra. Y sus herederos: los legítimos, burocracia mediante, y los imaginarios, que son los que siguen o intentan seguir su camino. Los que lo toman como referencia, como punto de partida o faro, como ariete, como talismán. Los herederos imaginarios son quienes resignifican la obra de un autor y quienes, probablemente, la reinventen, le otorguen un nuevo lugar en el panteón de literatos consagrados, algo que no es nuevo en absoluto, desde Platón y Sócrates, desde Borges y Macedonio.
Con Witold Gombrowicz ocurre algo similar. Hace cuarenta y cinco años que murió, pero su nombre y su obra siguen expandiéndose, en parte por el trabajo de su viuda, Rita, y en parte por la filiación de un grupo de gombrowiczianos que, en el último tiempo, parece haberse acrecentado. ¿Será que, por los motivos que sea, Gombrowicz se puso de moda? ¿Será que después de tantos años se le van autorizando los pergaminos para ser parte del selecto club de los grandes? ¿Será que hay operaciones de marketing solapadas marcando el ritmo? ¿Será que las épocas cambian, y con ellas el deseo de los lectores, que quieren algo más? Una cosa es segura: hoy Gombrowicz vuelve a estar en las agendas de los medios, de los artistas, de los investigadores, y cada uno utiliza su nombre y su obra como quiere, lo reinventa como puede.
Kronos

 Cada tanto ocurre: un editor, o un bibliotecario, o un amante desconocido saca a la luz el manuscrito inédito de un escritor, un texto que hasta ese momento se pensaba perdido o, directamente, se ignoraba que pudiera existir. Algo similar ocurrió con Kronos , el libro que Rita Gombrowicz mantuvo en secreto hasta 2013, cuando en mayo finalmente se editó. El libro consta de los apuntes que Gombrowicz tomó en hojas del Banco Polaco desde 1953 hasta su muerte, en 1969. Allí habla de lo más íntimo de su vida, explicitando cosas que hasta ese momento eran solamente sospechas, intuiciones, hipótesis.
Hay que pensar que cuando Gombrowicz comenzó a hacer todas estas anotaciones tenía 49 años, y que escribió desde su nacimiento hasta pocas semanas antes de morir. Es decir: en Kronos el pasado (lejano o inmediato) queda no solamente supeditado a las fragilidades de la memoria, sino también a la construcción tardía que Gombrowicz hace de los momentos, las percepciones y demás. Todo esto, claro, si pensamos que en estas hojas su autor era completamente honesto, algo que probablemente no podamos asegurar. Aunque, a diferencia de su conocido Diario (pensado y escrito especialmente para ser publicado por la revista Kultura ), este texto no tenía, aparentemente, a la imprenta como destino seguro.
Kronos fue editado como libro, aunque originalmente no lo fuera. En los manuscritos de Gombrowicz estas hojas sueltas son un compendio de enumeraciones, mes a mes, que generalmente carecen de narrativa. Hay fechas, hechos, momentos precisos. Como si fuera una agenda de lo que fue ocurriendo en su vida. Es decir, como una agenda al revés: hecha en retrospectiva, para no olvidar a dónde fue, qué hizo, con quién estuvo, qué pasó.
La historia de cómo Gombrowicz llegó a la Argentina es bastante conocida: siendo un escritor polaco en ascenso, fue invitado a cubrir periodísticamente el viaje inaugural de un transatlántico que cruzaba desde Polonia a la Argentina. La versión tradicional (que es la que siempre narra Gombrowicz y que es aceptada casi sistemáticamente por los especialistas y el público en general) es que el barco llegó a Buenos Aires y entonces, luego de un par de días, la Segunda Guerra Mundial estalló.
Con las fronteras cerradas el retorno a su patria se hizo imposible, y por eso dejó zarpar el barco. Lo que ocurrió, realmente, es que los hechos fueron prácticamente iguales, con la única diferencia de que primero el barco zarpó, y la guerra estalló después. Tal vez la novedad más importante que aparece en Kronos es que Gombrowicz confiesa, por primera vez, haber llegado a la Argentina con la intención o por lo menos la idea de quedarse, resignificando así las interpretaciones acerca de su exilio, que en la Argentina duró desde 1939 hasta 1963.
Sin embargo, es probable que lo que más llame la atención de Kronos sea la cantidad de nombres que aparecen. Nombres que, casi con seguridad, hacen referencia a personas con las que Gombrowicz mantenía relaciones sexuales, generalmente esporádicas. Son realmente muchos, que cambian día a día, dando un panorama de la diversidad de su vida sexual que causó escándalo en Polonia. Hay algo curioso: muchas veces surgen, en el mismo orden y jerarquía, otras personas con las que pareciera simplemente encontrarse, por los motivos que sea, sin haber sexo de por medio.
Y es curioso porque en la forma de inscribir esos encuentros no se diferencia la escritura de unos y otros, como si tener sexo o una charla fuera parte de la misma actividad socio-cultural. O, más simbólico todavía, la enumeración consecutiva de prostitutas, chicos que encontró caminando por Retiro y acontecimientos históricos (como el estallido de la guerra o la caída de Perón), anotados como si tuvieran la misma importancia. Y es que tal vez la tuvieran.
En Polonia se corre hoy en día un rumor: en mayo aparecerá otro inédito, al que se conocerá con el nombre de Avarus . ¿Una novela desaparecida, cuentos nuevos , fragmentos nunca conocidos del diario? No: el libro contable de Gombrowicz, en el que se incluye cuánto facturaba por derechos de autor, cuánto pagaba sus hospedajes, cuánto costaban las prostitutas que contrataba, cuánto salían sus medicamentos. Escritores del mundo, recuerden siempre: tarde o temprano, los herederos siempre publican algo más.
En perspectiva

