miércoles, 30 de noviembre de 2016

Anne Sexton (1928/1974 )

La muñeca Dy-Dee



Mi muñeca Dy-dee
murió dos veces.
Una vez cuando arranqué
su cabeza
y la dejé flotar en el excusado
y otra vez
bajo la luz de la lámpara
cuando se derritió
tratando de calentarse.
Era una miseria
con su carita abrazando
sus pequeños brazos torcidos.
Murió en plena sabiduría de goma.


("otra iglesia es imposible", versión verónica zondek)

martes, 29 de noviembre de 2016

Eugenio Montejo (1938/2008 )

Pavana para una dama egipcia



Yo sé que un día aquí sobre la tierra
no estaré nunca más. Habré partido
como los viejos árboles del bosque
cuando los llama el viento. Y esto que escribo
no me lo dicta apenas una idea
pues ya se ha hecho sangre entre mis venas.

También sin meditar suelen los árboles
tener claro su fin. Como toda materia
guarda memoria de su nada póstuma.
No es preciso pensar para decirse
-cada cual a sí mismo- adiós por dentro.
Con ver las hojas en otoño basta;
con ver la tierra allá a lo lejos, roja,
flotando en el abismo, sin nosotros,
se aprende casi todo...

Yo sé que un día con tus egipcios ojos
me buscarás sin verme aquí en la tierra,
y no estaré ya más.
Y no es la mente quien me lo dice ahora,
sino en tu cuerpo donde puedo leerlo;
aquí en tus brazos, tus senos, tu perfume,
porque lo eterno vive de lo efímero
como en nosotros el dios que nos custodia
con tanto enigma en su perfil de pájaro
y su vuelo que siempre está a la puerta.


("otra iglesia es imposible")

lunes, 28 de noviembre de 2016

Mary Jo Bang (1946 )

Y como en Alicia


Ella dice que Alicia no puede estar en el poema porque
es solamente una metáfora de la niñez
y un poema ya es una metáfora
así que tendríamos una metáfora

dentro de otra metáfora. ¿Ven?
Asienten todos. Ven. Menos la chica
con la cabeza en la madriguera. Desde esta perspectiva,
su culito parece un panda blanco y negro

visto de atrás. Y de hecho tiene uno
en la parte interna del brazo.
Claro que tieso y sin vida.
¿Quién iba a atreverse a tener un oso de verdad tan cerca de la oreja?

Se pregunta por los posibles daños que podría sufrir
si cayera hasta el fondo de la oscuridad a través de la que mira.
Criaturas extrañas cantarían canciones en las que
sílabas curiosas le pondrían al final un sibilante punto final.

Tal vez los sonidos serían una forma de la luz que sisea.
Como cuando una morsa sopla
entre dos incisivos fracturados. Tal vez tomarían
la forma de una serpiente. Pero, de haber serpiente, haría falta un árbol.

¿Podría hacer crecer uno de una semilla? Y con otra, ¿podría hacer un gato?
Sentarlo en una rama y que volviera a desaparecer en cuanto le
dijeran que ese ruido feo que se escucha es el pensamiento racional
que golpea la puerta del bosque con un hacha.



("el placard", versión sandra toro)

domingo, 27 de noviembre de 2016

Uriel Martínez (1950 )

La anestesia


antes de que sea demasiado
tarde anoto en la agenda
del jueves: una mascarilla de pepino,
una película de crema como ese
par de medias de seda,
una cutícula de luna
en cada dedo, un barniz
en labios y un enjuague
bucal para olvidarte.

pero si esto no basta
entonces cogeré tizones
para la imagen de Narciso
en el estanque, en
el oído que escuchó tu nombre
y lo repitió ad nauseam,
en el dolor de los primeros días
que pasé anestesiado,
en el despertar cada vez
con el sexo en llamas.


