miércoles, 27 de mayo de 2015

Charles Simic (1938 )

El caballo


Me desperté en medio de la noche y encontré

a un caballo muy quieto sobre mi cama.

Amigo mío, qué alegría verte, le dije,

está nevando y debías sentir frío

y soledad en tu establo allá abajo

junto al granjero y su esposa, ambos muertos.



Déjame que te arrope y compruebe

si hay algún terrón de azúcar en la cocina,

como el que vi una vez a un hombre con chistera

darle a una yegua en un circo. Aunque temo

que te hayas ido cuando vuelva; de modo que mejor

será quedarme en tu compañía en esta oscuridad.


("rima interna", versión martín lópez-vega)

martes, 26 de mayo de 2015

Dino Campana (1885/1932 )

Mujer genovesa


Tú me trajiste un poco de alga marina
en tus cabellos, y un perfume de viento,
que ha llegado desde lejos, grave
de ardor, y había en tu cuerpo bronceado
la divina
simplicidad de tus delicadas formas,
no amor ni congoja, un fantasma,
una sombra de la necesidad que ambula
inevitable y serena por el alma
y la diluye en dicha, en encanto, serena,
para que el viento del sudeste
pueda llevarla al infinito.

¡Qué pequeño y leve es el mundo en tus manos!


("otra iglesia es imposible", traducción guillermo boido)

lunes, 25 de mayo de 2015

Horacio Castillo (1934/2010 )

El foso



Respiré por última vez el aroma de los eucaliptos
y pasé bajo el arco donde estaba escrito: Aquí termina
     el mundo.
¿Dónde estamos? —preguntó el niño que todavía no
     había nacido.
En ninguna parte —contestó el hombre que ya había
     muerto.
Y señalando en el medio del campo un inmenso foso
agregó: Todos saldrán por ese mismo lugar.
¿Dónde estamos? —preguntó el hombre escondiendo los
ojos en el bolsillo de la chaqueta.
En ninguna parte —contestó la mujer plegando su
     cabellera como un mantel.
En ese momento el viento cambió de dirección
y sentí por primera vez el olor de la nada.
Y ese olor nos atormentó durante el resto de la jornada,
     y la jornada siguiente,
y todas las que siguieron hasta el fin de nuestros días.
¿Dónde estamos? —preguntó el hijo templando las
     cuerdas de las alambradas.
En ninguna parte —contestó el padre pasando una
     esponja sobre los árboles.
Pero los veteranos, encendiendo fogatas, se ponían a
     cantar
y todo parecía un alegre campamento de verano.
¿Dónde estamos? —preguntó el muchacho con el cordero
     sobre los hombros.
En ninguna parte —contestó la muchacha con el ramo de
     nomeolvides en el pelo.
¿Cómo podíamos cantar mirando día y noche el negro
     foso?
Un día, sin embargo, el aire amaneció fragante;
olía a almidón, a cabello de mujer recién lavado,
acaso porque ese día ella descendió por el negro foso,
¿Dónde estamos? —preguntó el niño con el rayo de sol
     entre los dientes.
En ninguna parte —contestó el anciano revolviendo el
     caldo negro de la memoria.
Ese día, en cuclillas junto al fuego, empezamos a
     cantar.
Cantábamos bajo las duchas de la luna llena,
cantábamos pelando papas infinitamente oscuras,
cantábamos separando la uña de la carne.
Aun el último día entre los vivos cantamos.
En fila india, con el clavel de los mansos en el corazón,
caminamos lentamente hasta el borde del pozo.
¿Dónde estamos? —preguntó la niña que dormía con el
     ave fénix en sus brazos.
En ninguna parte —contestó la madre con el balde de
     olvido sobre la cabeza.
Así, tomados de la mano, esperamos el amanecer

y bajamos cantando a la eternidad.


("la biblioteca de marcelo leites")

domingo, 24 de mayo de 2015

Jordi Doce (1967 )

Palabras para Paula


¿Nacer es la victoria ¿Victoria sobre qué? Desde la fiel certeza de tu
cuerpo, mi pregunta te mira preguntarme. No has vencido a la muer-
te. La muerte no es la nada anterior a la vida. Lo milagroso  es esto:
vienes de lo sin nombre, de lo sin existencia. Eres inconcebible. Aho-
ra, concebida, eres el rostro más claro de la existencia.

