viernes, 18 de agosto de 2017

Vladimir Holan (1905/1980 )

Cuando llueve en domingo y tú estás solo



Cuando llueve en domingo y tú estás solo,
completamente solo,
abierto a todo, pero no llega ni el ladrón
y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo;
cuando llueve en domingo mientras tú estás abandonado
y no comprendes cómo vivir sin cuerpo
y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo;
cuando llueve en domingo y, solo, no eres más que tú,
!no esperes ni hablar contigo mismo!
Entonces el ángel es el único que sabe
lo que hay encima de él,
entonces el diablo es el único que sabe
lo que hay debajo de él.
El libro sostenido, el poema al caer...


("revista el humo" s/c al traductor)

jueves, 17 de agosto de 2017

Josep M. Rodríguez (1976 )

Ramas



A contraluz,

tu pulmón al desnudo.



Y en su interior

(aunque no puedas verlas)

ramas como de almendro o de avellano



y una especie de florecillas blancas

brotando en sus extremos:



Una radiografía.

La dejas otra vez sobre la mesa

que aún conserva intacta

su memoria de ramas, tronco y árbol



(la memoria no muere,

se transforma).



Ramas en tus pulmones

y en la mesa



y en el papel de un libro.



Todo es parte de todo,


un mismo árbol.

***

Primera visita al zoológico


Tenía doce años y mi madre
me regalaba un mundo para mí:

‒¿Si la tristeza fuese un animal?

‒Si la tristeza fuese un animal...
pues un escarabajo.

Y entonces le contaba que había días
en que ese escarabajo fabricaba
una bola muy grande en mi garganta.

Los ojos de mi madre eran de búho.
Parecía entenderme sin hablar.

‒¿Y cómo te imaginas ser mayor?

No sé qué respondí,
tenía doce años:

aún no comprendía que crecer
es ir al zoo
y sólo ver barrotes.


("círculo de poesía " + "rua das pretas")

miércoles, 16 de agosto de 2017

Cristian Aliaga (1962 )

Arte poética


Un poeta –un lobo sin cartel–
no muestra sus cartas, no baraja
de nuevo, no escancia vinos
que no es capaz de beber.
Es un animal procaz
que no ve detrás de las ventanas
sino más allá de las rejas,
un espectro sordo
que no domina su carga
y se entrega a ella.
Un poeta –un punto azul sobre la mesa–
no mira para ver
sino para abrir los ojos.


("rua das pretas")

martes, 15 de agosto de 2017

Mario Trejo (1926/2912 )

Ultimátum a un joven poeta



Que el pan sea pan y mar el mar
Basta de conjeturas
Murciélagos lunares o roedores de orquídeas Toda palabra tiene precio
Las palabras que atacan como rayos o víboras
Y también madre
Amigo
Y alcohol y cama y mesa
Y el hijo concebido a dulces empujones
Y los hongos que provocan destellos de amor
O resplandores de muerte
Y el poeta que cae bajo las balas
Como un sol que la noche acribilla

Que el pan sea pan y mar el mar
el agua eterna
Pero la sed eterna
Para poder decir al fin:
He hallado un pan junto al mar
Los buitres sobrevolaban mi amor
He mordido una orquídea
Los buitres disputaban un cuerpo querido
He guiado camiones y dormido en aserraderos
Los buitres devoraban a mi amada
Viajé de noche sobre la arena caliente
Invoqué los nombres secretos

Conjuré un maleficio
Contuve una catástrofe
Conduje un águila a su nido
He muerto con mis muertos y estoy vivo

Cuando llegué a la ciudad
Un loco vagaba por las calles
En su mirada había un cuchillo
Le di mi mano
Lo miré
Le hablé y mi voz duró entre los astros
Eramos sólo dos sobre la tierra
Pero éramos dos sobre la tierra

La soledad se hizo añicos
La poesía palabras


("life vest under your seat")

lunes, 14 de agosto de 2017

Ángela Figuera Aymerich (1902/1984 )

La otra orilla



A la orilla del río, en una orilla,
miro la otra: juncos, hierva suave,
troncos erguidos, ramas en el viento,
cielo profundo, vuelos desiguales...

¿Y esta orilla?... Mirarla, verla, verme,
estando aquí y allí; completa, ubicua...

Cuando te miro, amado -amor en medio-
también quisiera estar en la otra orilla.


("a media voz")

domingo, 13 de agosto de 2017

Jorge Teillier (1935/1996 )

Blue


Veré nuevos rostros
Veré nuevos días
Seré olvidado
Tendré recuerdos
Veré salir el sol cuando sale el sol
Veré caer la lluvia cuando llueve
Me pasearé sin asunto
De un lado a otro
Aburriré a medio mundo
Contando la misma historia
Me sentaré a escribir una carta
Que no me interesa enviar
O a mirar los niños
En los parques de juego.

Siempre llegaré al mismo puente
A mirar el mismo río
Iré a ver películas tontas
Abriré los brazos para abrazar el vacío
Tomaré vino si me ofrecen vino
Tomaré agua si me ofrecen agua
Y me engañaré diciendo:
“vendrán nuevos rostros
vendrán nuevos días”.


("life vest under your seat")

sábado, 12 de agosto de 2017

Sam Shepard (1942/2017 )


Un relato



En este pueblo hay personas que tratan de desviar su propia muerte hacia otros. Dos mujeres con bata de enfermera. Un hombre con smoking azul. Sé quienes son aunque sólo los he visto de lejos. Siempre por la noche. Siempre amontonados, formando un grupo frenético en las esquinas, empujando uno hacia el otro una vieja silla de mimbre. Discutiendo en susurros. Tratando de esconder sus caras. Caminando furtivamente por el barrio con zapatillas deportivas. Sé quienes son, pero jamás revelaré sus delitos.
    El centro de su discusión es la silla de mimbre. Todo su terror emana de esta silla de mimbre. Una mañana, de repente apareció en la fachada de la casa de uno de ellos. Todos estuvieron de acuerdo en que era una señal de mal augurio. Señal inequívoca de su muerte inminente. Ahora creen que si dejan la silla delante de la casa de otro evitarán su propia muerte. Pero cada mañana la silla aparece delante de su casa.
    Esta noche la dejan delante de la mía. Les veo cuando la traen. No intento impedírselo. Tienen tanto miedo de que alguien les pille que son incapaz de sorprenderles. Veo cómo la tiran y luego salen corriendo. Les oigo correr varias manzanas a toda velocidad, como si temiesen que la silla pudiera perseguirles. Observo la silla. No se mueve. A pesar del frío viento, salgo y la arrojo hacia la calzada, pero el viento la empuja de nuevo hacia mi casa. Cojo la silla, la llevo hasta el centro de la calzada y la dejo tirada allí. Regreso a casa corriendo.
    Observo la silla desde mi ventana. Se ha quedado allí, en medio de la calle. Aunque los faros de los coches la iluminan, no se mueve. Me quedo dormido mirándola desde la ventana. Por la mañana vuelve a estar junto a mi porche.


23/Vii/1980
Homestead Valley, Ca.


("crónicas de motel", anagrama, 1982, trad. enrique murillo)

viernes, 11 de agosto de 2017

Luz Machado (1916/1999 )

La casa por dentro


La casa necesita mis dos manos.
Yo debo sostener su cal como mis huesos,
su sal como mis gozos,
su fábula en la noche
y el sol ardiendo en mitad de su cuerpo.
Deben dolerme las cortinas y sus gaviotas
muertas en el vuelo.
Conmoverme el jardín y su antifaz de flores dibujado,
el ladrillo inocente acusado
de no haber alcanzado los espejos,
y las puertas abiertas para las recién casadas
con su rumor de arroz creciendo bajo el velo.
Debo atender su réplica del universo,
la memoria del campo en los floreros,
la unánime vigilia de la mesa,
la almohada y su igualdad de pájaros dispersos,
la leche con el rostro del amanecer bajo la frente
con esa yerta soledad de una azucena
simplemente naciendo.
Debo quererla entera, salida de mis manos
con la gracia que vive de mi gracia muriendo.
Y no saber, no saber que hay un pueblo de trébol
con el mar a la puerta
y sin nombres

ni lámparas.



+++++

En mi habitación


Aquí están mis zapatos, con la forma
de los pasos y el pie que los dispone.
Aquí están mis vestidos, mis blusas y mis faldas
y mi ropa interior,
liviana y sencilla como una campánula silvestre
ya marchita,
mis medias que olvidaron las orugas
y han conocido antes la máquina y el ruido,
y después el latido y la huella;
mi paraguas, lánguido capullo, calabaza
del color del durazno y la cayena,
oh, mi mejor amigo defendiéndome
del cielo y su arrebato.
Espejos, libros, memorias de los viajes,
la música viniendo desde lejos,
su posada mariposa libérrima,
un lecho donde el sueño sólo es más sueño,
una lámpara antigua de la abuela materna,
una diversa advocación de vírgenes y santos
para la belleza y por los hijos, para la soledad,
esta máquina de escribir que llena de picotazos el silencio
como una gaviota furiosa y hambrienta
contra la huidiza verdad del mar,
este olor que de pronto se viene del jazmín
del jardín, desde la calle
a pelear contra el mío y mis perfumes
saliéndose de mí o del armario abierto.
Y retratos.
Y la vida haciendo ruido adentro y en torno
en cada día que pasa.


