lunes, 31 de mayo de 2010

EL COLOR DE LA DEMOCRACIA

Encuestas van y encuestas vienen y aunque hasta la última semana de mayo ningún sondeo saca del pozo al candidato que, dice Quique el Gavilán, representa al crimen organizado, los criminales se pasean por el municipio en patrullas con el logotipo del Ayuntamiento, en camionetas lujosas del partido y visten uniformes "camuflados" de los cuerpos de seguridad.
Son delincuentes que instalan sus propios retenes en los que realizan detenciones arbitrarias, que amagan a ciudadanos con armas de alto poder, con la avenencia, según esto, de la autoridades del municipio; delincuentes que desvalijan a los que se cruzan en su camino, aunque no portan equipo de radiocomunicación sino móviles Nextel, detalle que evidencia que vehículos, uniformes y armamento son ajenos a las autoridades municipales. Malandrines además, afirma Quique, que por el tono del habla y corte de pelo exhiben su origen norteño, ya Nuevo León, ya Sinaloa. Así de genéricas y ambiguas son las dudosas impresiones que tiene un militante del partido en el poder.
Entonces, Quique, ¿qué asociación delictuosa apoya y financia a tu candidato, qué cartel simpatiza con el abanderado que lleva una ventaja próxima al 30 por ciento; y cuál célula o bando delincuencial està del lado del aspirante a gobernador por el albiazul? Porque es innegable que si a un seguro perdedor, el ocupante del último sitio en los sondeos de las más conocidas empresas encuestadoras, es financiado por el más conocido de los capos del país, es lógico que detrás de cada postulante esté una agrupación de delincuentes; ¿o es válido suponer que detrás de los cuatro postulantes por distintos partidos o coaliciones está el mismo cerebro, el mismo capital, el mismo delincuente?. Quique pela los ojos para aseverarme que con su candidato no hay nadie con la llave abierta del capital, que sólo cuenta con la partida que reciben a través del Instituto Estatal Electoral, es decir más que los fondos de la democracia,del pueblo. ¿De qué color es la democracia, Quique?

domingo, 30 de mayo de 2010

EUGENIO MONTALE

Poema 5 de "Xenia" II
traducción: Horacio Armani

Del brazo tuyo he bajado por lo menos un millón
de escaleras
y ahora que no estás cada escalón es un vacío.
También así de breve fue nuestro largo viaje.
El mío aún continúa, mas ya no necesito
los trasbordos, los asientos reservados,
las trampas, los oprobios de quien cree
que lo que vemos es la realidad.

He bajado millones de escaleras dándote el brazo
y no porque cuatro ojos puedan ver más que dos.
Contigo las bajé porque sabía que de ambos
las únicas pupilas verdaderas, aunque muy
empañadas,
eran las tuyas.

(poema tomado de "E.M., antología", Compañía
General Fabril Editora, Buenos Aires, 1971, Col. los Poetas)

sábado, 29 de mayo de 2010

EL DESVÁN DE LA MEMORIA

El escritor Severino Salazar murió intestado, agosto de 1985, pues omitió nombrar a los herederos de sus bienes materiales -cuentas de ahorros, pensiones, propiedades y biblioteca, pero no de sus bienes intangibles, ya que nombró a su hermana menor albacea de sus obras intelectuales: libros de cuentos, novelas y noveletas (obras que también dejó de registrar), sus apuntes de viajes de sus años sábaticos en el extranjero y una novela, al parecer concluida, acerca de un cantante de música vernácula. Obra que Severino rumió y masticó durante, no sé, tres o más lustros, además de un tríptico que confió a leer a amigos para conocer su opinión, con un título y subtítulo, "Paisajes imposibles (o La danza de los ciervos)", acerca, claro,de la religiosidad del hombre, como su demás obra publicada en vida.
Gracias al autor de "Llorar frente al espejo", encontré un garbanzo de a libra en la obra completa del compositor y cantante Juan Gabriel, de quien Severino afirmaba que su metáfora poética más rescatable era: "Querida, no me ha sanado bien la herida."
Me dice su hermana-albacea que no podrá entregar al mercado editorial la novela sobre el cantante "El Gallo" sino hasta después de la muerte de su madre por los detalles y pormenores presentes en la obra.
Aquí cabe una precisión: cuando aparece publicada la primera novela, "Donde deben estar las catedrales" (1984, ed. Katún), ésta desata una reacción en cadena entre la familia del escritor por la familiaridad con la que se abordan detalles de alcoba que, según ellos, debieron quedar entre los secretos 'mejor guardados' en el desván de la memoria o en el sótano de los estigmas.

viernes, 28 de mayo de 2010

AGOSTO

Louise Glûck
Traducción: UM

Mi hermana se pintó las uñas fucsia,
un color nombrado después de una fruta.
Todos los colores fueron nombrados después que los alimentos:
café helado, sorbete mandarina.
Estamos sentadas en el traspatio, aguardando resumir nuestras vidas
en la cuesta del verano interrumpido:
triunfos, victorias, por los que la escuela
fue una especie de adiestramiento.

