martes, 30 de junio de 2015

Joan Margarit (1938 )

La profesora de alemán


En aquel Instituto de posguerra
debía haber aprendido algo de griego
y adquirido un barniz sobre los clásicos..
Pero, si aprender algo era difícil,,
nada tenía aún menos futuro
que el alemán, cubierto por negruzcos
escombros de Berlín bajo la nieve.
La mía era una lengua perseguida
y la suya una lengua derrotada.
En un aula pequeña del chalé
donde estaba instalado el Instituto,
al entrar la encontraba de rodillas
fregando junto a un cubo, hablando sola.
No sé alemán y en general no tengo
buen recuerdo de toda aquella gente,
pero no olvidé  nunca su dolor.
Ahora que paso cuentas con quién soy
siento en frías baldosas mis rodillas
mientras borro el ayer, como ella hacía
con la roja cenefa del mosaico.


("poética y poesía", fundación juan march, madrid, mmx)

lunes, 29 de junio de 2015

Charles Simic (1938 )

Mil novecientos treinta y ocho

Ese fue el año en que los nazis entraron a Viena.
Superman hizo su debut en Action Comics.
Stalin exterminaba a sus camaradas revolucionarios,
la primera Dairy Queen abrió en Kankakeee, Illinois.
y yo estaba en mi cuna orinando mis pañales.

"Debes haber sido una hermosa bebé", cantaba Bing Crosby.
Un piloto al que los diarios llamaron Confundido Corrigan
despegó de Nueva York con rumbo a California
pero aterrizó en Irlanda, mientras yo miraba cómo mi madre
sacaba un pecho de su bata azul y me lo acercaba.

Aquel septiembre hubo un huracán que arrastró un cine
por los aires hasta la playa de Westhampton.
La gente se angustiaba porque el mundo se iba a acabar.
Un pez que se creía extinto hacía setenta millones de años
apareció en la red de un pescador en la costa de Sudáfrica.

Mientras yacía en mi cuna los días se volvían más cortos
y más fríos
y la primera nevada fuerte cayó en plena noche
haciendo que todo se volviera muy silenciosos en mi cuarto.
Hoy creo que me escuché llorar por un largo, largo rato.


("el cultural", no.1, traducción rafael vargas)

domingo, 28 de junio de 2015

Uriel Martínez (1950 )

Ensayo a tientas


Empiezas los ensayos a oscuras,
de noche, primero una fruta,

luego, el cable, el libro,
el cuaderno, el polvo del sofá;

más tarde la superficie
mohosa del espejo, el grifo

que gotea y gotea, el llanto
multiplicado, el agua

sin censo y el aljibe raso,
la entrada al sueño;

ensayas los primeros pasos,
corres las puertas silenciosas

del armario, los travesaños
de párpados, los vacíos

de muelas idas, de incisivos
desgastados, de oídos como tapias.

sábado, 27 de junio de 2015

David Huerta (1949 )

El Minotauro baila...

El Minotauro baila, resopla gigantesco
sobre cenizas, cráneos, escombros. Baila
sobre un abismo y no lo sabe: gime, ruge,
lanza llamas con espasmos de dragón y de simio.
El laberinto se cuece con los ecos de esa danza
y los salvajes tumbos que resuenan. Asterión,
el grave Minotauro, no lo sabe, pero baila
sobre un abismo afilado, inexorable.
El hilo de Ariadna es ese abismo.


Veo...

Veo la claridad, el corazón del diamante; veo el vuelo,
la quietud convocada -y después
la elevación de las piernas en la fluencia tibia.
Veo, el aire al vuelo, la ráfaga piadosa
de tus manos: culminación del cuerpo, toda mi ansia.
Veo tus tobillos sobre un fondo gris
como navajas en la niebla.
En el espejo de tu cuerpo veo mi cuerpo dormido,
deseándote, mientras creces como una invocación
en el fuego multiplicado de la danza.


("el espejo del cuerpo", ed. unam, méxico, mcmLxxx)

viernes, 26 de junio de 2015

Ursus Sartoris (1971 )

Ayer lo oí
agrietarse
en el eco
de las amatistas,
apenas si balbuceaba.

Entre la palabra sanguínea
y los íncubos del pensamiento,
entre destello y destello
había visto las últimas garzas
desvanecerse en sus labios

como si fuera un segundo ocaso
como si cada una de ellas fuera el sol
en busca de su manto.