("no me quites paz" y "prometeo digital")

jueves, 10 de agosto de 2017

José Agustín Solórzano (1987 )

Adentro:

(fragmento)



la sangre hierve al tiempo que el agua de la cafetera
            el reloj digital del microondas responde a mi resaca:
            son las 00:00              parpadea: tiene sueño todavía
            nadie quiere morirse
                                         un domingo
            nadie tiene ganas de vivir

            la libertad me da comezón en la espalda y enlosdeabajo
            mosquea la casa                          abre grietas en el techo
            la libertad podría ser esa gotera que me recuerda a tus ojos
         
            abrir de par en par tus pezones me ocasiona una tristeza

            apenas un poco más alegre que abrir las ventanas


("revista el humo")

miércoles, 9 de agosto de 2017

Laura García del Castaño (1979 )

Nadie te conoce


no saben cómo
dispones la risa, moderas el hambre,
controlas el celo,
la voracidad de la carne
desconocen cuándo
clavarías la lanza,
si serías quien da o quien bebe
del veneno
lo inesperado es un mundo de ciegos mirando el mar
esta habitación, la ropa sucia, tu dolor de espalda
que rujas como un niño maldito
no sugieren nada
sobre el corazón más tierno
sobre el bonsái más soleado
se esparce el musgo

florece la catástrofe.



llueve



el agua sube airosa con la ingenuidad de un niño
que desconoce su fortaleza
busca a su ahogado
Un colectivo de la virgen de Lourdes está cruzado
como una ballena que corta el mar
frascos con flores aguardan
bajo un puente marchito
tres hombres lloran contra el capot de un auto a su hermana muerta
por propia voluntad
La nicotina en un puño
la insolente excusa del que llama
Un flaco se arremanga
Una anciana revuelve su cartera en busca de consuelo
Peregrinan detrás del féretro dejando un espacio
como si fuese un meteorito que va a quemarlos con su cola
Ha sido el paso de un cometa por los días de un hombre
un derrumbe bajo el sol
ladrillos apilados que han envuelto la precariedad
y debajo un roedor
que al fin encuentra su casa.


("revista el humo")

martes, 8 de agosto de 2017

Ballerina Vargas Tinajero (1976 )

Reflexión




Hay que ser muy cabrona
               una indeseable de hecho
Para ir llenando de sombras otros ojos
Descargando porque sí los palos
Sin mirar sobre quién
El daño que te hicieron

Huyes de la caricia esperando el golpe
Desprecias las palabras melosas
Porque tarde o temprano
Sentirás su filo candente
La miel olerá a azufre

Como una perra desconfiada
Que prefiere morir de hambre
A bajar la guardia y aceptar
De mano de nadie
Más veneno recubierto de huesos

Por suerte pequeña

Tú no eres así
Te dice tu mirada ausente
Que ya no te reconoce
Desde el otro lado del espejo
Contra el que se estampan
Una pulga desnortada
Y tu malgastado tiempo


("revista el humo")

lunes, 7 de agosto de 2017

Max Rojas (1940/2015 )

Búsqueda de un cuerpo


Esta búsqueda atroz, que ya termine;
este mordisco, no, que me desgarra.
Ven. Mi sombra no te hará nunca más daño.
Se ha ido ya, sobre cristales rotos;
se ha ido ya, pero ha dejado las guitarras.
Vuelve. Es un clamor. Regresa.
Un huraño sonido nos espera,
un territorio de aves o de espinas nos acoge.
Es un clamor: regresa.
Idos, mis cirios, campanas tañen tenuemente
su clamido: vuelve.
Ya. Esta búsqueda atroz, que ya termine,
que ya cese este constante deshacerse.
Estoy al borde. Vuelve.
Pájaros: decídmele que vuelva,
que ahora mis manos son helecho
y no, nunca jamás le harán más daño.
Campanas: tenues tañed clamando su regreso.
Pero ya: que esto termine;
este irse apenumbrando entre el olvido,
este yacer entre herrumbrados fierros,
esta batalla atroz por hallarme en tu cuerpo,
que terminen.

—¡Adiós!


("revista el humo")

domingo, 6 de agosto de 2017

Uriel Martínez (1950 )




Villa Olvido

1
A principios de año descubrí una bodega de libros usados en Villa Olvido, distante de mi pueblo unas cuantas horas. Ahí, en un rincón, me esperaban dos libros que llegaban a mis manos sin buscarlos: una edición sureña de Villaurrutia y otra de Montejo. Ambos ya fallecidos. No quise demorarme en otra búsqueda al azar. Pagué y salí casi de prisa. En la primera esquina me detuve a revisarlos. "Nostalgia de la muerte" se había impreso cuando yo era niño; "Alfabeto del mundo" mientras cursaba la Universidad. Xavier Villaurrutia había estampado su firma de puño y letra a la mecenas Antonieta Rivas Mercado y Eugenio Montejo, el segundo poeta, a Octavio  Paz. Los cuatro ya muertos.

2
Regresé al mes a la misma Villa. El dependiente me había dicho en la primera ocasión, mientras hacía la nota de venta, que justo en un mes, recibirían otra remesa de libros de la capital, que el negocio se especializaba en libros rubricados por sus autores a otros autores; que me convenía el regreso. Fue tan discreto que no me preguntó si yo tendría vocación por la escritura, o sólo la lectura. En medio de cada ejemplar adquirido me incluyó sendos separadores con el nombre de la bodega y el horario.

3
La siguiente visita fue un sábado a mediodía. Era un día nublado, me hospedé en la casa de forasteros y viajantes de ventas de costumbre, con una valija de lona al hombro y un paraguas. Encontré cerrada la bodega. Antes de que comenzara la lluvia entré al café más cercano, desde donde se dominaba el negocio por el cual había regresado pronto. Pasado el mediodía vi que alguien levantaba la cortina de acero de la bodega. Dos hombres de edad indefinida empezaron a bajar cajas de cartón, supuse, llenas de libro.  Encendí el último tabaco para hacer tiempo y no mostrarme inoportuno o impaciente. El día se veía cargado de nubes oscuras. Había ya pagado mi consumo cuando empezó una lluvia tenue, casi inofensiva, que me daba la bienvenida a Villa Olvido.

4
Fue después de esta segunda visita, mientras el empleado me facturaba la compra de "La campaña de Vasconcelos", con unas cuantas palabras de la autora a su protector, más dos cuadernos de poesía de Carlos Pellicer y Salvador Novo, que por vez primera me percataba de que la bodega de libros viejos carecía de equipo contra incendio y, por ende, supuse, sin un seguro contra siniestros, robo o cualquier percance imprevisto como derrumbes o movimientos telúricos. Aunque los extintores pudiesen estar colocados fuera de la vista de mirones eventuales como yo, en otra sección del inmueble, es fácil suponer que no eran sometidos a revisión periódica ni al cambio de espuma, halogenados o agua simple.

5
Ramón, el empleado que me atendía y de unos cuarenta años, me ofreció café y un cigarro. Él estimaba que en una semana terminaría de desempacar las cajas de novedades, donde suponía vendrían la obra reunida de los poetas Luis Cernuda, Jaime Gil de Biedma, Constantino Cavafis y Alejandra Pizarnik, más otros autores del sur del continente y uno que otro mexicano como Jaime Reyes, Concha Urquiza y Salvador Díaz Mirón. Me avisaba por si alguno pudiese interesarme. "Voy a ver si tengo la obra reunida de Reyes y Urquiza, que una vez presté. A veces olvido si me los devuelven." Aquí en confianza -me dijo en seguida y en un tono de voz de cómplices-: creo que en alguna remesa me enviarán las últimas cartas de Jaime Reyes a su mujer, una actriz ya fallecida; y las de Urquiza a su confesor. No le respondí nada al hábil Ramón, sólo le extendí una sonrisa. Pero esta revelación me decidió a volver pronto.