Las maestras nos sonrieron al prendernos las cintas azules.
Y en nuestras mentes les sonerímos a las maestras.

Nuestras vidas fueron conservadas en nuestras mentes.
Ellas no habían comenzado; ambas estaríamos seguras
que lo sabríamos cuando sucediera.
Ellas ciertamente no eran así.

Estamos sentadas en el traspatio, revisamos los cambios
en nuestros cuerpos:
primero el broche brillante, luego el bronceado.
Yo unté aceite para niño en mis piernas; mi hermana
aplicó acetona en su mano izquierda,
probó otro color.

Leímos, escuchamos la radio de pilas.
Evidentemente esto no fue la vida, esta sensación en torno
de las coloridas sillas del jardín.

domingo, 23 de mayo de 2010

EXTRAÑA

Pattiann Rogers
Traducción: UM

Permití que la gata perdida de un desconocido
entrara en casa. Llevaba un cascabel
y cargaba consigo el extraño
sentido de sí misma, investigaba las premisas,
la intención, la inquietud, vagando debajo
de fregaderos y agujeros de ratón con telarañas
en armarios de escaleras, en ocultos
escondrijos del sótano, saltaba a la salvaje
luz solar del cedro y al movimiento del roble
desde el umbral de la cocina, ella y su cascabel,
al volcarse a lo largo de pretiles y orillas del trinchador,
al deslizarse suave por las jarras de jengibre en el mosaico
sobre la chimenea, alrededor de la exquisita
cerámica de Pierrot, el San Francisco
tallado en piedra.

El sonido de su cascabel, de ruido suave,
suave como su movimiento, se convirtió en el primer
cascabel vivo del colchón, el único
conjunto de cascabeles entre el arcón y el cofre moldeados
en la atmósfera estática del desván,
el único matiz del tañido que se introdujo en las silenciosas
alacenas, en los pilares de barandales apagados.

Frunciendo, arrugando la felpa de colchas
y cojines estampados, de pronto se detuvo
en nuestro sofá de terciopelo para echarse,
informe y alargada, una bolsa deshuesada
de somnolencia pura. Callado y tranquilo,
el cascabel se volvió el tañido silencioso
de su sueño tan sagrado y armónico
que renunció al nombre de su anfitrión.

Ya partió y ahora nadie aquí
es totalmente el mismo, nadie está exento
de infección de gata, traslación de gata, rincón
y vigor de gata. La cabecera de la mesa
es un pedestal de gata; el fleco de la cortina,
cordeles, marcos adornados, son presas de la gata.
La veta de madera de paredes se mueve

Como el movimiento líquido de la gata al enrollarse
en los cordeles vacíos. Y la ventana
exterior donde la gata se encaramó
brevemente, incluso el nido del pinzón que observo
ya no es autónomo, al ser,
además, pinzón en los ojos de gato,
el único pinzón que un gato puede ver.

Los pasillos y los ecos
de mi casa, modelada por el gato regalado
e ido, labran al gato perdido y recobrado.
Inesperado reordenar la llegada curiosa
la próxima vez, lobo, mariposa, perezoso, babosa,
espectro, viento...

jueves, 20 de mayo de 2010

SUPONGAMOS

Supongamos que ni los reyes magos
se acuerdan de tu cumpleaños;
que ni la navidad advirtió
tus poros cerrados...
Imaginemos que el frío
sopla sobre tu pelo, mueve
tus párpados inertes y desprende
la cutícula de manos y pies...
En silencio, como una coartada
perfecta, la noche invade
tus mañanas como el alcohol
las heridas permanentes...
Despacio, como los decesos
sin importancia, la noticia
como el gas de uso doméstico
se esparce, se expande
y satura pulmones y tráqueas...
Mientras desciendes a la fosa común
de las últimas planas de los diarios,
alguien se percata que el crematorio
guarda tu resuello último.

