sábado, 31 de agosto de 2013

Poemas de la resistencia chilena

En Febrero de este año se publicó en Chile un pequeño y extraordinario libro titulado La libertad no es un sueño: Recopilación de poesía chilena de la resistencia. La obra cuenta con un prólogo de Cortázar, amigo del escritor que compiló los poesías en la clandestinidad.


El libro es una antología de poemas de chilenos –reconocidos y anónimos- escritos durante la dictadura de Augusto Pinochet. Entre los escritores conocidos están Gonzalo Rojas, Ariel Dorfman, Antonio Skármeta y Jorge Teillier. Lo más fascinante de este compendio es que, junto con los poemas de estos reconocidos autores, coexisten textos clandestinos de autores anónimos escritos desde los campos de concentración.


“En el año´73 Raúl Silva-Cáceres, un crítico y poeta chileno, era agregado cultural en París. Después del golpe de Pinochet, Silva-Cáceres compiló estos poemas para publicarlos en Europa porque no se podían publicar en Chile, pero nunca logró hacerlo”, le contó Alexis Vega Bueno -uno de los creadores de Signo Editorial que publicó la antología- a Revista Ñ en la última edición de la Feria del Libro.


Pero Silva-Cáceres nunca se dehizo de los textos y le envió una cajita con todos los poemas a su amigo el escritor Edgardo Mardones. Vega Bueno, compañero de ajedrez de Mardones, junto al autor Jorge Calvo decidieron poner manos a la obra y publicar finalmente el libro.


La antología que fue titulada por Julio Cortázar,- amigo de Raúl Silva-Cáceres- además contiene un prólogo original del autor de “Rayuela”.


El documental del mismo nombre que la antología, La libertad no es un Sueño (que se puede ver en YouTube), narra la extraordinaria historia de este libro y describe en profundidad sus contenidos.


Para cerrar esta nota citamos el prólogo de Cortazar completo:


“El tiempo de Chile –tiempo que rebasa sus fronteras, realidad que nos envuelve con sus incansables látigos amargos- no es un tiempo para prólogos; por esto estas líneas no buscan serlo y si a algo aspiran es para formar parte de un libro que se quiere activo, inmediato, suma de combate contra el horror y el envilecimiento. Los poetas conocidos o anónimos, que llenan estas páginas, no necesitan otra presentación que sus poemas, que se dan como pedazos de un país desgarrado, coágulos de un interminable, multitudinario testimonio de vida frente a la muerte cotidiana, de libertad frente a las alambradas fascistas, tendidas de un extremo a otro de ese Chile, nacido para el viento, para el galope de sus caballos, para la alegría de las canciones y las danzas. Una vez más, en la dura historia del hombre, la poesía parece como la espuma de las alas, rompe contra la barbarie e invade con sus densos sumos los corazones cansados, las venas exangües. Un pueblo más que, nunca habitado por la esperanza, encuentra en estos poemas la voz y la cifra y la clave de hoy y del mañana; del fondo de las cárceles clandestinamente mucho de lo que aquí es prueba de una libertad indomable, del fracaso del horror contra la vida. Estos poemas tienen la simple y clara autenticidad que el pueblo sabe infundir a su protesta y a su combate. Yo los veo como esas humildes arpilleras bordadas por las mujeres chilenas y en las que la tragedia de madres, hijas y esposas brota desde pedazos de trapos, hilos de colores, paisajes inocentes, y al pie de frases como: “Sergio Reyes y Modesto Espinoza ¿Adónde los tienen?” O la visión nocturna de una aldea con muchos buscando en los tachos de basura un poco de comida, un pueblo vejado que se niega a agachar para siempre la cabeza, libro de imágenes los cantos y las músicas de la resistencia, libro de imágenes esta antología de poemas saliendo de Chile por las vías de la noche, para que compañeros lejanos los aprendan y los impriman y los difundan en el mundo.

Nada de esto se perderá. La libertad no es un sueño: el día en que irrumpa en plena calle, lo hará con la fuerza y la belleza que le dan estos poemas, el sonido de las canciones y el color de las arpilleras. Nada de todo esto se perderá; ya está presente en el futuro de su pueblo.”


(texto tomado del sitio "revista ñ", Andrés Hax.)

Juan Rodolfo Wilcock (1919/1978 )

¿Qué es el amor?




 El amor que hace dulce a quien áspero era
no se concede a los gregarios.
El amor que ordena las distintas percepciones
no resiste las músicas vulgares.
El amor que hace azules el aire y el agua
no puede todo transustanciar.
El amor que da sentido al mundo externo
ama el silencio, la soledad, el mar.

Tú, huso de fuego interno,
casta rosa radioactiva,
que lo transitorio en eterno
muda en la llama viva,
efluvio de la materia
por tu espíritu restaurada,
y de nuestra miseria
singular belleza abstracta,
tú, ascua de hielo, emanas
tu inmortalidad
sólo a quien tiene puras las manos
de la común pusilanimidad.


(texto tomado del sitio "otra iglesia es imposible",traducción de Jorge Aulicino )

 

viernes, 30 de agosto de 2013

Olga Orozco, poeta

Si me puedes mirar
 
Madre: es tu desamparada criatura quien te llama,
quien derriba la noche con un grito y la tira a tus pies como un telón caído
para que no te quedes allí, del otro lado,
donde tan sólo alcanzas con tus manos de ciega a descifrarme en medio
de un muro de fantasmas hechos de arcilla ciega.
Madre: tampoco yo te veo,
porque ahora te cubren las sombras congeladas del menor tiempo y la mayor distancia,
y yo no sé buscarte,
acaso porque no supe aprender a perderte.
Pero aquí estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo,
vuelta estatua de arena,
puñado de cenizas para que tú me inscribas la señal,
los signos con que habremos de volver a entendernos.
Aquí estoy, con los pies enredados por las raíces de mi sangre en duelo,
sin poder avanzar.
Búscame entonces tú, en medio de este bosque alucinado
donde cada crujido es tu lamento,
donde cada aleteo es un reclamo de exilio que no entiendo,
donde cada cristal de nieve es un fragmento de tu eternidad,
y cada resplandor, la lámpara que enciendes para que no me pierda entre las galerías de este mundo.
Y todo se confunde.
Y tu vida y tu muerte se mezclan con las mías como las máscaras de las pesadillas.
Y no sé dónde estás.
En vano te invoco en nombre del amor, de la piedad o del perdón,
como quien acaricia un talismán,
una piedra que encierra esa gota de sangre coagulada capaz de revivir en el más imposible de los sueños.
Nada. Solamente una garra de atroces pesadumbres que descorre la tela de otros años
descubriendo una mesa donde partes el pan de cada día,
un cuarto donde alisas con manos de paciencia esos pliegues que graban en mi alma la fiebre y el terror,
un salón que de pronto se embellece para la ceremonia de mirarte pasar
rodeada por un halo de orgullosa ternura,
un lecho donde vuelves de la muerte sólo por no dolernos demasiado.
No. Yo no quiero mirar.
No quiero aprender otra vez el nombre de la dicha en el momento mismo
en el que roen su rostro los enormes agujeros,
ni sentir que tu cuerpo detiene una vez más esa desesperada marea que lo lleva,
una vez más aún,
para envolverme como para siempre en consuelo y adiós.
No quiero oír el ruido del cristal trizándose,
ni los perros que aúllan a las vendas sombrías,
ni ver cómo no estás.
Madre, madre, ¿quién separa tu sangre de la mía?,
¿qué es eso que se rompe como una cuerda tensa golpeando las entrañas?,
¿qué gran planeta aciago deja caer su sombra sobre todos los años de mi vida?
¡Oh, Dios! Tú eras cuanto sabía de ese olvidado país de donde vine,
eras como el amparo de la lejanía,
como un latido en las tinieblas.
¿Dónde buscar ahora la llave sepultada de mis días?
¿A quién interrogar por el indescifrable misterio de mis huesos?
¿Quién me oirá si no me oyes?
Y nadie me responde. Y tengo miedo.
Los mismos miedos a lo largo de treinta años.
Porque día tras día alguien que se enmascara juega en mí a las alucinaciones y a la muerte.
Yo camino a su lado y empujo con su mano esa última puerta
esa que no logró cerrar mi nacimiento
y que guardo yo misma vestida con un traje de centinela funerario.
¿Sabes? He llegado muy lejos esta vez.
Pero en el coro de voces que resuenan como un mar sepultado
no está esa voz de hoja sombría desgarrada siempre por el amor o por la cólera;
en esas procesiones que se encienden de pronto como bujías instantáneas
no veo iluminarse ese color de espuma dorada por el sol;
no hay ninguna ráfaga que haga arder mis ojos con tu olor a resina;
ningún calor me envuelve con esa compasión que infundiste a mis huesos.
Entonces, ¿dónde estás?, ¿quién te impide venir?
Yo sé que si pudieras acariciarías mi cabeza de huérfana.
Y sin embargo sé también que no puedes seguir siendo tú sola,
alguien que persevera en su propia memoria,
la embalsamada a cuyo alrededor giran como los cuervos unos pobres jirones de luto que alimenta.
Y aunque cumplas la terrible condena de no poder estar cuando te llamo,
sin duda en algún lado organizas de nuevo la familia,
o me ordenas las sombras,
o cortas esos ramos de escarcha que bordan tu regazo para dejarlos a mi lado cualquier día,
o tratas de coser con un hilo infinito la gran lastimadura de mi corazón.
 