6
La vida no se nos da con la generosidad esperada, ni deseada ni, mucho menos, como uno imaginó. Simplemente se nos viene encima, nos apabulla o nos amedrenta. Aunque no creo en los signos zodiacales, entiendo que haya temperamentos rudos, reposados y reflexivos, por ejemplo. La mañana de mi tercera visita a Villa Olvido, era viernes 13, madrugué, me bebí una pastilla prescrita para hipertensos y salí de la pensión a comprar el diario. Fue inevitable ver una de las notas de primera plana: incendio y derrumbe de bodega, decía el encabezado. El boletín resumía el hecho, las lluvias de temporada, la finca antigua y con nulo mantenimiento, la disputa por una propiedad del dueño quien murió intestado. Se desconocía si entre los escombros de libros, vigas apolilladas, libreros, cajas y mesas se encontraría el cuerpo del dependiente Ramón N que hacía las veces de velador del negocio. Sentí el alma en un hilo al imaginar que ahí, también, pudo ser mi tumba.

7
Pasó el tiempo sin que yo regresara a Villa Olvido. Ni siquiera cuando conseguí de oportunidad una enciclopedia de Bellas Artes, donde aparecían las fichas, fotos y firmas de aquellos autores adquiridos en el pueblo trágico. Me quedé de una pieza al ver, al compararlas, que eran distintas las rúbricas de la edición "oficial" y las estampadas en los ejemplares que me vendió el librero Ramón y, por ende, apócrifas las dedicatorias. En cuanto pude, me deshice de las ediciones para alejar la sensación de mi estupidez.



                                                                                                                                                                                     Dogville, julio 2017
[Inédito]

sábado, 5 de agosto de 2017

Miguel Ángel Ortiz (1984 )

Hotel con piscina

(fragmento)

He ahí el mundo:
la piscina de un hotel.

Me sumerjo en el agua,
me sumerjo.
Ellos fuman,
toman su cerveza,
hablan de los campos.

Me sumerjo en el agua,

me sumerjo a volar.

*
¿Era Tijuana?
No, no era Tijuana

¿Era el D.F.?
No, no era el D.F.

¿Era Durango?
No, no era Durango

Era un sueño pero no era un sueño.

Los cisnes de    ¿Yeats?      
¿Rilke?

Recuerdo los cisnes,      
el agua en tus ojos,
tus ojos en el agua.


Nombro a los cisnes,

quiero recordar la poesía,
pero no puedo decir
la poesía que recuerdo.


("revista el humo)

viernes, 4 de agosto de 2017

Valeria Pariso (1970 )

Mientras desayuno


Mientras desayuno
una libélula se pierde
y entra en la habitación.
La miro: está sobre la lámpara
que permanece apagada
desde anoche.

¿Qué destino insiste
en los cuerpos
que alguna vez
tuvieron luz?


("marcelo leites")

jueves, 3 de agosto de 2017

Karmelo C. Iribarren (1959 )

En el último bar


Y qué pasó
entonces.

Pasó una mujer.

Pero qué pasó.

Que era
de las que nunca
terminan
de pasar.


("apología de la luz")

miércoles, 2 de agosto de 2017

Ana María Moix (1947/2014 )

Aquel hombre de ojos rojos



Aquel hombre de ojos rojos y chaqueta azul venía
de muy lejos. Balbuceaba canciones por los parques y solía
relatar historias aparentemente sin sentido. Sin embargo,
parecía poseer un extraño entendimiento y saber
por qué algunos adolescentes lloran al despertar, herido
el pecho por el resplandor de la mañana.


("no me quites paz")

martes, 1 de agosto de 2017

Juan José Saer (1937/2005 )

El balcón


Llegó un punto en el cual estaba
ciego y enloquecido en un camino
vacío, bajo un cielo amarillo, contra
un árbol seco. Creí que iba a morir.
En plena madrugada, me eché a llorar,
odié mi vida, encendí la luz.
Y con una camisa blanca, los pies desnudos,
caminé hasta el balcón y contemplé
la ciudad diminuta desde el décimo piso.
Después volví a mi cama y el sol me despertó.
Porque la altura, pasado el trepidante vértigo,
da -si uno no es demasiado orgulloso- serenidad.


("la ficción del olvido")

lunes, 31 de julio de 2017

José Antonio Cedrón (1945 )


Llueve sobre aquel pájaro



Llueve sobre aquel pájaro en la rama del patio
sobre la mancha verde que no alcanza
la nitidez del ojo, sobre el vidrio astillado de sus alas
y hay ruido de cucharas, de mediodía puntual,
rumor eterno en la silla vacía de mi padre
con su mirada al fondo, aquella, siempre quieta,
y voces en el rostro de la pared que tuvo la obediencia.
Pasa un caballo mudo, anónimo, sin cascos
(¿heredado de quién?)
descascarándose al sol de la intemperie.
Tal vez jamás lo he visto. Es más, tal vez
no existió nunca, pero yo lo recuerdo, como ahora
cuando lo necesito. Y es como son tus manos
las de ayer, repitiendo la cita, o tal vez antes
sobre el cielo caliente de un mantel.
Traigo una vieja herida de aquella travesía,
que fue espera. No sé nada después,
es un decir, vuelve tu mano izquierda
y hace a un lado el vacío donde estamos ausentes.
Ay si te he recordado –como si hubieras sido posible–
en estos años. O por qué me pregunto por el tiempo
entre estas cosas simples,
la ignorancia es tan grande como el miedo
de los recién librados.
Hubo un largo reproche donde el día descansa
su ironía y tazas por lavar siempre esperando turno.
El pájaro inmortal sobre el que entonces
se posaba la lluvia, viene a sobrevivirnos.
El mismo de los siglos desde su aparición, atisba.
La supuesta utopía de libertad no es suya
sino nuestra.

************

De lo que fue aprendido sobre esos
                                                  movimientos
nos queda la costumbre.
Ni huellas ni señales de los sabes ahora, sobrevive.
Las estaciones vuelven sobre los mismos ojos
que absorbieron el mundo que te toca.
Podrías bajar los párpados hasta olvidarlo todo
y sentir aquel sol que formó tu razón
sobre esos mismos pliegues.
Comieron de tu furia, lo sabes. De tu amor.
De lo que nunca vas a arrepentirte.
Antes que te disequen consigue dos testigos
entre aquellos que fueron
sobre todas las cosas.


("crear en salamanca" y "la ficción del olvido")

domingo, 30 de julio de 2017

Robert Graves (1895/1985 )

Así muere la luz del día


Así muere la luz del día.
La luna ha menguado por completo,
ni las primeras estrellas pueden ya eclipsarla.
Pero, ¿qué es del amor, que se supone ha de descartar
el terror recurrente del último cuarto de luna?


¡Niña, coge mi mano, bésala dedo a dedo!
¿Puede apagarse el amor verdadero? No temo a la muerte,
sino sólo dar pena, y el olvido
del vocabulario intemporal del amor,


y que acabe la poesía
con el loco avión de la muerte como una exhalación por el cielo.



¡Niña, coge mi mano!


("apología de la luz", s/c al traductor)

sábado, 29 de julio de 2017

Gloria Fuertes (1917/1998 )

Poema que luego no podré escribir


Cuando no tenga nada que catar
más que la tierra,
que un hombre rudo me dé la cucharada
(de oficio enterrador) la paletada,

aún con la boca así, llena de tierra,
seguiré recitando enamorada:
Te quise y aún te quiero todavía,
toda viva te amé,
y hoy, toda muerta
el timbre de mi voz
llama a tu puerta.
Lo siento, soy así,
algo pesada.


(muro fb jesús aparicio gonzález)

viernes, 28 de julio de 2017

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

Las nubes


Con la descripción de las nubes
debería darme mucha prisa,
en una milésima de segundo
dejan de ser ésas y empiezan a ser otras.

Es propio de ellas
no repetirse nunca
en formas, matices, posturas y orden.

Sin la carga de ningún recuerdo
se elevan sin problemas sobre los hechos.

¡De qué van a ser testigos!,
en un segundo se disipan en todas direcciones.

Comparada con las nubes
la vida parece tener los pies sobre la tierra,
se diría que es inmutable y prácticamente eterna.

Frente a las nubes
hasta una piedra parece un hermano
en el que se puede confiar
y las nubes, nada, primas lejanas y frívolas.

Que exista la gente si quiere,
y después que se muera uno tras otro,
poco les importa a las nubes
esas cosas
tan extrañas.

Sobre toda Tu vida
y también la mía, aún incompleta,
desfilan pomposas igual que desfilaban.

No tienen la obligación de morir con nosotros.
No necesitan ser vistas para poder pasar.


Charco


Recuerdo muy bien ese miedo infantil.
Evitaba los charcos tras la lluvia,
sobre todo los recientes.
Alguno podría no tener fondo,
aunque se pareciera a los otros.

Me meto y de pronto me caigo toda,
comienzo a volar hacia abajo,
y más y más abajo,
en dirección a las nubes reflejadas
y a lo mejor más allá.

Luego se seca el charco,
se cierra sobre mí,
y yo atrapada para siempre –dónde-
en un grito que no sale al aire.

Solamente después llegó el entendimiento:
no todos los accidentes
siguen las reglas del mundo,
y aun si lo quisieran,
no pueden suceder.