[Inédito]

Eunice Odio (1922/1974 )

 Ion


¡Cuánto hacía que mi amor no la encontraba!
¡Ah, ciudad, mi ciudad!
Los muros que te pulsan, tu atareado rumor,
cuántas veces me rozaron el sueño.
¿Será verdad que hoy te regocijas porque vuelve
quien nunca estuvo ausente?
¿Crees, en verdad, que pudo irse, íntegro,
de ti, lo que era tuyo?
Yo te traía desde lo más lejano
y estabas ahí mismo, en mi garganta,
con tus torres, tu piel y tu caballo;
aquel caballo con la testa diurna
y el corazón al viento
que inauguramos juntos en el alba;
aquella piel, tu piel,
primera descendiente de la nube,

continuación clarísima del árbol.


(en muro fb hernán vargascarreño)

sábado, 26 de noviembre de 2016

Doris Lessing (1919/2013 )

Oh cerezos que son demasiado blancos para mi corazón



Oh cerezos que son demasiado blancos para mi corazón,
y todo el suelo blanquean con su muerte,
y todas sus ramas van a sumergirse al río,
y cada gota cae de mi corazón.

Si hay justicia en el ángel de los ojos que brillan,
va a decir “¡Espera!” y me va a alcanzar una rama de cerezo.
El ángel barbudo, justo y firme como una cabra
levanta una cabeza rumiante y mastica en la nieve con lentitud.

¿Hace falta, cabra, que te quedes acá?
¿hace falta que te quedes acá, quieta?
¿siempre vas a estar parada acá,
a prueba de fe, a prueba de inocencia?


("el placard", versión sandra toro)

viernes, 25 de noviembre de 2016

Alda Merini (1931/2009 )

Niño



Niño, si encuentras el barrilete de tu fantasía,
átalo con la inteligencia del corazón.
Verás aparecer jardines encantados
y tu madre se volverá una planta
que te cubrirá con sus hojas,
Haz de tus manos dos blancas palomas
que lleven la paz a todas partes
y el orden de las cosas.
Pero antes de aprender a escribir,

mírate en el agua del sentimiento.


("otra iglesia es imposible", versión j. aulicino)


A través de los árboles



Vos no lo sabés:
hay abedules que de noche
levantan sus raíces,
y no creerías nunca
que de noche los árboles
caminan o se convierten en sueños.
Pensá que en un árbol hay
un violín de amor.
Pensá que un árbol canta y ríe.
Pensá que un árbol está
en un barranco y luego se convierte en vida.
Ya te lo dije: los poetas no se redimen,
se los debe dejar volar entre árboles

como ruiseñores listos para la muerte.


(ídem, versión m. leites)

jueves, 24 de noviembre de 2016

Mario Ortiz (1965 )

Virginia



La ciudad del verano se vacía en invierno.
Si tuviera que pensarla en una imagen
diría que es un viejo que se ha encogido de reuma
o una niña jugando con la ropa gigante de su madre
y monta un teatrino en el momento ufano de la escena mayor
niña primma-donna de la ópera imaginaria
lady Macbeth con capelina como sombrero de mariachi

Vine a dar clase de Lengua y Literatura en la Escuela Media
porque no conseguían profesor.
Me dieron un departamento en un edificio completamente vacío,
el ascensor funcionaría solamente para mí
si no fuese porque prefiero la escalera para subir al 5° piso

Durante el invierno no importa verdaderamente
que el sol salga y se ponga en el mar como dice la propaganda
pero hoy levanto la vista de unos ejercicios de concordancia
hacia la ventana que quedó abierta
y veo a Lucianita con su abuelo sentados en la rambla
envueltos en una frazada violeta mirando el atardecer

dos líneas rojas: el verbo señala a un sujeto explícito
el mar violeta se funde con la frazada
otro ejercicio de concordancia
se ve poco
alcanzo a señalar un sujeto elidido
una penumbra morada comienza a invadir las cosas
cuando prendo la luz
la niña y su abuelo ya no están


("otra iglesia es imposible")

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Alberto Blanco (1951 )

Primer poema del desierto


Vuelan tan rápido

las montañas y el colibrí


que no se mueven


("portal de poesía")

martes, 22 de noviembre de 2016

Ramón Cote (1963 )

Cerezas & granizo



Todo sucedió en la primera semana de marzo
cuando por fin cayeron las cerezas.

Y no cayeron por maduras, por redondas, por rotundas,
cayeron por culpa del granizo y su inexplicable cólera.

