sábado, 3 de diciembre de 2016

Philippe Jaccottet (1925 )

El ignorante


Cuanto más envejezco, más crezco en ignorancia,
cuanto más he vivido, menos poseo y menos reino.
Todo lo que tengo es un espacio alternativamente
nevado o brillante, pero nunca habitado.
¿Dónde está el dador, el guía, el guardián?
Permanezco en mi cuarto y de momento me callo
(el silencio, como un sirviente, viene a poner un poco de orden),
y espero a que las mentiras se aparten una a una:
¿qué queda? ¿Qué le queda a quien muere
que le impide morir? ¿Qué fuerza
le hace hablar aún entre sus cuatro paredes?



("el poeta ocasional", trad. rafael-josé díaz)

viernes, 2 de diciembre de 2016

Raymond Carver (1938/1988 )

En Suiza




Lo primero que hay que hacer en Zurich
es tomar el trolebús No. 5 al zoológico
hasta el fin  del recorrido
y bajarse. Ir sabiendo
lo de los leones. Cómo  sus rugidos
pasan desde el complejo del zoológico
al cementerio de Flutern.
Allí camino por
el hermosísimo sendero
que lleva a la tumba de James Joyce.
Siempre fue un hombre de familia, está aquí
con Nora, su mujer, por supuesto.
Y su hijo, Giorgio,
que murió hace unos años.
Lucía, su hija, el gran dolor de su vida,
aún vive, aún confinada
en un sanatorio psiquiátrico.
Cuando le trajeron la noticia
de la muerte de su padre, dijo:
¿Qué está haciendo ese idiota  bajo tierra?
¿Cuándo le va a dar por salir?
Nunca nos quita el ojo de encima.
Me quedé un rato. Creo
que le dije al señor Joyce alguna cosa en voz alta.
Debo haberlo hecho. Sé que debí hacerlo.
Pero ahora no recuerdo qué
y tengo que dejar las cosas así.

Una semana después de aquel día, partimos
de Zurich en tren a Lucerna.
Esa mañana temprano, tomé
el trolebús No. 5 una vez más
hasta el final de la línea.
El rugido de los leones cae sobre
el cementerio, como la vez anterior.
El césped ha sido  cortado.
Me siento allí por un rato y fumo.
Uno se siente bien estando allí,
junto a la tumba. Yo no tenía
nada que decir esta vez.

Esa noche jugamos  en las mesas
del Grand Hotel-Casino
en  la costa misma del lago Lucerna.
Más tarde fuimos a ver un espectáculo de striptease.
¿Pero qué hacer con el recuerdo
de aquella tumba que me venía a mí
en  medio del espectáculo,
bajo la luz rosada,  muda, del escenario?
No hay nada que hacer.
O sobre el deseo que vino después,
que desplazó todo lo demás
como una ola.
Más tarde, nos sentamos en un banco
debajo de algunos tilos,  bajo las estrellas.
Hicimos el amor.
Metiéndonos uno  dentro de la ropa del otro.
El lago a unos pocos pasos.
Después, nos mojamos las manos
en el agua fría.
Entonces, volvimos a nuestro hotel,
felices y cansados, dispuestos a dormir
ocho horas.

Todos nosotros, todos nosotros, nosotros todos,
tratando de salvar
nuestras almas inmortales, ciertos caminos
aparentemente  más indirectos
y misteriosos
que otros. Estamos pasándola
bien aquí. Pero esperamos

que pronto todo sea revelado.


("el poeta ocasional", trad. adam gai)

jueves, 1 de diciembre de 2016

Zbigniew Herbert (1924/1998 )

Un país


En la misma esquina de este viejo mapa hay un país que añoro.
Es la patria de las manzanas, las colinas, los ríos perezosos, del vino
agrio y el amor.
Por desgracia una gran araña tejió sobre él su tela
y con su viscosa saliva cerró las puertas del sueño.
Y es siempre así: el ángel con la espada de fuego, la araña

y la conciencia.