("szymborska poesía", trad.g. beltrán y a. murcia soriano)

jueves, 27 de julio de 2017

Juan L. Ortiz (1896/1978 )

Invierno




-El viento llora, padre...
-Sí, alaridos como de vidrio...
-Sin nadie, padre...
-¿Igual que caminos, solos, de piedra?
-¡Entro en el viento, ay, padre, cómo silba!
-¿Dónde terminarán los silbidos, dónde?
-¿Es otro padre el viento, ay, fuerte, que me lleva
a sus arenas amarillas, hundidas?
-Hundidas en una ausencia demasiado larga
y lastimada...
-¿Y qué es la ausencia, padre?
-El viento es un alma, hijo, desesperada...
-¿Desesperada de qué, padre?
-Desesperada de...aire sin fin...y del...
-¿De qué más?
-De fuga...
-Estoy vacío, padre, y a la vez en esos gritos....
-Las islas gritan también, oyes?
-¿Tienen alma también las islas, padre?
-Cuando hay mucha agua, ellas vuelan
y llenan toda la noche, ay, de heridas...
-Pero al río, mira, al río le han salido mariposas...
-Flores del viento...
-¿Pero el viento, verdad, traerá otras flores?
-Ay, él casi siempre las deshace, o son pálidas...
-¿Pero no alcanzará al fin la tierra verde?
-Y agitará banderas sobre los pájaros, sí,
mientras las islas se irán haciendo de cristal....


("la ficción del olvido")

miércoles, 26 de julio de 2017

Martín Adán (1908/1985 )

La piedra absoluta

(fragmento)

" Poesía se está de fuera:
Poesía es una quimera
Que oye ya a la vez y al dios.
Poesía no dice nada:
Poesía se está callada,
Escuchando a su propia voz

Como se va vida,
O como crece pelo de cadáver,
Estás tú, piedra aviternísima, piedra ilusa,
Entre las cosas reales.
Eternidad haraposa,
Firmeza sin edades,
Y un cordero de debajo que bebe el agua,
Y los cielos infinitos y con hambre...
Todo lo humano lo vi en ti,
Bestia mía y lejana, abiertas las fauces...
Todo de acto cumplido,
Y acezante...
Para cuando te estés muerto todavía,
Yo mismo, eres la muerte.
Eres yo mismo alguna vez
Entre las veces,
Entre las cosas,
Entre los quienes...
Pero tú, piedra enquistada,
¿Quién eres?
¿A quién voy entre los seres?
¿A qué tiempo, a qué futuro
iré con mis míes y mis desdenes
y con mis piedras recónditas,
yo mismo, nube de mí mismo, celeste?

La desesperación es una playa,
Sábelo, recóndita, alta piedra.
La Desesperación está contigo
Como tu piel o la miel de la abeja.
La Desesperación es un cielo
O una hembra o una piedra o una yedra.
La Desesperación no tiene otro
Límite que tu invocarla a ciegas.
La Desesperación está delante
De ti ahora: ahora es nueva,
Con sus monstruos invisibles de siempre
Y sus abiseles de fuera;
Con sus demonios de debajo, verdes,
Y con su cumbre, desierta.
Entre oleaje de roca, a ti llegué,

Muerto y vivo, con mortaja de yerba. "


("casa barbieri")

martes, 25 de julio de 2017

María Negroni (1951 )

Haiku


¿qué pensás del atardecer?

a lo mejor mañana alcanzaremos el sol
en el jardín de lo indeleble

no es fácil saber morir

de flores inesperadas


("la ficción del olvido")

lunes, 24 de julio de 2017

Idea Vilariño (1920/2009 )

Qué puedo decir


Qué puedo decir
ya
que no haya dicho
qué puedo decir
ya
que no haya escrito
qué puede decir nadie
que no haya
sido dicho cantado escrito
antes.
A callar.

A callarse.


("laa ficción del olvido")

domingo, 23 de julio de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Belén, 25 kilómetros



1.
Como cada año aquel diciembre me invitaron de jurado al concurso de nacimientos. Entre los finalistas hubo uno que yo propuse como de los mejores, con elementos actualizados. Era una carretera a escala que desembocaba en el establo en donde, se dice, nació el salvador. Era un camino asfaltado con puentes, pasos a desnivel y arbotantes de luz mercurial que permanecen encendidos toda la noche. A la vera de algunos tramos del camino aparecían coches en miniatura descompuestos, abandonados o chocados. Si alguien se asomaba al interior, con los cristales bajados o rotos, se apreciaba un hombre decapitado o una mujer ensangrentada. Todas las figuras eran como de juguete, de porcelana asiática o de goma. En algunos vehículos se distinguían bebés en su cunero, con el biberón seco y los ojos cerrados.

2.
El autor o autores habían hecho un trabajo artesanal laborioso, meticuloso y con imaginación, con movimiento. Era este un argumento que yo pensaba esgrimir a favor de esa miniatura alegórica. Además de los señalamientos de circulación con dibujos: un teléfono, piletas de agua potable, vías de ferrocarril, etcétera, un letrero, "Belén, 25 kms.", plantíos de alfalfa, milpas y sistemas de riego por goteo a ambos lados del asfalto.

3.
Como cada mes de diciembre, el de ese año éramos cinco los miembros del jurado: un universitario, una comisionada de la iglesia, dos miembros de los artesanos y un enviado del círculo de escritores. En la etapa de preselección, el entendimiento se dio fácil entre varones; y de una forma natural se fijó un criterio y las afinidades. Entonces nos repartimos los recorridos en la docena de nacimientos inscritos. Así, en una semana, ya se habían descartado nueve. El fallo estaba en puerta, listos los diplomas, los premios y la argumentación de los eliminados e inconformes -para casos de impugnación y acusaciones fuera de lugar-; y la exposición (en caso de que la hubiese) de aquel trío que había llegado a la recta final. Casualmente los hogares de los nacimientos finalistas se localizaban en la misma colonia, en la periferia de Dogville.

4.
La primera y única renuncia a firmar el fallo del premio principal fue la de la comisionada de la iglesia. Su argumento principal fue el siguiente: celebrar la llegada del Mesías en una atmósfera de violencia no iba con el espíritu de la temporada ni con el motivo del premio, la exaltación de la familia y los valores cristianos, etcétera. Salió llorando de la reunión, que se efectuaba en lugares neutrales comúnmente, donde cada uno pagaba su consumo; sólo que esta vez fue en una de nuestras casas. Supusimos, los cuatro participantes restantes, que su renuncia implicaba la divulgación pública de sus motivos. Pero no nos importó, aun cuando la denuncia se hiciese desde el púlpito de catedral.

5.
Y así fue, en la misa de medio día en catedral el domingo siguiente, el obispo se valió del sermón para darle un giro al final para retomar el tema de la violencia que asuela a la sociedad, "nuestra sociedad", precisó. Señaló lo intolerable que resulta la exaltación pública del "mal" que gangrena a la juventud, etcétera, para rematar el modo en que comienza a permear la iconografía religiosa; que su Iglesia desconocería el fallo del concurso de nacimientos. Fallo que el jurado divulgaría a más tardar a mediados de mes, con el inicio de las posadas. Por lo que sabíamos, las autoridades municipales convocantes ya habían firmado los diplomas de los tres ganadores, incluidos los nombres del jurado, es decir, nosotros.

6.
"Cómo no iba a renunciar a avalar el resultado de un concurso amañado, que va contra mis principios. Lo más intolerable, para mí, fue ver al niño dios acostado sobre el heno, recién nacido, y con una estopa de solvente industrial en su naricita inocente. Ver a su madre vestida como la diosa de los malosos y al padre como darqueto, con botas de caña alta y con ojeras negras. Me puse mal cuando vi a los reyes magos portar armas larga. No pude contener el llanto y la indignación. Les di portazo a esa bola de cómplice."

7.
El episodio que siguió ya es del dominio público: el obispo perdió la vida en un percance carretero cuando se dirigía al pueblo vecino, a su lado fue hallado un mensaje escrito con faltas de ortografía notables; del lugar del accidente desapareció un maletín negro, el cuerpo fue despojado de las joyas y celulares que llevaba; su copiloto o acompañante era, nadie de nosotros supuso, la comisionada ex integrante del jurado, quien falleció con los ojos abiertos.

                                                                      Dogville, julio 2017

sábado, 22 de julio de 2017

Ángeles Mora (1952 )

Poética


Yo sé que estoy aquí
para escribir mi vida.
Que vine poco a poco
hasta esta silla.

Y no quiero engañarme.

Sé que voy a contártela
y que será mentira:
Sobre la mesa sucia

una gota de tinta.