 Seguramente los aniversarios y las efemérides ayuden un poco a reimpulsar la obra de un autor, y estos años son muy propicios para hacerlo con Gombrowicz. Si en 2004 se cumplieron cien años de su nacimiento, en 2013 se recordaron los cincuenta de su partida de Buenos Aires y de su regreso a Europa. En este contexto aparecieron en Buenos Aires dos eventos culturales muy importantes que tuvieron a Gombrowicz como protagonista.
Durante septiembre y octubre se estuvo exponiendo, en la Biblioteca Nacional, una muestra llamada “Witold Gombrowicz. Momentos singulares”, curada por Miguel Grinberg, amigo del escritor polaco y uno de sus herederos, en sentido imaginario, pero también real.
Grinberg aportó y organizó para la muestra materiales que hasta el momento permanecían ignorados por el público: fotos de Gombrowicz, su máquina de escribir, una de sus pipas, y también las ediciones de sus libros (que Gombrowicz le dejó antes de partir), afiches de sus obras de teatro, infografías y dibujos de Mariano Betelú. Fetiches para los admiradores de Gombrowicz, pero también elementos que sirven para entender mejor su obra, para contextualizarla y mirarla desde otras perspectivas.
El otro evento, que tuvo una gran convocatoria y muy buena recepción de la crítica, es Historia , una obra teatral que Gombrowicz comenzó a escribir en Argentina, que dejó inconclusa y que luego sirvió de base para otra de sus piezas, Opereta .
Historia es una obra autorreferencial en la que Gombrowicz juega con la doble acepción de la historia, en tanto vida personal y situación universal. Esto aparece muy reflejado en esta versión teatral (fue la primera vez que se puso en escena en el país), que partió de sus tópicos clásicos (la forma, la inmadurez, la juventud) para narrar los conflictos de un Gombrowicz joven y otro viejo, y su relación con la familia, los amantes, la política internacional, la ideología, la filosofía, el amor.
La obra (montada en el teatro Hasta Trilce) fue dirigida por Adrián Blanco, que estuvo a cargo de la dramaturgia, junto a José Páez, y que fue interpretada por los actores Ramiro Agüero, Manuel Bello, Estefanía D´Anna, Hugo Dezillio, Diego Echegoyen, Luis Alejandro Escaño Manzano, Mario Frías, Yamila Gallione y Cecilia Tognola.
El Congreso Gombrowicz