Después de la tormenta, sobre la compacta blancura del parque
empezaron a brotar, aquí y allá,

mínimas manchas de color púrpura,
como si fuera el vestido nupcial de una novia apuñalada.

Fue tanta la prohibición de febrero y la excesiva codicia
entre las altas ramas las que provocaron esa avalancha de niños

a quienes no les importó cortarse los labios con esa nieve de vidrio
con tal de poder reventar su piel entre los dientes.

Cuando pasados los años alguien les pregunte
por el definitivo sabor que los devuelve a la infancia,

no dudarán en decir el sabor de las cerezas,
el sabor a venganza que tenían esas cerezas heladas,

y enseguida añadirán que todo sucedió un lejano marzo,
en su primera semana, después de una tormenta,

cuando el granizo del parque se fue tiñendo de rojo,
como después su vaho, como las puntas de sus dedos,


como también su memoria, desangrándose, ahora al recordarlo.


("marcelo leites")

lunes, 21 de noviembre de 2016

Eduardo Bechara (1972 )

La enfermera



Lo único bueno que tiene este cuarto
de hospital es Martica.

Entra con su uniforme
ceñido al cuerpo…

Sus ojos negros
entienden mi dolor…

Acomoda la cánula
en tus fosas nasales.

Detallo su piel oliva,
su cintura delgada,

la curvatura de sus nalgas…


("marcelo leites")

domingo, 20 de noviembre de 2016

Edgar Lee Masters (1868/1950 )

Washington McNeely



Rico, honrado por mis conciudadanos,
padre de muchos hijos nacidos de noble madre,
todos criados ahí,
en la gran mansión de las afueras del pueblo.
¡Fijaos en el cedro que hay en el césped!
Mandé a todos los chicos a Ann Arbor y a todas las chicas a Rockford,
mientras seguía mi vida ganando más riquezas y honores,
descansado bajo mi cedro al atardecer.
Pasaron los años.
Mandé a las chicas a Europa;
les di dotes cuando se casaron.
A los chicos les di dinero para empezar sus negocios.
Eran hijos fuertes, prometedores como manzanas
antes de que aparezcan las partes picadas.
Pero John escapó del país en desgracia.
Jenny murió de parto...
Yo seguía sentándome debajo de mi cedro.
Harry se quitó la vida después de una juerga.
Susan se divorció...
Yo seguía sentándome debajo de mi cedro.
Paul quedó inválido de tanto estudiar,
Mary se recluyó en la casa por el amor de un hombre...
Yo seguía sentándome debajo de mi cedro.
Todos estaban muertos o con las alas rotas o devoradas por la vida...
Yo seguía sentándome debajo de mi cedro.
Perdí a mi compañera, la madre de todos ellos...
Yo me senté debajo de mi cedro
hasta que redoblaron los noventa años.
¡Oh Tierra maternal que acunas las hojas caídas hasta que se duermen!



("otra iglesia es imposible",trad. jesús lópez pacheco y fabio l. lázaro)

sábado, 19 de noviembre de 2016

Luna Miguel (1990 )

Azor común



Ted Hughes escribió, a propósito de un azor, “yo mato donde quiero porque todo me pertenece”, sin embargo intuyo que el poeta no se refería exactamente a aquel rapaz, pues lo que mata cuando gusta, lo que destruye cuando se le antoja, lo que destroza cada cuerpo no es una simple ave antigua, sino el cáncer común.

Lo sé: la enfermedad anida en nuestros espejos.

Lo entiendo: y lavaré mi sexo con lejía. Frotaré mi sexo con lejía para que mis hijos nazcan sanos.

Accipiter gentilis… los ratones tiemblan bajo el rastro de tu vuelo,
los insectos tiemblan bajo el rastro de tu vuelo,
los dolientes tiemblan, pero ella sonríe,
¿has visto cómo sonríe?

Ahora aléjate.