("periódico de poesía")

jueves, 25 de junio de 2015

Armando Salgado (1985 )

Cherán: todos los árboles del mundo

3

Afilar un machete en la boca del suelo para cortar
culebras de agua. El abuelo José partía historias
como gajos de naranja y nos hablaba del respeto a
la naturaleza. Era un gran árbol. Su bosque no
conocía el dolor, ningún quejido. Decía que las
enfermedades llegaron como fábricas de
detergentes. Contaminaron cuerpos y los ríos y las
historias personales de los barrios y las casas de
adobe y la plaza del centro. Les dejaron códigos de
barras para prevenir la vejez en la autopista que
detona casetas. Los árboles son ahora petróleo y
atermitan la dentadura del gasoducto. Inflan con
resina la compraventa de colorante artificial para las
arrugas. Al recordar, nunca había sido tan viejo y a
la vez tan niño. Ay, abuelo, corta otra naranja
menos agria, una hogaza de pan no tan dura; no
compres charales con lama, mejor una chúspata o
un taco de borrego sin limón. Los alimentos que
anuncia la bocina tienen chapopote. Muertos tirados
en la corteza de la autopista. Los cortabosques
visten de añil, usan carro con sirena y reparten
figuritas de miedo. Los productos televisivos
maldicen el huinumo e ignoran a los pájaros. ¿Por
dónde la niebla, abuelo? Ahí la densidad es menor
que la idiotez y cada trino es corazón y árbol por
latir. Abuelo, la lluvia era un gallo que despertaba el
fuego dentro de nosotros. En ese tiempo la abuela
vivía. Tu automóvil era veladora para montar el
cerro y regar no la gasolina sino un sorbo de mezcal
como ofrenda para los antepasados, para no sentir
averiado el motor del coraje. Fuiste otro que nunca
regresó. Siguen cortándolos. Vienen del aserradero
hechos pedazos como si la tierra fuera un costal
para esconder los crucifijos; como si este páramo
se arrancara los restos y enterrara los cabellos.
Abro el costal. Soy menos hombre y recorro la
muerte más rápido. Todo mi cabello está dentro de
él, el llanto. Polvo que crece en lugar de los difuntos.
Jauría que muerde mi silencio porque no puedo
gritar.

La raíz de mi bosque se ha quedado muda.


("cofre de pájaro muerto", ediciones de punto de partida, unam, méxico, mmxiv)

miércoles, 24 de junio de 2015

María Auxiliadora Álvarez (1956 )

9

mamá es un animal negro
manso
extenso
huele
a aguas estancadas
cría
batracios dulces
en las encías
no come
no duerme
no ríe
es un espacio oscuro
que recorro con la lengua
y me sabe a semen
a sangre
a agua de renacuajo

mamá es un animal quieto
amarrado
hinchado
habitual
muerto


("ars scribendi")

martes, 23 de junio de 2015

Saúl Ordóñez (1981 )

Ángel Zárraga, San Sebastián, 1910


enlutada y de rodilla, ella pide:


     venga a mi puerta el Ángel
             negro de sudor y polvo
             doloroso
                         animal grande
                          desbordándose

        sea hueso en el fruto
                 agua en el hocico del caballo
                 filo de navaja
                  mapa celeste
     sea espiga

y el santo ríe



("museo vivo", ed. tierra adentro, méxico, mmix)


lunes, 22 de junio de 2015

Miyó Vestrini (1938/1991 )

Soledad


Soledad es simplemente
ese viejo marinero que nos habla de las serpientes del sur.

Es simplemente esa plegaria que se pronuncia
al pasar cerca de un mendigo.

Soledad puede ser
cualquier lagarto arrodillado;
cualquier ciudad que agoniza poblándose de emigrantes
y de mujeres desnudas.

Soledad yo te invoco.
Y la lluvia danza a mi alrededor.

Sobre todas las cosas del olvido clavas tu aullido de niño muerto
y no obstante,
cada vez que te invoco
sólo me traes el gesto de aquel adolescente que quería morir
bajo los puentes.
Resucitaste una tarde
mientras yo le mentía al joven desconocido y él me hablaba
de una casa extraña
donde los ancianos daban grandes banquetes y ofrecían sacrificios.
Resucitaste soledad.
Conocí entonces el nombre del que me hablaba,
Comprendí que la casa extraña
no era sino una vieja palabra cuya ternura utilizaban
mis antepasados para enamorar a las bailarinas del fuego.
Descubrí la mentira del tranvía que devoraba al estudiante.

Y nuevamente Soledad
me levanté contra todas las ventanas del mundo,
contra todas las palmadas dadas en los cinematógrafos.
Me levanté soledad.
Y la lluvia danzó a mi alrededor.


("libreriabarcodepapelny")

domingo, 21 de junio de 2015

Uriel Martínez (1950 )

Séptimo día

Hoy es domingo; y los domingos
ni Jesús crucificado hace milagros,
ni vuela la mosca, ni el viento
azota las sábanas.

Hoy es domingo; el séptimo día
la gente despierta tarde,
con el sol alto y los poros
cubiertos de nieve.