Kronos nos muestra a un Gombrowicz diferente, Momentos singulares ofrece otra perspectiva-en-retrospectiva del escritor y el personaje, e Historia pone en escena las ambigüedades del sujeto frente a las contingencias del mundo. Esta instancia de redescubrimiento, de reinvención de Gombrowicz, va a tener un nuevo punto fuerte cuando este año, desde el 7 hasta el 9 de agosto, se realice el I Congreso Internacional Witold Gombrowicz, que va a tener sede en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires y que cuenta con el apoyo de la Embajada de Polonia, el Instituto Ravignani, el Instituto de Literatura Hispanoamericana, el Departamento de Letras de la Universidad de Buenos Aires y el Museo Witold Gombrowicz, que está ubicado en Wsola, en la casa donde se escribió Ferdydurke .
El congreso busca reunir a varios de los gombrowiczólogos de todo el mundo para poder discutir sobre la vida, obra e interpretaciones (las tradicionales y las más recientes), en un evento que fusionará charlas, debates, fotografías, cine y hasta recorridos por los lugares por los que pasó Gombrowicz.
Entre los autores que seguramente estén exponiendo hay escritores (Martín Kohan, Andrés Neuman, María Rosa Lojo, Guillermo Martínez, Fernanda García Lao, Gustavo Ferreyra), psicoanalistas (Germán García, Jean-Michel Vappereau), dramaturgos (Jorge Dubatti, Adrián Blanco), investigadores especializados (Alicia Borinsky, Silvia Dapia, Pablo Gasparini, Silvana Mandolessi, Ricardo Pasolini) y amigos del autor (Néstor Tirri, Jorge “Marlon” Vilela, Ana Betelú, hija de Mariano, alias “Flor de Quilombo”), entre muchos otros. Se prevé la asistencia de varios de los especialistas más importantes, provenientes de Polonia, Alemania, Francia, España, Estados Unidos, Colombia, Brasil y Chile. La inscripción para participar en el congreso se encuentra abierta (se pueden encontrar todos los detalles en www.congresogombrowicz.com) y la entrada será libre y gratuita.
El evento se desarrollará el mes en el que se cumplen 75 años de la llegada de Gombrowicz a la Argentina y permitirá el encuentro entre lectores y críticos de Argentina y otras partes del mundo, algo que nunca se condensó de este modo en Buenos Aires ni otras ciudades. Entre las propuestas para debatir se encuentran el vínculo entre Gombrowicz y los intelectuales, su relación con el teatro, el exilio, la literatura comparada y las redes sociales, entendidas en su doble significado: en tanto vínculos sociales con otras personas, y en tanto relación entre Gombrowicz y la posteridad a través de Facebook, Twitter, blogs y demás, algo que el congreso enfatiza en su comunicación con la comunidad.
Gombrowicz odiaba los congresos, las aglomeraciones de intelectuales, a los críticos en general. Probablemente, si hubiera sabido que cuarenta y cinco años después de muerto se iba a organizar un encuentro que lo va a tener como único protagonista, hubiera escrito cosas horribles al respecto. Y se hubiera sentido enormemente halagado y feliz, claro.


(fuente: "revista ñ", Clarín, autor: Nicolás Hochman.)

miércoles, 12 de febrero de 2014

Enriqueta Ochoa (1928/ 2008 )

Asaltos a la memoria


IV


Las lilas perfuman el primer viento de abril.
El árbol de la noche florece
y la tía Vense trenza mis cabellos.
Me hundo en el sueño.
Tía Vense, te amo.
                    Estalactita de cristal.
Tu pelo se precipitaba en relámpagos miel y caoba
                  sobre mi cara
cuando el beso de buenas noches.
El ruido de voces en el cuarto contiguo me despierta.
La muerte desangra el vientre de mi madre,
las sábanas esponjadas de blancura se incendian.
Apenas clarea, ponen sobre mis manos un cesto;
al vaciarlo, un feto se despeña.
La vida se encoge dentro de mí.
Tengo nueve años.
Es mi primer contacto con la muerte.