 
(texto tomado del blog "emma gunst")

jueves, 29 de agosto de 2013

Laura Ruiz Montes (1966 )


                                                                                                                                              Mercancías

Cuando entraron las momias a Egipto, 
las aduanas, los oficiales no sabían qué impuesto cobrar.
Como pescado salado entraban las momias.
Atravesé el aire.
Llegué a otro hemisferio.
De Norte a Sur casi sin esfuerzo.
Las aduanas, los oficiales no sabían qué impuesto cobrar.
Como pescado en tarima, 
con los ojos desbordados,
entramos los isleños al continente.
Faltándonos el oxígeno, aleteando.
Creyendo burlar todas las leyes.
 
 
(texto tomado del blog "emma gunst)

miércoles, 28 de agosto de 2013

Ricardo Elizondo Elizondo (1950/2013 )

La memoria nos devuelve las mejores imágenes de Ricardo Elizondo.
Su carácter alegre, su sarcasmo, sus ganas de hacer todo lo propuesto y su inmensa responsabilidad ante lo que consideraba un deber: rescatar a los suyos, conservar la voz de sus abuelos, admirar los paisajes agrestes del desierto del noreste, encumbrar a los humildes huisaches y hablar como se debe, “aunque me digan ranchero”, decía.
Su obra literaria, de tan local, logró colocarse en el escaparate internacional. Ricardo era respetado, invitado por la Unesco, consultor de la Enciclopedia Británica y gozó todos los viajes. Disfrutaba igual caminar por los campos de Los Ramones, como viajar de lujo a Alejandría.
Su entusiasmo era contagioso. “Se organizó la Trouppe” y emprendía las vacaciones a Cuba o a donde pudiera formarse un grupo con sus muchísimos amigos. Gozó la vida y trasmitió su enorme conocimiento hasta en la plática más banal. Le gustaba lo trivial y lo culto, no había tema que no pudiera seguir, ni faltaba nunca la anécdota oportuna. Se reía mucho, siempre.
Las escenas que lo retratan regresan. La inolvidable tarde en su casa norestense atrás del Parque España. Pláticas interminables y la música. Qué selección, y qué organización tenía Ricardo en su grabadora de carrete. Recorrimos los 50, 60 y 70. De Los Beatles a Vianey Valdés y claro que también Los Panchos, los Tres Calaveras y las Grandes Bandas. Recreaba el ambiente con perfumes rescatados de no sé dónde: “Este de violetas lo usaba mi mamá en los 50” y la música de la época inundaba la comodísima sala en el tercer piso mientras preparaba bebidas con ginebra. El ambiente sesentero se podía sentir mientras me contaba la novela en proceso, ubicada en esa época.
Fue un privilegio. La tarde terminó en noche mientras se instalaba un mercado en el parque que veíamos por la terraza. Su imaginación no tenía límites y comparaba un zoco marroquí con el más ordinario tenderete regiomontano. Los aromas de la venta de comida llegaban y con su narrativa yo podía ver, claramente, un bazar africano. El poder de la palabra, de su palabra, no tenía límites.
La imaginación, las escenas transformadas, sus iconografías plantadas en la conciencia y los ambientes que creaba, eran únicos. Sentado frente a mi escritorio, en la oficina del Palacio federal, dándome lecciones de prudencia, de astucia, de aprender a medir, de aprender a observar. Ricardo era un sabio, y era tan generoso que compartía todo, obsequiaba su humor, su cinismo, sus burlas con tanta clase, su dignidad, su sensibilidad sin límites. Y por supuesto que siempre era él. Era feliz en “El Granero”, el “Luisiana” o en “El Rubio” comiendo torta de lengua o la ensalada de pollo old fashion del Manolín de la Calzada Madero.
Era un explorador de sabores, rescataba la culinaria que se resistía a cambiar en su Monterrey de siempre.
Cómo nos reímos cuando una tarde, después de su clase de piano semanal –que no se perdía– caminábamos por el centro buscando lugares extraños. Así fuimos a parar a un restaurante que no recuerdo si estaba en Aramberri o Ruperto Martínez.
La concurrencia era rarísima y el lugar, más. Oscuro y tétrico. El menú era de mariscos y no tenían muy buena cocina, pero la observación, por horas, de la gente que llegaba, fue inolvidable. A cada personaje le hacía una historia.
Probablemente el sitio fuera un prostíbulo disfrazado porque las faldas y los escotes de las mujeres eran muy obvios, además de su maquillaje. Ricardo empezaba a armar la anécdota a partir del personaje con el que se reunía el que entraban por una puerta chorreada, de un color café deslavado. Si era su querida, si era su pareja a la que “explotaba”, o si era la “madame venida a menos”. Todo era lógico, todo podría tener un argumento, todo podía poseer una historia oculta, y Ricardo tenía la imaginación y el poder, para disponerla.
Su “lexicón” del noreste aparecía en todas sus frases. Discutía los significados y se asombraba, o fingía asombrarse, si le sugerías una palabra nueva del costumbrismo más actual. Discutía los significados de las palabras que se habían implementado para el narco, las palabras de los chavos, pedía que le contara qué palabras usaban mis hijas. Y una vez me dijo, en una conversación sobre los apuros de cuidar adolescentes en la ciudad que se había vuelto violenta, “la vida no es tan frágil, no te preocupes tanto”.
Para Ricardo se volvió frágil. Enfrentó con mucha dignidad y entereza el declive de su fortaleza. La última vez que hablé con él me dijo que el proceso de su enfermedad era demasiado doloroso. Ya no pude volver a llamarle, me acobardé ante su sufrimiento.
No pudo luchar más. Trató de terminar todo lo pendiente, dejó casi lista la biografía de un gran personaje regiomontano. No sé si terminó su novela ambientada en los 50. Carolina Farías, con quien compartimos tantas comidas, debe saberlo. Quedaron planes pendientes, el libro de las mujeres regiomontanas en diferentes épocas, que haríamos juntos, solo lo esbozó y quedó aplazado. Dejó mucho diferido, pero dejó también, mucho, un patrimonio cultural invaluable para México.
Le faltó tiempo. Nos faltó tiempo. Se fue antes y guardo en la memoria el privilegio de haberlo gozado como amigo, como consejero, como el mejor conversador del mundo. Aprendí mucho y le agradezco el honor de su amistad, de los momentos inolvidables.
El honor de su generosidad y de su tiempo. Se fue un personaje inolvidable.


(La editorial Leega tuvo el tino de publicar "Setenta veces siete", la mejor de las novelas conocidas de este mexicano del norte, obra que luego aparecería en la serie Lecturas Mexicanas de la Secretaría de Educación Pública y Bellas Artes. Hablamos de un tiraje de 30 mil ejemplares. Fue Ricardo quien me habló de la reedición del libro de Eugenio del Hoyo acerca de la fundación de Nuevo León, un zacatecano asentado allá y donde murió: "Don Eugenio, me dijo un día Ricardo, me regaló mi primer ajedrez, era de hueso de res", de quien aprendió a corroborar datos con documentos antes de afirmar un hecho equis sobre la historia de cualquier pueblo. Nota de Norma Garza en el sitio "reporte índigo", tomada del muro FB de Rogelio Villarreal.)

martes, 27 de agosto de 2013

Martha Kornblith (1959/1997 )

 Invocación

Cuando caiga el gobierno
estaré habitualmente sola.
Como habré pospuesto
las compras
-como es habitual-
de tanto usar el tiempo
para imaginarte,
mi despensa andará
vacía y deambularé sin un
grano de pan,
ni parientes, sola.
Seré una mujer en un
país en guerra
que piensa en ti
habitualmente
-sola-
 
 
(texto tomado del blog "emma gunst")

lunes, 26 de agosto de 2013

Wislawa Szymborska


Adolescente

¿Yo, adolescente?
Si de repente, aquí, ahora, se plantara ante mí,
¿tendría que saludarla como a una persona próxima,
a pesar de que es para mí extraña y lejana?
¿Soltar una lágrima, besarla en la frente
por el mero hecho
de que tenemos la misma fecha de nacimiento?
Hay tantas diferencias entre nosotros
que probablemente sólo los huesos son los mismos,
la bóveda del cráneo, las cuencas de los ojos.
Porque ya sus ojos son como un poco más grandes,
sus pestañas más largas, su estatura mayor
y todo el cuerpo recubierto de una piel
ceñida y tersa, sin defectos.
Nos unen, es cierto, familiares y conocidos
pero casi todos están vivos en su mundo,
y en el mío prácticamente nadie
de ese círculo común.
Somos tan diferentes,
pensamos y decimos cosas tan distintas.
Ella sabe poco,
pero con una obstinación digna de mejores causas.