("escrituras.indie")

viernes, 18 de noviembre de 2016

Giovanna Pallarolo (1952 )

Después de los 30


Dicen
que después de los treinta las mujeres
envejecen pronto
malhumoradas
sufren de males jamás pensados
no se resignan
y sufren comparándose con la rosa
marchita
pétalos caídos
belleza acabándose
o se resignan
y voltean los espejos
prefieren las veladas a media luz
huyen de las vidrieras
hasta de los charcos de agua
cuando hay luna llena.
Dicen
que después de los treinta las mujeres
aprenden a hacer el amor
y su ansiedad espanta
ávida de órganos
ninfómanas
son suplentes en camas ajenas
mujeres fáciles
o se empiezan a secar
asqueadas y temerosas
de sus deseos (ávidas, urgentes)
les falta hombre
comentan
putas reprimidas

es a la larga lo mismo. Así dicen.


(en muro fb daniel montoly)

jueves, 17 de noviembre de 2016

Jean Turpy (1957 )





Santos



Cristo que moriste en la cruz a los treinta y tres años

                                                                                                  sin haber fornicado

¡cuídalo!

Santa Teresa de Jesús que morías porque no morías

¡ampáralo!

San Arthur Rimbaud que fuiste poeta desde los siete años

                                                                                                o antes

¡protégelo!

Santa Perestroica de la Glassnot concebida por obra y gracia

                                                                                               de Mikhail Gorbachev

¡asístelo!

Santo el Enmascarado de Plata padre y Santo el Enmascarado de Plata hijo

¡no lo abandonen!

Santa María Sabina reina de la noche, los viajes y las jaculatorias

¡escóndelo!

San Jesús Malverde y San Heráclito Bernal que no se conocieron

                                                                                              pero hubiesen hecho buena pareja

¡socórranlo!

Santa Cachucha que fuiste utilizada como metáfora de burdeles

                                                                                             y nos observas con dulzura desde el cielo

¡auxílialo!

San Clodoveo que soportaste con resignación tu nombre

¡socórrelo!

San Jorge Bendito patrón de los zoológicos y las sociedades protectoras

                                                                   de animales y la psicología pavloviana

¡sálvalo!

Virgen de Guadalupe ofendida en el Museo de Arte Moderno

                                                                    que perdonaste al pintor pero no a los censores

¡ayúdalo!

San Gilles de Rais que amabas infantes hasta devorarlos

                                             pero nunca leíste a Jonathan Swift

¡ruega por él!

Santos que surgirán durante el siglo veintiuno de entre tantos pecadores

                                                                                                              y pecadoras

¡no lo desamparen!

Santos que omito nombrar porque la memoria es imperfecta, limitada

                                                                                                               y caprichosa


¡hacedle el paro!


("círculo de poesía")

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Lauren Camp (1967 )

Para el padre de las cinco niñas asesinadas en la cama



¿Qué edad tenían, tus niñas?

Cada una en su mundo, creciendo en sus propios campos y océanos,



el zigzag de sus cabellos castaños

sobre la almohada, sus dedos entrelazados



mientras dormían

juntas, en la misma cama, llevando sueños



hacia la oscuridad, esos serenos capullos blancos que atesoraban.

Oh, tus ojos heridos, tu alarido;



vivirás en el hueco de aquella habitación

con el pelaje de sus fotos, tu corazón



en vuelo, desde ya luchando contra

la forma líquida de la codicia,



una chispa de locura, nudo apretado a tu futuro.

Desprendimiento de la memoria y la razón.



Es obvio que no volverás a cantar

pero no emerjas de ese objeto del dolor



insultando y rechazando, por encima del gueto,

a las familias que te marcaron.



Otros pueden leer tu atrancado rostro

en esos días pesados, en cada sol



reluciente, en cada silencio.

Las hojas se aferran a los árboles en primavera.



Aquella noche llegó en tonos canela

y tamarindo; tus niñas…estaban dormidas.



La inconfundible imagen de sus pequeños cuerpos,

déjala que se bolle en el tuyo, que tus dedos



impriman cada uno de sus cabellos en tu pecho.

Ellas dormían, y tú debes despertar



bajo los largos ángulos de un cielo sangri-radiante.

Sin luminarias, solo la aterradora luz de esta pérdida.