miércoles, 19 de mayo de 2010

LA VIDA SIN CABLENET

Como un acto simbólico, el pasado 31 de diciembre cancelaste el servicio de televisión por cable (Megacable) para, de esta manera, iniciar el año nuevo sin tanta programación de basura y sin demasiada información oficial, que de todos modos se te cuela por la chimenea, los visillos de la cerradura, la radio y en la calle todo el año y toda la vida. Claro, el enemigo ya lo sacaste de casa, crees de una forma ingenua.
Antes de tomar nota de la cancelación, la empleada te solicitó anotar en una hoja membretada los motivos de tamaña decisión; y anotaste: me purga el menú con demasiados predicadores en pantalla; me repatea que a las dos de la mañana encienda la caja y sólo aparezcan puntitos blancos y negros en la ventana; me pudren los canales con comerciales las 24 horas del día; me ofende la cancelación -sin previo aviso- de estaciones dedicadas al arte y la cultura y la multiplicación de aquellos dedicados al fútbol, béisbol, box, lucha libre, telenovelas, videorrolas y los malditos payasos desgraciados y desangelados del canal 9.
¿Algo más que desee agregar? Me conmociona llegar cada mes a hacer fila detrás de dos clientes que llegaron primero que su servidor y perder, irremediablemente, mínimo 45 minutos; que me incrementen la mensualidad sin previo aviso; que acuda a pagar al banco y que me cancelen el servicio cuando pagué oportunamente y todavía quieran conbrarme recargos; que la señal de internet siempre esté "baja", "muy baja" o "sin señal", sea fin de semana, puente o la madre; que se vaya la imagen si sopla viento, si vuela una paloma o si estornudo cerca de los cables.
Luego la empleada te manda a casa bajo promesa de que el servicio será cancelado.P ero no ocurre así. Frenético llamas a la procu del consumidor y te dicen que tienes que llevar a Megacable una solicitud escrita con copia para que la firmen y puedas externar tu queja con un comprobante. Y así lo haces. De nuevo la empleada te dice que te cancelarán si pagas el servicio de los días transcurridos y otra comisión por atender tu solicitud de cancelación. En ese momento le extiendes ambas cantidades y te dan un papelito de suspensión unilateral del servicio. Llegas a casa y estrellas la maldita caja contra la pared, aunque la empresa jamás regresa a tu domicilio a retirar el cablerío que estorba en donde lo veas; y aunque estés fuera de casa, recordar los pinches cables, negros y crema, te da purgación.
Hace cinco días desapareció de la faz de su rancho, en Querétaro, el Jefe Diego Fernández de Cevallos, que todos soñábamos que llegara a los Pinos antes que E. Zedillo Ponce de León. Pero no fue así, otro enigma más de nuestra bendita política. Los hacedores del Evangelio televisivo, o sea Televisa, determinaron en reunión interna de consejo "suspender toda información hasta que haya un desenlace", se supone que oficial, aunque los cadáveres entran en descomposición si no se resguardan a determinada temperatura en alguna gaveta, refri o hielera.
Y aunque desde fines del año anterior cancelé el servicio de tele de paga o restringida, tengo la alternativa de sintonizar por TvAzteca la magra información sobre el hombre de puro y barba a que nos tienen acostumbrados los blanquiazules; o consulto en internet los diarios extranjeros que se escriben en mi idioma o cualquier otra lengua romance de raíces semejantes a mi lengua. Por último, me queda la alternativa de la radio o consultar el blog de alguna medium, cartomanciana o cabalista semejante a aquella mujer que contrataron para localizar los huesos de Manuel Muñoz Rocha, la famosa Paca.

domingo, 16 de mayo de 2010

SIRENA

Louise Glûck
traducción:UM

Me convertí en un criminal cuando me enamoré.
Antes de eso yo era una camarera.
No quise acompañarte a Chicago.
Me quería casar contigo, quería
Ser tu mujer para sufrir.
Quería tu vida para ser como un juego
En el que las piezas fueran piezas deplorables.
¿Se comporta una buena persona
Al pensar así? Merezco
Fe por mi valentía-
Me senté en la oscuridad en tu porche delantero.
Para mí todo estaba claro:
Si tu esposa no te permitía ir
Eso probaba que te amaba.
Si ella te amó
¿No querría que fueras feliz?
Ahora pienso que
Si ella se sintió menos yo sería
Una persona mejor. Yo era
Una buena camarera.
Podía llevar ocho bebidas.
Me acostumbré a contarte mis sueños.
Anoche vi a una mujer sentada en un camión oscuro-
En el sueño ella lloraba, el camión en que se iba
Arrancaba. Con una mano
Hacía señales; con la otra remaba
En una caja de cartón llena de niños.
El sueño no rescata a la soltera.