Los domingos no se manifiestan
milagros, pues todos están de asueto,
incluso los ladrones, los amantes
furtivos y los animales ponzoñosos.

El gato, el teléfono, las plantas medicinales,
los papeles abandonados en las calles,
las nubes, los mesías y los iluminados
permanecen mudos.

Pareciera que todos esperan un suceso
pero nadie abre el periódico
ni enciende la radio, ni
nadie empuja la puerta.

Sólo el veneno permanece al acecho
en su cáliz perfecto, el revólver
espera la voluntad de abrir
el milagro repentino, inesperado.


(revista "tema y variaciones de literatura", no. 22, coordinado por severino salazar muro, uam-azcapotzalco, méxico, df, mmiii)

sábado, 20 de junio de 2015

Pedro A. González Moreno (1960 )

 Mañana, la intemperie

Por si no amaneciera
mañana, que la casa
no parezca vacía;
que todo continúe como al borde
de suceder, no olvides
dejar llenas las copas, como si el vino fuese
una última forma de esperanza.
Y ahí, sobre el mantel, recién partido,
deja también el pan
para que haya un olor a espigas altas
o para que parezca
que hay cosas que se pueden compartir todavía.
Deja algún libro abierto en cualquier sitio,
como si fueras a volver muy pronto;
que parezca que todo se ha quedado esperándote.
Que no note la muerte cuando llegue
que en esta casa ya
no vive nadie. Deja
abierta una ventana para que entre
todo ese ruido extraño
y ajeno de la calle.
Que en tu muerte no haya
esa misma intemperie que hubo siempre en tu vida.


Guarda en algún espejo
tu mirada y un poco de esa lumbre
que ya no habrá en tus ojos
mañana; y guarda dentro de un cuaderno
el ascua viva de tu tacto. Deja
encendida una lámpara,
por si acaso la noche
durara demasiado.
Déjalo todo como si esta noche
no fuera a ser la última. No olvides
dejar un libro abierto en cualquier página.


Y deja tu ventana bien abierta
para que así mañana la luz te reconozca,
aunque ya sólo seas
un cuerpo roto, un cuerpo sin memoria y con frío;
para que así mañana (si amanece)
siga entrando por ella -aunque tú no lo oigas-
todo ese ruido extraño
y ajeno de la vida.


("rua das petras")

viernes, 19 de junio de 2015

Armando Salgado (1985 )

Cherán: todos los árboles del mundo

2
Vagar fantasmas en la cara. Sentir el fondo del caos
e inhalar atisbos sin los primeros rostros
desenmadejados. Sorber la eternidad y el origen de
un huerto. Hoy, la velocidad es tarde en bolsitas de
plástico. Un refresco, la pulpa de un árbol, personas
de vapor. Cerros abandonados a la fuerza.
Puñetazos por la espalda. La desbandada de un
barranco. Ojos en cruz. Troncos anudados.
Personas que al marcharse nunca volverán.
Mordida de un perro y alfileres de rabia en el
ombligo. Despuntando árboles, cadáveres, el llanto.
No dejo de recordar, no, no, no. Negarlos hasta el
amanecer es creer que los sueños despiertan. Los
pueblos, la madre tierra, los hermanos se escurren
por la rendija. Destejo cuerpos de pan. Dientes
esparcidos como recuerdos distantes. La placa de
una vida mejor se renta en tiendas automáticas.
Aserrín enrevesado. Placenta. Verde pálido. Verde
muerto. La velocidad del dinero es testimonio de
nuestras manos. El tacto no tiene permanencia. Las
huellas son estériles. Ningún sujeto se levanta del
piso para devolver la bala incrustada en su cabeza.
Nadie. Ni la saliva, ni el jadeo, ni el tiempo
arremolinado en los párpados, ni el cráneo roto.
Tengo fantasmas en la cara. Son las personas que
se fueron y que nunca volverán. No dejo de
recordarlos y por eso están en mi cabeza. Son
árboles que no quiero arrancarme pero en otro lugar
fueron arrebatados del bosque. Ellos están en mi
mente: mi abuela Lupita, el abuelo José, Francisco,
Tadeo, Joaquín. Sus pómulos restriegan calor en mi
cara. Sus pómulos son tu rostro, papá.
Deshuesadero de troncos ventilando calzadas. La
gruta para alcanzar un poco de comida. El tiro en
los ojos. La camioneta destrozada. Un padre
grabado en el lodo. Cherán. Bosque por brazos,
vejiga por carreteras, cáncer por árboles. Las
huellas se olvidan fácilmente si la herida del ojo
está seca. El olvido jamás se secará.

(Detrás de la camioneta el bosque está de luto).