("rua das pretas")

viernes, 21 de julio de 2017

Emma Barrandeguy (1914/2006 )

Foto


Esa soy yo:
una mujer gastada y melancólica
con la mirada
que arranca de una infancia razonable
y una cabeza peinada
como corresponde
a una señora de tantos años.
Procuro que las canas
tengan su orden natural
que tranquiliza a los que miran,
aunque yo casi estoy segura,
después de todo,
que moriré sin haber sentado cabeza.


("emma gunst")

jueves, 20 de julio de 2017

Aldo Luis Novelli (1957 )

Milagro



fui al río una tarde
llevaba una botella de vino
dos libros y un atado de cigarrillos.

me senté cerca de la orilla
tomé un sorbo de la botella
y abrí el libro en la hoja marcada.

un pájaro púrpura
aleteando sobre el agua
se posó en la tierra y caminó hacia mí.

lo observé sorprendido
cuando me habló en lengua de pájaro,
me contó de las increíbles formas de las nubes,
de los colores del cielo
más allá de nuestra mirada,
de una luz que brilla con tanta intensidad
que ha enceguecido a muchos.

me invitó a volar más allá de las montañas
a penetrar en cavernas de luces plateadas,
a besar la luna en su espejo
hasta diluirse en el océano.

le dije que no,
que seguiría escribiendo poemas
y bebiendo vino en la orilla del río,
tan sólo esperando
que algún día

la poesía realice el milagro.


("al pial de la palabra")

miércoles, 19 de julio de 2017

Eugénio de Andrade (1923/2005 )

Rostro precario

(fragmento)


Si hay en la tierra un reino que nos sea familiar y, al mismo tiempo, extraño, cerrado en sus límites y, simultáneamente, sin fronteras, ese reino es el de la infancia. A ese país inocente, de donde se es expulsado demasiado pronto, apenas se regresa en momentos privilegiados -a tales regresos se llama, a veces, poesía.

La seducción de los niños proviene más que nada de su proximidad con los animales. Su relación con el mundo no es de utilidad sino de placer. Los niños no conocen aún los dos grandes enemigos del alma, que son, como dice Saint-Exupéry, el dinero y la vanidad. Estas frágiles criaturas, las únicas que desde el origen están destinadas a la inmortalidad, son también las más vulnerables: tienen el pecho abierto a las maravillas del mundo pero están indefensos ante la bestialidad humana, que, a pesar de tanta tecnología punta, no disminuye ni se extingue.


La infancia en el poeta jamás se extingue. Tal vez por eso sean tan vulnerables los poetas.


("indigo horizonte", traducción nuria p. serrano)

José Alcaraz (1983 )

A las puertas del cielo


Has cambiado el origen de mi ser;
como suele ocurrir en estos casos,
soy otro por haberte conocido.
Estoy muy mareado,
y he llegado a pensar que soy el perro
que se muerde la cola, dando vueltas y vueltas;
el muchacho con nombre de mujer
estafándose así mismo en un chat;
el viejo con amnesia que confunde la muerte
con Scarlett Johansson, con sus labios…
Lo más triste de todo
es que me invalidaron el carné
de socio
en la puerta del Reino de los Cielos.
San Pedro se cansó.
Ahora, jubilado, pesca truchas,
y el ex portero de una discoteca
ya no me deja entrar al Paraíso
porque allí cometí un crimen perfecto:
me inmolé junto a ti porque no me querías.
Tal vez no te parezca nada justo, querida,
pero, como ya sabes, la justicia
es un gran cuento chino,
o romano, no sé.
Además, esto sólo es un poema.



Sale el sol




Sale el sol y el parque alumbra
otro niño al que se le escapa un globo.
Unos se fijan en lo alto que sube,
otros en el llanto del pequeño,
hay quien ve una metáfora de la vida
(hilo frágil que sujetamos
hasta el último instante).
Y yo, que venía a respirar,
siento vértigo por la altura del globo,
pena por las lágrimas del niño,
rabia por la vida, que nos exige
apretar fuerte los puños para sujetarla.


("ángel petisme" blogspot + "rua das pretas")

martes, 18 de julio de 2017

Claudio Bertoni (1946 )

Mi baño de tina


Envuelto en mi sábana de baño
Medio tiesa de almidonada y blanca
Voy camino del baño de tina
Por el pasadizo alfombrado
Entro en el comedor
Entra el sol
Dando bandejas de oro en los muros
Dando un flamígero mandoble
En el canto de cabinets y anaqueles
Condecorando respaldos
El aire mece las cortinas
Como el ruedo de una modelo en primavera
Ando entre los vítores
De conocidos y conocidas
En kimonos
En saltos de cama
En batas de levantarse
En pijamas de sus maridos
En mañanitas
En calzoncillos y zapatos
Con el platillo en una mano
Y la taza con desayuno en la otra
O anudándose las corbatas
Unos me saludan
Otros me aplauden
Como si fuera una gracia
Me arrojan papel picado
Como si fuera un astronauta
Sentado en un Cadillac descubierto

Me arrojan flores
Como si fuera un torero
Envuelto en la toalla medio tiesa
Voy camino del baño de tina
Por el pasadizo alfombrado
Diviso al fondo la puerta de algodón
Se abre majestuosamente
Inundando la nívea porcelana de los sanitarios
A mis espaldas se oye la secuela evanescente aún
De vítores respetuosa y suavemente amortiguados

Por la delicadeza de la puerta
Para recoger los ruedos
De su vestido de terciopelo.


("mansalva")

lunes, 17 de julio de 2017

Ángel González (1925/2008 )

Vista cansada



No achaques a tu edad
este desinterés, la indiferencia
-casi desdén-
con que hoy miras la vida.
No culpes a tus ojos fatigados.

La fatiga
no está en los ojos que miran,

está en todo lo que ven.


Estampa de invierno


Mientras yo en mi yacija como es debido yazgo
arropado en las mantas y las evocaciones
de días más luminosos y clementes,
por no sé qué resquicio de mi ventana entra
un cuchillo de frío,
un gris galgo de frío
que se afana en mis huesos con furia roedora.


No es de ahora, ese frío.
Viene desde muy lejos:
de otras calles vacías y lluviosas,
de remotas estancias en penumbra
pobladas sólo por suspiros,
de sótanos sombríos
en cuyos muros reverbera el miedo.

(En lugar distante,
trizó una bala
el luminoso espejo de aquel sueño,
y alguien gritaba aquí, a tu lado.
Amanecía.)

No.
No está desajustada la ventana;

la que está desquiciada es mi memoria.


("escomberoides")

domingo, 16 de julio de 2017

Mário Quintana (1906/1994 )

Al fin has de ver...


Al fin has de ver que las cosas más leves son las únicas
que el viento no logró llevarse:
un estribillo antiguo,
una caricia en el momento preciso,
las hojas deshojadas de un libro de poemas,
el olor que tenía un día el propio viento…


("índigo horizonte", trad. nuria p. serrano)

sábado, 15 de julio de 2017

Esdras Parra (1939/2004 )

Cómo encontrar de nuevo esas huellas...



Cómo encontrar de nuevo esas huellas
que me llevaron hacia la resaca
retazos de adornos de los que ya no
puedo desprenderme
signos de otros huesos enterrados en la sal
pero el orgullo se inclina siempre
hacia la izquierda y el fracaso se doblega
ante la dureza de su pulpa

¿tendré que hablar de la intensidad
de un nuevo sol para demostrar que
el abismo se acuesta boca arriba?


("a media voz")

viernes, 14 de julio de 2017

Jim Harrison (1937/2016 )

La araña


La araña
que Coleridge tenía como mascota
según él, era muy intelectual
porque tejía telarañas de engaños
directamente, desde el culo
grande y colgante
de Coleridge


A la luz...


A la luz de la mañana,

el picaporte, frío por el rocío.


(muro fb y trad. daniel montoly + "otra iglesia es imposible", ver. jonio gonzález)

jueves, 13 de julio de 2017

Roberto Themis Speroni (1922/1967 )

Veo a los buhoneros


Veo a los buhoneros, a los dulces
acróbatas del hambre, a los viajantes
de la necesidad; veo a la gente
empujando cadáveres, creyendo
que el aceite es mejor que la tizana,
que la duda es muy útil para el hombre;
los veo echarse tierra en las encías,
masticar cualquier cosa; los observo,
los oigo discutir, dar palmetazos,
ser felices con sólo tres lentejas,
con una cama, con un nombramiento,
condecorados a pesar de todo,
hechos a una molicie activa y sucia;
dispuestos a discursos, a diagramas,
a cambiarse la cara por un hueso,
por el espaldarazo de un imbécil.

No sé qué hacer con mi melancolía;
ya no sé de qué hablar. Estoy cansado.
Sólo en un rostro vi fuegos extraños.

Pero estaba en un sueño de la infancia.


("no me quites paz")


He tomado la última semana...


He tomado la última semana
del mes de abril para morir intacto,
cerca de mi lugar, con los abrojos
que encierran una estrella en el tejido.