sábado, 15 de mayo de 2010

EL HOMBRE MÁS RICO DEL MUNDO

Cada mes el hombre más rico del mundo viene a casa a tocarme en la ventana con sus nudillos seguros y varoniles, son tres golpes discretos pero firmes como corresponden a su importancia de clase mundial. Cuando me asomo para corroborar su presencia esperada, él ya se ha ido aunque lo adivino por la estela que deja su loción inconfundible y la cantidad a pagar por el contrato que firmamos por el servicio telefónico y de internet con tarifa fija y número de llamadas preestablecidas.
Aunque invariablemente el recibo expira los días 25 de cada mes, el exitoso hombre de negocios me entrega el documento que avala nuestro convenio a principios de mayo, en este caso, o en junio, el mes entrante y así sucesivamente. Él quiere asegurarse que jamás será desplazado del primer puesto a escala mundial ni por el mítico Tío Rico Mac Pato, ni por Bill Gates ni por cualquier otro potentado de primer mundo y de riqueza dudosa.
Gracias al contrato que mantengo con él, he recibido llamadas de mujeres vencidas por la soledad y el alcohol a altas horas de la madrugada a quienes he aclarado que marcaron un número equivocado, que no son horas de equivocarse sino de retomar el sueño, antes de colgar y encender luego la luz roja de la contestadora, donde se grabará un discurso incoherente y cargado de reproches a un presunto amante que las mandó al carajo
Reconozco que mi contrato incluye el privilegio de charlar con desconocidos que usualmente marcan en las tardes para preguntarme por la familia y los parientes extraviados en la distancia de otros países, enclavados al norte de mis ventanas. Antes de que prosigan con su interrogatorio indirecto y no siempre sutil, me les adelanto para aclararles que no tengo familia y es el momento en que cuelgan, con la certeza de que marcaron a un sitio equivocado, a casa de alguien acaso no susceptible de extorsión.
También gracias a este documento, mantengo y alimento el privilegio de que se ocupen de mí desconocidos candidatos a puestos de elección popular que saben que existo y que mi voto cuenta. De antemano saben que si son agraciados con mi decisión de apoyarlos, para el entrante otoño podrán incrementarme impuestos, alcabalas y se olvidarán, mareados por el poder de la democracia y las urnas, de promesas y campañas. Me mandarán al cabrón en suma.
Admito que merced a mi contrato, ventajoso para el Tío Rico del siglo XXI, colaboro en el mantenimiento del estatus de privilegios para unos cuantos, producto del capitalismo salvaje que mantiene en la jodidez a millones como yo y otros que siguen este discurso de fuerza dudosa y credibilidad ídem. Reconozco que estoy al tanto de que sus tarifas telefónicas y de servicio de internet son de las más altas del mundo, pero ni modo: me gusta ser cumplido con mis compromisos y para ello me sobo el lomo.
Cada treinta días tocan a mi puerta, luego que se ha despedido de mí el hombre más rico de este país, el casero, el repartidor de gas y el de pizzas, el chofer del camión de la basura, el de los refrescos, el de la tierra para macetas, el vendedor de seguros, el del plan previsor Hernández, el predicador del Apocalipsis, la señora que hará una reliquia a San Juditas y otra al Vaquerito de Plateros, el encargado de revender celulares extraviados, la chica del INEGI, el padrote de la esquina, el de los quesos, las gorditas, las jaulas para los niños, el de los cachitos de la Lotería, el cartero, el que entrega los recibos de JIAPAZ, de la CFE, la cartomanciana y la vecina que si tengo cambio de un billete de 500 o una taza de azúcar. Y así cada ratito hasta que opto por cambiar de domicilio, identidad y estatus.

miércoles, 12 de mayo de 2010

ECOS

Me coloco los anteojos
para ver la ciudad
a la distancia, la noche
y el viento crepitante.
Me retiro los catalejos
del tabique nasal
para reflexionar en nada,
en nadie.
Me inserto pupilentes
debajo de cada párpado
para escuchar los secretos
revelados muy noche.
Me despojo los oídos
para oír el silencio
de cobijas y sudarios
que cubren cuerpos yertos.
Me acomodo y afino el olfato
para respirar la tierra
que aún gira sobre
su eje ebrio.
Taciturno agarro la tinta
por las axilas y la arrojo
a las paredes. Así
descifro, de nuevo, el silencio.

martes, 11 de mayo de 2010

LA MASCOTA DE SEVERINO

para Antonio Marquet
Bluish fue un gato que acompañó a su dueño hasta sus últimos días. Mejor dicho, uno y otro vivieron y envejecieron juntos, aunque el ciclo vital del felino sea más breve y discreto. Creo que en 1985 el que sería su amo vivía en la Unidad Habitacional Aragón, en la ciudad de México y el gato aún no llegaba a su vida. Tampoco cuando vivió cerca del Parque Hundido ni en la temporada que estuvo en Santa María la Ribera, en un departamento con poca iluminación y deficiente ventilación.
Ese felino, Bluish, existió para mí cuando su propietario ya vivía en la unidad El Rosario. Cada vez que yo llegaba de visita, procedente del norte, me topaba en la puerta del departamento 302 con Severino y a un lado la mascota. Como todos los felinos de su especie, Bluish se daba a entender con su presencia: con las garras limaba el tejido de tule de la mecedora ("¡Cabrón gato que no entiende!", expresaba su dueño), o arañaba por ocio la cubierta de piel del sofá, antes de recibir un regaño a cambio de ese arranque de libertad o capricho. En ese entonces, 1995, el felino tenía una caja en el cuarto de lavado, donde hacía sus necesidades y las enterraba según las indicaciones y su propio instinto le señalaban. A un lado de la cocina, donde su amo le servía ya el atún, ya las croquetas, ya el agua. Era cuando Bluish, dócilmente, permitía que su amo lo cepillara para evitar la pelambre esparcida aquí, allá y acullá.
Creo que fue a fines del siglo pasado. Un día que estaba de visita, había llegado del lejano Torreón, y esa mañana estábamos en la sala el minino, su propietario, el amigo de éste y yo. Esperábamos de un momento a otro la llegada de la señora del aseo, que asistía dos veces a la semana. El departamento se ubicaba en un tercer piso y eran alrededor de las once. Bluish
empezó a bufar como si se sintiese amenazado. Corrió a meterse entre las patas de la mecedora. "Ya viene Yolanda", observó el amigo quien además, aclaró, cuando ella se queda sola con el gato, lo amenaza y amedrenta. Aunque nadie oía sus pasos al ascender las escaleras hasta la entrada del 302, Bluish la olía y la escuchaba. Hasta que metió la llave en la cerradura superior, supe que era cierta la reacción del minino.
A medida que el cáncer de próstata se volvió metástasis, es decir se propagó por músculos y tejidos del organismo del amo, Severino tomó la determinación de darle vacaciones a Yolanda, con el pretexto de atenderse de un "malestar", primero, y luego con el argumento de su año sabático. A medida que el cáncer se extendió, sin él saberlo, Bluish empezó a tornarse rebelde y a mostarle las garras y colmillos a su dueño, quien externaba sus quejas al que quería oirlo: a mí, a su amigo -con quien viajó a España, Francia y Portugal durante el año sabático, 1994-, y al resto de su familia cercana.
Sería entre marzo y julio de 1995, antes de su deceso el 7 de agosto, entre diálisis, aplicaciones de dosis cada vez mayores de morfina, con miras a mitigar el dolor, e ingresos repentinos en el hospital, que se decidió el destino de Bluish. Fue llevado y alojado en alguna bodega de la universidad (UAM-Azc*), pues en ese tipo de espacios abunda toda clase de roedores, arácnidos y alimañas de los que se alimentan las mascotas como nuestro héroe. Hecho que acaso permitió descansar a su amo, al encontrarle una salida natural y lógica a quien le hizo compañía por doce o quince años, en la recta final de la vida.
*En esa unidad de la UAM Severino Salazar fue profesor de tiempo completo y donde no le alcanzó la vida para jubilarse. Ahí, en su alma mater vio publicados varios títulos de su obra literaria.