["Cofre de pájaro muerto", ed. punto de partida, unam, méxico, mmxiv)


jueves, 18 de junio de 2015

José Watanabe (1945/2007 )

El baño


Mientras el agua cae
sobre tu cuerpo
                    yo pienso
que de todos los cuerpos del mundo
tú posees el más preciso.
Tienes algo de intercambiable
conmigo, algunos órganos secretos,
            los más saludables y hermosos,
o el sabor
o la mirada.

Ayer
me acerqué por tus espaldas
y deslicé mis manos
bajo tus axilas
hasta tocar tus senos. De pronto
sentí
el temblor de una restitución:
si yo hubiera tenido tetas
serían
como las tuyas.


("el desierto nuca se acaba" , antología, ed. textofilia, col. lumía, méxico, 2013)

miércoles, 17 de junio de 2015

Kay Ryan (1945 )


Canarios de mina


No es arbitrario;

no es curioso;

los canarios de los mineros

sirven fines comunes y corrientes

con apenas un pequeño

toque de ironía.

Siempre hay algo

que explora los bordes

del aire respirable—

no tan dulce, ni tan amarillo,

pero algo que vive siempre

al otro lado

de lo arable; algo

que es siempre lo primero

que se exime del agua,

marcando la frontera

entre lo posible

y lo lejano;

hasta en el individuo.


("círculo de poesía", trad. francisco larios)

martes, 16 de junio de 2015

Jorge Teillier (1935/1996 )

Sentados frente al fuego


Sentados frente al fuego que envejece
miro su rostro sin decir palabra.
Miro el jarro de greda donde aún queda vino,
miro nuestras sombras movidas por las llamas.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos,
a pesar de su rostro frente al fuego,
y de nuestras sombras movidas por las llamas.
Quizás si yo pudiera encontrar una palabra.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos:
aún cae una gotera, brilla el cerezo tras la lluvia.
Pero nuestras sombras movidas por las llamas
viven más que nosotros.

Sí, ésta es la misma estación que descubrimos juntos.
—Yo llenaba esas manos de cerezas, esas
manos llenaban mi vaso de vino—.
Ella mira el fuego que envejece.


("el poeta ocasional")

lunes, 15 de junio de 2015

Dulce María González (1958/2014 )

Magia

Las pastillas desaparecen de su alhajero de plata.
Cada noche, antes de ir a dormir,
coloca dentro una pastilla azul.
Se trata de un alhajero en forma de cofre diminuto,
le gusta ver ahí la reluciente pastilla.
Piensa que, cuando se la meta a la boca
en medio de la madrugada, su cuerpo
será una concha caliente y húmeda para esa perla.
No obstante, al despertar sabe que nuevamente
ha olvidado tomarla.
Pero siempre encuentra el alhajero abierto,
la concha vacía.


("la mirada del lobo")

domingo, 14 de junio de 2015

Uriel Martínez (1950 )

Las agujas


mis parientas tienen celulitis
desarrollada que es un contento

batallan para meter llave
en candados puertas y alacenas

se mortifican no se diga al ensartar
hilo negro en ojos de aguja

titubean cuando tejen cosen
y cantan en el cuarto de la tele

de madrugada carraspean,
van casi sonámbulas al WC

piden respaldo en balaustradas
escaleras mecánicas y botones de ascender

de un tiempo a esta parte
olvidan el maíz el alpiste y el corral

viven sin vivir en mí,
son parientas cercanas

sábado, 13 de junio de 2015

María Teresa Andruetto (1954 )

Las amigas de mi abuela

Ibamos a verlas
los días de los muertos,
cuando la muerte no dolía.
Mi madre (que era hermosa y usaba
tacos altos) nos llevaba de la mano,
se pintaba la boca. Hablaban piamontés,
la palabra cerrada en la garganta a gritos.
Nos ponían vestiditos blancos de piqué
y volvíamos con olor a gladiolos,
a margaritas. Tenían una casa oscura
las amigas de mi abuela, y el tamaño
de un hombre. Ellos en cambio
eran flacos, frágiles como niñas:
se llamaban Geppo, Vigü,
Gennio, Chiquinot.


("otra iglesia es imposible")

viernes, 12 de junio de 2015

Chella Courington (1956 )

Verano a los trece




A Anna Claire y a mí nunca nos gustó la hierba alta,
como si tuviéramos miedo a pisar una víbora.
Pero el agua del color del índigo
espera por nosotras al otro lado del peligro.

Nos quitamos los vaqueros, la camisa, la ropa interior,
señalamos nuestro lugar en la orilla,
tomadas de la mano como Ruth y Noemí
nos metemos en el agua hasta la cintura.

A cada paso el agua se mueve cada vez más alta,
estremeciendo de frío nuestros recientes senos.
Rodeo a Anna Claire con los brazos
y me aprieto contra ella en busca de calor.

