jueves, 29 de enero de 2015

Juan Vicente Piqueras (1960 )

Museo de la Acrópolis


Una mano de mármol, pero sólo los dedos,
sobre un hombro de mármol sin cabeza.

Un brazo erosionado que nadie tiende a nadie.

Un caballo sin patas.
Un jinete que es sólo sus muslos.

Dionisos a pedazos, recompuesto.

Un toro sin cuernos que está siendo devorado
por un león que no está,
sólo sus garras.

Admiramos lo desparecido.
Tal vez nuestra cultura nace de estas ausencias,
de lo vacío, de lo que no hay.

También nosotros somos lo que queda
de nosotros,
lo que falta,

                   el hueco que nos cuida.


("apología de la luz")

miércoles, 28 de enero de 2015

Claudia Emerson (1957/2014 )

Marco

Casi todas las cosas que fabricaste para mí
–la mesita de cama, la mecedora, la manta-
se las di a los amigos para que las usaran
para que no me recordaran
las horas que perdiste haciéndolas,
los eternos acabados.
Pero conservé el espejo, quizá porque,
como todos los espejos, la mayor parte del tiempo
son invisibles, parte de un muro o aparecen
por reflejos –inofensivos- porque los reflejos
después de todo, cambian. Ahí lo colgué
al frente, en el corredor oscuro de esta casa
que ya nunca verás; de modo que aumentará
la débil luz convirtiéndose en una
pequeña ventana al revés. Nadie se para
ante él. Esta mañana, sin embargo, al ponerme
el abrigo y alisarme el pelo, vi sobre mi cara
su marco, admirando por primera vez
la forma como el cerezo
que cortaste y puliste tú mismo
había oscurecido,
justo como dijiste.

("emma gunst", traducción de salvador mayorga)

martes, 27 de enero de 2015

Gloria Fuertes (1917/1998 )

En los bosques de Pennsylvania




Cuando un árbol gigante se suicida,
harto de estar ya seco y no dar pájaros,
sin esperar al hombre que le tale,
sin esperar al viento,
lanza su última música sin hojas
-sinfónica explosión donde hubo nidos-,
crujen todos sus huecos de madera,
caen dos gotas de savia todavía
cuando estalla su tallo por el aire,
ruedan sus toneladas por el monte,
lloran los lobos y los ciervos tiemblan,
van a su encuentro las ardillas todas,

presintiendo que es algo de belleza que muere.


("emma gunst")

lunes, 26 de enero de 2015

Juan Carlos Moisés (1954 )

Medidas imprecisas

Está bien, dos más dos es cuatro,
pero querer a alguien es cinco,
seis, tal vez siete.
Oír el verano, oler la noche,
no tienen medidas precisas.
Se puede ser bueno o malo,
ambas cosas o ninguna,
sin que manzanas se vuelvan peras.
Los afectos no se suman,
los defectos no se restan.
Las nubes no abren juicios sobre las personas.


("de sibilas y pitias")

domingo, 25 de enero de 2015

Eloy Sánchez Rosillo (1948 )

El fulgor del relámpago


Hay cosas que la vida te da cuando ya apenas
podías esperarlas, y su luz
maravillosa, elemental, purísima,
te hace feliz de pronto. Y desgraciado,
pues comprendes que no te corresponde
ese milagro ahora y que no debes
a ciegas entregarte a lo que era
propio tal vez de otro momento tuyo,
de un momento anterior, cuando tenías
fuerzas para ser libre.
Mas déjate llevar, y vive esa hermosura
con coraje, sin miedo. A qué pensar
en lo que te conviene. Es muy fugaz la dicha.
No la desprecies. Tómala. Y apura
el fulgor del relámpago.
                                  Después,

tiempo tendrás para seguir muriéndote.


("apología de la luz")

sábado, 24 de enero de 2015

Pedro Lemebel (1952/2014 )

El heraldo del Apocalipsis


El escritor chileno murió en la mañana de ayer en Santiago, a los 62 años, tras padecer un cáncer.
Pedro Lemebel, el escritor que tendió una mirada ‘coliza’ para develar oscuros secretos de la sociedad chilena, murió ayer viernes 23 de enero en Santiago de Chile, a los 62 años.