(en Asaltos a la memoria, edición Universidad Autónoma del Estado de México [UAEM], Toluca, 2004.)

martes, 11 de febrero de 2014

Félix Grande (1937/ 1914 )

Donde fuiste feliz alguna vez



Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás: el tiempo
habrá hecho sus destrozos, levantando
su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina.
Si la felicidad te la dio una mujer
ahora habrá envejecido u olvidado
y sólo sentirás asombro
-el anticipo de las maldiciones-.
Si una taberna fue, habrá cambiado
de dueño o de clientes
y tu rincón se habrá ocupado
con intrusos fantasmagóricos
que con su ajeneidad, te empujan a la calle, al vacío.
Si fue un barrio, hallarás
entre los cambios del urbano progreso
tu cadáver diseminado.
No debieras volver jamás a nada, a nadie,
pues toda historia interrumpida
tan sólo sobrevive
para vengarse en la ilusión, clavarle
su cuchillo desesperado,
morir asesinando.


Mas sabes que la dicha es como un criminal
que seduce a su víctima
que la reclama con atroz dulzura
mientras esconde la mano homicida.
Sabes que volverás, que te hallas condenado
a regresar, humilde, donde fuiste feliz.
Sabes que volverás
porque la dicha consistió en marcarte
con la nostalgia, convertirte
la vida en cicatriz;
y si has de ser leal, girarás errabundo
alrededor del desastre entrañable
como girase un perro ante la tumba
de su dueño... su dueño... su dueño...


(fuente: "el azul de los láipces")

lunes, 10 de febrero de 2014

Clarice Lispector (1920/ 1977 )

Felicidad clandestina

Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.
No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos.
Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como "fecha natalicio" y "recuerdos".
Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre. Conmigo ejerció su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban.
Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía El reinado de Naricita, de Monteiro Lobato.
Era un libro gordo, válgame Dios, era un libro para quedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si al día siguiente pasaba por la casa de ella me lo prestaría.
Hasta el día siguiente, de alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, flotaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro.
Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No vivía en un apartamento, como yo, sino en una casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos, que era mi manera extraña de caminar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, y no me caí una sola vez.
Pero las cosas no fueron tan sencillas. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diábolico. Al día siguiente allí estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Todo para oír la tranquila respuesta: que el libro no se hallaba aún en su poder, que volviese al día siguiente. Poco me imaginaba yo que más tarde, en el curso de la vida, el drama del "día siguiente" iba a repetirse para mi corazón palpitante otras veces como aquélla.
Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno. A veces ella decía: Pues el libro estuvo conmigo ayer por la tarde, pero como tú no has venido hasta esta mañana se lo presté a otra niña. Y yo, que era propensa a las ojeras, sentía cómo las ojeras se ahondaban bajo mis ojos sorprendidos.
Hasta que un día, cuando yo estaba en la puerta de la casa de ella oyendo silenciosa, humildemente, su negativa, apareció la madre. Debía de extrañarle la presencia muda y cotidiana de esa niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortado de palabras poco aclaratorias. A la señora le resultaba cada vez más extraño el hecho de no entender. Hasta que, madre buena, entendió a fin. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: ¡Pero si ese libro no ha salido nunca de casa y tú ni siquiera querías leerlo!
Y lo peor para la mujer no era el descubrimiento de lo que pasaba. Debía de ser el horrorizado descubrimiento de la hija que tenía. Nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida, la niña rubia de pie ante la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces cuando, recobrándose al fin, firme y serena le ordenó a su hija: Vas a prestar ahora mismo ese libro. Y a mí: Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras.
¿Entendido? Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: "el tiempo que quieras" es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.
¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Cogí el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo.
Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire... había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.
A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. No era más una niña con un libro: era una mujer con su amante.

(1971)


(fuente:"emma gunst", traducción: Marcelo Cohen Levis Chockler)

domingo, 9 de febrero de 2014

Samuel Noyola (1965- ?)

Abuelo

Las espuelas de plata que arrastrabas
por el barro de las calles de tu pueblo
se quedaron constelando
el fondo del ropero de mi abuela y su memoria,
junto al brillo de tu navaja de rasurar
y el rizo cortado de cuando ella era tu novia.

A veces las reconozco en las fotografías
donde los zapatistas las encajaban
a la oscura piel de sus caballos
abriendo bajo las enconadas pezuñas una dirección de pólvora:
que casi roce de avispas,
chispas del fósforo contra la suela gastada del zapato,
sangre de la mano que al tocar la blancura de unas nalgas
vuela.