("emma gunst", s/c al traductor)

domingo, 25 de agosto de 2013

La "Bestia" muerde el polvo

El tren mexicano conocido como La Bestia ha descarrilado en la madrugada de este domingo en el municipio de Huimanguillo (Tabasco), a unos 10 kilómetros de Veracruz. En el accidente han muerto al menos cinco personas y otras 35 resultaron heridas, informa Reuters. No obstante, medios de la prensa local aseguran que hay hasta 50 fallecidos y más de 200 heridos, informa La Jornada. Este diario, además, asegura que ya son seis los muertos en el siniestro.
La oficina de Protección Civil de Tabasco indicó a través de Twitter que el accidente sucedió hacia las 03.00 hora local (a las 10.00 horas, en España), a la altura de la ranchería La Tembladera, del municipio de Huimanguillo, en los límites con el estado de Veracruz.  Según el diario El Excelsior, en el tren viajaban al menos 500 indocumentados, de los que aproximadamente la mitad eran hondureños. Cuatro de los cinco fallecidos identificados oficialmente responden a esta nacionalidad.
Además, al menos 16 de los inmigrantes que resultaron heridos en el accidente ferroviario son también de nacionalidad hondureña y la mayoría tienen entre 20 y 30 años, informaron fuentes oficiales a Efe. De acuerdo con una lista difundida por las autoridades de Salud y Protección civil del estado de Veracruz, entre los 16 lesionados que son atendidos en el Hospital Regional de Las Choapas, el lugar más cercano al accidente, hay dos mujeres. Todos los heridos fueron identificados con nombres y apellidos, edades y nacionalidad, así como los padecimientos que presentan, la mayoría contusiones en diversas partes del cuerpo y fracturas de huesos.
La Bestia es un tren de carga usado por inmigrantes para cruzar la frontera de México con Estados Unidos. En esta ocasión, "el ferrocarril llevaba principalmente chatarra", confirmó Protección Civil. Con asiduidad, los indocumentados viajan en la parte de arriba de los vagones sin ningún tipo de seguridad, informan medios mexicanos. Los indocumentados, en su mayoría centroamericanos, se montan al tren en marcha y viajan todo el recorrido sobre el techo de los vagones, donde además deben hacer frente a las extorsiones de grupos criminales e, incluso, a veces de algunas autoridades, informa también Efe.
Los informes de Protección Civil han apuntado a un posible exceso de velocidad como causa del descarrilamiento del convoy. La lluvia también pudo influir en el accidente. Según dichos medios, la policía municipal informó de que aún hay personas atrapadas entre la estructura del tren y la vía férrea. Los equipos de emergencia continúan trabajando, con dificultad, para poder atender a las víctimas.


Zona de difícil acceso

Al lugar, que "se encuentra bastante retirado de la carretera", se ha desplazado personal de la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) y de Protección Civil de los estados de Tabasco y de Veracruz. Fuentes de Protección Civil de Tabasco dijeron a Efe que al lugar sólo se puede llegar por lancha, lo que ha dificultado las labores de rescate.
"Posiblemente tengamos más fallecidos", no sólo porque hay heridos "muy graves", sino porque "hay personas que aún no han podido ser rescatadas", afirmó Puente. Protección Civil de Tabasco precisó también que Precisó que "16 lesionados han sido trasladados al Hospital Regional de Las Choapas, Veracruz, lugar más cercano al accidente", y resaltó que  "las labores de auxilio continúan".
De hecho, según Excelsior, "el Ejército y la Armada de México han puesto en marcha el Plan DNIII-E, que se despliega en desastres naturales y accidentes masivos, ya que se prevé que el número de muertos y heridos avance conforme pasen las horas". Elementos del 57 Batallón de Infantería, Protección Civil, Cruz Roja, voluntarios de Tabasco y Veracruz, lanchas que trasladan heridos por vía acuática y un helicóptero de la Secretaría de Seguridad Pública del estado de Veracruz son algunos de los efectivos desplegados en el lugar del siniestro.


(Al jodido siempre le llueve sobre mojado; y más cuando viaja sin documentos, nota tomada del sitio "público".)

sábado, 24 de agosto de 2013

Gonzalo Rojas, poeta



La loba

Unos meses la sangre se vistió con tu hermosa
figura de muchacha, con tu pelo
torrencial, y el sonido
de tu risa unos meses me hizo llorar las ásperas espinas
de la tristeza. El mundo
se me empezó a morir como un niño en la noche,
y yo mismo era un niño con mis años a cuestas por las calles, un ángel
ciego, terrestre, oscuro,
con mi pecado adentro, con tu belleza cruel, y la justicia
sacándome los ojos por haberte mirado.

Y tú volabas libre, con tu peso ligero sobre el mar, oh mi diosa,
segura, perfumada,
porque no eres culpable de haber nacido hermosa, y la alegría
salía por tu boca como vertiente pura
de marfil, y bailabas
con tus pasos felices de loba, y en el vértigo
del día, otra muchacha
que salía de ti, como otra maravilla
de lo maravilloso, me escribía una carta profundamente triste,
porque estábamos lejos, y decías
que me amabas.

Pero los meses vuelan como vuelan los días, como vuelan
en un vuelo sin fin las tempestades
pues nadie sabe nada de nada, y es confuso
todo lo que elegimos hasta que nos quedamos
solos, definitivos, completamente solos.

Quédate ahí muchacha. Párate ahí, en el giro
del baile, como entonces, cuando te vi venir, mi rara estrella.
Quiero seguirte viendo muchos años, venir
impalpable, profunda,
girante, así, perfecta, con tu negro vestido
y tu pañuelo verde, y esa cintura, amor,
y esa cintura.

Quédate ahí. Tal vez te conviertas en aire
o en luz, pero te digo que subirás con éste y no con otro:
con éste que ahora te habla de vivir para siempre
tú subirás al sol, tú volverás
con él y no con otro, una tarde de junio,
cada trescientos años, a la orilla del mar,
eterna, eternamente con él y no con otro.

(texto tomado del blog "Las voces del silencio")

viernes, 23 de agosto de 2013

Javier Acosta, poeta

4 poemas al oído del perro


8.

Eres completamente el perro.

Algo te sobra ya del lobo; pero también
algo te faltará por siempre de tu dueño,

también a mí — algo me falta y algo
me sobra de ser hombre.


(texto tomado del muro del autor.)

jueves, 22 de agosto de 2013

Isla Correyero (1957 )

Oreja auscultando mamas

Quiero a mi hombre de 40 años
porque se vuelve un niño de 14 cuando
se acuesta a mi lado
y me susurra las palabras
más dulces y duras de mi lengua española.

Sus ojos enfocan a los míos y como si filmara
una peli porno con mi lencería
me ilumina la piel de parte a parte
se transforma en mi amigo mi amante
mi soldado mi chica mi novio mi marido
mi ordenador mi hermano mi mujer mi corderito añil
que es el que me propone me dicta
me camela
me enciende el corazón
me afina el cuerpo
me castiga me nubla la conducta
me pone los tangas justos bíblicos
el liguero de terciopelo azul
la camiseta de encaje de Marx Spencer
las medias los tacones
una bomba en la mano y en el sexo

y luego todo me lo va quitando
lentamente con mimos
con cariños del sur;

me lava lo mítico y lo último
me da masajes de aceite con palabras
firmadas en la oreja
me ausculta debidamente mamas y tobillos
él me llama su niña yo mi rey mi papi
mi papito mi adorado
mi pececito eternamente soñoliento y dulce

que se irá de mi vida para siempre

que mañana se casa por la iglesia.
 