lunes, 10 de mayo de 2010

CANCIONES

Cathal O'Searcaigh
Traducción: UM

(i)
Sus brazos fuertes, su cuerpo adolescente
vinieron a mí en un destello de la memoria
y como una hoja de diamante, que cortó mi frente

de arriba a abajo. Y quizá yo habría cumplido
mi deseo, si hubiese abierto la boca, desnudado
mis intenciones,
contado mi secreto cuando tuve la oportunidad...

Todo lo que ahora puedo hacer es sólo
tenerme a mí mismo en mi recámara. Sueño
con tus manos lejanas más valiosas que diamantes.

(ii)
Él no me ama y nunca lo hará,
el muchacho maravilloso que sólo quiere
muchachas.

Él se acostaría conmigo, hombre con hombre,
y más tarde se comportaría como si nada
hubiese ocurrido.

Esta noche hay un anillo de lluvia
alrededor de la luna.
Ningún anillo en el mundo puede casarme contigo.

sábado, 8 de mayo de 2010

SÁBANAS PARES

El frío viene del norte con una cauda
que guarda púas para torso y espalda,
lumbago para ancianos y tos de fuego
para gargantas tiernas.
El sol desciende a plomo en escalera
improvisada de yute, ixtle y vellos
intangibles de un adolescente vencido
por su propia soberbia.
Con dificultad para su pausada respiración
las calles y avenidas pasan inertes
y maquilladas con un esplendor de petróleo
en aliento, párpados y boca.
Desde el ángulo que se observe, callado
el tren desciende la cordillera de la ciudad
y recorre moroso la pelvis, el ombligo,
los duros pechos y labios crueles.
Mientras esto sucede en callada sucesión
de postales, calendarios y naipes poseídos
por la sed de tinta, mudo de dos en dos
las sábanas de algodón y poliéster- sólo
por si vuelves.

viernes, 7 de mayo de 2010

LA VIDA CON ALFILERES

Rogelio Luévano tenía un coche al que llamaba Palomo y al que, cuando empezaba a fallarle, le hablaba en voz alta y con un tono amable, para que el otro atendiese. Al igual que los hombres de campo a sus caballos, él le decía piropos a su VW para que éste no lo dejara atascado a medio camino, cuando iba a los ensayos de La noche de los asesinos, ya en la Casa del Lago en Chapultepec, donde hizo los trazos iniciales y, junto con el elenco, el trabajo de mesa, ya en Coyoacán, donde se hizo temporada.
No era la primera vez que Rogelio llevaba a escena la obra del cubano José Triana, ya anteriormente la había montado en el lejano Torreón, en sus inicios en el quehacer escénico. Pero las obsesiones del hombre, le digo bajo la higuera, son a veces fijaciones de toda la vida, escenas que se repiten una y otra vez en el recuerdo; repetición que a veces adquiere dimensión de pesadilla, recurrente como una enfermedad que periódicamente se manifiesta; o una depresión; o un amor loco, sin ataduras.
Rogelio tenía un coche blanco de origen europeo que se trajo desde el remoto Torreón. De ahí el nombre de Palomo que, si así se quiere, hacía referencia indirecta a las letras de Cuco Sánchez y José Alfredo Jiménez. Así como los hombres criados en el campo les hablan a su caballo favorito mientras los cepillan y les dan de beber, así Rogelio lo bañaba con franela y cubeta mientras le platicaba cosas secretas que sólo se le confían a un caballo o a un coche que ya son parte de nuestra historia (real o sentimental, para el caso es lo mismo.)
Un día que Luévano regresaba de los ensayos en el sur de la ciudad -en ese entonces era vecino del director de teatro Julio Castillo-, era una noche lluviosa, se le emparejó el coche de un desconocido que había bajado la ventanilla para avisarle a Rogelio que perdería una placa (la trasera), si no la fijaba con tornillos o soldadura. En ese momento éste se percató que hacía días él había pensado lo mismo: soldar la placa o amacizarla con tuercas y tornillos. Provisionalmente, Luévano la había "afianzado" con un clip, como muchos llevan la vida prendida con alfileres. Cuando me lo contó, le dije que lo considerara como un aviso de sus dioses protectores o del ciego Tiresias, que puede predecir el futuro sin ver el entorno inmediato. Pero ya había perdido la placa de circulación.
En ese entonces, recién separado de su primera mujer, estaba en circulación profusa el álbum de John Lennon y Yoko Ono, Doble fantasía, que Rogelio Luévano se había llevado de Torreón a la ciudad de México, donde ya vivía.