(fuente: Nadar sabe mi llama (1980-1985), edición SEP-CREA, México, 1986.)

sábado, 8 de febrero de 2014

Miyó Vestrini (1938/ 1991 )

Zanahoria rallada

 El primer suicidio es único.
Siempre te preguntan si fue un accidente
o un firme propósito de morir.
Te pasan un tubo por la nariz,
con fuerza,
para que duela
y aprendas a no perturbar al prójimo.
Cuando comienzas a explicar que
la-muerte-en-realidad-te parecía-la-única-salida
o que lo haces
para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia,
ya te han dado la espalda
y están mirando el tubo transparente
por el que desfila tu última cena.
Apuestan si son fideos o arroz chino.
El médico de guardia se muestra intransigente:
es zanahoria rallada.
Asco, dice la enfermera bembona
Me despacharon furiosos,
porque ninguno ganó la apuesta.
El suero bajó aprisa
y en diez minutos,
ya estaba de vuelta a casa.
No hubo espacio donde llorar,
ni tiempo para sentir frío y temor.
La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor.
Cosas de niños,
dicen,
como si los niños se suicidaran a diario.
Busqué a Hammett en la página precisa:
nunca diré una palabra sobre tu vida
en ningún libro,
si puedo evitarlo.


(fuente: "el poeta ocasional")

viernes, 7 de febrero de 2014

Luz Pichel (1947 )

Subí a la higuera

Subí a la higuera
antes de dejar definitivamente la casa.
Ya no había allí ni higos, ni mirlos, ni espantapájaros,
ni carracas.
Yo sola, en la copa del árbol, 
la cabeza saliendo por encima de las hojas
mirando alrededor a ver que se veía.
Se perdió un malvís,
se me metió entre el pelo
y paró un poco.
Después, silbó algo y huyó.
Me quedé allá arriba, accurrucada,
bastante tiempo
contemplando las cosas:
¿Quién le echó veneno a la hiedra que abrazaba un poste?
¿Quién le rompió la lona a la hamaca vacía de papá?


(fuente: "la mirada del lobo")

jueves, 6 de febrero de 2014

James Wright (1927 )

Deprimido por un libro de mala poesía, echo a andar hacia un prado silvestre e invito a los insectos a reunirse conmigo

Aliviado, dejo caer el libro tras una roca.
Asciendo una ligera cuesta de hierba.
No quiero molestar a las hormigas
que recorren en fila india el poste del cercado,
portando pequeños pétalos blancos,
lanzando sombras tan precarias que puedo ver por ellas.
Cierro los ojos un instante y escucho.
Los viejos saltamontes
están cansados, saltan pesadamente,
tienen sobrecarga en los muslos.
Me gustaría oírlos, los sonidos que emiten son claros.
Se han ido a dormir.
Delicioso y lejano, entonces, un oscuro grillo les releva
en los castillos de arce.





(fuente: "perros en la playa", traductor: Jordi Doce)

miércoles, 5 de febrero de 2014

Ana Merino (1971 )



          Preparativos para un viaje
Todo se hará tarde,
como el temor a un equívoco
que esconde razones
para acusar al otro.

De noche,
todo se deshace en tardanzas
que se aglutinan en frascos
de tomillo y orégano.

Se hará tarde porque toca
no poder dormir
y refugiarse
en el sabor de los grifos

que gotean
como un pis infantil
que humedece las sábanas
y se disfraza
de llanto sonámbulo
a medio despertar.

Todo estará
recogido en los bolsillos
o en una caja de guardar botones;
y yo negaré
la sospecha de una gripe
como en época de exámenes.

Y se hará tarde
en los últimos minutos
como el engaño,
para que pese poco
y se evapore.

Y dejaré tras de mí
olor a naftalina en cada armario

y morirán las polillas en los libros
y guardaré sus alas cuando vuelva.

          (fuente: "rima interna", El Cultural)

martes, 4 de febrero de 2014

Casa Xochiquetzal, el refugio

Maria Consuelo Mora. Una de las residentes de Casa X.