Me empuja y se aparta,
se sumerge un poco más allá,
sale a la superficie, se arquea,
se sumerge de nuevo,
nada por debajo de mí,
me mece de espaldas con las manos,
me levanta en el aire,
floto sobre las yemas de sus dedos.

Mueve lentamente las manos,
toca mi hombros y mis muslos.
Me besa en los labios,
me abre los ojos con la lengua.

No pronunciamos palabra
antes de alcanzar el amarradero,

antes de aventurarnos de nuevo a través de la hierba alta.


("otra iglesia es imposible", versión de jonio gonzález)

jueves, 11 de junio de 2015

Joan Margarit (1938 )

Horarios nocturnos


Acostado contigo, oigo pasar los trenes,
y sus ventanas cruzan encendidas mi frente
rasgando el terciopelo de esta noche.
La pausa del silencio me deja una luz roja,
la nota en el pentagrama de cables y de vías
oscuras y brillantes. Acostado contigo,
oigo cómo se alejan con el ruido más triste.
Quizá me he equivocado no subiendo a uno de ellos.
Quizá el último acierto sea -abrazado a ti-
dejar pasa los trenes en la noche.

("poética y poesía", fundación juan march, madrid, mmx)

miércoles, 10 de junio de 2015

Martín Adán (1908/1985 )

Poema underwood


Prosa dura y magnífica de las calles de la ciudad
sin inquietudes estéticas.
Por ellas se va con la policía a la felicidad.
La poesía gafa de las ventanas es un secreto de costureras.
No hay más alegría que la de ser un hombre bien vestido.
Tu corazón es una bocina prohibida por las ordenanzas
de tráfico.
Las casas rumian sus paces de buey.
Si dejaras saber que eres un poeta, irías a la comisaría.
Límpiate de entusiasmos los ojos.
Los automóviles te soban las caderas, volviendo la cabeza.
Cree tú que son mujeres viciosas. Así tendrás tu aventura y
tu sonrisa para después de la cena.
Los hombres que tropiezan tienen la carne encallecida de
oficina.
El amor está en cualquier parte, pero en ninguna está
de otro modo.
Pasaban obreros con los ojos resentidos con la tarde, con la
ciudad y con los hombres.
¿Por qué había de fusilarte la Checa? Tú no has acaparado sino
tu alma.
La ciudad lame la noche como una gata famélica.
Y tú eres un hombre feliz, quizá el único hombre feliz.
Tienes camisa y no tienes grandes pensamientos de ninguna
clase.
Ahora siento cólera contra los acusadores y los consoladores.
Spengler es un tío asmático, y Pirandello es un viejo estúpido,
casi un personaje suyo.
Pero no he de enfurecerme por pequeñeces.
Mil cosas han hecho los hombres peores que sus culturas:
las novelas de Víctor Hugo, la democracia, la instrucción primaria,
etcétera, etcétera, etcétera, etcétera.
Pero los hombres se empeñan en amarse los unos a los otros.
Y, como no lo consiguen, acaban por odiarse.
Porque no quieren creer que todo es irremediable.
La polis griega sospecho que fue un lupanar al que había que
ir con revólver.
Y los griegos, a pesar de su cultura, fueron hombres felices.
Yo no he pecado mucho, pero ya sé de estas cosas.
Bertoldo diría estas cosas mejor, pero Bertoldo no las diría
nunca. Él no se mete en honduras -y está viejo, quiere paz y hasta
apoya a los moderados.
El mundo no está precisamente loco, pero sí demasiado
decente. No hay manera de hacerle hablar cuando está borracho.
Cuando no lo está, abomina de la borrachera o ama a su prójimo.
Pero yo no sé sinceramente qué es el mundo ni qué son los
hombres.
Sólo sé que debo ser justo y honrado y amar a mi prójimo.
Y amo a los mil hombres que hay en mí, que nacen y mueren a
cada instante y no viven nada.
He aquí mis prójimos.
La justicia es unas estatuas feas en las plazas de las ciudades.
Ninguna de ellas me gusta ni poco ni mucho -no son diosas
ni mujeres.
Yo amo la justicia de las mujeres sin túnica y sin divinidad.
En punto a honradez, no soy de los peores.
Como mi pan a solas, sin dar envidia a mi prójimo.
Nací en una ciudad, y no sé ver el campo.
Me he ahorrado el pecado de desear que fuera mío.
En cambio deseo el cielo.
Casi soy un hombre virtuoso, casi un místico.
Me gustan los colores del cielo porque es seguro que no son
tintes alemanes.
Me gusta andar por las calles algo perro, algo máquina, casi
nada hombre.
No estoy muy convencido de mi humanidad; no quiero ser
como los otros. No quiero ser feliz con permiso de la policía.
Ahora en las calles hay un poco de sol.
No sé quién se lo ha llevado, qué mal hombre, dejando
manchas en el suelo como un animal degollado.
Pasa un perrito cojo -he aquí la única compasión, la única
caridad, el único amor de que soy capaz.
Los perros no tienen Lenin, y esto les garantiza una vida humana
pero verdadera.
Andar por las calles como los hombres de Pío Baroja -(todos
un poco perros)-.
Mascar huesos como los poetas de Murger, pero con
serenidad.
Pero los hombres tienen posvida.
Por eso dedican su vida al amor del prójimo.
El dinero lo hacen para matar el tiempo inútil, el tiempo
vacío…
Diógenes es un mito -la humanización del perro.
El anhelo que tienen los grandes hombres de ser
completamente perros. Los pequeños hombres quieren ser
completamente grandes hombres, millonarios, a veces dioses.
Pero estas cosas deben decirse en voz baja -siento miedo de
oírme a mí mismo.
Yo no soy un gran hombre -yo soy un hombre cualquiera que
ensaya las grandes felicidades.
Pero la felicidad no basta a ser feliz.
El mundo está demasiado feo, y no hay manera de
embellecerlo.
Sólo puedo imaginarlo como una ciudad de burdeles y
fábricas bajo un aletazo de banderas rojas.
Yo me siento las manos delicadas.
¿Qué soy, qué quiero? Soy un hombre y no quiero nada.
O, tal vez, ser un hombre como los toros o como los otros.
Tú no tienes las ojeras demasiado grandes.
Yo quiero ser feliz de una manera pequeña. Con dulzura, con
esperanza, con insatisfacción, con limitación, con tiempo, con
perfección.
Ahora puedo embarcarme en un trasatlántico. E ir pescando
durante la travesía aventuras como peces.
Pero ¿a dónde iría yo?
El mundo me es insuficiente.
Es demasiado grande, y no puedo desmenuzarlo en pequeñas
satisfacciones como yo quiero.
La muerte es sólo un pensamiento, nada más, nada más…
Y yo quiero que sea un largo deleite con su fin, con su calidad.
El puerto, lleno de niebla, está demasiado romántico.
Citeres es un balneario norteamericano.
Los yanquis tienen la carne demasiado fresca, casi fría, casi
muerta.
El panorama cambia como una película desde todas las
esquinas.
El beso final ya suena en la sombra de la sala llena de candelas
de cigarrillos. Pero ésta no es la escena final. Pero ello es por lo que
el beso suena.
Nada me basta, ni siquiera la muerte; quiero medida, perfección,
satisfacción, deleite.
¿Cómo he venido a parar en este cinema perdido y humoso?
La tarde ya se habría acabado en la ciudad. Y yo todavía me
siento la tarde.
Ahora recuerdo perfectamente mis años inocentes. Y todos los
malos pensamientos se me borran del alma. Me siento un hombre
que no ha pecado nunca.
Estoy sin pasado, con un futuro excesivo.