("marcelo leites", trad. xaviero ballester)

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Anne Sexton (1928/1974 )

La muñeca Dy-Dee



Mi muñeca Dy-dee
murió dos veces.
Una vez cuando arranqué
su cabeza
y la dejé flotar en el excusado
y otra vez
bajo la luz de la lámpara
cuando se derritió
tratando de calentarse.
Era una miseria
con su carita abrazando
sus pequeños brazos torcidos.
Murió en plena sabiduría de goma.


("otra iglesia es imposible", versión verónica zondek)

martes, 29 de noviembre de 2016

Eugenio Montejo (1938/2008 )

Pavana para una dama egipcia



Yo sé que un día aquí sobre la tierra
no estaré nunca más. Habré partido
como los viejos árboles del bosque
cuando los llama el viento. Y esto que escribo
no me lo dicta apenas una idea
pues ya se ha hecho sangre entre mis venas.

También sin meditar suelen los árboles
tener claro su fin. Como toda materia
guarda memoria de su nada póstuma.
No es preciso pensar para decirse
-cada cual a sí mismo- adiós por dentro.
Con ver las hojas en otoño basta;
con ver la tierra allá a lo lejos, roja,
flotando en el abismo, sin nosotros,
se aprende casi todo...

Yo sé que un día con tus egipcios ojos
me buscarás sin verme aquí en la tierra,
y no estaré ya más.
Y no es la mente quien me lo dice ahora,
sino en tu cuerpo donde puedo leerlo;
aquí en tus brazos, tus senos, tu perfume,
porque lo eterno vive de lo efímero
como en nosotros el dios que nos custodia
con tanto enigma en su perfil de pájaro
y su vuelo que siempre está a la puerta.


("otra iglesia es imposible")

lunes, 28 de noviembre de 2016

Mary Jo Bang (1946 )

Y como en Alicia


Ella dice que Alicia no puede estar en el poema porque
es solamente una metáfora de la niñez
y un poema ya es una metáfora
así que tendríamos una metáfora

dentro de otra metáfora. ¿Ven?
Asienten todos. Ven. Menos la chica
con la cabeza en la madriguera. Desde esta perspectiva,
su culito parece un panda blanco y negro

visto de atrás. Y de hecho tiene uno
en la parte interna del brazo.
Claro que tieso y sin vida.
¿Quién iba a atreverse a tener un oso de verdad tan cerca de la oreja?

Se pregunta por los posibles daños que podría sufrir
si cayera hasta el fondo de la oscuridad a través de la que mira.
Criaturas extrañas cantarían canciones en las que
sílabas curiosas le pondrían al final un sibilante punto final.

Tal vez los sonidos serían una forma de la luz que sisea.
Como cuando una morsa sopla
entre dos incisivos fracturados. Tal vez tomarían
la forma de una serpiente. Pero, de haber serpiente, haría falta un árbol.

¿Podría hacer crecer uno de una semilla? Y con otra, ¿podría hacer un gato?
Sentarlo en una rama y que volviera a desaparecer en cuanto le
dijeran que ese ruido feo que se escucha es el pensamiento racional
que golpea la puerta del bosque con un hacha.



("el placard", versión sandra toro)

domingo, 27 de noviembre de 2016

Uriel Martínez (1950 )

La anestesia


antes de que sea demasiado
tarde anoto en la agenda
del jueves: una mascarilla de pepino,
una película de crema como ese
par de medias de seda,
una cutícula de luna
en cada dedo, un barniz
en labios y un enjuague
bucal para olvidarte.

pero si esto no basta
entonces cogeré tizones
para la imagen de Narciso
en el estanque, en
el oído que escuchó tu nombre
y lo repitió ad nauseam,
en el dolor de los primeros días
que pasé anestesiado,
en el despertar cada vez
con el sexo en llamas.


[Inédito]