jueves, 19 de octubre de 2017

César Cantoni (1951 )

Gente de letras


Sálvame, Señor, de los poetas,
de los críticos literarios,
de los académicos de la lengua,
de los profesores de Lengua y Literatura,
de los ilustres literatos,
de los escribidores...
Y, sobre todo, de mí mismo,

sálvame, Señor.


("rua das pretas")

miércoles, 18 de octubre de 2017

Amaranta Caballero (1973 )

I


Hay un hombre al que le gustan
los poemas chiquitos
como los pezones de algunas mujeres.

El hombre se reinventa a sí mismo
contándose una historia cada vez
mientras el cuerpo le tiembla un poco
bañado de constelaciones.

Nunca se desorienta
por eso ve claramente desde su sitio
un Sol que se oculta a sus espaldas.


("alforja, revista de poesía", no.xx, primavera 2002)

martes, 17 de octubre de 2017

Luis Alberto Arellano (1976/2016))

Suite Bollard

I
Celebra los idus de marzo
no temas el puñal en tu costad
que la victoria es siempre una pequeña venganza
la muerte secreta libra al niño de su padre
solitario aprendo mi piel en jirones escritos
vivo al tiempo de los dragones
y se inmola mi santa santa
qué más da este precipicio o aquel otro
si la lluvia es sólo agua
el berrinche eterno de un corcel gracioso
la figura soñadora de una gacela desnuda
tirada en la cocina de mis entretelas
agua y sólo lluvia
el filo de las navidades sentada en la porción más recóndita de mis almenas
y gira la bola amarilla con un corcel verde
y gira la mano alrededor de tu cintura
entregada a los meandros de tus pechos
y el fino estilete de tus pezones surcando el espacio más íntimo
agua y sólo agua
las mentiras de una putidoncella acariciable
la revuelta de mis sentidos más lejanos
el absoluto mirar de una bola amarilla con un corcel verde.


("alforja, revista de poesía", no. xx, primavera 2002)


No mire a sus espaldas/ no hay nadie
No camine a sus espaldas/ no hay nadie
No entienda las voces a sus espaldas/ no hay nadie
No finja conocer el barrio a sus espaldas/ es de Nadie
No mire de frente a los hombres a sus espaldas/ se llaman
Nadie
No esconda sus plumas en el puño cerrado a sus espaldas/ el
muro es de Nadie
No escriba su nombre completo a sus espaldas/ es lectura de
Nadie
No escuche consejos de viajeros a sus espaldas/ es tierra
de Nadie
No pague con billetes en público a sus espaldas/ nada es el
valor de Nadie
No vaya a lugares públicos a sus espaldas/ el festejo es de
Nadie
No se quede en casa sólo a sus espaldas/ lo visitará Nadie
4
No encienda aparatos electrónicos durante el despegue a sus
espaldas/ el vuelo lo pilota Nadie
No recline su asiento antes de que se encienda la luz roja
a sus espaldas/ caemos por culpa de Nadie
No registre su teléfono a sus espaldas/ es trabajo de Nadie
No espere detrás de la puerta a sus espaldas/ la escucha es
para favorecer a Nadie
No intente esto en casa a sus espaldas/ usted vive en casa
de Nadie
No discuta cuando le pidan sus objetos de valor a sus
espaldas/ Todo pertenece a Nadie
No exponga a sus hijos al fuego a sus espaldas/ la materia
es porosa como Nadie
No se deje al alcance de los niños a sus espaldas/ la
precaución es objeto de estudio de Nadie
No conteste el teléfono a cualquiera a sus espaldas/ su
posición en el mapa es saber de Nadie
No camine por calles sin iluminación a sus espaldas/ la
oscuridad es premisa de Nadie
No finja que sabe la respuesta a sus espaldas/ la pregunta
la formula Nadie
5
No negocie con terroristas a sus espaldas/ no tiene permiso
de Nadie


("caja negra. efecto nocturno", pdf)

lunes, 16 de octubre de 2017

Alicia Silva Rey (1950 )

Razas



primero Marguerite D., luego su traductora, Alejandra,
hablaron del palacio
de la soledad: "No les disparen a los fantasmas", dijeron,
"no le disparen al viento" como en una escena de cowboys
en el palacio de la soledad; cómo situar palacios
de soledad en Haití -filibusteros; ejércitos
de Napoleón- víctima de negros africanos
dirigidos por un tal Toussaint Loverture, negro

cómo, en Haití, sin hacienda, mujeres abusadas
y el culto fetichista de las serpientes (ellas y yo
amamos nuestros palacios de soledad); no Puerto Rico,
la más culta de las Antillas, húmeda perla, colonial,
ni Cuba "la más hermosa que jamás ojos vieron"
controladas por la Union sólo
en lo que atañe a su luz,
su espacio material e inmaterial,
su puerto el más vasto de América,
su catedral en la europea Habana
que guarda (ca. 1913) el sepulcro vacío de Colón


("otra iglesia es imposible")

domingo, 15 de octubre de 2017

Salvador Novo (1904/1974 )

Soneto


Escribir por que sí, por ver si acaso
se hace un soneto más que nada valga;
para matar el tiempo, y porque salga
una obligada consonante al paso.

Porque yo fui escritor, y éste es el caso
que era tan flaco como perra galga;
crecióme la papada como nalga,
vasto de carne y de talento  escaso,
¡Qué le vamos a hacer! Ganar dinero
y que la gente nunca se entrometa
en ver si se lo cedes a tu cuero.

Un escritor genial, un gran poeta...
Desde los tiempos del señor Madero,
es tanto como hacerse una puñeta.


("alforja, revista de poesía", no.xx, primavera 2002)

sábado, 14 de octubre de 2017

Elkin Restrepo (1942 )

No conviene volver una y otra vez



No conviene volver una y otra vez sobre lo mismo
No conviene que te encierres en tu sordo, desgastado canto
Y, otra vez, derrotándote, hagas de ti tu propio enemigo.
No conviene que cargues el corazón con el peso de tus
Soledades y vacíos
Ni conviene que el dolor y la sombra te hechicen.
No conviene que tu pena sea más joven que tu esperanza

Ni conviene tampoco que tus palabras valgan más que tu silencio.


("no me quites paz")


Anita Eckberg



En Roma, eso ahora lo comprendes,

el verano se convierte rápidamente en olvido,

en hojas secas, en una sensación dolorosa.

Las aves ya no chillan o chillan de manera distinta

en las canoas de los viejos palacios,

y en las calles otra luz desmorona el oro de la vida.

Las cosas (tus cosas) parecen diluirse

en un sueño confuso.

y la desdicha llega a casa

y se instala como un viejo amante.

Sientes que esto es nuevo en ti,

un mensaje apenas recibido, una derrota.

En las afueras del Coliseo,

los escasos turistas rezagados se pasean,

y las terrazas de los cafés están vacías,

y las limosinas de las condesas

y los ricos norteamericanos

ya no abochornan el tráfico romano.

La ciudad también, como tú, ha perdido algo,

su juventud, su fuego, su íntimo regocijo,

y sobre la fachada de las edificaciones,

de los palacios restaurados,

la humedad, el tiempo que pasa y no vuelve,

ensaya un nuevo color,

cubre de moho y silencio el vasto material de los días.



Pero Roma es eterna,

y tu dolor, apenas una sensación nueva,

una primera derrota.

Tu dolor para el cual, ya lo sabes, no existe


bálsamo o sabiduría alguna que lo alivie.


("círculo de poesía")

viernes, 13 de octubre de 2017

Safo (630 aC/580 aC)

Cuando la alegre fiesta



Ven a mí desde Creta hasta este sacro

templo; donde, en tu honor, una arboleda

amable de manzanos; donde altares

perfumados de incienso;



agua fresca murmura aquí entre ramas

de manzano, y umbrío está de rosas

todo el recinto, y de la fronda trémula

un sopor se desprende;



y el prado que apacienta a los caballos

copioso está de flores primaverales; soplan

aires de olor a miel…



Aquí, pues, tú, chipriota, coronada,

en copas de oro, delicadamente,

escáncianos el néctar ya mezclado

cuando la alegre fiesta



("rima interna", trad. de juan manuel macías)

jueves, 12 de octubre de 2017

Horacio Castillo (1934/2010 )

Dice Eurídice


La ansiedad me dominó, y luego la inquietud, cuando supe que venías: horror de que me vieras así, con este tocado de sombra, el pelo sin brillo -el pelo, que el sol no se cansaba de dorar. Terror también de que no fueras el mismo -el que permanecía en mi memoria-
y al mismo tiempo curiosidad por ver de nuevo un ser vivo.
Hace tanto que nadie venía por aquí,
tanto que nadie se llevaba un alma o un perro,
que cuando oí tus pasos y tu voz llamándome,
cuando por fin te estreché, más que a ti estaba abrazando a la vida.
Después tu calor me condensó, me secó como una vasija,
y caminé por el sombrío corredor
otra vez con aquella máquina atronadora dentro del pecho
y un carbón encendido en medio de las piernas.
Caminé de tu brazo, imaginando ya la luz,
los árboles junto a los cuales caminábamos,
aquella habitación llena de espejos
donde flotábamos como dos ahogados.
Hasta que de pronto tu paso se hizo nervioso,
tu pensamiento se espantó como un caballo,
y vi que tratabas de desprenderte de mí,
de librarte de la trampa de la materia mortal.
"No te vayas -supliqué- no me dejes aquí,v déjame ver de nuevo las nubes y el sol,
suéltame por el mundo como una potranca tracia."
Pero tú ya corrías hacia la salida,
y durante siete días y siete noches oí cómo llorabas,v cómo cantabas en la ribera del río infernal
nuestra vieja canción: "Lo lejano, sólo lo más lejano perdura." 


("cuadernos orquestados")

miércoles, 11 de octubre de 2017

Hilario Barrero (1946 )

Correspondencia



Compras en un mercado de la calle Catorce

cartas de amor con olor a lavanda,

de seguro trazo y emocionado tono,

que otros apasionadamente se escribieron

y que atadas con una cinta roja

todavía conservan de franquicia

el perfil victorioso del nuevo dictador.

Una historia secreta, lejana y misteriosa

de un imposible amor, ya ceniza su fuego.

Mientras la excavadora de tus ojos

enturbia la clausura de la tinta

y el azadón furioso de tus manos

avanza perturbando la escritura

tú sabes bien que nunca lograrás

para las tuyas ni mirada piadosa

que preserve la hiel de tus acentos

ni comprador alguno interesado.

Tu vida, no lo olvides, es un acto

continuo de escritura maldita.



