lunes, 20 de abril de 2015

Yannis Ritsos (1909/1990 )

El tercero


Estaban los tres sentados a la ventana, mirando el mar.
El primero hablaba sobre el mar. El segundo escuchaba.
                                                                            El tercero
ni hablaba ni escuchaba; se encontraba en el fondo del
                                                                    mar, navegaba.
Tras los vidrios se veían sus movimientos retardados,
                                                                              nítidos,
en medio del acuoso azul. Exploraba un barco
                                                                         naufragado.
Tocó la muerta campanilla de la guardia; leves burbujas
emergían y estallaban con tranquilos ecos. De repente
el primero preguntó "¿Se ahogó?"; el otro dijo "Sí, se
                                                                             ahogó".
El tercero, desde el fondo, los miró con desamparo,
como se mira a los ahogados.


("cinco poetas neohelénicos", traducción de carmen chuaqui, edición universidad autónoma del estado de méxico, toluca, 1981)            

domingo, 19 de abril de 2015

Constantino Cavafis (1863/1933 )

En la mesa de junto


Debe tener apenas veintidós años;
y sin embargo, estoy seguro
que hace los mismos años gocé ese cuerpo.

No es una ilusión;
hace un momento llegué al casino,
no he tenido tiempo de beber.
He gozado el mismo cuerpo.
Mas no recuerdo dónde -un lapso de memoria
                                                          no es nada-.

Vean, está sentado en la mesa de junto,
conozco cada movimiento, y bajo sus ropas
de nuevo veo el amado cuerpo desnudo

                                                                   1918


("poesía erótica", trad. cayetano cantú, ivec, veracruz, méxico, 1997)

sábado, 18 de abril de 2015

Eloy Sánchez Rosillo (1948 )

La voz de aquella flauta


Me acuerdo de haber visto en la estación
de una pequeña ciudad del sur de Yugoslavia
a un viejo campesino de ojos tristes
que allí aguardaba el tren,
como  y mis amigos y otras gentes.

Era en la fresca madrugada de un día de verano
que había sido hermoso.
                                         Casi todos estaban
durmiendo o dormitando en la alta noche
para abreviar el tiempo de espera
y aliviar su cansancio.

Mas el anciano no dormía;
y yo, también sin sueño, lo miraba:
se había sentado sobre su maleta,
en un rincón en sombra,
y apoyaba la espalda en un muro manchado
por la humedad y el tiempo.
A su lado, en el suelo, acompañándole,
brillaba la botella de vino en la que ardía
un dios rjo y alegre.

Entonces vi cómo sacaba de su bolsa de viaje
una rústica flauta de madera
que con amor se aproximó a los labios.
Y se llenó la noche de repente
de una música dulce, quejumbrosa y nostálgica.

Más tarde llegó el tren.
                                     Al fin, partimos,
y entre la gente se perdió el anciano.

Pero yo lo recuerdo: puedo verlo
cuando cierro los ojos y busco en la memoria.
Y puedo oír aún la voz de aquella flauta,
que ahora, igual que entonces,
se abre camino hasta mi corazón.


("poética y poesía", fundación juan march, madrid, 2005)

viernes, 17 de abril de 2015

Valeria Meiller (1985 )


De una evolución

Yo te amé desde antes, ahora existe el rayo,
tijera de luz cortando el aire de la noche.
Los grillos se quedaron sordos y se frotan
las patas con arritmia,
una canción disonante, interpretada por tres cuerdas.
Las ranas croan porque temen al agua y las asusta,
nadie lo entiende, la tormenta.
Yo te amé desde antes:
desde el filo almidonado, en las enaguas,
cuando las horas eran blancas porque eran puras y no
porque eran, nada más, blancas. Te amé
cuando el gallo supo la hora exacta, mientras el día
se dividía del tiempo. En esa división, te amé sin saber.
En el norte riguroso de las cosas, en los naturales
regresos de los ciclos y sus correspondencias,
te amé, con y sin sosiego, en el ojo
burgués de la tormenta, con el parte doméstico
del aburrimiento de los otros.
Te amé con la certeza
de que al año siguiente, no importaban
los muertos, volverían
a caer las nueces de sus cáscaras y los hombres
arrastrarían el hierro
de los días para mantener el temple del fuego.
Te amé con la certeza en abril de la leña,
en verano de los leñadores y en invierno
de las tormentas que habían derribado los árboles.
Y ahora que no te amo, en mi universo
sólo existe, boreal,
la forma endeble de la nieve.
Los fantasmas regresan,
noche tras noche, sin lámpara que los espante.
Ahora que no te amo, en los pliegues planchados
son siempre cómicas las mangas de camisa.
Ahora que todo es
irreal, anónimo, fortuito: las vacas suben como cantidades allá,
en la cuesta,
enfiladas a la par prudente de los álamos como puntadas de hilo
que atraviesan el nácar sin brillo de un botón.