Definido por Roberto Bolaño como “una de las pocas voces que valen la pena en la literatura chilena contemporánea”, Lemebel murió sin renunciar al discurso rebelde y contestatario que esgrimió desde antes de que sus crónicas asombraran por su audacia y lenguaje sin claudicaciones en defensa de los humildes y discriminados.

Un cáncer de laringe que lo atacó en 2012 venció a un artista que combatió desde su condición de ‘coliza’ (chilenismo para homosexual) a la dictadura de Augusto Pinochet, cuando junto a Francisco Casas creó el colectivo de arte ‘Las Yeguas del Apocalipsis’, en los años 80.

El dúo protagonizó estremecedoras denuncias contra las violaciones a los derechos humanos. Fueron los precursores de las ‘velatones’ (homenajes a las víctimas con velas encendidas en lugares públicos) que, con audacia, llegaron a instalar frente a La Moneda (sede de Gobierno) o en otros céntricos puntos de Santiago.

Adornados con plumas y maquillajes carnavalescos, Lemebel y Casas bailaron cueca (baile nacional chileno) con los pies desnudos sobre vidrio molido y desollaron sus cuerpos, sepultándose en cal, para representar el fin de los detenidos desaparecidos.

En 1988, en la entrega del premio Pablo Neruda al poeta Raúl Zurita, las ‘Yeguas’ irrumpieron en el escenario para ofrecer al galardonado una corona de espinas que este rechazó.

Cuando se acercaba la transición a la democracia, en 1989, aparecieron en un acto de proclamación de la candidatura presidencial de Patricio Aylwin con una pancarta que decía ‘Homosexuales por el Cambio”.

En una crónica de su libro ‘Loco Afán’ Pedro Lemebel relata otro beso sorpresivo, que estampó en la boca de Joan Manuel Serrat.

OPINIÓN DEL ESCRITOR JOHN BETTER
Algunas luminarias de la literatura como Roberto Bolaño o Carlos Monsivais lo consideraban un genio. Lemebel, (Santiago de Chile, 1952) escribió y describió su tiempo y su momento. Uno, era donde las bombas lacrimógenas se mezclaban con la sopa del mediodía, cuando Santiago ensangrentado ponía de abono sobre sus manzanares miles de muertos. Un escritor volátil polémico, audaz. Pedro llegó a Barranquilla en 2008 por medio de una invitación que el director de  La Cueva, Heriberto Fiorillo, le extendió para el segundo Carnaval Internacional de las Artes. Aterrizó en la Arenosa y se tomó en una noche el teatro Amira de la Rosa. Allí brilló con sus crónicas de desaparecidos, de homosexualidades marginales, de hambre, de pobreza, de esa Latinoamérica que otros escritores prefieren mirar de reojo. Aquí estuvo, montado sobre unos tacones de 20 centímetros, gritando a viva voz que eso de ser “pobre y maricón es peor que cualquier cosa”.  Ha muerto una parte de la memoria de nuestra América india, insurgente. Se ha ido, y nunca más habrá de volver. Nos dejó sus libros, su imagen, su rabia, que como el mismo un día declaró, era la tinta de su escritura. Espléndido viaje, Pedro Lemebel.


("el heraldo", autor: john better)

César Moro (1903/1956 )

        La altitud

Un núcleo de humor altivo
un ahogado cubierto de rabia
como de una espuma purísima
montañas guarnecidas de lana
dan las once
quédate hasta mi regreso
hijo del diablo
mendigo indecente
pústula del tiempo
quédate programa retorno de las menstruaciones
quédate hasta perder tu nombre
hijo de cartas piojosas
hijo de mierda
quédate, cuando las holas cambien tus narices por fuego,
quédate. Si el granizo, si los golpes, si las opiniones, si los
cuerpos
si las participaciones, si los anuncios y los pequeños anuncios
si la familia, si la fama, furtivos, fuegos fatuos, balas,
taparrabos, toneles, escalas, chasis, candelas
en cantidad de 36.000, etc., etc., caen
quédate
Hijo de la felicidad acunada
en un nido de escorpiones
suave a la mirada como el joven vitriolo vivaz
como el nacimiento de los hongos venenosos
acunado en una escolopendra
Hijo chocho afásico
luz de los hombres
hijo perseverante
la necesidad es más grande que la angustia.


("in terra ignota", trad: kato molinari)