Nosotros te miramos, tú avanzaspor tu sueño. ¿En qué instante dejaste
de ser nosotros? ¿ónde la fisura, el deslinde? Quisiéramos hallar en tu
piel nuestra piel, en tu rostro dormido los rasgos que proclaman nuestro
nombre. Quiséramos, tal vez, que fueras nuestro espejo, sin saber que tu
rostro será, no doble: desafío. O algo más sencillo: certeza que dialoga
y nos confirma en el hogar del tiempo.

Desde la fiel evidencia de tu cuerpo, la vida nos revive: el árbol es el
fruto de los frutos.


("poética y poesía", fundación juan march, madrid, mmviii)

sábado, 23 de mayo de 2015

Wislawa Szymborska (1923/2012 )

La alegría de escribir



¿A dónde va la corza escrita por el bosque escrito?
¿A tomar agua escrita
que refleje su hocico puntualmente?
¿Por qué alza la cabeza? ¿Escucha algo?
Se apoya en cuatro patas que la verdad le presta.
Mueve bajo mis dedos una oreja.
Silencio, esa palabra, susurra en el papel
como las otras y remueve ramas
por las palabras del bosque cansadas.
En la hoja blanca de papel acechan
letras que pueden componerse mal,
frases que pueden ser un cerco
y no habrá salvación.
En la gota de tinta un regimiento
de cazadores enfocan la mira
listos para correr pluma empinada abajo,
cercar la corza y preparar el tiro.
Olvidan que esto no existe
Otras leyes gobiernan el blanco sobre negro
parpadeará el ojo el tiempo que yo quiera
y podré dividirlo en pequeñas eternidades
llenas de balas quietas en el aire.
Por siempre, si lo ordeno; nada pasará aquí.
Ni una hoja caerá si no lo quiero
ni las pezuñas hollarán la hierba
¿Existe pues un mundo sobre el cual
soy un destino independiente?
¿Ese tiempo al que une la cadena de signos,
existe bajo mis órdenes constantes?
La alegría de escribir.
La posibilidad de eternizar.
La venganza de una mano mortal


("emma gunst", s/c al traductor)

viernes, 22 de mayo de 2015

Miyó Vestrini (1938/1991 )

Caricia



La mitad de lo que le ocurra
a mi hijo,
será culpa mía.
Qué bien.
Lo digo así,
recubierta de collares y lunares,
veinticuatro horas después de enviarte a París,
y supieras lo que es estar lejos de casa.
Llega hasta a mí
tu rostro de adolescente despeñado,
levantado hacia un profesor ansioso de enderezar
a este pequeño viejo rico.
Hay que ser fuerte,
te dicen:
sólo si lo eres tendrás derecho a cumplir
dieciocho años
y oler la cocaína que quieras.
Y vomitarte sobre la vajilla de tu madre
en la cena ofrecida
para celebrar tu regreso.
Por ahora,
te sacude el frío en el dormitorio de los grandes
y aprietas la medalla que te regaló tu novia
en el aeropuerto.
No he terminado contigo, decía la tarjetica,
prefiero que lo hagan otros.
Y firmaba:
mami te quiere.
Te sacaron de la galería de espejos
para que no rompieras el diseño de la arquitectura holandesa.
Aun antes de tu llegada
ella sufría de baby blues
porque,
¡ay!, gemía,
no estoy preparada para ser madre.
Ahora eres tú,
quien no está preparado para ser hijo.
Odias lo que está bien,
odias lo que está mal.
Estás perdido entre Le Pere Lachaise
y la rue Delambre.
No hay suficientes recuerdos como tú quisieras.
Ya juegas con la inmortalidad:
pobre rata,
qué poco vales en la apuesta,
te gritan los transeúntes a la caída del sol.
Miras el papel higiénico
impregnado de tu caca de niño triste.
De niño malo
enviado a París con un recuadro en el cuello:

menor viajando solo.


("el placard")

jueves, 21 de mayo de 2015

Olvido García Valdés (1950 )

Cuando voy a trabajar...


Cuando voy a trabajar es de noche,
después amanece poco a poco,
hace mucho frío aún.
A menudo en el cine
me parece oír la lluvia azotando el tejado,
como si no hubiese lugar
donde guarecerse.
Hoy alguien en un sueño dijo:
ten, en esta garrafa
hay agua limpia, por si toma moho
la del corazón.


("poética y poesía", fundación juan march, madrid, xxix)