Cuando Carmen Muñóz tenía 11 años un psicópata la secuestró y la violó. Sus padres, para compensar el daño irreparable de que su hija hubiera “perdido el honor”, la casaron con su violador. La prostitución fue la salida que Carmen encontró para darle de comer a sus hijos y dejar atrás las golpizas de su marido. Desde entonces, Carmen es prostituta en Tepito, unos de los barrios más peligrosos de México. Hace diez años, mientras caminaba en busca de clientes, se topó con otras colegas: eran señoras mayores, que estaban durmiendo en la calle. Se dio cuenta como nunca antes de lo que les esperaba a las mujeres de su profesión cuando llegaban a cierta edad y decidió hacer algo. Así nació la Casa Xochiquetzal, el primer refugio para prostitutas auspiciado por un Estado latinoamericano.
“Carmen es muy lúcida; tiene los pantalones bien puestos –como decimos en México–. Ella organizó a las señoras y llegó a negociar con el Jefe de Gobierno. Le pidió que les dieran un lugar dónde pasar sus últimos días y lo consiguió”, explica vía mail la periodista mexicana Amanda de la Rosa.
Ella fue la encargada de entrevistar a Carmen y a una docena de sus colegas para recuperar sus historias en Women of Casa X ( Las mujeres de la Casa X), un libro sobrecogedor (por ahora sólo disponible en Internet y en inglés, pero igualmente necesario), que relata la supervivencia del horror y –con un registro artístico– mira a la cara a un viejo tabú. De la Rosa desnudó sus historias y su pasado, pero el fotógrafo británico -el ideólogo del proyecto- Malcolm Venville las desnudó literalmente. “Mi trabajo consistía en ir a Tepito a pasar tiempo con las señoras y ver si sería posible que se dejaran retratar y contaran sus vidas. A veces eran encantadoras, otras eran agresivas o tenían demencia senil. Yo avancé con la investigación, y posteriormente, Malcolm llegó a México. Cuando lo conocieron les llamó mucho la atención porque tiene los ojos azules, traía el cabello despeinado, y lo apodaron El Mechudo . Las fotos iban a ser vestidas, pero apenas una hora después de haber llegado, Venville sugirió que se desnudaran y todas estuvieron de acuerdo –“menos Aurelia –matiza de la Rosa- que no se desviste ni para bañarse”.
En las imágenes saltan a la vista la morbidez de la vejez y las marcas de los años, de las vidas duras –nunca fáciles– de mujeres que utilizaron su cuerpo como herramienta de trabajo de manera consciente, sometidas o alienadas.

Guadalupe Andrade, (entre 80 y 90) Nunca me gustó que me dieran órdenes. Una noche mi padre me dio una golpiza. A las 5 de la mañana, mientras dormía, me fui de mi casa, sin nada, sin zapatos. (...) Las mujeres servían a los hombres, nunca quise eso Tuve suerte en el negocio desde el primer día. Incluso empecé a robarles a los hombres”.

Las mujeres de la Casa X –recuerda de la Rosa– han sufrido violaciones, incesto, violencia física, han vivido en las calles, han pasado por hambre y frío, por la cárcel y la muerte de hijos, por adicciones, soledad, y el detalle de tener que acostarse con hasta veinticinco desconocidos diariamente. “Pero al preguntarles qué era lo que más las había hecho sufrir, me sorprendí con su respuesta: “lo que más me duele es el rechazo de los demás”.
Los testimonios –en primera persona– son desgarradores, pero sin golpes bajos: son historias reales, de personas verdaderas. Hay también lugar para experiencias, como la de Guadalupe González, que se acostó con un hombre por primera vez a los 25 –por sugerencia de un médico– y se prostituyó por voluntad propia con inesperado placer, según revela hoy a sus 70.
En Casa Xochiquetzal conviven prostitutas de entre 50 y 90 años que reciben techo, alimentos, ayuda médica y psicológica. Bajo el mismo techo duermen la mujer de un secuestrador, una rica venida a menos que no quiere reconocer que se prostituyó, una piadosa que caza clientes en la basílica de Guadalupe .
Venville tomó las fotos con una vieja cámara de placa. Sujetaba el disparador del obturador, buscaba su mirada o esperaba que revelaran algo en su expresión que me movilizara y disparaba. Hacía como seis tomas, expresaba mi gratitud y nos despedíamos”, revela, desde Londres, Venville. Mientras las mujeres se desnudaban delante suyo, “la cámara resonaba con ellas y las hacía sentir seguras”.