("emma gunst")

jueves, 16 de abril de 2015

Griselda García (1979 )

Pa



usabas camisas color café
jeans gastados
mocasines negros.

me llevabas en el falcon verde del '65,
viejito, con la chapa picada,
ese que dejaba ver el asfalto
pasando rápido bajo mis pies.

a veces lo que te crecía adentro
hacía que te pusieras nervioso
y me pegabas cachetazos
yo te odiaba.

pero ahora te quiero, papá
ahora que no estás.

y olvidé
olvidé
olvidé

para hacer de cuenta que podía seguir adelante,
tener la vida normal de una niña de diez años.

entonces ocurre que volvés una tarde
y me esperás al salir del trabajo
fumando un cigarrillo largo, apoyado contra un pared
con tu camisa color café, marcando en el diario
resultados de viejas loterías
y películas de polanski estrenadas hace años.

me besás, te ofrecés a llevar mi bolso, pesado
y nos vamos tomados del brazo,
caminando despacito sin que nadie pueda decir
que vos estás muerto
y que soy la misma que escribe cada día
un poema a cuchilladas

sobre el vestido de la muerte.


("emma gunst")

miércoles, 15 de abril de 2015

Carlos Marzal (1961 )

Meditación abstrusa


Es extraño. Si trato
de recordar el fuego de las noches sagradas,
un verano violento -como cualquier verano-,
con su luna de sangre y crepitar de brasas,
recuerdo esa violencia y la felicidad,
recuerdo el fuego, pero aquí no está el fuego,
aunque yo sé que ardía en esas noches.

Resulta sorprendente. Si vuelvo atrás la vista,
hacia nuestras reuniones, sé lo que confesamos,
rememoro el ingenio de los viejos amigos,
puedo escuchar la risa,
y esa desesperanza
de la que se alimenta cualquier joven,
porque se sabe fuerte, invulnerable.
Y, sin embargo, aquí, en la presente noche,
nadie se ríe ya, y la desesperanza
no es siempre un alimento adolescente.

Es curioso. Si miro
las páginas de un libro, o esos rostros
que hablan en la pantalla y nos conmueven,
yo sé que nunca fueron, como sí sé que fueron
mi fuego y mis amigos,
son palabras que nadie ha pronunciado
al margen de esos libros, son los rostros
de quien prestó su rostro a quien no existe,
y sin embargo están en esta misma noche,
y son y me acompañan y me ayudan.
Lo que parece eterno en la memoria
ha dejado de serlo, y lo que nunca
vivió en nosotros mismos es nuestra eternidad.
Es extraño, es curioso, es sorprendente:
no estoy del todo en mí, y cuando acudo
a lo que debí ser, todo ha cambiado.
Estoy donde no estoy, y en lo que no soy yo,
y hasta en no importa dónde,

y hasta en no importa cuándo.


("life vest under your seat")

martes, 14 de abril de 2015

Alí Chumacero (1918/2010 )

La forma del vacío



Pienso que el sueño existe porque existo;
pero si contra el mundo cruzo rostros
y de ligeros vientos alzo vuelos,
túnicas que no han de vestir estatuas,
y con palabras que después desaparecen,
violadas de improviso,
evoco su mirada y sus palabras: “cielo”, “vida”
que eran como un andar a oscuras,
tan tristes como yo y como mi alma,
como cuando la noche se derrumba
y viene hasta mis manos decaída,
pienso que existo porque el sueño existe.
Puedo encontrar las huellas que abandono:
la mujer que una vez amaba,
sus brazos, sus cansancios, su mirada
y su visible pensamiento,
olvidada columna en mi memoria,
y todo lo que puedo enumerar:
la tarde que a su lado había,
la noche de su voz y la desierta
despedida de entonces.

Pienso también: “La tierra es mi enemiga”,
mas los seres que habitan su amargura
defienden mi existencia,
luchan con mi tristeza y cada día
presiento que he de hallar diversas tierras,
otras miradas, nuevas formas
hacia mi sueño transportadas,
hechas amor o cándidas caricias
como viajeras que en lo oscuro mueren
sin conocer la tierra donde yacen.

Encontraré también nuevas tristezas,
ojos que ya no miran, cadáveres vacíos
y otra vez el recuerdo de sus ojos,
el anhelar sediento que abandonaba en mí,
su muerta voz, su despedida.
Pero jamás conoceré mi propio sueño,
el alma que pretende defenderme,

mi corazón vacío, ni mi forma.


("life vest under your seat")