Los hombres como yo, deben morirse
aferrados al ser de la resina,
a los formones y a las alcayatas;
a todo aquello que en la vida fuera
signo de su vejez y su principio

Debe ser en abril porque en el campo
abril es un espejo de oro seco,
y las ovejas tienen las pupilas
abiertas al cristal y al duro frío.
Y además, porque el cuero fue a galpones
y hay fiesta en la cocina y en la altura.

Debe ser en abril. De otra manera
yo no podría ver a los labriegos
ni a mis hijos en torno, ni a mi rostro.
ni a tanta cosas que en abril fue mía.


("otra iglesia es imposible")

miércoles, 12 de julio de 2017

Sujana Bhatt (1956 )

Inocencia frente a inocencia


Hay ese momento
en que el niño humano
mira
al niño mono
que también lo mira:
Inocencia frente
a inocencia en un espacio
en el que el niño mono
no está en cautiverio.
Hay pureza
claridad
hay una transparencia
en esta mirada
que dura largo tiempo
ojos de agua
ojos de cielo
el alma puede todavía caer allí
porque el mono
todavía tiene que aprender el miedo
y el humano
todavía tiene que aprender el miedo
–sin mencionar la arrogancia-.

Al ver todo eso
uno puede contar las pestañas
uno puede contar los caracoles
en la hierba
mientras espera
que los ojos parpadeen
esperando ver quién
desviará la vista primero.

Con todo, el mono no observa
al humano de la misma manera
en que vería las hojas
o a sus propios hermanos.
Y el humano observa
al mono sabiendo
que éste es por entero otro ser.

Y sin embargo, es tanta la buena voluntad
tanta la curiosidad que ilumina
sus rostros.

Me gustaría deslizarme dentro
de esa mirada, para saber
qué piensa el niño humano
qué piensa el niño mono
en ese preciso momento.
Recuerden, el niño humano
está en esa edad
en que comienza a usar palabras
con poder
pero sin la distancia
de los alfabetos, de las abstracciones.

Mencionen pan
y él quiere
una rebanada, con mantequilla y miel
en ese instante.

Mencionen a la gata
y él corre
a despertarla.
La palabra
es la cosa misma.

El lenguaje es simplemente
una música necesaria
conectada de pronto
con los propios latidos del niño.

Mientras que el pequeño niño mono
crece a un ritmo diferente,
observa un árbol, un matorral,
al niño humano
y piensa...
¿Quién sabe lo que piensa?

Lo que sigue encendido
es ese momento
de la mirada:
las dos cabezas hace poco formadas
titubeantes en frágiles cuellos
inclinadas una hacia la otra,
el rostro de mono
y el rostro humano
mutuamente absorbiéndose
con delicadeza intensa…


("zumo de poesía", s/c al traductor)

martes, 11 de julio de 2017

Golgona Anghel (1979 )

Antes montaba grandes escándalos,

marchaba,

abría con una revolución la primera página del Expresso.

Estaba, seguramente, habituada a grandes poemas:

Os Lusíadas, la Divina Comedia.



Pero el destino decidió por nosotros.

Tiró a Barthes

bajo las ruedas de una furgoneta de lavandería;

contaminó a Foucault con el VIH;

encerró a Althusser en un manicomio.

Está claro que Dios no es estructuralista.



Podría escribirte un haiku

para simplificar la cosa.

Recuerdo a San Agustín, por ejemplo,

el verano de 384,

a una mujer en un cuarto

con un libro

leyendo

sin conseguir articular

palabra alguna.


("el cultural", traducción martín lópez-vega)

lunes, 10 de julio de 2017

Al Berto (1948/1997 )

Lisboa- Regreso


El río disuelve la imagen crepuscular de la ciudad.
Una luz lívida, como polvo de nieve, viste el barrio. Lentamente, la noche va escondiendo Lisboa. La velocidad de las tareas cotidianas ha cejado.
La ciudad parece iluminarse desde su interior más secreto donde late un corazón muy antiguo.
Lisboa se transforma así en el lugar privilegiado para la invención de la escritura. En ese lugar me muevo y me encuentro, y en él me hundo en travesías, seducciones, olvidos.
No existe el tiempo. El tiempo del mundo se detuvo a las puertas de la noche de Lisboa.

Camino; las sombras de la ciudad van revelando, poco a poco, rostros que despiertan a la noche, gestos cómplices, cuerpos, atrevimientos inesperados, danzas, seducciones…
Camino por la ciudad que se ofrece a la voluptuosidad de la mirada. Al fondo de las calles y de las escaleras, en el pulmón de la noche, el Tajo, esa presencia invisible que, a veces, nos cala los huesos con su canto de neblinas grises.
Y voy de callejón en callejón, de bar en bar, de aroma en aroma, de mirada en mirada, conozco la ciudad como conozco las líneas de mis manos.
La recorro, hace años ya, como si esperase no sé bien qué, como si en esa espera, un día, acabara por revelárseme otra ciudad, o un rostro me incendiase los dedos, o una callejuela vista al fondo de un sueño se llamase Travesía de la Espera, o una pasión cualquiera, allí en el Príncipe Real, me traspasase el corazón…
En estado de enamoramiento avanzo noche adentro. Amo esta ciudad, secretamente, hasta que estalla el alba.
Pero las ciudades tal vez se han metamorfoseado en desiertos donde nos acostumbramos a pasear la melancolía.
Lisboa es, probablemente, uno de esos desiertos; el más melancólico que conozco.

A pesar de todo, nunca se está solo en esta ciudad. Hay siempre una mirada de soslayo que nos sorprende, una sonrisa maliciosa, un gesto inesperado, una derrota de amor. Una carcajada loca que se pierde de calle en calle, como en un laberinto…
Y en la memoria de quien pasó por Lisboa existe, casi siempre, un jardín misterioso para el encuentro, una explanada para quemar la espera ante un café.

Vivo en Lisboa como si viviese en el fin del mundo, o en un lugar que reuniese vestigios de toda Europa. En cada esquina me encuentro reminiscencias de otras ciudades, de otros encuentros, de otros viajes.

Aquí, todavía es posible inventar una historia y vivirla. O quedarse así, inmóvil, mirando al río y fingiendo que el Tiempo y Europa no existen, y Lisboa, si calla, tampoco.


("índigo horizonte", trad. nuria p. serrano)

domingo, 9 de julio de 2017

Uriel Martínez (1950 )

El bulevar



Nací con la vista dirigida al bulevar
donde toda la noche permanecía iluminado
como un refrigerador abierto y colmado
de alimentos perecederos.

Cuando aprendí a caminar
como autómata encaminé propósitos
en dirección a la parada de camiones
como quien emprende una travesía.

Sin una lectura previa de origen
ni destino abordé el primer transporte
que se detuvo a mis pies y trepé
trepé y trepé.

Cuando concluyó el viaje y
el vértigo que lleva aparejada
una aventura desconocida
pisé muelles, estaciones desconocidas.

No llevé conmigo valija ni agenda
ni direcciones, ¿para qué? Todo
era inédito como un manuscrito
olvidado, o perdido, o reencontrado.

En la palma de mi mano
llevaba la fortuna, el propósito
del explorador confiado a su suerte
hasta que te hallé.


[Inédito]

sábado, 8 de julio de 2017

Walt Whitman (1819/1892 )

Como si un espectro...


Como si un espectro me hubiese acariciado,
Creí que no estaba solo aquí, caminando
   por la costa.
Sino que creí  que él estaba conmigo ahora,
   mientras caminaba por la playa,
   creí que aquel que amo me acariciaba,
Pero cuando me incliné para ver a través de
   la luz resplandeciente, él había
   desaparecido por completo,
Y aparecieron aquellos a quienes aborrezco
   y que me escarnecen.


("hojas de hierba", edición need, buenos aires, 1997, traducción mirta rosenberg)

viernes, 7 de julio de 2017

Anna Swir (1909/1984 )

Pantuflas blancas de boda


A la noche
mi madre abrió un baúl y sacó
sus blancas pantuflas de boda.
Entonces las embadurnó
un buen rato con tinta.

Temprano en la mañana
salió con esas pantuflas
a la calle
para hacer la cola del pan.
Hacía quince bajo cero,
se paró
durante tres horas en la calle.

Estaban entregando
un cuarto de pan de molde por persona.


("el mundo incompleto", traducción de czeslaw milosz)

jueves, 6 de julio de 2017

Nuno Júdice (1949 )

Eva y Lilith


Aquí están sentadas en el mismo sofá, bebiendo
en la misma copa de vino, oyendo la misma música,
y apartando con dedos cansados el cabello
que el sudor ha pegado a sus cabezas;

aquí están, con la misma voz ya ronca
por el tabaco de los siglos, con las manos ya cansadas
de buscar otras manos, con los ojos empañados
por la luz que insiste en apagarse;

aquí están, no sabiendo ya si medio desnudas
o medio vestidas, intentando saber si aún es de noche o
si el día ya llegó por detrás de los cristales sucios
de tantas eternidades de sueño;

aquí están: y solo una risa que no saben de dónde viene
las despierta, solo la palabra que una de ellas esperaba
las sobresalta, solo la llamada de una luz
que por un instante brilló, y luego se esfuma,

las obliga a vivir, esperando un día, y otro día,

sin que ningún día venga.