("el cultural")

martes, 10 de octubre de 2017

Sophia de Mello Breyner Andresen (1919/2004 )

Fernando Pessoa


Tu canto justo que desdeña las sombras
Limpio de vida viudo de persona
Tu valiente atreverse a no ser nadie
Tu navegación con brújula y sin astros
En el mar indefinido
Tu exacto conocimiento que nada posee

Crearon tu poema arquitectura
Y eres semejante a un dios de muchos nombres
Cariátide de ausencia exento de destinos
Invocando la presencia ya perdida
Y diciendo sobre la fuga de los caminos
Que fuiste como hierba no recogida


("cara lusitania, poetas portugese contemporáneos", ed. aldvs, méxico, 2010, trad. francisco cervantes)

lunes, 9 de octubre de 2017

José Luis García Martín (1950 )

Oración



Cada vez anochece más temprano y ese simple hecho, al que debería uno estar acostumbrado, me llena de melancolía. Camino por calles apartadas, al margen de la rutina, me cruzo con desconocidos, me vuelven de nuevo los fantasmas de la adolescencia. Uno de esos fantasmas me saluda con tímida cortesía y me sugiere que le acompañe. Lo que ocurrió después ya lo he contado muchas veces, demasiadas, y resulta fácil de adivinar.

            De camino a casa, recordé un poema de Carver: “A la edad que tú tienes, / casi toda la gente que admiras ya había muerto; / a la edad que tú tienes / ser un superviviente es un milagro / (como a cualquier edad, por otra parte) / y dormir como tú duermes, / de un tirón la noche entera /  casi todas las noches, un milagro aún mayor. / Agradéceselo a un Dios desconocido / y que tal vez no existe, / pero que siempre te ha mirado con amor, / pídele que siga sosteniéndote, / alto sobre el abismo, / por algún tiempo más / con su mano de ausencia y niebla y nada”.


("café arcadia")

domingo, 8 de octubre de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Ese día



Antes que termine el último
otoño llevaré en la maleta la imagen
no olvidada de ti, de mi y de lejanas
playas sin sol;
Después que hayan cerrado
las cicatrices de frida, sylvia, marilyn
y mariana de alcoforado, buscaré
esquinas, avenidas y bocacalles olvidadas;
Aun después de cerradas puertas.
tragaluces, bóvedas y quemacocos
de ciudades derruidas, ahí llegaré
en pos de olvido;
De equipaje sólo llevaré diazepam,
vendas antiguas, agua oxigenada,
aspirinas, alcohol y ungüentos
naturales;


sé, lo sé de antemano, que ese día vendrá.


[Inédito]

sábado, 7 de octubre de 2017

Helen Mort (1985 )

Nombres comunes


En algún lugar, hay una araña llamada Harrison Ford,

otra especie se conoce como Orson Welles. El océano está lleno

de caballitos de mar que toman sus nombres de campeones deportivos.

Por encima de nuestras cabezas, una solitaria avispa Greta Garbo levanta el vuelo.

Cada día, alguien adopta una orca o compra

un pedazo de luna sólo para llamarlo Bob y ayer por la noche,

observando meteoros que navegan dando tumbos a través del cielo Grasmere,

tú me dijiste que hay planetas menores bautizados

Elvis, Nietzsche, Sr. Spock. Así que perdóname si levanté la vista

por encima de tu cara, para ver de cerca esas gotas plateadas

que forman los ríos en la oscuridad y, por un momento,

llegué a pensar que habría estrellas con nuestros nombres.


("El poeta ocasional", versión carlos alcorta)

viernes, 6 de octubre de 2017

Stefan Ivanov (1986 )

Primeras nieves


Cerca de Nevski las hojas son
del color de la cúpula y de mi cabello.

El fuego al Soldado Desconocido
sigue esperando un cigarro gigante.

Los travestis de la plaza Makedonia
otra vez me dijeron solecito.

Volví a casa en taxi

y aguardé en silencio al insomnio.


("el poeta ocasional" s/c al traductor)

jueves, 5 de octubre de 2017

Yolanda Pantin (1954 )

24 horas en la vida de una mujer


Se levanta
se peina
se lava
llena de agua un tarrito
se viste
se arregla
se calza

besa a quien quiere

sin fuego
sin vida
sin alma
se acuesta
se duerme


("de sibilas y pitias")

miércoles, 4 de octubre de 2017

Laura Victoria (1904/2004 )

Ya ni versos...


Ya ni versos escribo, sólo queda
este soñar de lágrimas teñido,
y una queja distante en el olvido
azul lejano de tu voz de seda.

Amor no es, es algo que remeda
la desmembranza del rosal caído,
donde ya ni las sombras hacen nido,
ni el viento en rondas de cristal enreda.

Algo que ayer fue lirio de mi fuente,
frescura de mi noche, y suavemente
luminar en mi senda florecida.

Algo que en mi agonía aún retengo,
porque es la única verdad que tengo
y no puedo arrancarla de mi vida.


Deseo


Sobre la tibia arena de la playa
tu amante cita con placer espero;
el sol retuesta mis desnudos hombros
y entre mi falda juguetea el viento.

Ya con salobres aguas cristalinas
el mar de añil acarició mi cuerpo;
llevo en los labios un coral partido
y una concha prendida en los cabellos.

Las esmeraldas de mis ojos tristes
aguardan tus pupilas de bohemio,
y mis manos germinan las caricias
que brotan al contacto de tus dedos.

Ven, ya se abren cual rojos amarantos
los capullos en flor de mis deseos,
y entre mis labios trémulos se enciende
la loca llamarada de mis besos.


("a media voz" y "no me quitez paz")

martes, 3 de octubre de 2017

Manuel Ramos Otero (1948/1990 )

No digáis que por falta...


No digáis que por falta de su bicho
mi verso resplandece hasta que arde
el culo es llamarada por la tarde
de noche, como Dios, vuelve a su nicho.

Si el lector me rechaza por cobarde
por miedo a la verdad es que lo ficho
tentación de poeta es lo entredicho
ignorancia juzgar por puro alarde.

Que no compre mi libro por la fama
para ser en la esquina muy discreto
que hasta muerto mi tumba será cama

una orgía de huesos y esqueleto
apasionado mármol para el que ama
bajo el sol y la luna sin secreto.


("del mangle")

lunes, 2 de octubre de 2017

Alda Merini (1931/2009 )

Nuestro triunfo



El pie de la locura
está manchado de azul.
Con él hemos emigrado
por montes de ascensión;
el pie de la locura
nada tiene de divino
pero la mente nos lleva
por las pendientes blancas
donde llora la nieve,
            medra el saúco
            gime el cordero.
Hemos cruzado puentes,
examinado reglas,
y cuando la oscura sombra
del delirio gravitaba
en la profunda nuca,
inclinábamos la cabeza
como ante una ley;
y hemos promulgado
la ley mosaica
desactivando minas
en altiplanos prohibidos.
Nuestro triunfo
baja de las montañas
como enorme cascada,
y nos hemos quedado
igual a aquellos ángeles
a quienes en un día de aurora
les brotaron alas.


("pájaros lanzallamas", trad. guillermo fernández)

domingo, 1 de octubre de 2017

Sandra Toro (1968 )

Vayan sabiendo



No quiero sacar una hoja dejar renglón
bajarme la pollera peinarme un poco
terminar todo el plato sacar la mano de ahí.

No quiero abrir la boca
decir “Ahhhhhhhhhhh” toser seguir el dedo
respirar hondo-contener el aire-respirar normal.

No quiero dar excusas buenos días
pésames lástima rienda suelta
la mano en la reunión.

No quiero precalentar el horno
batir a punto letra enmantecar el molde
agitar antes de servir.

No quiero apilar siempre con este lado hacia arriba
tirar de la palanca en caso de incendio
conservar mi derecha mirar atrás al bajar.

No quiero cortar por la línea de puntos
mantener la distancia firmar al pie
tachar lo que no corresponda

Marcar con una cruz
presionar 1
cerrar paréntesis


("emma gunst")

sábado, 30 de septiembre de 2017

Mario Benedetti (1920/2009 )

Angelus



Quién me iba a decir que el destino era esto.

Ver la lluvia a través de letras invertidas,
un paredón con manchas que parecen pronombres,
el techo de los ómnibus brillantes como peces
y esa melancolía que impregna las bocinas.

Aquí no hay cielo,
aquí no hay horizonte.

Hay una mesa grande para todos los brazos
y una silla que gira cuando quiero escaparme.
Otro día se acaba y el destino era eso.

Es raro que uno tenga tiempo de verse triste:
siempre suena una orden, un teléfono, un timbre,
y, claro, está prohibido llorar sobre los libros
porque no queda bien que la tinta se corra.


("rua das pretas")

viernes, 29 de septiembre de 2017

Janet Frame (1924/2004 )

Soy invisible




Soy invisible.
Siempre he sido invisible
como la pobreza en un país rico,
como los ricos en sus cuartos velados de sus casas con muchos cuartos,
como las pulgas, los piojos, como lo que crece bajo la tierra,
los mundos más allá del cielo, el viento, el tiempo, las ideas –
el catálogo de invisibilidad es inagotable,
y, eso dicen, no es buena poesía.

Como las decisiones.
Como cualquier otra parte.
Como las instituciones alejadas del camino llamado Scenic Drive.

No más símiles. Soy invisible.
En un mundo poblado por gente de visión binocular después de todo soy parte de la mayoría
mientras que tú y yo caminamos con nuestra lunita creciente de visión en nuestra oscuridad personal
a través de un mundo en el que las decisiones de ser y no ser
se encuentran controladas por la luz
asistidas por las lágrimas y el sueño de la desatención o la muerte.

Soy invisible.
Los amantes atraviesan mi vida para tocarse entre sí,
la lluvia que cae en mí me traspasa como sangre sobre la tierra.
Ninguna cabeza me incluye como conocimiento.
Otorgo libertad a quienes bailan,
a decir la verdad.
Así es. No hay nadie aquí para observar ni escuchar disimuladamente,


y entonces aprendo más de lo que tengo derecho a saber.


("pájaros lanzallamas", trad.  irene Artigas, lorena saucedo y paula busseniers, 'huesos de jilguero, uv-xalapa, méx., 2014)

jueves, 28 de septiembre de 2017

Miguel Barnet Laza (1940 )

Salimos a la calle



Salimos a la calle, caminamos bajo la llovizna,
entramos en un bar, bebemos, compramos una pizza,
la envolvemos, se enfría, la tiramos,
seguimos malecón abajo, las olas blancas
levantan sobre nuestras cabezas,
la noche es lenta, acuosa, no sé si triste,
tomamos café, tú casi no me ves, no me oyes
Te acompaño al ómnibus
No puedo articular palabra
Te vas en silencio
Yo tomo el ómnibus siguiente,
nada me molesta, ni el tumulto ni el vocerío,
me quedo en el puente,
las parejas jugueteando en la yerba,
demasiado lejos mi casa
Entro, subo las escaleras
Repaso mi vida, y en cada imagen estás,
en cada imagen perteneces,
abro la puerta, el apagón, qué maravilla,
me tiro en la cama, oscuro, silencioso,
Alguien llama al teléfono. No respondo.
Afuera es posible que siga cayendo la llovizna.