A casa…


("life vest under your seat")

martes, 9 de junio de 2015

Isla Correyero (1957 )

Conversación sin sentido





Como una avalancha se me ha echado encima
el tiempo
y me doy cuenta de algunos errores
que cometí y aún sigo viendo
las causas oscuras que me llevaron y llevan a la
                                                            devastación
y al gran silencio de la zona más honda de la vida.
Apenas una luz trasluz de inteligencia
me ha permitido razonar con sentido común
ese común sentido natural que llaman necesario
para comunicarse con los demás y ser
mínimamente aceptado en la tribu
con todos los respetos y las armas.
Qué quieres que te diga amigo amado
a mí no se me dio (o no acepté)
el don del sentido común y por eso tal vez
he andado sin rumbo por la vida
de un lado a otro equivocándome dándome
saliendo por los pelos
amando tan jodidamente con locura
a quienes nunca debí amar o dejar entrar
en mis sentidos
que ahora
unos quince millones de minutos después
intuyo
que mejor hubiera sido no conocerme
ni tú ni yo
no haber estado aquí en el mundo
no haber ganado el tiempo escribiendo poesía
no haber venido aquí... aquí... llorando...
que de eso venimos todos
de llorar y parir circularmente
y no sacar ni pá un bocado de eternidad
ni voz de Job.
Ni ganas.

¿Tú qué piensas?


("emma gunst")

lunes, 8 de junio de 2015

Jorge Fernández Granados (1965 )

Los peces




Fuimos bajando hasta el fondo
por las calles del puerto. La noche
remaba en el abismo de los ojos. No recuerdo qué tanto
la brisa nos cubrió de sal y estrellas.
Es conveniente dormir a menos que amanezca, dijo,
pero éramos legión para esas horas ya rancias de cantinas.
El ron juntó a los peces
y a todas las criaturas que no duermen
esa noche de pescadores y viajantes, de grasa y aguacero.