(texto tomado del muro "emma gunst")



Isla Correyero (Cáceres, España, 1957)

miércoles, 21 de agosto de 2013

Eduardo Muslip, narrador

 


 Verano
 
 
Tenía once años cuando se decidió que pasara un verano en Tucumán, con los parientes de mi papá. Algunos días estuve en la casa en que vivían dos de sus hermanos: un hombre y una mujer que yo casi no había visto antes, solteros, de unos cuarenta años. Mi tío era policía, mujeriego, vivaz, corpulento, salía mucho de noche y la familia lo respetaba. Su hermana era enfermera, tenía relaciones con muchos hombres, era muy animada y divertida, y también salía bastante de noche, pero a ella no se la respetaba tanto. Cada uno tenía su cuarto. En la casa había un tercer ocupante, mi abuelo, un anciano libanés, feo, malhumorado y que hablaba mal, que estaba al cuidado de mi tía.
Los días eran calurosos. También lo eran las noches, pero los espíritus de todos se animaban con la caída del sol. El sábado a la tarde, mis tíos me dijeron que yo pasaría la noche con los vecinitos del barrio mientras ellos, cada uno por su lado, saldrían a divertirse; yo podía volver a la casa cuando quisiera, la puerta quedaba sin llave. Mis tíos no temían dejarme solo, y creo que nunca me pasó nada malo esos días en que recibí tan laxos cuidados. Después de una cena rápida, se prepararon para salir. Ella le daba un sedante muy fuerte a mi abuelo, para que se durmiera de inmediato y no molestara hasta el día siguiente. El dormitorio del anciano era lo único cerrado: todas las demás puertas quedaban abiertas, había que ventilar la casa. Quedaba abierta la puerta del baño mientras mi tía se duchaba, para que no se acumulara tanto vapor; también quedaba abierta la puerta de su cuarto mientras se preparaba, para no acalorarse; tanto en ese cuarto como en el de su hermano había ventiladores y grandes espejos. Mi tía dedicaba un buen tiempo a delinearse los ojos con kohol. Venía en un frasquito de madera con motivos orientales. Es bueno para los ojos, los árabes siempre lo han usado, mujeres y hombres, me explicó mi tía, mirándome mediante el espejo, con tono didáctico y cariñoso por el cariño que me tenía y por el que sentía por sí misma en el tiempo dedicado al arreglo personal. Estaba medio desnuda. La ropa de calle era lo último que se ponía: no había que transpirarla. Y partía, espléndida y sola. Toda la casa olía a vapor, a jabón, a perfumes; por las ventanas abiertas entraba una brisa que mezclaba y potenciaba esos aromas; en Tucumán, el viento de la noche traía el olor de la vegetación de los cerros, decían. Mi tío también se bañaba con la puerta abierta. De ahí pasaba a su cuarto, y se ponía entre el ventilador y el gran espejo. Tenía pelo negro en todo el cuerpo, que era un problema, me dijo, porque retenía la humedad. Se secaba con esmero: las axilas, el pecho, las piernas, los genitales, enumeraba didáctica y cariñosamente mi tío. En los genitales se demoraba aún más: “Acá la piel hace muchos pliegues, ¿ves? Debe estar bien seco antes de vestirse”, me explicó. En el momento de su manipulación, los genitales tomaron mayor volumen y los pliegues desaparecieron, lo que favoreció la tarea de secado. Después se puso la ropa, y partió.
Yo me había bañado antes de cenar; me puse un pantalón corto y una remera cualquiera. Después de que mi tío se fuera, salí a reunirme con los chicos del barrio. Estaban recién bañados y con prolijas camisas de mangas cortas y pantalones largos, como pequeños adultos; mi remera y mi short me dieron vergüenza. Vestían como adultos, y querían serlo: miraban con ansiedad la vida de los mayores, sobre todo la sexual. Mientras charlaban de ese tema, uno modeló en barro una gran pija. Los demás festejaron la creación. Está mal hecha, pensé. Es hermoso ser adulto y es triste ser chico, sentí al ver a mis amiguitos. La pija de barro se desintegró enseguida; igual algún mérito debió de haber en ella, porque sigue firme en mi recuerdo, junto a las imágenes de mis tíos al lado del espejo o del ventilador. Esa noche estuve poco tiempo en la calle, y me fui a la casa y a la cama temprano.


(texto tomado del suplemento "soy", Página/12.)

martes, 20 de agosto de 2013

Carla Rippey habla

Una de las participantes en el reciente congreso literario “Estrella distante”, organizado en julio a propósito de los diez años de la muerte del escritor  Roberto Bolaño, fue la artista plástica estadounidense Carla Rippey, quien lo conoció en México en 1974 y aparece como “Catalina O’Hara” en la novela “Los detectives salvajes”.

Bolaño “vivió una vida que se presta para el mito”, fue una de las cosas de Rippey señaló en su ponencia “El Bolaño perdido y fragmentariamente recuperado”, donde evocó la amistad que la unió con el autor chileno, con quien mantuvo un intermitente contacto epistolar hasta su muerte en 2003.

La artista ilustró su primer poemario, “Reinventar el amor” (1976), y además participó en 2011 en un homenaje de artistas visuales a Bolaño con la obra “Mujeres pensando en meteoritos”.

“Mi personaje (Catalina O’Hara) es menor y salí bien liberada, comparada con muchos”, señala Rippey, que asegura que “al menos en parte” la obra surgió como una especie de “broma privada entre él y (el poeta) Mario Santiago”. “Hay muchas personas desconcertadas o molestas por la forma en que sus ‘personajes’ están desarrollados”, porque “muchos de sus acciones y pensamientos corresponden a la imaginación de Roberto y no a nosotros. Claro, nadie -ni Roberto- sabía que el libro tendría tanta relevancia”.

“Hoy he ido sin que nadie me invitara y sin anunciarme a casa de Catalina O’Hara. La encontré de casualidad, acababa de llegar, tenía los ojos enrojecidos, señal inequívoca de que había estado llorando. Al principio no me reconoció. Le pregunté por qué lloraba. Por asuntos de amores, dijo. Tuve que morderme la lengua para no decirle que si necesitaba a alguien ahí estaba yo, dispuesto a lo que fuera”, afirma el personaje del libro sobre “Catalina”.

Rippey y la UP


Sorprendentemente, el vínculo de Rippey con nuestro país es anterior al primer encuentro de ambos, un día de 1974 en el DF mexicano. La artista había venido a Chile en 1972, siguiendo a su novio mexicano, que realizaba una especialización en la Flacso, y con quien acabaría casándose en una oficina de Los Leones.

En Chile, la artista estudió grabado y cursó como alumna libre en la Universidad Católica, “aunque “finalmente me dediqué más bien a actividades políticas”.

“Cuando llegué a Chile me vi más como poeta que otra cosa, pero como me encontraba donde nadie hablaba inglés, decidí inclinarme por un medio visual”, recordó.

Aquella época “fue una educación política; fui simpatizante del MIR e hice carteles en serigrafía para el partido”, dice Rippey, una actividad que culminó abruptamente el 11 de septiembre de 1973.

“Pasé el día del golpe en una fábrica, armando bombas molotov”, dice. “Pensamos que Allende nos iba a llamar a pelear, lo que no sucedió. Habría sido una masacre además”. Ese mismo día, sus compañeros les avisaron que el lugar sería allanado y de noche, en pleno toque de queda, salieron del lugar para ir a su departamento de las torres de San Borja.

Fueron detenidos por varios carabineros, que los golpearon “pero por azares del destino nos dejaron ir”. Unos amigos bolivianos los acogieron. Finalmente, el esposo de Rippey saldría a través de la embajada azteca y ella misma gracias a Naciones Unidas, para reunirse en México.

“Me fui con la lección de que la política no es un juego ni una aventura ni un hobby, es un asunto de vida y muerte, como bien supieron los compañeros que se quedaron”, afirma.

Una amistad infrarealista


Fue así que un día de 1974, Rippey conoció a Bolaño. “Mi esposo llegó a la casa con Roberto un día, seis meses después de nuestra llegada a México”, recuerda.  “Pronto se volvió un amigo entrañable, intenso, divertido y leal”.

Bolaño “andaba mucho en la calle con los que poco después se volvieron los infrarrealistas. Mi condición de embarazada y luego mamá me impidió juntarme demasiado con ellos, pero Roberto nos visitaba para refugiarse, posiblemente, de su vida azarosa en la calle. Tuvo una gran empatía con mi marido y se encariñó mucho con mi hijo Luciano”.

Ambos también simpatizaron a nivel artístico. En aquella época, Bolaño ya era parte de los infrarrealistas, un movimiento poético que desafiaba al establishment mexicano, aunque Rippey lo integró más bien de forma accesoria.

“Nos gustó la idea de incorporar a artistas plásticos al infrarrealismo, pero esa idea nunca se cuajó con los demás poetas, entonces me limité a regalarles imágenes para su revista”, afirma.

Rippey tuvo su oportunidad pocos años después, al integrar una experiencia colectiva en el Movimiento de los Grupos, equivalente en el arte visual de lo que fue el grupo de los infrarrealistas en la literatura.

“Siento que los dos fenómenos fueron reacciones de mi generación a lo que fue la época de las dictaduras, un intento de encontrar una nueva forma, más colectiva, de crear arte, de trabajar en la cultura”, señala. “También, tanto en el caso de los poetas como de los artistas visuales estábamos intentando establecernos como generación. Al contrario de la situación en la actualidad, en que hay muchas posibilidades para e interés en los artistas ‘emergentes’, en los 70 sentíamos un cerrazón frente a los creadores jóvenes. En la ciudad de México, por ejemplo, no más había una galería con un interés en jóvenes”.