miércoles, 5 de mayo de 2010

SIN AMARRAS

De noche, como un mar presentido,
mi cuerpo se desgaja en olas
que tenues acarician indiferentes
peñascos, húmeda arena.

En el sueño, mi organismo
recobra su temperatura ambiente,
la humedad original, la sangre
propicia de mi especie.

De madrugada, uñas adentro
mi sed deja el espanto,
sin amarras las aristas de mis poros
asumen la quietud primigenia.

Antes del alba la cárcel
que me contiene es un cristal
moldeado con la armonía
del caracol y una concha cóncava, sucesiva.

En la palma de mi mano,
al despertar, conservo rastros
de tus belfos sedientos,
temblorosos de nuevo, como mis poros.

martes, 4 de mayo de 2010

DANGER, EL NOBLE

Era un perro pastor alemán de porte distinguido y, como animal noble, tenía un sexto sentido para olfatear a los seres humanos como acaso sólo lo tienen los animales que se han criado al lado del homo erectus. A diferencia de otros seres de su condición de domésticos, este perro era escandaloso como su nombre, pero su porte le exentaba de reproches pues fue guardián de su amo y los dominios de éste. Danger vivió en la cabecera municipal de Valparaíso -hablamos de un lugar cuna de artistas y ganado de lidia; de un sitio con vocación exportadora o expulsora de mano de obra-, donde murió envenenado como han muerto a lo largo de la historia familias ilustres en los albores de la filosofía, la Rusia zarista y otros personajes cercanos a Medea, la que sacrificó a sus hijos.
Como animal de origen noble, los antepasados de nuestro protagonista han sido motivo de relatos de autores brasileños, Machado de Asís, norteamericanos, Patricia Highsmith, colombianos y peruanos, o paisanos como Juan Rulfo, Elena Garro y Hugo Argûelles. Intervienen en la sabiduría popular a veces de manera perversa: "Perro no come perro", de forma despectiva en el terreno de la política: "Agarró hueso", como metáfora pedestre: "Se ayuntaron como perros"; incluso han sido razón de corridos: "El perro negro", de José Alfredo Jiménez; y apodos como El Perro Aguayo", héroe del pancrasio y oriundo de la región de los Cañones.
Pues bien, cuentan los que lo conocieron, que Danger tenía un olfato especial para identificar a los habitantes de aquel lugar, Valparaíso; así, les gruñía a hombres y mujeres como les hacía fiestas a otros; correteaba a unos y les penduleaba el rabo a otros. Hasta que un día Martín el artista lo envenenó, harto de las hostilidades del cánido que a la menor provocación se le iba encima. Esto que aquí expongo no es de mi fantasía, lo supe por un cronista lugareño y autor de un volumen de anédotas pintorescas, de nombre Mateo.
Pasó mucho tiempo, hablamos de antes del 2 de octubre de 1968, para que mi confidente le preguntara a Martín el artista si Danger le gruñía y perseguía al cura del pueblo, que se ancló por meses y años en la misma parroquia de la cabecera municipal. Martín confesó que sí porque el cura era somético, como el propio autor y brazo ejecutor de la muerte por veneno del noble animal, incansable perseguidor de monjas, vagos, malvivientes y currutacos del pueblo en cuestión, cuna del pintor Manuel Felguérez.
Estamos sentados en los poyos del Jardín Independencia, llamado también de los "pájaros decapitados", Toni -un profesor de danza folk- y yo, en amena cháchara una tarde cualquiera. En el momento que considero adecuado, le pregunto si será posible que un can pueda intuir u olfatear a los homosexuales y mariquitas, al grado de perseguirlos ferozmente. Toni se ríe de mi pregunta y me rezonga que nunca en la historia de la ciudad y pueblos circunvecinos se ha dado un caso como el que se refiere aquí, como el de Danger en Valparaíso. Dice, sin conocerlo, que Mateo mi informante está loco de atar; y Toni se zangolotea de la risa, con una estruendosa carcajada que le hacer vibrar la dentadura nueva e integral.