Dime todo lo que sabes

sobre tus niñas. Dímelo todo,



y luego cuéntamelo otra vez.

Descríbeme la angustia que lleva tu esposa



cómo fueron coronadas, sus primeros llantos.

Su inocencia responderá.



Se fueron sin previo aviso, sin

el pinchazo de una partida.



Deja que se conviertan en mapas y lágrimas

en el fracturado puente de tu memoria,



¡oh, pero su piel, el dulce olor de la flor de su piel!

Menciónalo, en tu cuento de amor.


("círculo de poesía", trad. alain pallais)

martes, 15 de noviembre de 2016

Sharon Olds (1942 )

El gazal del moretón



Ahora en mi cadera un óvalo negro-y-azul se ha vuelto azulvioleta
como tinta en la cáscara de un gran
corte, doloroso como mordida de amor, demasiado
grande como para venir de una boca humana. Me gusta,
mi adorno en la piel – marco de oro, color de la envidia
adentro un camafeo, con tintes violeta
sobre él, el picaporte que mordió deja un púrpura
oscuro con movimientos como las temerosas patas
de un ciempiés. Cuento los días que pasaron, y los que faltan
para que se vayan los colores podridos y después
de a poco desaparezcan. Algunas personas piensan que ya
debiera haber superado a mi ex – quizá
incluso yo misma pensé que lo superaría un poco más
para estos días. Quizá superé a medias a quien él
era, pero no a quien yo pensaba que era, y no superé
la herida, repentino golpe mortal
que parece venir de ningún sitio, pero que vino del núcleo
de nuestra vida compartida. Dormí ahora, Sharon,
dormí. Incluso mientras hablamos, el trabajo se está
haciendo, por dentro. Naciste para sanar.
Dormí y soñá – pero no con su regreso.
Ya que no lo lastima, herilo, en tu sueño.


("malón malón", maver y foglia, versión)

lunes, 14 de noviembre de 2016

Josefa Parra (1965 )

Más razones para la escritura


Que inmensa la tristeza de un cuerpo que has amado,
qué abandono tan cruel su peso entre las sábanas
señalando inequívoco las ausencias futuras:
la muerte, el desamor, la enfermedad, el tiempo.
Perfecto en su belleza de un instante. Inasible.
No hay modo
de retenerlo así. Ni las palabras
podrían suspender esa condena
de la fugacidad: escribe y calla.
Que un verso lo sostenga en el vacío,
que milagrosamente se eternice
cuanto vas a perder.
No es suficiente
que hayas amado mucho y hasta el fondo.
Antes de que la luz se apague, escribe.
Escribe, escribe,

simplemente escribe.


("rua das pretas")

domingo, 13 de noviembre de 2016

Uriel Martínez (1950 )

La enmascarada


Me dijeron permanece en casa
y no te muevas antes
de que llegue por ti
Calixto el mancebo.
Si te gana el sueño
duerme, apaga el móvil
nosotros te avisamos
pronto.
No asomes al balcón
no abras la puerta
vienen los predicadores
a calentarte.
Abre un libro, toca
con yemas ardientes
el piano, las cuerdas
de guitarras.
No mires a nadie a los labios
a los ojos no prestes oídos
no regales anillos
un día vendrá enmascarada.


[Inédito]

sábado, 12 de noviembre de 2016

Moya Cannon (1956 )

Olvidar los tulipanes


Hoy, en la terraza, señala con su bastón y pregunta:
«¿Cómo llamas a esas flores?».
De vacaciones, en Dublín, en los años sesenta
compró los cinco bulbos originales por una libra.
Los plantó y los fertilizó durante treinta y cinco años.
Los hizo crecer, los dividió,
los almacenó en el galpón sobre alambres tejidos
listos para plantar en hilera,
corolas rojo y amarillo intenso:

tesoro transportado en galeones
desde Turquía a Amsterdam, tres siglos antes.
Ahora en abril se balancean con un viento de Donegal,
encima de las delgadas hojas de los adormecidos crisantemos.