("arte poética")

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Mario Montalbetti (1953 )

Momentos estelares del Estado-Nación Perú


II



el amor tiene algo de odio de dios

el amor siendo humano tiene algo del odio de dios

el odio de dios no es humano

el amor siendo humano tiene resaca y delito

el amor humano se empoza y se quema en la puerta del horno

como el odio de dios

como el odio ciego de dios




su luces en luces en sol


Objeto y fin del poema

Es de noche y tiene que aterrizar
antes de que se acabe el combustible.
Así terminan todos sus poemas,
tratando de expresar con un lenguaje
público un sentimiento privado.

Su ambición es el lenguaje del piloto
hablándole a los pasajeros
en medio de una situación desesperada:
parte engaño, parte esperanza, parte verdad.

Todos los poemas terminan igual.
Hechos pedazos contra un cerro oscuro
que no estaba en las cartas.

Luego hallan los restos: el fuselaje,
la cola como siempre, intacta,
el olor a cosa quemada consumida por el fuego.
Pero ninguna palabra sobrevive.


("círculo de poesía" y "life vest under your seat")

martes, 26 de septiembre de 2017

Fernando Pessoa (1888/1935 )

El misterio de las cosas


El misterio de las cosas, dónde está?
¿Dónde está que no aparece
para mostraros al menos que es misterio?
¿Qué sabe de eso el río y qué sabe el árbol?
Y yo, que no soy más que ellos ¿Qué sé de eso?
Siempre que miro las cosas y pienso en lo que los hombres
piensan de ellas,
Río como un arroyo que suena fresco entre las piedras.
Porque el único sentido oculto de las cosas
Es que no tienen ningún sentido oculto,
Es más extraño que todas las extrañezas
Y que todos los sueños de los poetas
Y los pensamientos de todos los filósofos,
Que las cosas sean realmente lo que parecen ser
Y que no haya nada que comprender.
Sí, he aquí lo que mis sentidos aprendieron solos: —
Las cosas no tienen significado: tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.


("revista el humo", trad. m.a. flores)

lunes, 25 de septiembre de 2017

Verónica G. Arredondo (1984 )

 Las evas de velarde no andaban de mala copa



al contrario, ajustaban talla 36 ó 34
bajos larguísimos encajes, a veces, al aire
Ni putas ni infantas
Canonizadas, alabadas, malqueridas, reprimidas, endiosadas –más no a la deidad correcta– malcogidas, jamás
Ramón puedo tener a la que le viniera en gana, o mejor dicho, a La que decidiera apuntarle en el ojo y morder la bala
Colegialas ilustres, de parentesco inventado (?), coquetas y espigadas, de la infancia amigas susurraban su nombre, de cuchicheo en cuchicheo
La falda bajada hasta el huesito es un mito urbano, la altura deseada es:
bajo el maxilar de las caderas, exponiendo en su totalidad las caladas medias, pendiendo de un fino liguero
Es mentira que las Evas prendieran el fogón sin meterse a bañar
(sin excepción en domingo)
Cosificadas, multiplicadas, patriarcadas, endemoniadas y exorcizadas, beatificadas, lubricadas, empoderadas y mul-ti-or-gásmicas
De la jarciería desaparecía la soga para marcar en la piel enrojecida el nombre
“Ramoncito” era un chico malo, promiscuo y persignado, tenía por insomnio la culpa
Tras hincar el tacón en su espalda, las jerezanas conocían la exacta medida
para hacerlo jadear
Se sabe que tuvo a más de alguna(s), pero ellas lo dejaban siempre pidiendo ¡más!
Espero que los Berumen, la familia, no den con estas líneas y quiéranme ajusticiar
De los manzanos Jerez se preparan los licores derramados el sábado de gloria
en tan excelso bacanal
Dicen que alguien escuchó una vez, de labios de una jerezana proferir:
“Podremos compartir de una misma copa: whisky, ginebra, brandy o mezcal,
mas no morderemos la misma manzana
Trátame suavemente, y no seré hoy tu domadora”.


[Inédito]

domingo, 24 de septiembre de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Lluvia que llegas


Lluvia que llegas de noche,

haz que germinen mis muertos,
mis recuerdos, que mi oscuridad
crezca antes del dilatado silencio;

agua que llueves a altas
horas de mis años, tiende
alrededor de mis sienes
la máscara del reposo;

aguacero que llegas callado
como cobija de siglos,
cubre discreto mi rostro,
mi cuerpo de voces mil.

Lluvia que invitas a la sed,
moja mis labios con tus
labios, pasa tu lengua
por mi lengua de pasto;

contigo ya tarde quisiera
ya lento, como tú,
volver y luego desvanecerme,
quieto.


[Inédito]

sábado, 23 de septiembre de 2017

Saúl Ordoñez (1981 )

Diez canciones Pacos


1

entonces supe que todos los guapos se llaman paco
la muerte dormida en su piel de sarnoso terciopelo moteado
pero estaba de guano hasta el cuello
como una mala imitación de pollock firmada por los pájaros

como una mala imitación de pollock firmada por los pájaros

o un mal poema firmado por mí
                                                               o nos mayestático


("trompa de perro", fondo editorial estado de méxico, toluca, 2017)

viernes, 22 de septiembre de 2017

Gastón Baquero (1914/1997 )

Sintiendo mi fantasma venidero


Sintiendo mi fantasma venidero
bajo el disfraz corpóreo en que resido,
nunca acierto a saber si vivo o muero
y si sombra soy o cuerpo he sido.

Camino la ciudad, la reconstruyo
día tras día contemplando en vano;
luego vuelvo a perderla, luego huyo
protegiendo mi ensueño con la mano.

Y me tropiezo a mí, me reconozco
lleno de muerte, en sombra construido;
y sé que no soy más, pregunto, y no conozco

otro saber que el no saber sentido
por el muerto futuro que conduzco
bajo el disfraz corpóreo en que resido.


("crear en salamanca")

jueves, 21 de septiembre de 2017

Nazim Hikmet (1902/1963 )

Sobre quedarse sorprendido



Puedo amar,
y tanto,
pide lo que quieras,
mi vida, mis ojos.
Puedo enfurecerme,
mi boca no se llena de espuma,
pero la ira de un camello no es nada al lado de la mía,
solo la ira del camello, no su rencor.
Puedo comprender
muchas veces con mi nariz,
es decir oliendo lo más oscuro lo que está más lejos
y puedo pelear,
por todos y por todo lo que me parece justo, correcto y hermoso,
ni mi edad ni mi porte me lo impiden,
sin embargo hace tiempo que se me olvidó quedarme sorprendido.
La sorpresa me dejó y se fue con sus ojos bien abiertos
y bien jóvenes.

¡Qué lástima!

Tanganika, febrero 1963
Hotel Maranga

("cómo cantaba mayo en la noche", s/c al traductor)

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Álvaro Mutis (1923/2013 )

 Amén


Que te acoja la muerte
con todos tus sueños intactos.
Al retorno de una furiosa adolescencia,
al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron,
te distinguirá la muerte con su primer aviso.
Te abrirá los ojos a sus grandes aguas,
te iniciará en su constante brisa de otro mundo.
La muerte se confundirá con tus sueños
y en ellos reconocerá los signos
que antaño fuera dejando,
como un cazador que a su regreso
reconoce sus marcas en la brecha.


("trianarts")

martes, 19 de septiembre de 2017

César Vallejo (1892/1938 )

La copa negra


La noche es una copa de mal. Un silbo agudo
del guardia la atraviesa, cual vibrante alfiler.
Oye, tú, mujerzuela, ¿cómo, si ya te fuiste,
la onda aún es negra y me hace aún arder?

La Tierra tiene bordes de féretro en la sombra.
Oye tú, mujerzuela, no vayas a volver.

Mi carne nada, nada
en la copa de sombra que me hace aún doler;
mi carne nada en ella
como en un pantanoso corazón de mujer.

Ascua astral… He sentido
secos roces de arcilla
sobre mi loto diáfano caer.
¡Ah, mujer! Por ti existe
la carne hecha de instinto. Ah, mujer!

Por eso ¡oh, negro cáliz! aun cuando ya te fuiste,
me ahogo con el polvo
y piafan en mis carnes más ganas de beber!


("trianarts")

lunes, 18 de septiembre de 2017

Verónica Volkow (1955 )

Laberinto


Con mi vida escribo
la huella de una estrella,
un laberinto que encendida ando.
Sumergida en la sombra
mirada plena,

Hay un vuelo que abre
la luz en lo interno
un caminar sensible,
y cuidado
del corazón despierto.


("latitudes latinas")

domingo, 17 de septiembre de 2017

Siomara España (1976 )


La casa vacía



No invites a nadie
a nuestra casa,
pues repararán en
puertas, paredes, escaleras
y ventanas,
mirarán la polilla en
los rincones,
los cerrojos oxidados,
las lámparas ciegas, arruinadas.
No traigas a nadie a nuestra casa
pues no tendrán más
que angustia de tu mesa,
de tu cama, tu mantel,
del mobiliario se reirán
de pena por las tazas, fingirán
nostalgia de mi nombre,
y reirán de nuestra hamaca.
No traigas más gente a nuestra casa
pues te escribirán canciones,
te entusiasmarán el alma,
te susurrarán traviesos,
sembrarán una flor en tu ventana.

Por eso no debes, te lo ruego,
traer más gente a nuestra casa
pues se pondrán rosados,
verdosos, rojizos o azulados,
al descubrir paredes rotas
las plantas marchitadas.
Querrán barrer en los rincones
querrán abrir nuestras persianas
y encontrarán seguro entre mis libros
las excusas perversas que buscaban.

No traigas más nadie a nuestra casa,
así descubrirán nuestros absurdos
te llevarán lejos a otras playas
te contarán historias de naufragios
te sacarán a rastras de esta casa.


("de sibilas y pitias")

sábado, 16 de septiembre de 2017

Raúl Gómez Jattin (1945/1997 )


El amor brujo



He robado parte de tu cuerpo y de tu alma
Le he tendido una celada a los recuerdos
que aquí te recuerdo ¿Recuerdas amor?
El cielo de la noche casi azul se asoma
entre tus pestañas Noche vibrátil
Una vez me fui hasta tu regió de monte
enfermo de hongos y tristezas muy tristes
Y aluciné con tu imagen alta y flexible
galopando un caballo de nube Luego
Venías por la tarde desde el Retiro de los Indios
en tu carruaje blanco y yo iba a pie
por la carretera Como un sonámbulo
Sonríes desde lejos como si masticaras
mi corazón entre tus colmillos
Mis palabras le quitan a tu vida muerte
Vives en este libro aunque te tengo miedo
Aunque apenas si hemos hablado
Pero te amo tanto como siempre
Tanto como puedas imaginar
Y estamos lejos
Como el sol del mar.