Emigramos a La Luna,
que era una carpa improvisada en los
dudosos territorios del suburbio.
Sudores y cervezas, baile, sedimento
de géneros grotescos de alegría,
se fueron combinando con torpeza
hasta temblar en una sombra, un amasijo
de danza, alcohol y extrañas vidas.

Los círculos que lees con tu mirada
no están en realidad aquí,
pero a ti te fue dado contemplarlos,
—dijo sonriendo y se perdió bajo los cuerpos
en la anchurosa fiesta de esa carne.
El ritmo gobernaba la sordidez o la gracia
y en medio de su lago nos fundimos.

Más tarde, ya cansados
los pocos rezagados en La Luna,
sin sueño y con nostalgia de horizonte,
fuimos a buscar el mar:
la sonata del agua, el apetito de su hechizo,
en esa vigilia donde el límite
del cielo y el océano es todavía tiniebla.

Algo nos lleva ante la orilla
a ver cómo la luz se recomienza
y estar aquí sin comprenderlo,
testigos de este mar alucinado,
súbitamente viejos, silenciosos,
oyendo de su más oscuro corazón
una alabanza.

Sentados en el muelle esperamos el día:
poco a poco fue llegando su violeta,
la noticia azul de su marea,

y en el silencio de su gloria amanecimos.


("el poeta ocasional")

domingo, 7 de junio de 2015

Amalia Bautista (1962 )

Pide tres deseos


Ver el alba contigo,
ver contigo la noche
y ver de nuevo el alba
en la luz de tus ojos.


("poética y poesía", fundación juan march, madrid, mmviii)

sábado, 6 de junio de 2015

Donna Masini (1954 )

Despacio



Una vez vi a una serpiente comerse un conejo.
Cuarto grado, el reptilario del zoológico
el conejo duro, el hocico primero, arena pegada a su pelaje,

la cabeza apretada en las anchas
mandíbulas de la serpiente, la serpiente
tragándola por su larga garganta.

Toda garganta esa serpiente – no podía decir
dónde terminaba la garganta, dónde empezaba
el cuerpo. Recuerdo el recinto

de vidrio, cómo esa serpiente
se tomó su tiempo (todas las chicas se quejaban, gritaban
¿pero no estaban asombradas, fascinadas,

diciendo que no podíamos mirar pero mirábamos, no estábamos
atrapadas por eso, no estábamos
imaginando – qué estábamos imaginando?)

La Srta. Peterson nos apuró a que avancen, chicas,
pero no nos podíamos mover. Era como si
un helecho se desplegara, la mano

del minutero se moviera por el reloj. No entendía por qué
la serpiente no se ahogaba, el conejo nunca
se movía, cómo las mandíbulas seguían abriéndose

más y más, llevándoselo adentro, tal y como
yo estoy tomando esto, despacio,
haciéndolo mío en mi cuerpo:

este dolor. Cuánto tarda
el cuerpo en darse cuenta.

Nunca vas a volver.


("emma gunst", traducción tom maver)

viernes, 5 de junio de 2015

José Watanabe (1945/2007 )

Las mariscadoras

Al amanecer
una decena de muchachas, como en un mito,
                       entran algunos palmos en el mar tranquilo.

Visten un traje negro
                                  y buscan
entre las piedras
los cangrejos y las conchas que ha dejado la marea alta.

                  Una roca oscura se confunde con ellas. Sólo asoma
hierática,
con agua baja. Si respirara el aire salino de las muchachas
reiría con ellas
                 que se lanzan cangrejos y comen almejas crudas.
Las muchachas ignoran que esa alegría vibrátil
          es su victoriosa debilidad.
                             Cuando la marea suba
huirán del avance de las aguas, la roca no.
Ella será la hermana severa
que increíblemente pasa la noche bajo el agua.
                           Mañana
volverá a emerger con la cabellera de rizadas algas
y el triste orgullo de no deberle nada a nadie.


("el desierto nunca se acaba" antología, ed. textofilia, col. lumia, méxico, mmxiii)

jueves, 4 de junio de 2015

Meira Delmar (1922/2009 )

La señal



Pronunciaré tu nombre
en la última hora.

Así sabrá la muerte
dónde encontrarme cuando

llegue.


("rua das petras")

miércoles, 3 de junio de 2015

Amalia Bautista (1962 )

Las adelfas


Las he visto crecer en las cunetas
y en las medianas de las autopistas,
en jardines privados y lujosos
y rodeando bloques de ladrillo
en suburbios tan tristes como el hombre.
Me sorprende que sean tan bonitas,
que se adapten tan bien a cualquier medio,
que precisen tan pocas atenciones.
Me sorprende que sean venenosas.