Un hombre que cavó surcos derechos y que recogió negras plantas
[de grosellas,
que enseñó a hileras de niños las partes de la oración,
tiempos y declinaciones
debajo de un mapamundi de tela cuarteada;
al que le encantaba enseñar la historia
de Marco Polo y de sus tíos que, desalineados,
volvían a casa al cabo de diez años de viaje,
tajeando entonces el forro de sus abrigos
para dejar caer los rubíes traídos de Catay;

ahora, perdiendo primero los sustantivos,
está de pie junto a su cantero de flores y pregunta:

«¿Cómo llamas a esas flores?».


("el poeta ocasional", versión jorge fondebrider)

viernes, 11 de noviembre de 2016

Santiago Espinosa (1985 )

Soliloquio de un raspachín


Con estas manos

planto semillas de viento.

Espero su floración

de limbos pardos

antiguos como el suelo.

Las hojas son los rostros

de los niños sin descanso

creciendo en la selva,

estrellas o corales

olvidados

que silban entre los árboles.



Desayuno. Pienso en el padre

de los lunes

frente a un pocillo roto,

repaso cicatrices.

Limpio las hojas secas

sobre una tablilla,

en calma,

como el que lava un aluvión de oro

en lo profundo de su casa.



En la semilla está el sol negro

de los puertos,

respirando a la distancia.

El viento llega a los bolsillos de la noche.

Recorre plazas que no conozco, avenidas desiertas.

Tiendas donde se paga una promesa

en la oficina de recaudos.

Descansa en la furia de las llaves,

traza dos líneas de fuego en la repisa del bar.

Construye palacios y destierra casas viejas,

casas de rejas blancas junto al espejo del lago.



Mi oficio es el oficio de mi padre.

Cuido la sal, el puño, mido los cristales,

espanto de mi casa pajarracos negros.



Con estas manos


he cosechado tempestades.


("círculo de poesía")

jueves, 10 de noviembre de 2016

Graciela Perosio (1950 )

a las 15,30 de un domingo
en la esquina de Gurruchaga y Honduras
un muchacho toca la flauta traversa
suavísima música se abre paso
entre paseantes y turistas
tras la cabeza del ejecutante, el cielo azul

venimos de comer en el restaurante de los sufíes
El Señor bendiga a los verdaderos amantes
rúcula con nueces, jenjibre y menta
panes morenos con pasas
arroz verde con brotes de arveja
queso de cabra y castañas
café con chocolate y canela
El pan sobre la mesa no vive
pero dentro del cuerpo se vuelve
espíritu de la alegría
Su trasmutación tiene lugar
dentro de un alma
nacida en el paraíso

el sonido de la flauta se desliza
por mis brazos, asciende
la brisa se engolfa
en los paraísos floridos
y desde su espuma grisácea
nos alcanzan oleadas de perfume

la vida, a veces, ofrece
instantes perfectos
para que nos inunde  
la añoranza


("marcelo leites")

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Theodore Roethke (1908/1963 )


El vals de mi papá



El olor a whiskey en tu aliento
podía marear hasta a un niño;
pero yo estaba aferrado a ti como la muerte:
porque bailar ese vals no era fácil.

Nos movíamos hasta que las sartenes
cayeron desde el estante de la cocina;
mientras el rostro de mi madre
no podía dejar de fruncir el ceño.

La mano que tomaba mi muñeca
tenía los nudillos magullados;
y a cada paso del baile que perdías
mi oído derecho arañaba la hebilla de tu cinturón.

Marcabas el compás sobre mi cabeza
con la palma de la mano endurecida por la suciedad,
entonces me llevaste a la cama bailando vals
mientras yo aún colgaba de tu camisa.


("otra iglesia es imposible", trad. diana dunkelberger y marcelo rioseco)

martes, 8 de noviembre de 2016

Charles Simic (1938 )

Una silla


Que no puede evitar crujir de noche
como si una araña
descendiera
por un hilo
para colgar sobre ella
haciendo que la silla
se estremezca
asustada


("si le ha fallado la suerte", ed. cal y arena, méxico, 2015, trad. rafael vargas)

lunes, 7 de noviembre de 2016

Tulia Guisado (1979 )

Infierno


Los hombres buenos dilucidan,
elucubran, toman decisiones.
Me abren las vías en la muñeca,
en la yugular, las arterias, la boca,
la vagina, la nariz, la uretra.
Me abren las piernas,
me abren los brazos,
me abren el pecho,
me abren los ojos,
el cuello, la tráquea,
los pulmones,
la piel.