("vallejo &  co.")

viernes, 15 de septiembre de 2017

Allen Ginsberg (1926/1997 )

Muy lejos de aquí


Dicen que los sudorosos negros
se adentran ágiles
en las infernales minas
a miles de pies de profundidad
en las montañas sudafricanas
para extraer diamantes y oro
para que brillen en las blancas
manos de banqueros, políticos,
ejércitos y policías.


(muro fb de daniel montoly, trad. del propio dm)

jueves, 14 de septiembre de 2017

Robin Myers (1987 )

La metafísica de Pedro el heladero






Según lo veo yo, el cielo es otro mundo, nada más,
y yo no soy de ahí.
Vi un programa en la tele acerca de los peces de las profundidades,
que viven tan profundo que casi no son peces, sino apenas
pinchos y lamparitas que relumbran en un lugar extraño.
Nosotros no podemos bajar tanto, excepto en una máquina.
De intentar respirar, nos ahogaría el agua,
y nos aplastaría la oscuridad. Mientras que aquellos peces
se la pasan nadando por ahí, con sus luces de giro y sus dientitos,
comiendo lo que sea que ellos comen,
todas nuestras palabras y los planes que hacemos no nos sirven de nada;
y todas esas sombras y las cosas que brillan,
junto con la comida invisible de los peces,
tienen bastante más sentido que nosotros.
¿Por qué sería diferente el cielo?
Otro país por el que para entrar tenemos que morir,
y donde ya no importan la tierra ni la sangre ni los huesos,
y hay que aprender a parecerse al aire
después de caminar por tantos años.
Cuando a la noche prendo una vela al costado de mi cama,
eso es lo más que llego a parecerme
a los peces de las profundidades.
Se me voló el sombrero un día de viento;
quizá eso se parezca un poquito a volar
o a tener un espíritu o a ser uno. Jamás volví a encontrarlo.
Quizá llegue a algún lado antes que yo,
quizá me quede donde estoy sin él.


("el poeta ocasional", trad. ezequiel zaidenwerg)

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Frank Báez (1978 )

Nuestro Santa Claus


Afuera no para de llover
y nuestro negro y escuálido Santa Claus
empuja un carrito de supermercado
por toda la Independencia.

Deja atrás repuestos,
liquor stores,
bancas de apuestas,
iglesias evangélicas.

Hasta el final de la Independencia
como si no supiera
que ya casi estamos en marzo.


("revista el humo")

martes, 12 de septiembre de 2017

Gonçalo M. Tavares (1970 )

Errores de uno o de muchos



Los errores científicos son errores de una comunidad científica.

Al error de Uno (sin seguidores) lo llamamos Arte.


("pájaros lanzallamas", trad. alonso sáenz delgado)

lunes, 11 de septiembre de 2017

John Ashbery (1927/2017)

Autorretrato en espejo convexo



Como hizo el Parmigianino, con la mano derecha
más grande que la cabeza, adelantada hacia el espectador
y replegándose suavemente, como para proteger
lo que anuncia. Unos cristales emplomados, viejas vigas,
muselina plisada, un anillo de coral corren unidos
en un movimiento sobre el que se apoya el rostro, que flota
acercándose y retirándose como la mano
sólo que está en reposo. Es lo que está
sustraído.Dice Vasari: “Francesco se puso un día
a sacarse su retrato, y se miró con ese proposito
en un espejo convexo, como los que usan los barberos…
Para ello mandó a un tornero que le hiciera
una bola de madera y tras partirla por la mitad y
reducirla al tamaño del espejo, con gran arte
se puso a copiar cuanto veía en el espejo"
principalmente su reflejo, del que el retrato
es el reflejo una vez quitado.
El espejo decidió reflejar tan sólo lo que él veía,
que fue suficiente para su propósito: su imagen
barnizada, embalsamada, proyectada en un ángulo
de ciento ochenta grados.
La hora del día o la densidad de la luz,
adhiriéndose al rostro, lo conservan
vivaz e intacto en una ola recurrente
de llegada. El alma se asienta.
Pero ¿hasta dónde puede salir por los ojos flotando
y aún regresar a su nido a salvo? Al ser la superficie
del espejo convexa,la distancia aumenta
significativamente; es decir lo bastante para apuntar
que el alma es prisionera, tratada humanitariamente
mantenida en suspenso, incapaz de avanzar hasta mucho más allá
de tu mirada cuando intercepta el cuadro.
El Papa Clemente y su corte se quedaron “estupefactos”,
quedó Vasari, y le prometieron un encargo
que nunca se materializó. El alma ha de permanecer donde
está
aunque se inquiete, oyendo gotas de lluvia en el cristal,
el suspirar de las hojas de otoño azotadas por el viento,

anhelando estar libre, fuera, pero debe quedarse
posando en este sitio. Debe moverse
lo menos posible. Esto es lo que dice el retrato.
Pero hay en esa mirada fija una combinación
de ternura, diversión y pesar, tan poderosa
en su contención que uno no puede mirar mucho tiempo.
El secreto es demasiado evidente. Escuece su piedad,
hace brotar lágrimas calientes: que el alma no es alma,
no tiene secreto, es pequeña, y encaja
en su hueco perfectamente; su habitación, nuestro momento
de atención.
Esa es la melodía pero no hay letra.
La letra es sólo especulación
(del latín speculum, espejo):
busca el significado de la música sin poder hallarlo.
Vemos tan sólo posturas del sueño,
jinetes del ademán oscilante que hace aparecer
el rostro bajo cielos de tarde, sin
falso desaliño como prueba de autenticidad.
Pero es la vida englobada.
Uno querría sacar la mano
fuera del globo, pero su dimensión,
lo que lo soporta, no lo permitirá.
Sin duda es esto, no el reflejo
de esconder algo, lo que hace que la mano destaque tanto
mientras retrocede ligeramente. No hay forma
de erigirla plana como la sección de un muro:
debe unirse al segmento de un círculo,
volviendo al azar al cuerpo del que parece
tan improbable parte, para cercar y apuntalar el rostro
en el que el esfuerzo de este estado se ve
como el ápice de una sonrisa, un destello
o estrella que uno no está seguro de haber visto
cuando se reanuda la oscuridad. Una luz perversa cuyo
imperativo de sutileza de antemano condena su
presunción de alumbrar: insignificante pero intencionada.
Francesco, tu mano es lo bastante grande
para destrozar la esfera, y demasiado grande,
pensaría uno, para tejer delicadas mallas
que sólo arguyen su posterior detención.
(Grande, pero no tosca, simplemente a otra escala,
como una ballena dormitando en el fondo del mar
en relación con el diminuto, presuntuoso barco
de la superficie.) Pero tus ojos proclaman
que todo es superficie. La superficie es lo que está ahí
y nada puede existir excepto lo que está ahí.
No hay entrantes en la habitación, sólo concavidades,
y la ventana no tiene mucha importancia, ni ese
plateado de ventana o espejo de la derecha, ni siquiera
como indicador del tiempo, que en francés es
le temps, la palabra de tiempo, y que
sigue un curso en el que los cambios son sólo
características del conjunto. El conjunto es estable dentro
de la inestabilidad, un globo como el nuestro, que descansa
sobre un pedestal de vacío, una bola de ping-pong
segura sobre su surtidor de agua.
Y así como no hay palabras para la superficie, es decir,
no hay palabras para decir lo que es realmente, que no es

superficial sino un núcleo visible, así no hay
salida para el problema de pathos contra experiencia.
Ahí seguirás, intranquilo, sereno en
tu gesto que no es abrazo ni aviso
pero que encierra algo de ambos en pura
afirmación que no afirma nada.
Estalla el globo, la atención
se desvía mortecinamente. Las nubes
en el charco se convierten al moverse en fragmentos serrados.
Pienso en los amigos
que vinieron a verme, en qué tal
fue ayer. Un sesgo extraño
de la memoria que atraviesa al modelo que suena
en el silencio del estudio mientras piensa
si levantar el lápiz hasta el autorretrato.
Cuánta gente vino y se quedó algún tiempo,
pronunció palabras claras u oscuras que se hicieron parte de
ti
como la luz tras niebla y arena empujadas por el viento,
influida y filtrada por ellas, hasta que ya no queda
ninguna parte que sea sin duda tú. Esas voces del atardecer
te lo han contado todo y sin embargo prosigue el cuento
en forma de recuerdos depositados en bloques
irregulares de cristales. ¿De quién, Francesco, la mano arqueada

que controla las estaciones cambiantes y los pensamientos
que se van pelando y emprenden el vuelo a velocidades de
vértigo
con las últimas y obstinadas hojas arrancadas
de ramas húmedas? En esto veo tan sólo el caos
de tu espejo redondo que lo organiza todo
en torno a la estrella polar de tus ojos que están vacíos,
no saben nada, sueñan pero nada revelan.
Siento el tiovivo ponerse en marcha lentamente
y cada vez ir más de prisa: mesa, papeles, libros,
fotografías de amigos, la ventana y los árboles
fundiéndose en una sola banda neutra que me rodea
por todas partes, dondequiera que mire.
Y no puedo explicar la acción de igualar,
por qué habría de reducirse todo a una sola
sustancia uniforme, a un magma de interiores.
Mi guía en estas cuestiones es tu yo,
firme, oblicuo, que lo acepta todo con el mismo
espectro de sonrisa, y al acelerarse el tiempo de modo que es
pronto
mucho más tarde, puedo conocer tan sólo la salida recta,
la distancia entre nosotros. Hace mucho tiempo
los datos esparcidos significaban algo,
los pequeños accidentes y placeres
del día a medida que avanzaba desgarbadamente,
un ama de casa con sus quehaceres. Imposible ahora
restituir esas propiedades en la plateada mancha que es
el registro de lo que lograste al sentarte
«a copiar con gran arte cuanto veías en el espejo»
para perfeccionar y excluir lo ajeno
para siempre. En el círculo de tus intenciones quedan
algunas vigas que perpetúan el encantamiento de un yo con
otro yo:
miradas, muselina, coral. No importa
porque estas son cosas que son iguales hoy
antes de que la sombra propia se saliera del campo
por vez primera para hacerse pensamientos del mañana.