DEJÉ EL CIGARRO

Dejé el cigarro encendido
sobre la colcha oscurecida
donde reposaste tu cansancio
de medio siglo.

Derramé el vaso precioso
del silencio en la almohada
donde se levantaron
caracoles de humo, sofocados
y silencios.

Corrí el zipper que unió
los labios como voto obligado
a tu ausencia.

Donde el ombigo se vuelve
precipicio sediento, coloqué
brasas de hielo para no
olvidarme.

Donde el insomnio reclama
tu cuerpo, arrojé baldes
de tequila, agua, café y mezcal,
pero ni así.

domingo, 2 de mayo de 2010

EL PODER DE LA PALABRA

Aquel domingo hice un viaje relámpago a Fresnillo, distante una hora de camino, donde compré una boina para el invierno venidero y un regalo que llevaré a una amiga de México en los primeros días del año, cuya madre es devota de la Virgen de San Juan de los Lagos, a la que año con año visita en su santuario. De regreso y por decisión propia hice una escala en Calera, población ubicada a medio camino entre Fresnillo y mi casa. Ahí comí y al abordar el camión de regreso, vi en los asientos contiguos a Sarah, casada con el hijo sordomudo de un conocido -en el pueblo todos nos conocemos- que viajaba, supongo, con su querido, que la traía abrazada como sólo se entrelaza una pareja de distinto sexo en un sitio expuesto.
Como no la reconocí de inmediato pues sólo la he tratado superficialmente cuando paso a recoger algún diario o revista publicados en la capital, le fijé la vista más de lo usual. Cuando me contestó el breve saludo de cejas, al tiempo que nos reconocíamos, desvié la vista de ella y su pareja, que no era el sordomudo, hijo de mi amigo y proveedor de publicaciones periódicas.
Durante el trayecto de regreso, con una duración aproximada de treinta minutos máximo, me demoré en el hecho recién revelado: Sarah es madre de un niño de escasos cuatro o cinco años, que no nació con las dos facultades ausentes del padre. Entonces ella necesita "enseñarle" o "descubrirle" el mundo al hijo, inculcarle el sonido de cada objeto, de cada ser vivo de su entorno pues el padre carece de la capacidad, del privilegio del oído y de la voz, de la designación de las acciones que ejercen los seres vivos.
Ella, Sarah, fue educada en un mundo "normal", en un universo "completo": fue mimada, orientada, sancionada y -acaso- castigada cuando dio motivo para ello -además así es el transcurso de la infancia en casa y otros sitios equivalentes como el colegio, la doctrina, las fiestas y reuniones infantiles, etcétera-. Así entonces transcurre la niñez, pubertad, adolescencia y juventud. Con sus compañeros, amigos y novios sucesivos aprendió Sarah a expresarse con palabras de afecto distintas, incluso con críticas y querellas, a las empleadas en casa con vecinos y parientes. Pero no con el padre de su hijo, quien sustituye el habla articulada con ruidos de garganta, mímica y gestos del rostro, con silencios prolongados mientras se ilustra el discurso con manos, brazos y piernas para indicar una acción o las consecuencias de ésta.
Aquí caben dos paréntesis, pues hace ya años que Martín, el primer sordomudo que conocí, para más señas mi pariente, al hacer una síntesis de un hecho o una acotación al final de un suceso o episodio familar, agregaba: "Teto kato". Cuando su interlocutor, un tío u otro conocido consanguíneo lo escuchaba, volteaba a ver a alguien de la casa y repetía el dicho final de Martín: "Teto kato", como admitiendo la acotación y rubricando el hecho con el mismo sello de "recibido". Entonces el otro, el que había preguntado que cómo estuvo el asunto, sólo levantaba los hombros para subrayar algo así como: "Bueno, así es la vida."
El segundo paréntesis se refiere, ya pasados algunos años, a un vecino también sordomudo que se casó con otra sordomuda, que pronto fueron padres de un varoncito que poseía ambas facultades: el oído y la palabra. En la primera ocasión que tuve, le manifesté mi asombro al escritor Juan Villoro, que había ido a Torreón. Su explicación hizo que yo dejara atrás mi cara permanente de "what": también hay enanitos que tienen hijos normales, o viceversa.
Pero mejor regresemos a Sarah. Entonces ella, la esposa y la madre, observa un comportamiento lógico: busca complementar su educaciòn sentimental de mujer y mamá con otro hombre, aquél que posee el don de la palabra amorosa. No me refiero a un poeta cursi ni a un declamador grandilocuente ni engolado, como aquellos que a veces viajan en el camión de nuestro destino, o en la corrida de tren a San Pedro de las Colonias, para granjearse el sustento, sino simplemente a aquél que le procure al oído la frase de oro: "Sarah, te amo."