Ambos permanecieron en contacto hasta que Bolaño se marchó a España en 1977.

“En los últimos meses en México vi poco de Roberto, en gran parte porque yo ya tenía un segundo bebé, pero fui a despedirme de él al aeropuerto en principios de enero del 77, cuando salió para juntarse con su madre en España”, recuerda Rippey. No lo sabían, pero jamás volverían a verse.

Durante cuatro años se escribieron con regularidad. “Fue un gran correspondiente, sus cartas eran entrañables, cariñosas y divertidas”, recuerda. Sin embargo, luego Rippey se mudó y perdieron el contacto, hasta 1995, cuando “le mandé un gran paquete a Blanes de fotos, catálogos de mis exposiciones y una larga carta”.

Aunque Bolaño le respondió, el contacto regular se reanudó recién en marzo de 2003. “Resumimos la correspondencia por correo electrónico, y hablamos largamente en junio, un mes antes de su muerte”.



-¿Cómo surgió la portada del primer poemario de Bolaño?

-Había hecho una xilografía grande (como de 40 x 80 cm) de una sirena con fondo de noche abrazada (pero de cabeza) por una especie de figura tipo Apolo con fondo de día; a Roberto le gustó mucho, a lo mejor sentía que iba con su concepto de reinventar el amor, y lo quiso de portada. Estaba trabajando con mi cuñado Juan Pascoe, que ha desempeñado una labor desde esos días hasta ahora continuando la tradición de la imprenta artesanal y el libro como obra de arte. Juan mandó hacer una plaquita chiquita para su imprenta de golpe del grabado. En mi opinión, el grabado no fue nada genial, y perdió con la traducción a chiquito, pero me dio mucho gusto poder participar en la edición del libro de Roberto”.

 -En una reciente exposición en homenaje a Bolaño, tú mostraste “Mujeres pensando en meteoritos”. ¿Por qué elegiste esta obra?

- La exposición se llamaba ‘Estrella distante’ y aunque yo no tenía obra con temática de estrellas, sí tuve obra con temática de meteoritos, que fue uno de los elementos que se repetía mucho en el proyecto que hice llamado “Mujeres, fuego y objetos peligrosos”. Este título lo saqué de la observación de un lingüista, George Lakoff, que el idioma de una tribu de aborígenes de Australia maneja cuatro géneros, y uno de ellos está compuesto principalmente de “women, fire and dangerous things”. El concepto –la idea de que estos elementos formaran una categoría natural – me fascinó.  Una de mis estrategias para crear la obra fue de meter las palabras “women, fire” o “dangerous objects” a búsqueda de Google y trabajar con imágenes encontradas así.  La obra con el cual participé en ‘Estrella Distante’ consiste en transferencias (fotocopias transferidas a papel japonés) montadas en cajitas de latón. Una parte de cada imagen está plana, pegada a la caja, y otra parte está arrugada, flotando libre. Pensamos que podría haber cierta afinidad con temas de Roberto, con lo articulado y lo sugerido, con las emociones latentes en las caras de las mujeres y la evocación de algo más allá, un cosmos digamos, por medio de los meteoritos.

- ¿Cómo le impactó a Bolaño su éxito?

- Siempre tuve la idea de que llegaría Roberto a ser famoso, escribía de una forma tan extraordinaria. Incluso recuerdo un momento en fines de los 80 en que me estaba preguntando, “qué raro, Roberto todavía no está bien conocido, ¿qué pasa?”. En cuanto a cómo le impactó a él, nunca hablé mucho con él de eso, pero por otras personas cercanas a él, tengo la idea que aunque le agradó el éxito, lo tomó con reserva, no afectó demasiado su forma de ser (siempre austera). Recuerdo que una vez me llamó y no pude atenderlo. Luego intenté conseguir su teléfono, pero fue imposible. Cuando finalmente nos comunicamos y se lo comenté, me explicó que no podía tener su número en la guía telefónica. “Ay Carla”, dijo, un poco tristón o consternado, “no sabes lo que son mis fans…”. Eso sí, nunca imaginé que su fama llegaría a los niveles excepcionales a los cuales ha llegado.


(entrevista de Marco Fajardo en el sitio "el mostrador", vía Virgilio Torres.)

Hans Warren (1921/2001 )


Claro

 Claro que el muchacho de la duna debió de notar
cómo yo le miraba intensamente,
claro que después pasó junto a mí
con muchos movimientos prescindibles
aunque haciendo como que no me había visto.
Claro que empezó un ballet de primavera
con otro muchacho amigo y una pelota,
claro que se hartó, de un modo demasiado femenino,
de pasarse la mano por los largos cabellos
y me miró por encima del hombro al hacerlo,
dientes brillando en un rostro oscuro.
Claro que más tarde se acostó
masticando indolente una brizna de hierba
con aquel llamativo traje de baño desabrochado
solo en una cálida concavidad de la duna,
claro que me alejé discretamente sin hacer ruido
y claro que paso los días arrepintiéndome por ello.


(texto tomado del sitio "el cultural", versión de Martín López-Vega)

lunes, 19 de agosto de 2013

Eugenio Montejo, poeta

Soy esta vida

Soy esta vida y la que queda,
la que vendrá después en otros días,
en otras vueltas de la tierra.

La que he vivido tal como fue escrita
hora tras hora
en el gran libro indescifrable;
la que me anda buscando en una calle,
desde un taxi
y sin haberme visto me recuerda.

Ya no sé cuándo llegará, qué la detiene;
no conozco su rostro, su cuerpo, su mirada;
no sé si llegará de otro país
-en un tapiz volante-
o de otro continente.

Soy esta vida que he vivido o malvivido
pero más la que aguardo todavía
en las vueltas que la tierra me debe.
La que seré mañana cuando venga
en un amor, una palabra;
la que trato de asir cada segundo
sin saber si está aquí, si es ella la que escribe
llevándome la mano.


(texto tomado de Geometría de las horas. Una lección antológica, selección, prólogo y notas de Adolfo Castañón, edición Universidad Veracruzana, Col. Ficción, Xalapa, Ver., México, 2006.)

domingo, 18 de agosto de 2013

Adela Fernández (1943/2013 )

La escritora y directora cinematográfica Adela Fernández, hija del director de cine Emilio El Indio Fernández, falleció este domingo 18 de agosto a los 70 años a causa de una oclusión intestinal.
Sus restos serán velados en La Fortaleza, la casa que fue de su padre, en una ceremonia familiar, informó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).
“Conaculta lamenta el fallecimiento de la escritora que en sus libros recreó el pensamiento mágico de los pueblos originarios de México y se une a la pena que embarga a familiares y amigos”.
Adela Fernández escribió 11 libros y algunos cortometrajes, Claroscuro y Cotidiano surrealismo, además de laborar en la producción de materiales filmográficos para el Instituto Nacional Indigenista, trabajó al lado del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez (1919-2013) en libros sobre temas prehispánicos, y fundó la sociedad civil Fortaleza del Indio A. C.
Actualmente trabajaba en la biografía y el guión de un documental de su padre, cuyos restos fueron llevados el pasado 11 de agosto a La Fortaleza, la casa de Coyoacán que El Indio habitó por muchos años, y que incluso tiene una cuenta de Facebook, misma que se pronunció respecto a la muerte de Adela:
“Partió la mujer que sedujo a las letras, la mujer que miró cara a cara a Quetzalcóatl, la mujer del Hábito por la Rosa, la de las Sabrosuras de la Muerte, la de la Tercera Soledad. Mujer mística qué vivió intensamente los caminos de la vida. Descanse en paz la gran escritora, madre y amiga Adela Fernández y Fernández, orgullo de esta nación mexicana”.


(nota tomada del sitio "proceso")

Franco Fortini (1917/1994 )


Otra arte poética


Existe, en la poesía, una posibilidad
que, si una vez ha herido
a quien la escribe o la lee, no dará
más reposo, como un motivo
semi modulado semi traicionado
puede atormentar una memoria. Y yo, que escribo,
sé que hay un sentido distinto
que puede darse en lo idéntico,
sé que allí afirmada en el verso queda
la palabra que sientes o lees
y juntos se van volando
donde tú ya no eres, donde ni siquiera
piensas poder llegar, y comienzan
otras montañas, en cambio, llanuras ansiosas, ríos
como has visto viajando en aviones temblorosos.
Ciudades impetuosas aquí, bajo tus inmóviles
palabras escritas.