El mañana es fácil, pero el hoy está inexplorado,
desolado, reacio como cualquier paisaje
a rendir lo que son leyes de la perspectiva
sólo para profunda desconfianza del pintor
después de todo, un instrumento endeble aunque
necesario. Por supuesto algunas cosas
son posibles, el hoy lo sabe, pero no sabe cuáles. Algún día
intentaremos
hacer tantas cosas como sean posibles
y tal vez lo logremos con un puñado
de ellas, pero esto no tendrá nada
que ver con lo que es hoy prometido, nuestro
paisaje que se nos vuela para desaparecer
por el horizonte. Brilla hoy lo bastante de una envoltura
para mantener la suposición de promesas unidas
en un solo trozo de superficie, que lo dejan a uno volver
paseando desde ellas a casa para que estas
aún mayores posibilidades puedan permanecer
intactas sin someterse a prueba. De hecho
la cascara del cuarto-burbuja es tan resistente como
huevos de reptil: todo allí se ve «programado»
a su debido tiempo; se va incluyendo más
sin que ese más se añada a la suma, y así como uno
se acostumbra a un ruido que
lo mantenía despierto pero ya no lo hace,
así la habitación alberga este flujo como un reloj de arena
sin variar de clima ni de calidad
(excepto quizá para iluminarse sombría y casi
invisiblemente, en un foco que se afila hacia la muerte: habrá
más sobre esto luego). Lo que debería ser el vacío de un
sueño
se va llenando continuamente al ponérsele espita
al manantial de los sueños para que este concreto sueño
pueda crecer, florecer como una rosa de cien hojas,
desafiando suntuarias leyes, dejándonos
para que despertemos y tratemos de empezar a vivir en lo que
se ha convertido ahora en un suburbio. Sydney Freedberg en su

Parmigianino dice del cuadro: «El realismo en este retrato
no crea ya una verdad objetiva, sino una bizarría...
Sin embargo su distorsión no produce
una sensación de falta de armonía...Las formas conservan
una fuerte dosis de belleza ideal», porque
las nutren nuestros sueños, tan inconsecuentes hasta que un día

nos fijamos en el hueco que dejaron. Ahora su importancia
está clara si no su significado. Habían de nutrir un sueño que
las incluye a todas, ya que están
finalmente invertidas en el espejo acumulador.
Parecían extrañas porque en realidad no podíamos verlas.
Y de esto sólo nos damos cuenta en un punto en el que se
esfuman
como una ola rompiendo en una roca, renunciando
a su forma en un gesto que expresa esa forma.
Las formas conservan una fuerte dosis de belleza ideal
al hurgar en secreto en nuestra idea de la distorsión.
¿Por qué estar descontentos con esa ordenación, si
los sueños nos prolongan al ser absorbidos?
Algo ocurre que parece vivo, un movimiento
que sale del sueño para entrar en su codificación.
Al empezar yo a olvidarlo
presenta su estereotipo otra vez
pero es un estereotipo desconocido, el rostro
fondeando, salido de mil peligros, para encarar
otros pronto, «más de ángel que de hombre» (Vasari).
Tal vez un ángel tenga el aspecto de cuantas cosas
se nos han olvidado, quiero decir las cosas
olvidadas que no nos son familiares al
volver a encontrarlas, perdidas inefablemente,
que una vez fueron nuestras. Este sería el motivo
para invadir la intimidad de este hombre que
«se interesó por la alquimia, pero cuyo deseo
no era aquí examinar las sutilezas del arte
con espíritu distanciado y científico: deseaba a través de ellas
transmitir al espectador la sensación de novedad y asombro»

(Freedberg). Retratos posteriores como el «Caballero»
de los Uffizi, el «Joven prelado» de la Borghese y
la «Antea» de Nápoles resultan de tensiones
manieristas, pero aquí, como señala Freedberg,
la sorpresa, la tensión están en el concepto
más que en su realización.
La consonancia del Alto Renacimiento
está presente, aunque distorsionada por el espejo.
Lo que es novedoso es el extremo cuidado en representar
las veleidades de la redondeada superficie reflectora
(es el primer retrato de espejo),
de modo que podrías engañarte por un instante
antes de darte cuenta de que el reflejo
no es el tuyo. Te sientes entonces como uno de esos
personajes de Hoffmann a los que se ha privado
de reflejo, sólo que la totalidad de mí
se ve que está suplantada por la rigurosa
otredad del pintor en su
otra habitación. Lo hemos sorprendido
trabajando, pero no, él nos ha sorprendido
mientras trabaja. El cuadro está casi acabado,
la sorpresa casi pasada, como cuando uno se asoma a mirar,
sobresaltado por una nevada que aún ahora está
terminando en chispas y partículas de nieve.
Tuvo lugar mientras estabas dentro, dormido,
y no hay ninguna razón por la que debieras haber
estado despierto para ello, salvo que el día
se está acabando y te será difícil
conciliar esta noche el sueño, hasta tarde al menos.


La sombra de la ciudad inyecta su propia
urgencia: Roma donde Francesco
trabajaba durante el Saqueo: sus invenciones
asombraron a los soldados que irrumpieron en su estudio;
decidieron perdonarle la vida pero él se fue al poco tiempo;
Viena donde está hoy la pintura, donde
la vi con Pierre en el verano de 1959; Nueva York
donde estoy ahora, que es un logaritmo
de otras ciudades. Nuestro paisaje
rebosa de filiaciones, viajes rápidos de ida y vuelta;
los negocios se llevan con la mirada, el gesto,
los rumores. Es otra vida de la ciudad,
la azogada espalda del espejo del
estudio inidentificado pero dibujado precisamente. Quiere
sacar con sifón la vida del estudio, reducir
a decretos su espacio en el mapa, hacerlo isla.
Esa operación se ha visto paralizada temporalmente
pero algo nuevo está en camino, un nuevo preciosismo
en el viento. ¿Puedes soportarlo.
Francesco? ¿Eres lo bastante fuerte?
Este viento trae lo que no sabe, es
autopropulsado, ciego, no tiene noción
de sí mismo. Es la inercia que una vez
reconocida mina toda actividad, secreta o pública:
susurros de la palabra que no puede entenderse
pero sí sentirse, un escalofrío, una plaga
que sale hacia el exterior por los cabos y penínsulas
de tus nervaduras y así para los archipiélagos
y para el aireado y bañado secreto del mar abierto
éste es su lado negativo. Su lado positivo
es que te hace notar la vida y las tensiones
que parecía sólo que se marchaban, pero que ahora,
a medida que esta nueva manera va cuestionando, se ve que
se apresuran a pasar de moda. Si han de convertirse en clásicos
tienen que decidir de qué lado están.
Su reticencia ha socavado
el decorado urbano, ha hecho que sus ambigüedades
parezcan tercas y cansadas, los juegos de un anciano.
Lo que ahora necesitamos es ese improbable
aspirante al título que aporrea las puertas de un castillo
asombrado. Tu argumento, Francesco,
había empezado a ponerse rancio al no verse venir
respuesta ni contestaciones. Si ahora se deshace
en polvo, eso sólo significa que su hora había llegado
hace ya algún tiempo, pero mira ahora, y escucha:
puede ser que esté ahí almacenada otra vida
en escondrijos de los que nadie sabía; que ella,
no nosotros, seamos el cambio; que de hecho seamos ella
si pudiéramos volver a ella, revivir en parte el aspecto
que tenía, volver nuestros rostros al globo mientras se pone
y aún salir con bien de ello:
nervios normales, respiración normal. Al ser una metáfora
hecha para incluirnos, somos parte de ella y
podemos vivir en ella como de hecho hemos vivido,
con tal de dejar nuestras mentes en blanco porque el cuestio-
namiento
vemos ahora que no se dará caprichosamente
sino de un modo ordenado que no pretende amenazar
a nadie: el modo normal en que se hacen las cosas,
como el crecer concéntrico de los días
en torno a una vida: correctamente, si piensas en ello.
Una brisa como el volver de una página
trae de nuevo tu rostro: el momento
se lleva un enorme bocado de la neblina
de placentera intuición a la que sucede.
Encajar en un lugar es «la muerte misma»,
como dijo Berg de una frase de la Novena de Mahler;
o, para citar a Imógenes en Cymbel'me, «No puede
haber en la muerte pellizco más fuerte que éste», pues,
aunque sólo ejercicio o táctica, lleva
el impulso de una convicción que había ido creciendo.
La mera capacidad de olvido no puede borrarlo
ni hacerlo volver el deseo, mientras siga siendo
el blanco precipitado de su sueño
en el clima de suspiros lanzados a través de nuestro mundo,
un trapo encima de una jaula. Pero es seguro que
lo que es bello lo parece tan sólo en relación a una vida

específica, experimentada o no, canalizada en alguna forma

empapada en la nostalgia de un pasado colectivo.
La luz hoy se sumerge con un entusiasmo
que he conocido en otro sitio, y he sabido por qué
parecía significativo, que otros sintieron así
hace años. Sigo consultando
este espejo que ya no es mío
durante tanta activa ociosidad como esta vez
ha de tocarme. Y la vasija está siempre llena
porque lo único que hay es justamente tanto espacio
y en él cabe todo. La muestra que uno ve no ha de tomarse
como
eso tan sólo, sino como todo en cuanto
puede ser imaginado fuera del tiempo: no como un gesto
sino como totalidad, en el refinado, asimilable estado.
Pero, ¿de qué es este universo el pórtico
pues entra y sale, retrocede y avanza,
negándose a rodearnos y sin embargo la única
cosa que podemos ver? El amor una vez
inclinó la balanza pero ahora está en sombra, invisible,
aunque misteriosamente presente, por algún lado.
Pero nosotros sabemos que no puede intercalarse
entre dos momentos adyacentes, que sus meandros
no llevan a ninguna parte excepto a más afluentes
y que éstos desembocan en una vaga
sensación de algo que no puede conocerse nunca
aun cuando parezca probable que cada uno de nosotros
sepa qué es y sea capaz de
comunicarlo al otro. Pero la mirada
que algunos llevan como señal le hace a uno querer
avanzar haciendo caso omiso de la evidente
ingenuidad del intento, sin que le importe
que no esté nadie escuchando, ya que la luz
ha quedado encendida en esos ojos de una vez para siempre
y está presente, incólume, una anomalía permanente,
silenciosa y despierta. En su apariencia
no parece haber especial razón por la que esa luz
debiera enfocarla el amor, o por la que
la ciudad que cae con sus hermosas zonas residenciales
en el siempre menos claro, menos definido espacio,
debiera verse como el soporte de su progreso,
el caballete sobre el cual se desplegó el drama
para su propia satisfacción y hasta el fin
de nuestro sueño, ya que nunca habíamos imaginado
que acabaría, a la gastada luz del día con la pintada
promesa transparentándose como una prenda, un vínculo.
Este anodino tiempo diurno, que nunca estará definido, es
el secreto de dónde tiene lugar el sueño
y ya no podemos volver a las diversas
declaraciones contrarias acumuladas, fallos de la memoria
de los testigos principales. Lo único que sabemos
es que llegamos un poco pronto, que
el hoy tiene esa especial, lapidaria
calidad de hoy que la luz del sol reproduce
fielmente al proyectar sombras de ramas sobre aceras
amigables. Ningún día previo habría sido así.
Yo solía pensar que eran todos semejantes,
que el presente tenía siempre el mismo aspecto para todo el
mundo
pero esta confusión se desvanece al estar
uno siempre encaramándose en su propio presente.
Sin embargo el espacio «poético», pajizo,
del largo corredor que lleva de vuelta al cuadro,
su oscurecedor contrario, ¿es esto
aguna ficción del «arte», que no ha de imaginarse
como   real,   no   digamos   especial?  ¿No   tiene   también