sábado, 1 de mayo de 2010

ROGELIO LUÉVANO

Para mí, el verano pasado se dividió en antes y después de asistir a un encuentro de escritores en un punto del norte del país. Con excepción de la ceremonia inaugural, que se efectuó en un teatro del centro, el resto se realizó en los patios de un museo.
Como nunca en varios meses, quizá en sesenta o más, disfruté el corte de higos antes de lavarlos y pelarlos para llevarlos a la boca. Fueron días de lluvia y sol: al mismo tiempo o escalonados, como se prefiera.
Recuerdo el penúltimo día, sentado al lado de Esther, participante en el suceso cultural, bajo la sombra de una higuera. Sostiene la sabiduría popular que cuando un guerrero reposa al pie de este árbol, llega una tranquilidad interior que induce al sueño. Así como hay árboles, le explico a Esther, que llevan a la locura o al enhechizamiento, digamos la mandrágora, otros conducen a una paz beatífica, como la higuera, cuya leche aleja las nubes indeseables de mosquitos. Aquí cabe un paréntesis pues el libro en verso, Martín Fierro, afirma que "árbol que da leche produce mala sombra", así que la excepción confirma la regla.
Bajo su sombra, le platico a Esther la breve charla que sostuve con el poeta subyugado por el síndrome de Down. Ambos regresábamos de la tienda de la esquina, donde él se compró un refresco y el de la voz una cajetilla de tabaco flip-top.
Señalando las nubes cargadas de agua esa tarde de verano, le dije a Felipe que en mi pueblo hay un dicho: "Ahí viene el agua por los cerritos/ que se me mojan mis becerritos." En respuesta, él me contesta con una observación: "Rimado". Entusiasmado por su réplica, le despliego dos dichos más de mi repertorio de infancia: "Ahí viene el agua por la ladera/ que se me moja mi calavera", lo que provoca su misma réplica natural: "rimado". Entonces, ya encaminado en mi calor natural (37 grados Celsius), le declamo el tercero: "Luna, luna, dame una tuna,/ la que me diste se me cayó/ en la laguna."
Para darle otra vertiente a la plática, Felipe me confía que la primera semana del mes siguiente vendrá a mi pueblo, a una fiesta familiar, con mamá, recientemente aquejada del mal de Alzheimer, un trastorno frecuente y progresivo en las diferentes clases sociales.

Esther se levanta en dirección a la mesa del café, galletas y bocadillos, mientras yo continúo bajo la higuera, ensimismado en la nada, como cuando a alguien no le falta ni le preocupa el mundo, ni el entorno ni el silencio. Aunque la mesa alargada y dispuesta para el receso (coffe break) de los participantes está copada por parte de éstos, pueden ser las once de la mañana o las 16 horas, pasado el mediodía, espero. Mientras, veo aparecer a mi lado a Rogelio Luévano que, callado, se sienta en la silla disponible que abandonó Esther.
Rogelio viste la ropa habitual que porta desde siempre, cuando se prepara para salir a los ensayos de El rey Lear: pantalón de manta, el jorongo color arena -parecido a la llama peruana en su textura- y los zuecos de años y años -hablo de la década de los 60 del siglo pasado-, los que acostumbra desde que hacía teatro en Torreón, al lado de Virginia Valdivieso. Su llegada silenciosa y el acomodarse en la silla a mi lado, me lleva a otra imagen. En el momento de levantar el gabán antes de pasarlo por su abundante cabellera, y de espaldas a mí, alcanzo a ver la faja, cosida a la cintura del pantalón de manta: faja que, al parecer, cumple la función de absorber un brote permanente de pus. Escena que permanece en aparente olvido en algún punto del disco duro que todos tenemos, acaso, en el alma. No le pregunto qué está leyendo porque sé que últimamente, digamos de cuatro años a la fecha, analiza la tragedia Antígona y la lucha que ella libra en los últimos tiempos a raíz del entierro simbólico, con intermitentes puñados de tierra, de su hermano Polínice. Parte de sus obsesiones se centran en el número de personajes que integran el coro, dato que no precisa el autor, Sófocles. Tampoco lo cuestiono de por qué su intención de desempolvar La noche de los asesinos, que hace añales se montó en los inicios de su incursión teatral en Coyoacán -ya fuera de casa de sus padres y de su primer hogar edificado y desmantelado en Torreón, como un espacio escenográfico, después de concluida la temporada, de apagadas las luces y bajado el telón. Como yo no le digo nada, él se concreta a pasarme la palma de la mano, primero sobre la pana del pantalón, a la altura del muslo y luego por la espalda y nuca, antes de decirme: "Ay Martínez, Martínez, si tú supieras." Me dispongo a contarle la aparición reciente de un dramaturgo deshauciado en televisión, con sondas en las fosas nasales, lo que me parece el colmo de un "reality show" que ya lleva, por lo menos, una década, pero en ese momento regresa la poeta Esther con dos vasos de café humeante y un envoltorio de galletas y bocadillos que, callada y sonriente, me extiende. Asì transcurre el día, cargado de nubes que presagian demasiada humedad, con intervalos de sol, bajo la higuera.