1957

(texto tomado del blog "otra iglesia es imposible, versión de J. Aulicino.)

sábado, 17 de agosto de 2013

Erica Jong (1942 )

Envidia del pene


Envidio a los hombres que pueden anhelar
con infinita vaciedad
el cuerpo de una mujer,
que esperan que su anhelo
haga un niño,
que su oquedad misma
fertilice lo oscuro.
Las mujeres no se hacen ilusiones sobre esto,
ya que son a la vez
casas y túneles,
copas y las que escancian el vino,
ya que conocen el vacío como estado temporal
entre dos plenitudes,
y no ven en ello ningún romance.
Si yo fuera hombre,
condenado a esa infinita vaciedad,
y no teniendo alternativa,
encontraría, como los otros, sin duda,
una mujer
para bautizarla Vientre de Luna,
Madona, Diosa del Cabello de Oro
y hacerla tienda de mi deseo,
paracaídas de seda de mi lujuria,
icono ojiazul de mi sagrada comezón sexual,
madre de mi hambre.
Pero ya que soy mujer,
debo no sólo inspirar el poema
sino también escribirlo a máquina,
no sólo concebir al niño
sino también darlo a luz,
no sólo dar a luz al niño
sino también bañarlo,
no sólo bañar al niño
sino también alimentarlo,
no sólo alimentar al niño
sino también llevarlo
a todas partes, a todas partes...

mientras que los hombres escriben poemas
sobre los misterios de la maternidad.

Envidio a los hombres que pueden anhelar
con infinita vaciedad.
 
 
(texto tomado del sitio "emma gunst", trad. beth miller.)

viernes, 16 de agosto de 2013

Silvia Ugidos (1972 )

Posible autorretrato
 

Yo siempre quise ser una mujer de bien,
ser alguien de provecho, valiente, emprendedora,
mesurada en las fobias, estable en los afectos,
brillante en los estudios, por poner un ejemplo.
Yo siempre quise ser una mujer de bien
y tenerlos a todos felices y contentos,...
a mis padres y amigos, a Fulano y a Mengano,
a Diestro y a Siniestro
Pero hay alguien en mí que todo lo estropea,
que tuerce los caminos, equivoca las cosas,
desbarata mis planes, incumple mis promesas.
Alguien que pisa antes que yo sobre mis huellas.
En fin, visto lo visto, ya lo dicen mis padres:
a este paso, hija mía, no llegarás a nada.
Está bien, os lo debo, lo siento, lo confieso:
aludiendo a un anuncio, no soy como Farala.
Soñadora, insegura, mitómana, algo vaga,
con vocación de hormiga y verano de cigarra,
contradictoria y harta de conciliar extremos
en mi defensa alego
que siempre quise ser una mujer de bien
pero que en su defecto
soy, en el buen sentido de la palabra, mala



 (texto tomado del blog "emma gunst")

jueves, 15 de agosto de 2013

Slawomir Mrozek se va

El escritor, dramaturgo y dibujante de cómics polaco Slawomir Mrozek, que vivió varios años en México, murió a los 83 años en la ciudad francesa de Niza, informó su editorial Wydawnictwo Literackie en Varsovia.
La directora de la editorial, Anna Zaremba Michalska, describió a Mrozek como un "intelectual, autoridad (moral) y ejemplo para generaciones de polacos". Afirmó que dejó un gran número de obras que no sólo forman parte del canon literario polaco sino también de la literatura mundial. "Perdimos a un amigo", escribió.
Entre los trabajos más conocidos de Mrozek figura 'Tango', una obra de teatro de 1964 crítica con los totalitarismos. O 'Los emigrados', que fue llevada al cine por el prestigioso director polaco Andrzej Wajda. También destacan 'El elefante', 'El amor en la guerra de Crimea' o 'Mi libro francés'.
Llena sus obras de una comedia absurda, un lenguaje estilizado aunque paródico y metáforas con múltiples significados. Mrozek estuvo en Polonia en junio pasado para la exhibición de su nueva obra, 'Carnaval'.
Mrozek, nacido en 1930 cerca de Cracovia, emigró en los años 60 a Italia y luego a Francia. Considerado más bien silencioso y tímido, siguió desde la distancia los acontecimientos en Polonia y escribió para la revista literaria 'Kultura', órgano difusor del exilio polaco en París. También vivió un tiempo en Alemania, donde murió su primera esposa.
El escritor se casó en segundas nupcias con la directora teatral mexicana Susana Osorio Rosas. La pareja vivió en México entre 1989 y 1996, tras lo cual se mudó a Polonia.
Mrozek fue distinguido por su obra con el premio Kafka (1987) y el Premio Estatal Austríaco para Literatura Europea (1972). En 2006, recibió junto a Tankred Dorst el premio germano-polaco Samuel Bogumil. En 2003 fue condecorado con la Legión de Honor por su contribución a la cultura francesa.
Para la directora de la editorial, Zaremba Michalska, la muerte del escritor, que se recuperaba en un hospital de una pequeña intervención quirúrgica y había recibido el alta el viernes pasado, fue completamente sorpresiva.


(¿Recuerdas la puesta en escena de "Los emigrados", bajo la dirección de Manuel Montoro, con los trabajos actorales de Claudio Obregón y Salvador Sánchez, en el teatro Milán de la colonia Juárez? Pues fue una producción de la Universidad Veracruzana. Puesta en escena y trabajo actoral memorables. Nota calcada del sitio "el mundo".)

El Bolaño disecado en un Archivo RB

No es difícil imaginar el desconcierto que habrán sufrido los fans norteamericanos al ver Archivo Bolaño, la muestra que el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona organizó entre mayo y junio en homenaje a los diez años de la muerte del escritor. Atraídos por el aura dark que lo hizo célebre en Estados Unidos, se habrán topado con esas salas a media luz, esa sobria colección de manuscritos mudos, ese silencio de abadía climatizada, y se habrán mirado estupefactos: ¿Qué es este chiste? ¿Qué tienen que ver estos modales de convento, esta cautela refinada, todo este derroche de devoción y recogimiento con el rock’n roll, la sordidez, los sopapos de romanticismo salvaje que nos prometía nuestro escritor heroinómano venido del sur?
Naturalmente, los curadores de la muestra no tenían por qué responder a las expectativas más o menos descabelladas que despertó en los norteamericanos –los pocos norteamericanos que aún leen literaturas extranjeras– el abuso de interpretación extraordinario, y extraordinariamente eficaz, por el que una ficción de verano publicada en el suplemento de libros de un diario español se convirtió en una confesión de parte, y su autor, escritor consagrado, muy ducho en el manejo de la primera persona del singular, en un ex adicto rescatado del fango por obra y milagro de la literatura. “Dejé la heroína en abril, a finales de abril”, decía el 17 de agosto de 2000 el narrador de “Playa”, el cuento que Bolaño vendió al diario El Mundo para su sección “El peor verano de mi vida”, “y volví a mi pueblo y empecé con el tratamiento de metadona que me suministraban cada día en el ambulatorio, y poca cosa más tenía que hacer salvo levantarme cada mañana y ver un poco la tele”.
Pero la gravedad sacramental de la puesta en escena de la muestra no contradecía sólo ese entusiasta imaginario yonqui basado en una confusión de yoes sino también el nuestro, el de los pares latinoamericanos del escritor –más sensibles, en teoría, a la dimensión farsesca de la primera persona que a sus ínfulas de autenticidad, y más seducidos por su ubicuidad internacional que por su exotismo–, en el que Bolaño seguía y sigue reinando a la vez como el general y el soldado raso, el gurú y el groupie cachorro, el ideólogo y el militante modelo de un programa de bohemia, vitalismo y velocidad que no nos interpelaba tanto desde el Cortázar de Rayuela (al que la literatura de Bolaño, por otra parte, hizo y hace mucho porque volvamos). También para nosotros la luz mitigada del lugar era una especie de ultraje conservador; el silencio, una mordaza; los manuscritos del escritor encerrados en vitrinas, una evidencia de domesticación. Se entraba al Centro de Cultura Contemporánea como a una iglesia, un museo o una cripta, tres tipos de espacio altamente sugestivos pero poco afines, por no decir hostiles, a la hiperquinesia ávida que el mito de Bolaño no deja de irradiar, y cuyo lema rimbaldiano –reliquia del manifiesto infrarrealista– aparecía escrupulosamente gigantografiado en la pared de la entrada de la muestra: “Déjenlo todo nuevamente, láncense a los caminos”.
En rigor, aunque incluía iconografía, muchas entrevistas en audio y video y algo de memorabilia (una selección de libros de la biblioteca del escritor, las máquinas de escribir en las que tipeó muchos de sus libros y –última, melancólica estación del recorrido– dos pares de lentes cuyo contorno, pronto, será casi tan isotípico como el de los lentes de Lennon), la muestra parecía en verdad pensada contra la imagen, como un statement destinado a embestir, o al menos a asordinar, el síndrome de mitologización hiperpersonalista que afecta a la literatura de Bolaño desde la muerte del escritor. Las fotos, los documentos de la bohemia en el DF mexicano, los años locos y pobres de Barcelona, el período Girona, los amigos, el alcohol, los pantalones pata de elefante, las ciudades, los bares: todo estaba ahí, pero apenas como una concesión, como la limosna que una cierta toma de partido moral condescendía a ofrecer al vulgo para coronar el despojamiento espartano como nueva doxa: Bolaño era sus textos (no su imagen, ni su aura, ni su personalidad, ni lo que los otros dijeron de él, ni lo que sus fans postean en Internet todos los días, etc.).
De ahí el fetichismo archivista que campeaba en la muestra, tan literal y tan intransigente que no vacilaba en deportar a Bolaño de su condición de escritor contemporáneo para convertirlo en una especie de copista pre Gutenberg, un amanuense ensimismado e insomne, poseído por la compulsión de escribirlo, caligrafiarlo, dibujarlo, diagramarlo todo –historias, personajes, arquitecturas novelescas– en cuanta superficie de papel se le cruzara en el camino: libretas, blocs, anotadores, cuadernos escolares o contables, papeles membretados... No había nada que ver en Archivo Bolaño: todo se daba a leer, aun a riesgo de sucumbir –como en el caso de las lupas que cada tanto ampliaban una porción de texto– a las trampas del kitsch solemne.
¿Hubiera aprobado Bolaño ese ayuno terapéutico, esa severidad de convento, la decisión de reducir su mundo, sus irradiaciones imaginarias y resonancias culturales a “lo esencial”, al campo puro, estricto, de su puño y letra (que, convengamos, es siempre de un esmero tan demencialmente obsesivo que mete miedo)? Pero ¿a quién puede importarle? No es el Bolaño “verdadero” el que aparecía en Archivo Bolaño. Es el Bolaño intacto, el Bolaño previsible, el Bolaño de antes de sucumbir a la fritura de la imagen. Un jansenista de la escritura. Lo que la muestra parecía sostener es que en el fondo del mito pop, en su corazón último, no hay más que eso: libretitas pobladas de palabras dibujadas con paciente frenesí, palabras de relojero, palabras de orfebre. El escritor como procesador de palabras. Si la imagen (porque naturalmente es una imagen, una entre otras, por más que su veleidad antifrívola pretenda disimularlo) no es totalmente impertinente es porque articula una respuesta, fóbica y reaccionaria, pero respuesta al fin, a la tensión entre visibilidad y legibilidad, mito y obra, que cada vez atraviesa más a los escritores en el mundo contemporáneo, en especial, muy en especial, a las bestias pop como Bolaño, que producen sentido más allá, de espaldas y hasta contra lo que escribieron, simplemente porque ya son menos escritores que artefactos culturales. En ese sentido, Archivo Bolaño fue una muestra síntoma, teatro del malestar que nos infunden los mitos literarios cuando no sabemos qué hacer con ellos, y dudamos entre perpetuarlos alegremente en su devenir poster (destino fatal del artefacto cultural) o, como eligió la muestra de Barcelona, llamarlos al orden con un gesto puritano y recordarles la condición tautológica (un escritor es lo que escribe) de la que nunca deberían haberse distraído.