su guarida
en el presente del que estamos escapando siempre
y volviendo a caer en él, como la noria de los días
sigue su sosegado, incluso sereno curso?
Creo que está intentando decir que es el hoy
y nosotros debemos salir de él del mismo modo que el
público
se abre paso ahora a empujones en el museo para
estar fuera a la hora del cierre. No puedes vivir ahí.
El gris barniz del pasado ataca toda destreza:
secretos de lavado y acabado que llevó toda una vida
aprender y son reducidos a la condición de
ilustraciones en blanco y negro de un libro en el que escasean
las láminas en color. Es decir, el tiempo todo
se reduce a ningún tiempo en especial. Nadie
alude al cambio; hacerlo podría
suponer llamar la atención sobre uno mismo
lo cual aumentaría el pavor de no salir
antes de haber visto la colección entera
(a excepción de las esculturas del sótano:
están donde les corresponde).
Nuestro tiempo llega a velarse, a verse comprometido
por la voluntad de durar del retrato. Insinúa
la nuestra, que teníamos la esperanza de mantener oculta.
No nos hacen falta pinturas ni
aleluyas escritas por maduros poetas cuando
la explosión es tan precisa, tan excelente.
¿Tiene algún sentido reconocer siquiera
la existencia de todo eso? ¿Existe
acaso? Desde luego no el tiempo libre para
consentirse pasatiempos majestuosos,
ya no. El hoy no tiene márgenes, el acontecimiento llega
de una pieza con sus bordes, es de la misma sustancia,

indistinguible. El «juego» es otra cosa;
existe, en una sociedad específicamente
organizada como demostración de sí misma.
No hay otra manera, y esos estúpidos
que lo confundirían todo con sus juegos de espejos
que parecen multiplicar premios y posibilidades, o
al menos confundir las cosas por medio de un aura
envolvente que corroería la arquitectura
del todo en una neblina de reprimida burla,
están al margen del asunto. Están fuera del juego,
que no existe hasta que ellos estén fuera de él.
Parece un universo muy hostil
pero puesto que el principio de cada cosa individual es
hostil a todas las demás y existe a costa de ellas
como a menudo han señalado los filósofos, al menos
esta cosa, el presente indiviso y mudo,
tiene la justificación de la lógica, que
no es mala cosa en este caso
o no lo sería, si la manera de contar
no se entrometiera de algún modo, tergiversando el resultado
final
en una caricatura de sí mismo. Esto ocurre
siempre, como en el juego en el que
una frase susurrada que da la vuelta a la habitación
acaba en algo completamente distinto.
Es el principio lo que hace las obras de arte tan diferentes
de lo que pretendió el artista. A menudo éste descubre
que ha omitido lo que se puso a decir
en primer lugar. Seducido por flores,
placeres explícitos, se culpa (aunque
secretamente satisfecho con el resultado), imaginando
que tuvo algo que decir y ejerció
una opción de la que apenas fue consciente,
ignorante de que la necesidad sortea tales resoluciones
para crear algo nuevo
por su cuenta, que no hay otra manera,
que la historia de la creación procede según
leyes estrictas y que las cosas
se hacen de este modo, pero nunca las cosas
cuya realización emprendimos y que tan desesperadamente
queríamos
ver nacer. El Parmigianino
debió darse cuenta de esto mientras trabajaba
en su tarea obstructora de vida. Uno se ve forzado a atribuir
la realización perfectamente plausible de un propósito
al terso, quizá incluso suave (pero tan
enigmático) acabado. ¿Acaso hay algo
que merezca tomarse en serio fuera de esta otredad
que se incluye en las formas
más corrientes de la actividad cotidiana, cambiándolo todo
ligera y profundamente, y arrancando la materia
de la creación, cualquier creación, no sólo la artística,
de  nuestras  manos  para instalarla en  alguna monstruosa,
próxima
cima, demasiado cercana para no hacer caso, demasiado lejana
para que uno intervenga? Esta otredad, este
«no ser nosotros» es cuanto bay que mirar
en el espejo, aunque nadie pueda decir
cómo llegó a ser de este modo. Un barco
enarbolando colores desconocidos ha entrado en el puerto.
Estás permitiendo a materias ajenas
quebrar tu día, nublar el foco
de la bola de cristal. Su escenario se pierde a la deriva
como vapor esparcido en el viento. Las fértiles
asociaciones mentales que hasta ahora venían
tan fácilmente, ya no aparecen, o rara vez. Sus
coloridos son menos intensos, desteñidos
por lluvias y vientos otoñales, echados a perder, embarrados,

devueltos a ti porque no valen nada.
Pero somos animales de costumbres en tan gran medida que sus

implicaciones todavía rondan en permanence, confundiendo las

cosas. Tomarse en serio tan sólo el sexo
es tal vez un camino, pero las arenas sisean
al acercarse al comienzo del gran deslizamiento
en lo que ocurrió. Este pasado
está ahora aquí: el rostro
reflejado del pintor, en el que nos demoramos, recibiendo
sueños e inspiraciones en una frecuencia
no designada, pero los tintes se han hecho metálicos,
las curvas y bordes no son tan ricos. Cada persona
tiene una gran teoría para explicar el universo
pero éstas no cuentan la historia entera
y al final es lo que está fuera de cada uno
lo que importa, para él y sobre todo para nosotros
que no hemos recibido ningún tipo de ayuda
para descifrar nuestro inmenso cociente y debemos apoyarnos
en conocimientos de segunda mano. Sin embargo yo sé
que el gusto de cualquier otro no va a ser
de ninguna ayuda, y se le podría también no hacer caso.
Pareció una vez tan perfecto: brillo sobre la delicada
piel pecosa, labios humedecidos como a punto de abrirse
liberando el habla, y el familiar aspecto
de las ropas y muebles que uno olvida.
Este podría haber sido nuestro paraíso: exótico
refugio dentro de un mundo exhausto, pero eso no estaba
en las cartas, porque no podría haberse tratado
de eso. Remedar la naturalidad puede ser el primer paso
para alcanzar una calma interior
pero es tan sólo el primer paso, y a menudo
queda como un congelado gesto de bienvenida grabado al
aguafuerte
en el aire que detrás se materializa,
una convención. Y verdaderamente no tenemos
tiempo para convenciones, salvo utilizarlas
para prender fuego. Cuanto antes se quemen
mejor para los papeles que tenemos que interpretar.
Te lo imploro por tanto, retira esa mano,
no la ofrezcas ya más como escudo o saludo,
escudo de un saludo, Francesco:
en la recámara hay sitio para una bala:
nuestro mirar por el otro extremo
del telescopio mientras tú retrocedes a una velocidad
mayor que la de la luz para al final aplanarte
entre los rasgos de la habitación, una invitación
nunca echada al correo, el síndrome de «fue todo
un sueño», aunque el «todo» dice bastante
sucintamente que no lo fue. Su existencia
fue real, aunque turbulenta, y el dolor
de este sueño que despierta no puede nunca acallar
el diagrama todavía esbozado en el viento,
elegido, pensado para mí y materializado
en el disimulado resplandor de mi habitación.
Hemos visto la ciudad: es el ojo protuberante
y reflejado de un insecto. Todas las cosas ocurren
en su balcón y se resumen en el interior,
pero la acción es el frío y empalagoso flujo
de una cabalgata. Uno se siente recluido en exceso,
cerniendo la luz del sol de abril a la busca de pistas,
en la mera quietud de la tranquilidad de su
parámetro. La mano no sostiene tiza
y cada parte del todo se desprende
y no puede saber que supo, excepto
aquí y allá, en fríos bolsillos
de remembranza, susurros salidos del tiempo.


("marcelo leites", trad. javier marías)

domingo, 10 de septiembre de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Regresé de la peluquería



Regresé de la peluquería con
las orejas grandes y el cuello
limpio antes de aplicarme
la mascarilla de la semana.

Quiero darle la bienvenida
al mes de agosto después
de un julio lluvioso, soleado
y cálido, de 36 grados C.

Mientras la mascarilla hace
su tarea he puesto el CD de
The Platters que tanto te gustaba
escucharlo a esta hora del día.

Quizá luego, después de la siesta,
la comida y el sol en la distancia
prepare una merienda ligera,
para no morir en el intento.

Mientras el sol muestre sus brasas
a modo de despedida, termine de girar
el disco una y otra vez y haya transcurrido
al fin el día, aquí sigas, quizá

Invisible como una presencia
que no termina de irse ni de manifestarse.

Con la cara lavada en agua fría
me limpiaré los residuos.

Residuos que aún perduran
pese a nuestros lejanas exequias.


[Inédito]

sábado, 9 de septiembre de 2017

Enrique Molina (1910/1997 )

Amantes vagabundos


Nunca tuvimos casa ni paciencia ni olvido
Pero un poco más lejos hacia nada
Están las lámparas de viaje
Temblando suavemente
Los hoteles de garganta amarilla siempre rota
Y sus toscas vajillas para el suicidio o la melancolía
-¡Oh el errante graznido sobre la cumbrera!
Dormíamos al azar con montañas o chozas
Bajo las altas destrucciones del cielo prontas a arder con un fuego inasible
Junto al árbol de paso que se aleja
A menudo asomados a ventanas en ruinas
A balcones en llamas o en cenizas

En esos lechos de comarca
La lluvia es igual a los besos te desnudabas
Girando dulcemente en la oscuridad con la rotación de la tierra
Belleza impune belleza insensata
Pero sólo una vez sólo una vez
Juega el amor sus dados de ladrón del destino:
Si pierdes puedes saborear el orgullo
De contemplar tu porvenir en un puñado de arena.
¡Cuántos rostros abandonados!
¡Cuántas puertas de viaje entreabriendo su llanto!
Cuántas mujeres que la luz ahoga
Sueltan sus cabelleras de región indeleble besada por el viento
Con aves inmóviles posadas para siempre en su mirada
Con el silbo de un tren que arranca lentamente sus raíces de hierro.
Con la lucha de todo abandono y de toda esperanza
Con los grandes mercados donde pululan cifras injurias legumbres y almas cerradas sobre sus negros sacos de semilla
Y los andenes disueltos en una espuma férrea
-Desvarío tiempo y consumación-
Tumba de viejos días
Bella como el deseo en las venas terrestres
Su fuego es la nostalgia
La celosía del trópico tras la cual hay arañas cortinas en jirones y una vieja victrola con la misma canción inacabable
Pero los amantes exigen frustraciones tormentos
Peligros más sutiles:
Su pasado es incomprensible y se pierde como el mendigo
Dejado atrás en el paradero borrascoso.