Y no me matan.


("emma gunst")

domingo, 6 de noviembre de 2016

Uriel Martínez (1950 )

Las huellas


en tu maleta cabe el mapa del pueblo que abandonaste días antes; lo que ya no cabe es la ciudad olvidada a donde llegas, los parques habitados, los muertos que los recorrieron, reconocieron e identificaron.

en la valija que arrastras llevas anotado el croquis de tu casa, el cesto de ropa sucia, la balsa en que duermes, el retrete donde te abstraes del mundo; pero aquellos que te desvelaron ya no vienen, ni van, ni regresan; simplemente se eclipsaron.

si extraviaras la maleta, la valija, el mapa, el carnet de identidad, las huellas dactilares de zapatos, calcetines, ropa de algodón, la frecuencia cardiaca, tus proyectos, la luz que reposa al fondo de ti, los pasos por andar; no sé, no sé, no sé.


[Inédito]

sábado, 5 de noviembre de 2016

Sharon Olds (1942 )

A último momento


De repente, a último momento
antes de que me llevara al aeropuerto, se levantó,
tropezando con la mesa, y dio un paso
hacia mí, y como un personaje de una de las primeras
películas de ciencia cción se inclinó
hacia adelante y hacia abajo, y desplegó un brazo,
golpeándome el pecho, y trató de abrazarme
de alguna forma, yo me levanté y nos tropezamos,
y después nos quedamos parados, alrededor de nuestro núcleo, su
áspero llanto de temor, en el centro,
en el nal, de nuestra vida. Rápidamente, después,
lo peor había pasado, pude consolarlo,
sosteniendo su corazón en su sitio, desde atrás,
y acariciándolo por delante, su propia vida
continuaba, y lo que lo había
unido, alrededor del corazón – unido a él
conmigo– ahora descansaba en nosotros, a nuestro alrededor,
agua de mar, óxido, luz, fragmentos,
los pequeños espirales eternos de eros

aplanados a la fuerza.


("salto del ciervo", pdf, trad. patricio foglia y natalia leiderman)

viernes, 4 de noviembre de 2016

César Cañedo (1988 )




Rostro cuir



Hay pájaros que nacen
con el pico en la cola,
con el nido en los huevos,
con el vuelo en reversa.
Yo nací, además,
con el rostro torcido
y la cicatriz abierta.
Éste es mi cuerpo
que será derramado
por vosotros.
En pedacitos
Chuequito
Jotito
con retazos de burlas
de despedidas
de fracasos.
Pegándome versos
donde me falta pelo,
mordiéndome el rabo
donde me falta escroto,
pelándome el chile
donde me sobra rabia.
La misericordia me llegó del culo
y me encendió las noches
en que mi cuerpo
incompleto
mi legado
incompleto
mi rostro
incompleto
mi amor
incompleto
mi nombre
incompleto
se encarnaban de la diferencia.
Las miradas repulsivas
los silencios de familia
la penitencia, acaso
por no nacer como debía nacer,
lo llevo a cuestas, a cogidas,
a carcajadas incrustadas en la espalda.
Pesan lo que han pesado
las íntimas sagradas perversiones
que vomitan familia y no se borran.
Rechazado
antes de cualquier réplica
exiliado de la simetría
y del sonido estéreo
del aguzar oídos
parar orejas
¿oyes?
¿no oyes cómo ladran el patriarcado
y el mercado
y todo lo que termine en censura?
¿Quién le teme a la diferencia?
Desde los cuerpos,
desde los afectos,
desde los placeres,
desde elegir cambiar de sexo,
desde romper banderas,
incinerar siglas,
clausurar arcoíris.
No será suficiente
fracasar la memoria
reinventar el amor
rabiar la pérdida.
Habrá que ostentar la diferencia
desvestir las ropas nuevas del emperador
paladear lo torcido
y anhelar los finales infelices.
He aquí mi rostro cuir
y su tersura.
A mi siniestra azufre
y pista de baile,
a mi costado
látex lubricante
a mi detrás
la estirpe que balbucea
el llanto de ser libres e incompletos.
Debajo y arriba se abre
un infierno que iguala a cuentagotas.
Un volcán que ruge la tambora
desnuda un corazón y lo amamanta
la sirena y arpista de los cielos
enredadas las cuerdas
en el sexo de varón
inmaculado.