(nota de Alan Pauls en el sitio "radar", Página/12, Bs. As.)

miércoles, 14 de agosto de 2013

Eugenio Montejo, poeta

Los heterónimos

Conversé fugazmente un par de veces con Saramago, antes de que obtuviera el premio Nóbel, pero no se me ocurrió preguntarle entonces cuál era el heterónimo pessoano que prefería, ya que él había novelado los días finales de Ricardo Reis. Se trata de una pregunta que Proust, de vivir hoy, habría incorporado a su famoso cuestionario. Más tarde leí en algún lugar que alguien se la formuló a Octavio Paz y éste respondió sin titubear: Alberto Caeiro. Cuando le preguntaron por qué lo prefería, añadió simplemente: porque no lo comprendo.


(pasaje tomado de Geometría de las horas. Una lección antológica, sel., prólogo y notas de A. Castañón, UV, Xalapa, Ver., México, 2006.)

martes, 13 de agosto de 2013

Lina Meruane y la marejada del sida

En Viajes Virales, la galardonada escritora Lina Meruane despliega la representación del sida en la escritura latinoamericana. El viaje como exilio o errancia, el crepúsculo de la loca y la emergencia del modelo gay importado de EE.UU., las resistencias desplegadas por la comunidad gay y los imaginarios creados son algunos de los tópicos desplegados por la ensayista.
Acaba de ganar el XX Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz, concedido en México, con su novela Sangre en el ojo en el que ha sido un año prolífico para Lina Meruane. Escritora, ensayista y periodista cultural el 2011 ganó el Premio Anna Seghers.
Poco antes de recibir el premio, Meruane publicó Viajes Virales (FCE), libro de ensayo en el que aborda la escritura que tematiza el sida en Latinoamérica. El núcleo articulador del relato es el viaje, ya sea de errancia o de autoexilio, el nomadismo que impulsó a las escrituras de la disidencia sexual a huir. Desde el temprano viaje del escritor chilenos Augusto D’Halmar, pasando por la escritura de Reinaldo Arenas, Severo Sarduy, Copi, Pedro Lemebel y terminando con Daniel Link, la ensayista mapea como en la literatura se refleja una pandemia profundamente estigmatizada.
Tal como reseña Mary Louise Pratt, Meruane relaciona el virus como “un artefacto de la globalidad, también es un mecanismo clave para representar la globalización, objeto estrictamente imaginario cuyas engañosas metáforas de flujo reinscriben centros y periferias”.
¿Se puede hablar de un corpus seropositivo?
- La posibilidad de reunir un conjunto de textos sobre el sida fue el primer desafío. Yo empecé esta investigación porque había leído, consecutivamente, varios libros sobre el tema. Quizás fuera un accidente, no sé… los amigos que me recomendaron o regalaron esos libros entendieron que yo tenía un interés por los modos en que la enfermedad aparece en la literatura. Me propuse entonces rescatar del silencio otros textos y me di a la tarea de leer libros de autores homosexuales, de preguntarle a activistas y a autores y a lectores y lectoras de distintos países. No fue una tarea simple pero de pronto vi que había muchos más textos de los que yo iba a poder examinar, y que era un corpus. Lo llamé seropositivo porque me parecía el modo de señalar que los relatos estaban marcados por la presencia del sida como enfermedad más que como posibilidad.
¿Cuáles serían sus márgenes?
- Una definición o marco posible es que todos estos textos portan el sida como síntoma, que la crisis viral no es un mero telón de fondo sino que tiene un impacto decisivo en la escritura misma del libro.
 
En el libro partes con el viaje de Augusto D’Halmar a principios del siglo XX ¿Hasta qué momentos funciona la idea del viaje como salida a las sexualidades disidentes de la nación homófoba y represiva?
- Ese viaje está en cierto sentido todavía vigente, porque hay una utopía contenida en todo viaje y todo viaje es en su sentido metafórico y literal una salida de curso. Sin embargo, el sida cambió muchas cosas. No sólo cambió la idea de libertad sin consecuencias del viaje de los años ochenta, sino que también viajó el virus, y por lo tanto, en un momento hubo que viajar, los que podían, en busca de medicación; y también hubo que viajar de regreso, a morir. Finalmente, el sida no solo sacó a las disidencias del clóset sino que produjo un activismo que incidió en ciertas maneras de pensar la homosexualidad en los ámbitos locales. No quiero decir que se haya acabado la estigmatización o la violencia contra la disidencia, pero si ha habido un aumento en la aceptación de la disidencia, cambios en la legislación, en los tratamientos de salud y en la percepción literaria del sida.
Augusto D’Halmar también fue pionero en Latinoamérica con su novela Pasión y Muerte del Cura Deusto, la primera novela homoerótica de la región ¿Qué otro derrotero inaugura D’Halmar?
- D´Halmar es un precursor en muchos sentidos. Está entre los primeros en imaginar una comunidad de deseo, la llamada comunidad tolstoyana, que fracasó porque el otro miembro se enamoró de su hermana. Este fracaso el escritor lo narra diagonalmente en un cuento. D´Halmar no estaba dispuesto a asumir el silencio y como eso en el Chile de esos años, y de alguna manera todavía en los nuestros, era repudiable, se fue a buscar mejor suerte en otros lugares. Todo eso queda reflejado en la novela que mencionas, en la que el deseo homoerótico es muy claro. Esa novela es muy abierta, no resulta nada secreta. Los propios contemporáneos de este escritor dan cuenta de su innombrable “rareza”, pero esa “rareza”, pienso, es también un modelo para ciertos lectores solitarios.
¿Podrías hacer un contrapunto entre el viaje de Witold Gombrowicz a mediados del siglo XX y el de Reinaldo Arenas casi al final del mismo siglo?
- Los leo como dos viajes de exilio, pero del todo distintos. Gombrowicz viaja de Polonia a Argentina, en un viaje literario, pero a los pocos días de su llegada se produce la invasión nazi a Polonia y Gombrowicz entiende que su regreso no será al país que dejó sino a un país en plena resistencia. No volver lo posiciona como traidor a la patria, pero de la lectura de su primera novela argentina también se deduce que hay otros deseos que lo llevan a quedarse en Buenos Aires. Su regreso sería una suerte de doble muerte. Reinaldo Arenas no era un privilegiado sino un perseguido por el régimen castrista por su homosexualidad, un revolucionario vuelto contrarrevolucionario por la propia revolución. Arenas sale por el puente de Mariel, y nunca se recupera de haber tenido que irse de Cuba, donde paradójicamente, de acuerdo a su autobiografía, estaba muy satisfecho, sexualmente. Arenas se enferma muy posiblemente en este exilio y le adjudica su muerte prematura a ese exilio forzado.
¿Cómo aborda Reinaldo Arenas el tópico del SIDA en tanto arma política?
- Arenas se hace eco de las múltiples teorías de la conspiración de la época, pero audaz como era, le da una vuelta y repiensa la homofobia no como un fenómeno solo local, del castrismo, sino también internacional, cuando en Estados Unidos el presidente era Ronald Reagan. El propone que en la creación del virus como arma biológica contra los homosexuales, hay una alianza entre los poderosos del mundo que supera las fronteras ideológicas de la Guerra Fría. Arenas entonces postula que la homosexualidad es el enemigo común del poder, que lo es porque el poder no tolera ninguna forma de verdadera libertad. Es una idea trágica, que cuestiona la utopia de la libertad capitalista y de la globalización.
 