("poética y poesía", fundación juan march, madrid, mmviii)

martes, 2 de junio de 2015

Diana Bellessi (1946 )

La desaparición de Talita Kumi

¿No voy a acariciar más tus orejitas suaves de color
té con leche? ¿y tu barbita feroz y el flequillo rebelde
que te oculta los ojos? ¿y tus piernas elegantes y erguidas
y esas caderitas que te gusta las friegue y al lomo
donde se aposentan las pulgas? ¿no vendrás a dormir
junto a mis costillas ahora que refresca y llega el otoño?
¿no te comerás los trocitos de pollo que guardo para vos
ni veré tu dormir tranquilo con la pata levantada
o el gemido del sueño que de tanto en tanto te ataca?
¿no oiré tus ruiditos por la casa ni esa manera de venir
a saludarme esté donde esté de vez en cuando? ¿ni felices
saldremos a caminar por el sendero verde de la isla,
vos chocándote con mis piernas en estos meses de ceguera?
La casa está vacía y yo, una bolsa vieja que se llena
con mis lágrimas, Talita Kumi, que escapaste al monte
o caíste al río a las siete de la tarde del día once
de abril cuando cortaba una caña de ámbar reluciendo
blanca en el costado de Appenssel como una tentación
de las flores al anochecer. Te he buscado noche y día
mi bebé, mi amiga, mi familia como siempre te decía
te acordás? Te he llamado en voz alta, bajito y entre lágrimas
y te llamo por escrito de todas las maneras en que sé
y ahora siento que estás lejos y no te veré acercarte, sucia,
asustada y alegre como otras veces en tus escapadas
monteras tras los cuises y comadrejas, ¿qué deshace
Shiva?, deshaceme a mí, no a ella, mi inocente, o acaso
desaparecés en tu ley, Talita Kumi, y libre de la rienda
que siempre te protegía, con ella a cuestas pero libre
al fin, la rienda roja, pequeña reina mía, mi Aquiles
diminuto... tus aventuras son leyenda por aquí...
Me habían prometido dieciocho años juntas, ¿habrás
soportado el agua fría de la noche, los días sin
comer en el monte? No sé, no sé, que no sufras, compañera,
   para eso estoy yo...


("griselda garcía")

lunes, 1 de junio de 2015

Miyó Vestrini (1938/1991 )

Té de manzanilla

Mi amigo,
el chino,
escribió una vez sobre cómo se sientan
y caminan
las mujeres después de hacer el amor.
No llegamos a discutir el punto
porque murió como un  gafo,
víctima de un ataque cardíaco curado con té de manzanilla.
De haberlo hecho,
le habría dicho que lo único bueno de hacer el amor
son los hombres que eyaculan
sin rencores
sin temores.
Y que después de hacerlo,
nadie tiene ganas
de sentarse
o de caminar.
Le puse su nombre a una vieja palmera africana
sembrada junto a la piscina de mi apartamento.
Cada vez que me tomo un trago,
y lo saludo,
echa una terrible sacudida de hojas,
señal de que está enfurecido.
Me dijo una vez:
La vida de uno es una inmensa alegría
o una inmensa arrechera.
Soy fiel a los sueños de mi infancia.
Creo en lo que hago,
en lo que hacen mis amigos,
y en lo que hace toda la gente que se parece a uno.

A veces nos quedamos solos
hasta muy tarde,
hablando de los gusanos que lo acosan
y del terrible calor que le entra todos los días
en esa arena y resequedad.
No ha cambiado de parecer:
un hambriento,
un desposeído,
puede sentarse y hacer amistd con Mallarmé.
Lautrémont nos acompañó una noche
y le dio la razón al chino:
la poesía debe ser hecha por todos.
Y llegaron los otros:
Rubén Darío mandando en Nicaragua,
Omar Khayyam con sus festejos,
Paul Eluard uniendo parejas de amantes.
Entre todos,
sumergimos al chino en la piscina, bajo la luna llena,
y se puso contento
como cuando tenía un río,
unos pájaros,
un volantín.

Ahora está arrecho otra vez,
porque le llevan flores
mientras trata de espantar a las cucarachas.
Quería que lo enterraran en Helsinki,
bajo nieves eternas.
Le dio la vuelta al mundo,
pasando por Londres donde una mujer lo esperaba,
y a su regreso,
tomó un té de manzanilla.
Él,
que amaba tanto las sombras,
ya no pudo trasnocharse.
Lúcido y muy hipócrita,
tenía un miedo terrible a morirse en una cama.
Sé,
porque me lo escribió en un papelito,
que la frase que más le gustaba era de David Cooper:
la cama es el laboratorio del sueño y del amor.


("libreriabarcodepapelny")