("el placard")

viernes, 8 de septiembre de 2017

Eduardo Chirinos (1960/2016 )

En las riveras del Maici



En las riberas del Maici, un pequeño tributario del Amazonas brasileño, viven los indios Pirahã. Estos indios creen que la concepción de un nuevo cuerpo es provocada por el susto de una mujer cuando está menstruando. Creen también que ese susto (causado por motivos tan diversos como la presencia de un animal salvaje, la picadura de un insecto o el disparo de un arma) se encuentra ligado al lugar donde ocurrió. Para los Pirahã el territorio es algo que cada uno lleva en el cuerpo. Me gusta esa idea. Y me perturba. Río arriba, cruzando la frontera con el Perú, se encuentra Iquitos. Nunca he visitado esa ciudad. Fue ahí donde me concibieron mis padres.


("pájaros lanzallamas")

jueves, 7 de septiembre de 2017

Mark Strand (1934/2014 )



Detrás de la pregunta por la importancia de esa oscuridad que produce una sensación de encierro, o al menos de limitación, en los cuadros de Hopper, se encuentra el cuestionamiento de nuestro modo de afrontar el tiempo: qué hacemos con él y qué hace él de nosotros. En muchos cuadros de Hopper hay una espera aconteciendo. La gente a la que Hopper pinta parece no tener nada que hacer. Son como personajes que se hubiesen quedado sin un papel que desempeñar, y ahora, atrapados en el espacio de su espera, deben hacerse compañía, sin lugar adonde ir, sin futuro.


("pájaros lanzallamas", trad. juan antonio montiel)

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Yolanda Pantin (1954 )

Los que van a morir



Hay dos millones de historias
en la ciudad desnuda

con qué indiferencia escuchamos
de la boca de los otros
ha muerto alguien hemos roto el vínculo

Llueve llueve sobre el lago
Rosas en el cielo
Amarillo

Nada nos importa

Estos son nuestros miedos
nuestros besos nocturnos

quebrar los sueños y el cuello
de los otros

y orar


–profundamente



("pájaros lanzallamas")

martes, 5 de septiembre de 2017

Jude Nutter

Epitafio en la interestatal 80



Un milagro, sólo mira alrededor: la tierra insoslayable — Wislawa Szymborska

El mundo es una tumba. Con todas sus salidas cerradas. La única
estación al alcance es Radio Peregrino, cuyos predicadores hablan sobre tu necesidad
de penitencia y salvación y tratan de convencerte de que el cuerpo
nunca es digno. A pesar de que sepas que la soledad
que sientes en el paisaje es solo un eco de la tumba del cuerpo
y una tristeza particular, escuchas: luz conectándose a la mugre

con un suspiro, como la hoja de una guillotina; los muertos disolviéndose en la mugre.
Campos del tamaño de países pequeños. Ganado muerto. El resto de la manada sólo
pastoreando feliz, retocando los huecos y las tumbas
de sus cuerpos. Incluso –te dicen los predicadores-  si sucumbes a la necesidad
y encuentras a alguien lo suficientemente bello como para tentarte a salir de la soledad
hacia el deseo, aun así todavía puedes darle la espalda a los placeres del cuerpo

y encontrar tu camino de regreso al sufrimiento del cuerpo
encendiendo un fósforo y deslizando tus dedos en las llamas. La mugre
del mundo deambula por las cavidades del corazón. ¿Qué otra soledad
esperas? El mundo es una tumba, es el único espejo
de la mente. Los muertos están contigo, parte del viaje: ultrajes de hambre y necesidad
en el asfalto; ampollas de carne en la llanta del neumático. Pequeñas tumbas abiertas.

Y esos predicadores que creen que la carne no es más que una tumba,
que arden, literalmente, por lujuria y belleza; hombres para los que el cuerpo
es un ataúd en el que viaja y bombea el corazón,
día tras día, cavidad por cavidad, el abono y desechos y mugre
de sus propios deseos; hombres para los que el alma es una moneda nueva, la única
que no se acuña para ser gastada (con ese ahorro, seguramente, no se compra otra
/cosa que soledad)

me pregunto qué harían con tu soledad
si supieran cómo te tiene de rodillas, ahora, como al lado de una tumba,
cerca de una cierva en el pasto junto al camino; cómo es solo
en la muerte que su lengua colgando de la boca forma un puente entre el cuerpo
/y la mugre;
cómo ya no necesitas esas llaves que cargaste una vez —plegarias y súplicas—.

Cuando al fin te levantas hay las dos marcas de tus rodillas
en el pasto y descubres entonces el verdadero estandarte de la soledad,
la piel desollada del lomo de una cierva arrastrando su carne contra la mugre;
el destello repentino de un letrero como algo que jamás imaginaste de una tumba,
pero como el forro de un saco que una mujer puede tirarse encima, como al descuido,
cuando se pasea en un strapless con su amante, el único

hombre que jamás necesitará, aun después de que la hayan hundido, finalmente,
/en su tumba.
Sea como fuere el modo en que lo mires, la soledad del mundo comienza en el cuerpo.
Y el cuerpo gana su mugre, y todo su placer, sólo en este mundo.


("otra iglesia es imposible", trad. silvia camerotto)

lunes, 4 de septiembre de 2017

Luis Alberto de Cuenca (1950 )

Volveremos a vernos



Volveremos a vernos donde siempre es de día
y los feos son guapos y eternamente jóvenes,
donde los poderosos no abusan de los débiles
y cuelgan de los árboles juguetes y tebeos.

En ese hogar de luz que no hiere los ojos
volveremos tú y yo a decirnos bobadas
cogidos de la mano, viendo morir las olas
sin agobios ni prisas, donde el sol no se pone.

Y viviré en tus labios el amor que la Tierra
sintiera por el Cielo cuando el mundo era un niño,
y el tiempo dejará de salmodiar su lúgubre

canción de despedida mientras nos abrazamos.


("rua das pretas")

domingo, 3 de septiembre de 2017

Tennesse Williams (1911/1983 )




Háblame como la lluvia y déjame escuchar


Personajes
Hombre
Mujer
Voz de niño

Escena única

Una habitación amueblada al oeste de la Octava Avenida en la zona central de Manhattan. En una cama plegable está echado un hombre vestido con una camiseta arrugada, despertándose con los suspiros de quien se acostó muy borracho. Una mujer está sentada en una silla junto a la única ventana de la habitación, vagamente delineado su perfil sobre un cielo preñado de lluvia que todavía no ha comenzado a caer. La mujer tiene en la mano un vaso de agua que va bebiendo de a pequeños sorbos, a sacudidas, como bebería un pájaro. Los rostros de ambos son jóvenes y desmedrados, como los rostros de los niños en un país donde hay hambre. Se hablan con una especie de cortesía, una especie de formalidad afectuosa como la de dos niños solitarios que quieren ser amigos; y, sin embargo, dan la impresión de haber vivido juntos durante mucho tiempo, y de que la presente escena entre ellos es la repetición de una escena tantas veces vivida que su contenido emocional plausible, como el reproche y el arrepentimiento, está totalmente gastado, y no queda nada más que la aceptación de algo irremediablemente inalterable entre ellos.