("rostro cuir", ed. mantra, méxico, 2016)

jueves, 3 de noviembre de 2016

Adélia Prado (1935 )

Pistas


No puede ser una ilusión fantástica
lo que nos hace domingo tras domingo
visitar a los parientes, insistir
que así es mejor, que un buen
empleo es medio camino andado.
No puede ser verdad
que tanto afán excave en la insolvencia.
Hay vuelos maravillosos de ave,
aviones tan bellos reposando en los campos
y lo que es piadoso en el muerto:
no su sexo marchito,
sino sus manos empeñadas sobre el pecho.



("huellas en la ciénaga", versión josé francisco navarro)

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Rodolfo Hinostroza (1945/2016 )

Con una camioneta llena de chicos soñolientos...



Con una camioneta llena de chicos soñolientos
Regresamos a Lima la tarde del Domingo
Cuando la luz declina y en retrovisor
Se desdibujan pueblos polvorientos
Encallados como paquebotes en el desierto humeante
Y de pronto avistamos el mar enrojecido
Mis hijos se despiertan balbucientes, nos tocan sus manitas temblorosas
Y la felicidad, salvajemente, nos roza con sus alas

Dó están ahora, amigo mío,
Los crepúsculos metafísicamente atormentados de París
Dó mi psicoanalista
Que hurgaba con un palito mis llagas purulentas
Hasta hacerlas sangrar rojos fantasmas
Dó las mujeres espléndidas y locas
Que apasionadamente disputaban
Mis despojos de poeta perdido entre dos siglos
Desamparado y cínico

Se han hundido en la bruma de los días
Las ocasiones desaprovechadas
Los viajes minuciosamente desolados
Los poemas que no fueron escritos
Las reconciliaciones perdidas para siempre
Las ambiciones que no fueron colmadas
Los hijos abortados sin un grito

El pasado me asalta sin un ruido
Desde el fondo del Misterio Inmenso e Insondable
Y sin melancolía se queda atrás tirado
Entre dos luces de la carretera
Que avanza sin detenerse
Así como crecen mis hijos implacablemente
Y mi vida se llena de sentido
Mientras regreso a Lima la tarde del Domingo
Con un puñado de niños soñolientos,
Quemados por el sol, sucios de arena,

Con huellas de divinidad en las narices…


("vallejo & co")

martes, 1 de noviembre de 2016

Giorgio Bassani (1916/2000)

Llego mi madre no está bien...


Llego mi madre no está bien telefoneo al primo
médico rápido presto a
declararse en pijama
agarro el auto voy
y helo allá debajo justo que llego ya me espera
en corbata delante del umbral de su rosada rozagante
vetusta casa de campo

¿Qué diablos decirse después de casi treinta años
en los que no nos hemos visto?
Nada comprometido ni demasiado
íntimo naturalmente
y así durante el breve
tránsito de casa a casa no nos decimos
casi nada.

Me percato sin embargo mirándolo de reojo cómo en un cuarto
de siglo se las ha ingeniado increíblemente
para parecerse a mi padre médico también
-pero a ratos perdidos- de cabecera
Tiene los mismos -me digo- frágiles pómulos
los mismos finos cansados un poco violáceos
labios neuróticos los mismos
cartílagos amarillentos
emplea la misma idéntica paciente sumisa
ironía hebrea.

Insiste entretanto en guiarme de callejuela en callejuela
en la sombra con la dulzura un poquito burlona
del citadino que se encuentra por casualidad conduciendo al ilustre
huésped forastero
la dulzura también del viejo que acoge al casi tan viejo
o quizá del que difunto desde mucho tiempo antes

se apena del otro.


("caína bella", versión jorge aulicino)