¿Cómo reactualiza el VIH las nociones del mal moral y físico, la idea de la decadencia, en el imaginario sobre la homosexualidad?
- Sobre esto va también el ensayo que escribí, pero en síntesis la ecuación es muy simple. La homosexualidad, así como muchas otras prácticas relacionadas al sexo, fue considerado pecado desde muy temprano en la historia del mundo. Cuando el poder de la religión y su discurso represivo empieza a decaer, lo sustituye el discurso de la ciencia, que medicaliza la homosexualidad y la repiensa como desviación, como enfermedad. Se pasa de la enfermedad moral (castigable) a la física (curable), aunque estas nunca se separan del todo y en realidad continúan coexistiendo. El sida se lee como materialización de estas ideas, porque hay una enfermedad real, mortal pero también contagiosa, que se cree, de inicio, que solo ataca a un grupo ya signado por el mal. El mal se manifiesta en aquellos que ya moralmente lo portan. Esa es la idea más problemática de la época, no sólo por el modo en que se acentúa un viejo estigma, haciendo que los gobiernos le adjudiquen culpa a esa comunidad y la dejen morir, sino porque además permiten que toda la ciudadanía quede expuesta al contagio de un virus mortal. Es un imaginario asesino.
¿A qué atribuyes la casi completa ausencia de las mujeres en este corpus literario seropositivo?
- Esa fue la pregunta más difícil de contestar, y de hecho, la última pregunta que abordé en la escritura del libro. Esa una pregunta que me rondaba, pero a la vez, no había textos que me ayudaran a leer esta realidad. Esos textos recién empiezan a aparecer a fines de los años noventa y son muy escasos, muy poco provechosos para comprender la circunstancia de las mujeres, pero afinando un poco la lectura y pensándola a través de la experiencia de las feministas del primer mundo, llegué a pensar en varios hechos que suceden cronológicamente: primero que nada, las mujeres, así como gran parte de la población heterosexual, creyó que a ellas no les iba a tocar porque era una enfermedad homosexual. A eso se suma el hecho de que también en un inicio fueron escasas las mujeres contagiadas y muchas de ellas eran prostitutas, o se les acusó de prostitución, el estigma era enorme y las mujeres en general han estado siempre más solas, por lo cual el activismo resultó más difícil de ejercer. Sobre todo si pensamos que el activismo femenino ha sido una plataforma que muchas mujeres, manipuladas por los discursos oficiales, han pensado como demasiado radicales, o han temido como un asunto de lesbianas. Este es un problema bastante importante. Finalmente, y de manera algo paradójica, los escritores asumieron el estigma y dispuestos a darle vuelta, se dieron a escribir sobre el sida.
 
¿Qué operación ves en el apropiarse de la epidemia y su estigma por parte de la literatura?
- Una manera política de asumir el estigma es apropiárselo y resignificarlo. Esto lo aprendieron las comunidades al apropiarse de la palabra gay y queer en el mundo anglo, y las palabras marica, loca y pájaro, por ejemplo, en América Latina. También sectores de la comunidad afroamericana hizo propia la palabra despectiva, nigger, por ejemplo, con objetivos claramente políticos. Apropiarse de la epidemia sigue esta manera de hacer política, que algunos pensadores llamaron activismo cultural. Lo que me parece cuestionable de este activismo es que en algunos casos resultó programático, prescriptivo y algunos críticos propusieron modos completamente idealizados de hablar de la homosexualidad, o llamados a hacer de la literatura, manuales para prevenir el contagio.
¿Podrías ampliarnos la imagen de la loca como sujeto en desaparición frente a la irrupción del macho gay?
- La imagen ampliada se encuentra en las crónicas de Pedro Lemebel, que es quien propone esta idea, o en las performances de Víctor Hugo Robles, y es muy visible en las tensiones que hay ahora mismo entre el colectivo las autodenominadas locas, y los de la Fundación Iguales, por ejemplo. No solo hay una diferencia en términos de definición. Si las locas reivindican la diversidad, los de Iguales, también llamados Igualas, piensan en adquirir una igualdad con la sociedad burguesa, con esos mandatos, y por lo tanto eligen el matrimonio gay como emblema. Un emblema o una doctrina que las locas repudian, porque implica la anulación de la libertad sexual. Es una vieja pugna que se repite y se reproduce en otros contextos. Entonces, no sólo está el hecho de que son dos universos, el más diverso y disidente y el del gay socialmente aceptable, sino también una experiencia determinada por la diferencia de clase y de raza. Las locas se identifican con orígenes sociales más diversos, menos o nada privilegiados, y con agendas sociales puntudas mientras que los gays suelen ser chicos bien establecidos, salidos de las clases medias y sobre todo altas, que no se identifican con los problemas de la barriada o con el pensamiento social más polémico y radical.
¿Cómo recibe la literatura latina el modelo del gay norteamericano?
- La literatura es muy diversa y da cuenta de distintos modelos de recepción, en algunos textos escritos por gays, se celebra ese modelo, y en los escritos por locas, se repudia y a veces, perversamente, se desea. Pero también ese gay es un síntoma de un cambio paradigmático en la cultura latinoamericana: una admiración sin límites a todo lo norteamericano. Es eso, finalmente, lo que examinan críticamente y a veces paródicamente nuestras lucidas locas sudacas.
 
 
(entrevista de Mauricio Becerra R. en el sitio "el ciudadano".)

lunes, 12 de agosto de 2013

SEIS RESPONSOS

uno.
A mí me tocó el papel de cronista de este camposanto, el que cada Dos de Noviembre desempolva los Alabados; el que a partir del 15 de Diciembre monta sainetes a un costado del quiosco. Tarea que cumplo lo mejor que puedo pues fui condenado a vivir hasta los 99 años. Como tuve la capacidad de síntesis, escribo una metáfora en cada lápida. Aunque me atoré en la de Raymond Carver.

dos.
Hay una fila interminable de individuos que espera una inscripción en cantera, aunque en vida nadie quiso dedicarles un corrido por su forma bárbara de ganarse el sustento: traficaron con lo mejor del hombre, la infancia.

tres.
En las noches de luna llena y de insomnio me pregunto quién colocará en la losa de mis años una frase sobre mi lápida, que condense mi oficio. Creo que me vendría bien que sólo se leyera: el sepulturero del pueblo.

cuatro.
Cuando supe que en Blanes había muerto un amigo de un mal hepático, quise enviarle a su mujer una inscripción para su desconsuelo. Pero me dijo que no, que lo habían hecho rescoldos; y los rescoldos cenizas; y las cenizas amuletos.

cinco.
He sabido de individuos que en vida comían todo el año sopa Ramen, pan disputado a los ratones y que vivieron madrugadas de resacas infernales. Ya abandonados en la fosa común el éxito los volvió reyes Midas. Esos tampoco alcanzaron epitafio.

seis.
No ha faltado el ingenuo que espere la composición de un Réquiem, que se escribían para los monarcas en tiempos lejanos. Pero la vida no es una partitura, por lo menos no en Dogville donde circulan de contrabando las armas largas y de factura extranjera.