HOMBRE (Con voz ronca): ¿Qué hora es? (La mujer murmura algo inaudible) ¿Qué, cariño?
MUJER: Domingo.
HOMBRE: Ya sé que es Domingo. Nunca das cuerda al reloj.
(La mujer alarga el brazo, un brazo desnudo y delgado que sale de la deshilachada manga de su quimono de seda rosa y coge el vaso de agua, cuyo peso parece inclinarla un poco hacia delante. Desde la cama el hombre la observa muy serio, con ternura, mientras ella bebe agua. Empieza a oírse una música tenue, vacilante, con una frase que se repite varias veces, como si en la habitación contigua alguien estuviese tratando de recordar una canción en una mandolina. A veces se oye cantar una frase en español. La canción podría ser Estrellita. Empieza a llover; a lo largo de la obra cesa y se reanuda la lluvia varias veces. Una bandada de palomas pasa aleteando junto a la ventana y se oye la voz de un niño que canta fuera…)
VOZ DE NIÑO: Lluvia, lluvia, vete y vuelve otro día.
(Otro niño repite la canción en son de burla más lejos.)
HOMBRE (Por fín): Me pregunto si cobré el cheque del seguro de paro. (La mujer se inclina hacia delante como si le pesara el vaso de agua; lo deja en el reborde de la ventana con un pequeño chasquido que parece asustarla. Ríe, jadeando, por unos momentos. El hombre continúa, sin mucha esperanza.) Espero no haber cobrado mi cheque. ¿Dónde está mi traje? Mira en los bolsillos, a ver si lo llevaba encima.
MUJER: Volviste mientras yo estaba en la calle buscándote, y cogiste el cheque y dejaste sobre la cama una nota que no pude descifrar.
HOMBRE: ¿No pudiste descifrar la nota?
MUJER: Sólo un número de teléfono. Llamé, pero había tanto ruido que no entendí nada.
HOMBRE: ¿Ruido? ¿Aquí?
MUJER: No, allí.
HOMBRE: ¿Dónde era “allí”?
MUJER: No lo sé. Alguien me dijo que fuera y colgó; y después ya sólo daba la señal de comunicar…
HOMBRE: Cuando me desperté estaba en una bañera llena de cubitos de hielo medio derretidos y de cerveza High Life de Miller. Tenía la piel azul. Estaba ahogándome en una bañera llena de cubitos de hielo. Era cerca de un río, pero no sé si era el río Este o el Hudson. En esta ciudad le hacen a uno cosas terribles cuando está inconsciente. Me duele todo el cuerpo, como si me hubieran tirado a puntapiés por una escalera. No como si me hubiera caído, sino como si me hubieran dado puntapiés. Una vez recuerdo que me afeitaron la cabeza. Otra vez me metieron en un cubo de basura que había en un callejón, y salí de allí con cortes y quemaduras en todo el cuerpo. La gente depravada abusa de uno cuando se está inconsciente. Cuando desperté estaba desnudo en una bañera llena de cubitos de hielo medio derretidos. Salí de allí arrastrándome y fui al salón, y al entrar yo alguien salía por la otra puerta, y yo abrí la puerta y oí cerrarse la del ascensor y vi las puertas de un pasillo de un hotel. Estaba puesta la televisión y al mismo tiempo sonaba un disco; el salón estaba lleno de mesas de ruedas cargadas de cosas que debían haber subido los camareros del hotel, y jamones enteros, pavos enteros, sándwiches de tres pisos, fríos, que se estaban poniendo secos, y botellas, y botellas, y más botellas de toda clase de bebidas, que ni siquiera se habían abierto, y recipientes con cubitos derritiéndose. Alguien cerró una puerta al entrar yo… (La mujer toma sorbos de agua) Cuando entré alguien se marchaba. Oí cerrarse una puerta y fui a la puerta y oí la puerta de un ascensor cerrarse… (La mujer deja el vaso) Por el suelo de aquel apartamento junto al río…, cosas, ropas… esparcidas… (La mujer se sobresalta un poco al pasar junto a la ventana abierta una bandada de palomas) Sostenes…, pantalones…, camisas, corbatas, calcetines… y muchas cosas más…
MUJER (Débilmente): ¿Ropas?
HOMBRE: Sí, toda clase de prendas personales, y vidrios rotos, y muebles volcados como si hubiese habido allí un zafarrancho general y hubiese entrado en el apartamento… la Policía…
MUJER: Oh…
HOMBRE: Debió haber una lucha muy violenta… allí…
MUJER: ¿Tú estabas…?
HOMBRE: En la bañera, entre… el hielo…
MUJER: Oh…
HOMBRE: Y recuerdo que cogí el teléfono para preguntar qué hotel era, pero no recuerdo si me lo dijeron o no… Dame un sorbo de ese agua. (Ambos se levantan y se encuentran en el centro de la habitación. Se pasan muy serios el vaso de uno a otro. Él se enjuaga la boca, mirándola gravemente, y cruza la habitación para escupir por la ventana. Después regresa al centro de la habitación y le devuelve a ella el vaso. Ella toma un sorbo de agua. Él pone sus dedos con ternura sobre el largo cuello de ella.) Ya he recitado la letanía de mis desgracias. (Pausa. Se oye la mandolina.) Y tú, ¿no tienes nada que contarme? Háblame, dime algo de lo que pasa detrás de tu… (Sus dedos recorren la frente y los ojos de ella. Ella cierra los ojos y levanta una mano como para tocarle. Él le coge la mano y la mira volviéndola, y después oprime los dedos contra sus labios. Cuando se la suelta ella le roza con los dedos. Acaricia su pecho delgado y liso, como el de un niño, y luego sus labios. Él levanta la mano y desliza sus dedos por el cuello y el escote de su quimono a medida que se afirma el sonido de la mandolina. Ella se vuelve y se apoya en él, reclinando la cabeza en su hombro; y él sigue recorriendo con los dedos la curva de su cuello y dice:) Hace tanto tiempo que no estamos juntos de verdad. Vivimos juntos como dos extraños. Encontrémonos y quizá no nos perdamos. ¡Háblame! ¡Yo he estado perdido! … Pensaba mucho en ti, pero no podía llamarte, cariño. Pensaba en ti todo el tiempo, pero no podía llamar. ¿Qué iba a decir si llamaba? ¿Iba a decir, estoy perdido? ¿Perdido en la ciudad? ¿Circulando como una tarjeta sucia entre la gente? Y después colgar… Me siento perdido en esta… ciudad.
MUJER: ¡Desde que te fuiste no he tomado más que agua! (Lo dice casi alegremente, riéndose de lo que dice. El hombre la estrecha contra sí con un gemido suave, emocionado.) ¡Nada más que café en polvo, hasta que se acabó, y agua! (Ríe compulsivamente)
HOMBRE: ¿Puedes hablarme, cariño? ¿Puedes hablarme ya?
MUJER: ¡Sí!
HOMBRE: Pues háblame como la lluvia y… déjame escuchar, déjame estar ahí echado y escuchar… (Se tumba en la cama y se da la vuelta, quedando boca abajo, con un brazo colgando por un lado de la cama y golpeando de cuando en cuando el suelo con los nudillos. La mandolina continúa.) Hace demasiado tiempo que no hablamos… abierta y claramente. Cuéntame cosas. ¿Qué has estado pensando en silencio? Mientras yo he circulado como una postal sucia por esta ciudad… ¡Dime, háblame! Háblame como la lluvia, y yo estaré aquí echado y escucharé.
MUJER: Yo…
HOMBRE: ¡Tienes que hacerlo, es necesario! ¡Tengo que saber, así es que háblame como la lluvia y yo te escucharé, aquí echado, te escucharé…!
MUJER: Quiero irme de aquí
HOMBRE: ¿Quieres irte?
MUJER: ¡Quiero irme de aquí!
HOMBRE: ¿Cómo?
MUJER: ¡Sola! (Vuelve a la ventana) Me instalaré con un nombre supuesto en un pequeño hotel de la costa…
HOMBRE: ¿Con qué nombre?
MUJER: Anna… Jones… La camarera será una viejecita que tenga un nieto y hable de él… Yo me sentaré en la silla mientras la viejecita hace la cama, con los brazos colgando… a los lados y… su voz será… apacible… Me contará lo que cenó su nieto…, tapioca y leche… (Se sienta junto a la ventana y bebe sorbos de agua.) La habitación será umbrosa, fresca y estará llena del murmullo de la…
HOMBRE: ¿Lluvia?
MUJER: Sí. De la lluvia.
HOMBRE: ¿Y…?
MUJER: ¡La ansiedad… desaparecerá!
HOMBRE: Sí…
MUJER: Al cabo de un rato la viejecita dirá: ya tiene la cama hecha, señorita; y yo le diré: gracias… Coja un dólar de mi monedero. Se cerrará la puerta. Y me quedaré otra vez sola. Las ventanas serán altas, con largos postigos azules, y habrá una temporada de lluvia…, lluvia…, lluvia… Mi vida será como la habitación, fresca, umbrosa y… llena del murmullo de la…
HOMBRE: Lluvia…
MUJER: Todas las semanas, sin falta, el correo me traerá un cheque. La viejecita me cobrará los cheques y me traerá libros de una biblioteca y recogerá… la ropa de la lavandería… ¡Siempre llevaré ropa limpia!... Me vestiré de blanco. Nunca seré muy fuerte ni me quedarán muchas energías, pero pasado algún tiempo tendré las suficientes para pasear por la explanada, para pasear por la playa sin esfuerzo… Por las tardes pasearé por la explanada que bordea la playa. Elegiré una playa donde ir a sentarme, no lejos de la glorieta donde la banda toca selecciones de Víctor Herbert mientras oscurece… Tendré una habitación grande, con postigos en las ventanas. Habrá una temporada de lluvia, lluvia, lluvia. Y me sentiré tan agotada después de mi vida en la ciudad que no me importará estar sin hacer nada, simplemente oyendo caer la lluvia. Estaré tan tranquila. Las arrugas desaparecerán de mi cara. No se me inflamarán nunca los ojos. No tendré amigos. No tendré siquiera conocidos. Cuando sienta sueño regresaré despacio al pequeño hotel. El empleado dirá: buenas noches, señorita Jones; y yo me limitaré a sonreír apenas y cogeré mi llave. Nunca ojearé siquiera un periódico ni oiré la radio; no tendré ni idea de lo que ocurre en el mundo. No tendré conciencia del paso del tiempo… Un día me miraré al espejo y veré que mi cabello está empezando a ponerse gris, y por primera vez me daré cuenta de que he estado viviendo en ese pequeño hotel bajo un nombre supuesto, sin amigos ni conocidos ni relaciones de ninguna clase durante veinticinco años. Me sorprenderá un poco, pero no me preocupará. Me alegraré de que el tiempo haya pasado tan sin sentir. De cuando en cuando quizá vaya al cine. Me sentaré en la última fila, con toda esa oscuridad en torno mío y unas figuras inmóviles sentadas junto a mí, ignorándome, mirando la pantalla. Personas imaginarias. Personajes inventados. Leeré largos libros y los diarios de escritores muertos. Me sentiré más cerca de ellos de lo que me he sentido nunca de las personas que conocía antes de retirarme del mundo. Será grata y sedante esta amistad mía con poetas muertos, porque no tendré que tocarlos ni que responder a sus preguntas. Me hablarán sin esperar mi respuesta. Y me vendrá el sueño escuchando sus voces que me explicarán misterios. Me quedaré dormida con el libro todavía entre las manos y lloverá. Despertaré, oiré la lluvia y me volveré a dormir. Una temporada de lluvia, lluvia, lluvia… Después, un día, al cerrar el libro o al volver sola del cine a las once de la noche, me miraré al espejo y veré que mi cabello se ha vuelto blanco. Blanco, blanco del todo. Tan blanco como la espuma de las olas (Se levanta y pasea por la habitación mientras habla.) Recorreré mi cuerpo con las manos y percibiré lo asombrosamente delgada e ingrávida que me he quedado. ¡Oh, Dios mío, qué delgada estaré! Casi transparente. Apenas real, ya. Entonces advertiré, sabré, un tanto confusamente, que he permanecido allí, en ese pequeño hotel sin… relaciones sociales, responsabilidades, inquietudes ni perturbaciones de ninguna clase… durante casi cincuenta años. No recordaré siquiera los nombres de las personas que conocía antes de llegar allí, ni qué se siente cuando se espera a alguien que… puede no venir… Entonces sabré –mirándome al espejo- que ha llegado el momento de pasear sola una vez más por la explanada, con un viento fuerte azontádome, el viento limpísimo que sopla desde el confín del mundo, desde más lejos aún, desde los fríos límites del espacio ultraterrestre, desde más allá de lo que haya más allá de los confines del espacio. (Se sienta otra vez, vacilante, junto a la ventana.) Entonces saldré y pasearé por la explanada. Pasearé sola y me iré adelgazando, adelgazando.
HOMBRE: Nena. Vuelve a la cama.
MUJER: ¡Cada vez más delgada, más delgada! (Él va hacia ella y la obliga a levantarse de la silla.) ¡Hasta que al final no tendré cuerpo ya y el viento me cogerá en sus fríos brazos blancos y me llevará para siempre!
HOMBRE (Le besa el cuello): ¡Vamos, ven a la cama conmigo!
MUJER: ¡Quiero irme, quiero irme de aquí! (Él la suelta y ella vuelve al centro de la habitación, sollozando inconteniblemente. Se sienta en la cama. Él suspira y se asoma en la ventana; la luz brilla a intervalos tras él y arrecia la lluvia. La mujer se estremece y cruza los brazos. Sus sollozos han cesado, pero respira con dificultad. La luz centellea y el viento gime fríamente. El hombre sigue asomado a la ventana. Por fín, ella le dice con voz suave…:) Vuelve a la cama. Vuelve a la cama, cariño…
(Él vuelve hacia ella su cara perdida mientras).



CAE EL TELÓN



("drama virtual.com", s/c traductor)