Invocación



¿Qué saben los pájaros del otoño que llega,
con su fondo de nubes, derramando cenizas
sobre el cielo de la memoria? Los oigo, de madrugada,
anunciando la partida, y veo el horizonte llenarse
con su emigración, llevando a otros lares
la nostalgia del estío.

Los sigo con los ojos; y el tiempo que
me dejan vacíase de música, como si
el silencio no tuviese su ruido inmenso,
y una vibración de nada no me trajese
a los oídos su eco, robado a un
pozo cerrado de una infancia distante.

¿Cuántas veces me avisaron, esos pájaros, de
lo que había de venir? Leí en su pecho abierto
un futuro blanco; y les llené de sombra
las entrañas para que, donde hubo un corazón,
la vida aún palpitase, incluso aunque no fuese más
que el diseño pálido de un ser antiguo.

Pero es en el presente donde su canto
me trastoca; y les doy, en el abrigo de la estrofa,
un nido de palabras donde su sueño se
ampare del invierno, y sus ojos cerrados
guarden la imagen del azul, el deseo del vuelo, y
un crujir de hojas con el viento de la tarde.



("índigo horizonte", trad. nuria p. serrano)

miércoles, 5 de julio de 2017

Juan Rejano (1903/1976 )

Nocturno


La noche nos inventa. Sus amantes,
somos sus preferidos
amantes. Oye cómo
crece su inmenso pulso derramado.
Aprisiona su informe aroma.
¿Duermes?
Soñamos juntos al labio del abismo.
La noche nos inventa. Yo te tengo,
ámbar toda. Tú cortas de mi sangre
las amapolas más lejanas. Bajo
la apasionada luna de tus sienes
advierto que. la noche entra en nosotros,
se enardece lo mismo que yo.
¿Sueñas?
Despiertos, sobre el mundo navegamos.
La noche nos inventa. Va naciendo
de este extremado limbo compartido
una rosa que embriaga como el jugo
difuso de la muerte. ¡Acude! ¡Sálvame!
Salva este eterno instante, de las sombras
detén este latido final.
¿Vives?
Muertos de amor, un lirio nos conduce.



("no me quites paz")

martes, 4 de julio de 2017

Jorge Eduardo Eielson (1924/2006 )

Foro romano



todas las mañanas cuando me despierto
el sol arde fijo en el cielo
el café con leche humea en la cocina
yo le pregunto a quien me acompaña
¿cuántas horas he dormido?
pero nadie me responde

abro los ojos y los brazos buscando un apoyo
toco mi mesa de madera y la noche cae con violencia
un relámpago apaga la luz del sol
como la luz de una vela
vuelvo a preguntar
¿el café con leche de hace siglos humea aún en el polvo?
pero nadie me responde

en la oscuridad me levanto y lo bebo
pero compruebo que la leche está helada
y el café encendido yace como el petróleo
a varios kilómetros bajo tierra:
una silenciosa columna se desploma entre mis brazos
convertida en cenizas
bruscamente el sol vuelve a elevarse
y declinar rápidamente
en una tempestad de hojas y pájaros rojizos
dentro de mi habitación el crepúsculo brilla un instante
con sus cuatro sillas de oro en las esquinas
trato de recordar mi infancia con las manos
dibujo árboles y pájaros en el aire como un idiota
silbo canciones de hace mil años
pero otra columna de cenizas se desploma entre mis brazos
y mis manos caen cubiertas de repentinas arrugas

claramente ahora el agua del lavabo
me recuerda mis primeros baños en el río
vagos rumores desnudos perfumes viento
cerdos empapados bajo la sombra de los naranjos
¿mi memoria es quizás tan inmortal como tu cuerpo
cuando te desnudas ante mí
tú que no eres sino pedazo de mármol
montaña de polvo
columna
reloj de ceniza
hueso sobre hueso que el tiempo avienta en mis ojos?
¿no recuerdo acaso las últimas horas de la noche
cuando te besaba enfurecido sobre mi catre de hierro
como si besara un cadáver?
yo le pregunto a quien me acompaña
amor mío velocísimo
¿cuánto tiempo ha pasado desde entonces
cuántas horas
cuánto siglos he dormido sin contemplarte?
pero nadie me responde


("marcelo leites")

lunes, 3 de julio de 2017

Al Berto (1948/1997 )


Vestigios



tiempo atrás
cuando creíamos en la existencia de la luna
nos fue posible escribir poemas y
envenenarnos boca a boca con el vidrio molido
por las salivas prohibidas – tiempo atrás
los días fluían con el agua y limpiaban
los líquenes de las inmundas máscaras

hoy
ninguna palabra puede ser escrita
ninguna sílaba permanece en la aridez de las piedras
ni se expande por el cuerpo extendido
en el cuarto de herrumbre y alcohol – se pernocta

donde se puede – en un vocabulario reducido y
obsesivo– hasta que el relámpago fulmina la lengua
y no se consiga oír nada más

a pesar de todo

seguimos repitiendo gestos y bebiendo
la serenidad de la savia –vamos fiebre
de cedros arriba– hasta que tocamos el místico
arbusto estelar
y
el misterio de la luz nos fustiga los ojos
en una euforia torrencial


("índigo horizonte", traducción nuria p. serrano)

domingo, 2 de julio de 2017

Denise Duhamel (1961 )

Perimenopausia


Anoche soñé que había usado un cuchillo en vez de una cuchara
para tomar mi primer cucharada de yogur de la mañana y el filo
de su hoja me cortó la lengua. El yogur mezclado con mi sangre
como pintura acrílica. ¡Puse inmediatamente una brocha en mi
boca y la removí! Después empecé a pintarlo todo de color
de rosa. El mantel, el vaso de agua, la taza de café, el bol,
la inocente cuchara. Si los dientes son masculinos, entonces
la lengua es una chica joven. Podés sospechar que la boca
es una vagina y hasta es posible que tengas razón. Podés pensar
incluso que un agujero en la mano es un estigma, pero según
mi libro de sueños es también una concha, a no ser que el
agujero se ubique en el dorso de la mano, en cuyo caso es un
culo. ¿Y sangre de la boca/vagina? Bueno, no me ha bajado
la regla en cuatro meses. Si te pensabas que la gente empieza
a incomodarse cuando le hablás de tu regla, entonces tratá
de hablarles de la monopausia. Se ponen a bostezar, sus bocas,
pequeñas vaginas, pequeñas cavernas húmedas y somnolientas.
Oh, yogur blanco, sospecho que sé lo que eres.


("marcelo leites", trad. dagmar buchholz y  david gonzález)

sábado, 1 de julio de 2017

Jesús López Pacheco (1930/1997 )

Tableta de aspirina para mi madre


Hoy que no puedo abrazarte
recuerdo uno a uno los abrazos
que no te he dado.
Y por si acaso, como ayer, te duele
la cabeza, te mando esta aspirina.
Tómatela con un vaso de agua,
madre de hijo difícil que jamás
ha sabido escribirte
la carta que una madre espera siempre.


("rua das pretas")

viernes, 30 de junio de 2017

Valerio Magrelli (1957 )

Pasado cierto tiempo, la leche


Pasado cierto tiempo, la leche
se pone mala, como si avanzara
hacia el mal, hacia su maldad,
se contrae, se cuaja,
abandona su estado líquido
y comienza a darse forma.
La sustancia dura
toma cuerpo, resucita
en una carne nueva y compacta, extraída
de la bestia. Es queso, metamorfosis
del animal secreto, el fruto
muerto de una planta viva,
satisfecha criatura pálida y lunar.


("otra iglesia es imposible", versión jorge aulicino)

jueves, 29 de junio de 2017

Frank Báez (1979 )

Llegó el fin del mundo a mi barrio


2
Han pasado casi diez años
y los que se hicieron tatuajes entonces
hoy se arrodillan en las iglesias
a pedirle a Jesús que se los borre.

En las esquinas los que anuncian
el fin del mundo se quedan bobos
al ver al loco que traza círculos
en el barrio como si fuera un filósofo.

¿Estará explicándonos la teoría
del eterno retorno con sus recorridos?
¿No les recuerda al Oscuro de Éfeso
con su ropa rasgada y sus ojos perdidos?

La astróloga explica que las pesadillas
son trailers de las cosas que vendrán.
Golpean a tu puerta y al abrir está la stripper
que ahora es Testigo de Jehová.