Raquel López Moreno.
Las razones del fotógrafo –que se gana la vida como director de cine y de comerciales– para embarcarse en este libro son ante todo estéticas. Al sur del Río Grande descubrió un color, que le estaba vedado en Europa y en los Estados Unidos. “Trabajar con el color ha sido siempre un problema para mí. En Occidente el color se ve como una debilidad, los europeos y los norteamericanos detestan color. La mayor parte de la fotografía artística todavía lo evita. En México hay muchas fuerzas invisibles y convergentes. Quiero pasar más tiempo ahí para hacer fotos, porque Occidente se homogeneiza”, intenta explicarse –con palabras que le resultan más esquivas que las imágenes– Venville.
El libro es un retrato de una realidad cruda, de un tabú viejo. “Es antropológico, artístico, documental o periodístico, depende de quien lo consulte”, opina De la Rosa.
No hay que equivocarse: la Casa Xochiquetzal no es una casa de retiro. “Es un refugio para prostitutas de la tercera edad que, en su mayoría siguen ejerciendo la prostitución y tienen clientes. La que menos cobra pide 4 dólares y la más cara, 23 dólares. Y sí, la sexualidad tiene muchos matices”, dice Amanda.


Cayetana Piñón Nava (67). Solía ser feliz (...) me enamoré y me casé. Después de que tuve tres hijos, empezó a maltratarme, no trabajaba y no me daba más dinero para la comida. Sólo quería sexo y que lo mantuviera. Vi a las mujeres del Mercado de la Merced y fui a la calle”.



¿Y cómo recibieron el libro estas mujeres?
En cuanto Malcolm me entregó el primer ejemplar, lo llevé a Casa Xochiquetzal. Me encontré con que Carmen ya no trabaja ahí, pues al parecer las mismas señoras la echaron. Hay una nueva coordinadora. Cuando pasaba las páginas, me decía: “la encontramos en la morgue… tiene esquizofrenia… se fue y no regresó… se agarró a golpes con otras señoras y la corrieron”. De las mujeres que posaron para el libro, sólo 5 ó 6 siguen en el refugio. Me dio gusto saber que Guadalupe – una descarada explotadora de hombres, se fue a vivir a Acapulco con su novio.


(fuente: "revista ñ" en línea, autor: Guido Carelli Lynch)

lunes, 3 de febrero de 2014

Sergio Solmi (1899/ 1981 )

Canto de mujer

Voz de mujer que se sabe no vista
tras cerrados postigos, canto ronco
agitado por lánguidos desmayos
y escalofríos bruscos, hecho
de vacías palabras que yo no comprendo.
Oh voz absorta, tempestuosa y dulce,
llena de sueños,
la que un tiempo raptaba navegantes
sobre los mares, canto de sirena.
Voz del deseo que no sabe si
quiere o teme, y jamás dice otra cosa
sino su oscuridad, su tembloroso
amor. Acaso la encendida carne
habla como tú, y, asombrada,
se escucha existir.


(fuente: "otra iglesia es imposible", trad. Vintila Horia y Jesús López Pacheco.)

sábado, 1 de febrero de 2014

EL PUERTO

a José Emilio


Emprenderás un viaje
a la noche, Ulises, el último
sin cura para tu incontinencia.

Sabes que llevarás contigo
antibióticos contra la lucidez
la oscuridad y el dolor.

Además de jeringas hipodérmicas
algodón y alcoholes cargarás
un atado con apuntes y bosquejos de cuerpos.

Querrás viajar en el estribo
de esa tarde, la única, la irrepetible,
la ensayada a solas.

Cabalgarás alrededor del escritorio,
la mesa, el techo de tu celda,
los barrotes de los años idos.

Antes de anotar en la libreta
el orden de goteros, yerbas
y analgésicos habrás llegado
a buen puerto.