Acá todo ha perdido su magia.
Aquellos resplandores
que en las noches pensabas
que eran ovnis, resultaron ser drones.


("llegó el fin del mundo a mi barrio", antología, ed. valparaíso, méxico, 2017)



miércoles, 28 de junio de 2017

Dulce María Loynaz (1902/1997 )

La mujer de humo


Hombre que me besas,
hay humo en tus labios.
Hombre que me ciñes,
viento hay en tus brazos.

Cerraste el camino,
yo seguí de largo;
alzaste una torre,
yo seguí cantando...

Cavaste la tierra,
yo pasé despacio...
Levantaste un muro
¡Yo me fui volando!...

Tu tienes la flecha:
yo tengo el espacio;
tu mano es de acero
y mi pie es de raso...

Mano que sujeta,
pie que escapa blando...
¡Flecha que se tira!...
(El espacio es ancho...)

Soy lo que no queda
ni vuelve. Soy algo
que disuelto en todo
no está en ningún lado...

Me pierdo en lo oscuro,
me pierdo en lo claro,
en cada minuto
que pasa... En tus manos.

Humo que se crece,
humo fino y largo,
crecido y ya roto
sobre un cielo pálido...

Hombre que me besas,
tu beso es en vano...
Hombre que me cines:
¡Nada hay en tus brazos!


("los poetas")

martes, 27 de junio de 2017

Constantino Cavafis (1863/1933 )

Melancolía de Jasón, hijo de Cleandro

                                                poeta en Comange, 595 D.C.




El envejecimiento de mi cuerpo y mi figura
es herida de terrible puñal.
Ya no resisto más.
A ti recurro, Arte de la Poesía,
que algo sabes de remedios,
intentos de calmar el dolor mediante la Imaginación y el Verbo.
Es herida de terrible puñal.
Tráeme tus remedios, Arte de la Poesía,
y haz —por un instante— que no sienta la herida.


("no me quites paz", s/c traductor)

lunes, 26 de junio de 2017

Chantal Maillard (1951 )

Mejor no diga nada


Mejor no diga nada.
Sería inútil. Ya ha pasado.
Fue una chispa, un instante. Aconteció.
Yo acontecí en ese instante.
Puede que usted también lo hiciera.
Suele ocurrir con los poemas:
terminan condensándose las formas
en nuestros ojos como el vaho
sobre un cristal helado;
las formas, con su herida.
Pues quien construye el texto
elige el tono, el escenario,
dispone perspectivas, inventa personajes,
propone sus encuentros, les dicta los impulsos,
pero la herida no, la herida nos precede,
no inventamos la herida, venimos
a ella y la reconocemos.


("no me quites paz")

domingo, 25 de junio de 2017

Uriel Martínez (1950 )

La suerte


Sólo una vez frente
al cuaderno se anota
un nombre, una materia
escolar, un corazón latiente;
sólo un instante la luz
da de golpe en pelo,
frente, párpados vivos;
sólo un flash de golpe
captura, aprehende, ilumina
la mirada;

porque el ojo, el oído, el perfil,
el cuerpo se desangran,
se despiden, se vacían
como el barro que, perlado,
suda, hierve, reposa,
aplaca, enfría, envuelve;
hace que olvidemos al muerto,
su nombre, su aliento, su
negra suerte.


[Inédito]

sábado, 24 de junio de 2017

Kim Addonizio (1954 )

Oscureciendo, luego clareando


El cielo sigue mintiéndole a la granja,
alineando sus pesadas nubes
sobre la sombrilla de mesa azul
para luego lanzarlas sobre el río.
Y el día se siente desesperanzado
hasta que observa unos árboles
dejando caer delicadamente sus pétalos blancos
sobre el pasto junto a la casa de pájaros
posada en su poste de madera,
atiborrada de polluelos parpadeantes
como prendas en una maleta pequeñita. Al principio
deambulaste solitariamente en el jardín
y no ayudó en nada saber que Wordsworth
se sintió igual, pero entonces Whitman
te consoló un poco, y viste
el pasto como cabello sin cortar, anhelante
del producto que le da brillo.
Ahora estás recostada en el sofá bajo el tragaluz,
el cielo empieza a limpiarse,
mezcla su coctel de tristeza y resplandor,
un diluvio y luego una excavación
y luego suficiente tiempo para un
baile o un beso más antes de que empiece otra vez,
oscureciendo, luego clareando.
Escuchas el alto reloj de madera
en la cocina: su péndulo chasquea
de un lado al otro todo el día, y repica
con un sonido puro, cada hora a la hora,
aunque siempre a la hora equivocada.



("el poeta ocasional", trad. martha rodríguez mega)

viernes, 23 de junio de 2017

Blanca Varela (1926/2009 )

Alba


Al despertar
me sorprendió la imagen que perdí ayer.
El mismo árbol en la mañana
y en la acequia
el pájaro que bebe
todo el oro del día.
Estamos vivos,quién lo duda,
el laurel, el ave, el agua
y yo,que miro y tengo sed.


("life vest under your seat")

jueves, 22 de junio de 2017

Igor Barreto (1952 )

Carreteras nocturnas



AL cumplir los 35 años
me entregué con pasión
a las carreteras nocturnas, en ese tiempo viajaba
por el país imaginario
que todos construimos,
un país que me seguía como la única camisa azul
o el pañuelo
en el bolsillo izquierdo. Solía entonces
asomarme
a la ventanilla del autobús
y mirar en trance
la línea que segmenta
la mitad de la carretera, aquella línea
atravesada audazmente
por la pelambre de un zorro
o la sombra de una lechuza
escapada a la fijeza
de potentes faros,
o simplemente
el celaje
de una silueta
humana
huyendo de la fatalidad
y el arrollamiento.

El pasillo interno del autobús
era otro camino
de cuerpos contraídos
en posición fetal.
El ayudante del chofer
recorría aquel pasadizo
apoyándose en el espaldar
de los asientos
y mirando
al interior del sueño
de los viajantes.
Había silencio
y algún susurro de voces
era el esporádico acompañamiento
de aquellas horas.
El sueño que se vive
durante un viaje en autobús
produce fatiga de los sentidos:
debilidad nerviosa, psicastenia.

A los 35 años
ya era un viajero
por lugares de crápula y peligro,
y había descubierto algo
tan importante
como el destino familiar
esperado al término de la ruta.
Finalmente
atinaba con aquello
que parecía
una metáfora del país.

El novelista Enrique Bernardo Núñez
en Una ojeada al mapa de Venezuela
escribió esta frase:

Ante todo la tierra que tenemos delante reclama de nosotros una interpretación.

Deben ser como las 2 a.m.
y la proa del bus-cama
reduce la velocidad
estacionándose bajo el antetecho
de un restaurante de carretera.
Al abrirse las puertas del bus
nos desplegamos aturdidos
a la soledad de los urinarios,
al tragamonedas,
al pan y al café.
La luz del recinto
era blanca
como una niebla
que rozara la cabeza de los viajantes.

En la oscuridad
la carretera permanecía
–inmóvil–.

Sé que hay una ciudad cercana,
un bosque cercano
pero cómo relacionarlos
y armar con ellos
un universo.
El mapa del país
resulta inútil.

A pesar
de la certeza de la noche
si alguien preguntara:
¿qué día es,
de qué año y qué fecha?,
no sabría responderle.

Entonces, aquel momento estancado
en un presente continuo
me pareció tan semejante al país:
quiero decir que el país
es como los restaurantes nocturnos
de carretera.
Estas imágenes han resonado
durante años
como una onda que se expande
y no se disuelve.
Diría que es un lugar de amnesia.
Así también lo cree
un poeta antillano llamado Walcott.

La amnesia
es la visión de unas garzas
que posan a la orilla del mar
luego de un largo viaje.

La piedad llueve
sobre esta estampa
y no hay remedio.
Quién recuerda
una muerte ocurrida,
un pasado sepultado.

Con ojos calmos
releo –otra vez–
Una ojeada al mapa de Venezuela,
impreso por la editorial Élite en 1939:

A veces, al cruzar una aldea, veo casas abandonadas. El hombre se ha marchado de allí y ha cambiado sin dificultad el hogar por una reducida habitación en la ciudad fría.

En 1939
todavía se hablaba de la «hermosa barbarie»
mas hoy
las favelas acorazan
las montañas
con su muro de ladrillos anaranjados.

Es la maldita circunstancia
del presente por todas partes.

Ahora,
cuando el bus se aleja del restaurante
hay un momento en que la fachada
queda impresa
como un resplandor tenue
en el enorme vidrio lateral
de las ventanas.

No entiendo por qué evoco
un viaje a Grecia
y mi única visita
a la Acrópolis
y al teatro de Epidauro.

Mis ruinas
siempre han sido:
el óleo de una quieta montaña,
o la incandescencia
de la costa caribeña de Macuto.

Un país entrañable

que no volverá más.


("latin american literature today")