viernes, 31 de octubre de 2014

Ulla Hahn (1946 )

Envejecer


Vacilar en medio de la frase

Preguntar cuando se cree
haber comprendido

No tener más prisa
por querer saber

Retener una piedra un cristal
una mano más de lo necesario

Tocar al hablar el brazo del interlocutor
para sentir que se está aun aquí


Perder un libro una mirada una piel
y no querer ya encontrarlos

Recordar en vez de anhelar

Entrenar como un músculo el pensamiento:
todo esto estará aquí después de mí

Sentir como si hubiera alguien en la habitación



(fuente: "arquitrave" no.56, en línea, versión de JL Reina Palazón)

jueves, 30 de octubre de 2014

Carson McCullers (1917/1967 )

Amado/Amante


" Ante todo, el amor es una experiencia compartida por dos personas, pero esto no quiere decir que la experiencia sea la misma para las dos personas interesadas. Hay el amante y el amado, pero estos dos proceden de regiones distintas. Muchas veces la persona amada es sólo un estímulo para todo el amor dormido que se ha ido acumulando desde hace tiempo en el corazón del amante. Y de un modo u otro todo amante lo sabe. Siente en su alma que su amor es algo solitario. Conoce una nueva y extraña soledad, y este conocimiento le hace sufrir. Así que el amante apenas puede hacer una cosa: cobijar su amor en su corazón lo mejor posible; debe crearse un mundo interior completamente nuevo, un mundo intenso y extraño, completo en sí mismo. Y hay que añadir que este amante no tiene que ser necesariamente un joven que esté ahorrando para comprar un anillo de boda: este amante puede ser hombre, mujer, niño; en efecto, cualquier criatura humana sobre esta tierra. Pues bien, el amado también puede pertenecer a cualquier categoría. La persona más estrafalaria puede ser un estímulo para el amor. Un hombre puede ser un bisabuelo chocho y seguir amando a una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw dos décadas atrás. Un predicador puede amar a una mujer de la vida. El amado puede ser traicionero, astuto o tener malas costumbres. Sí, y el amante puede verlo tan claramente como los demás, pero sin que ello afecte en absoluto la evolución de su amor. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor turbulento, extravagante y hermoso como los lirios venenosos de la ciénaga. Un buen hombre puede ser el estímulo para un amor violento y degradado, y un loco tartamudo puede despertar en el alma de alguien un cariño tierno y sencillo. Por lo tanto, el valor y la calidad del amor están determinados únicamente por el propio amante. Por este motivo, la mayoría de nosotros preferimos amar que ser amados. Casi todo el mundo quiere ser el amante. Y la verdad a secas es que de un modo profundamente secreto, la condición de ser amado es, para muchos, intolerable. El amado teme y odia al amante, y con toda la razón. Pues el amante está tratando continuamente de desnudar al amado. El amante implora cualquier posible relación con el amado, incluso si esta experiencia sólo puede causarle dolor.


(trozo de La balada del café triste, tomado de "emma gunst.blogspot", sin crédito al traductor)

miércoles, 29 de octubre de 2014

Silvina Ocampo (1903/1993 )

Las caras


Las caras de los hombres que en mi vida he encontrado
me persiguen y viven adentro de mi espíritu.
Las caras de los hombres que he encontrado en mi vida
me miran y me abruman.
Podría dibujarlas pero nunca me atrevo.
Algunas tienen cuerpos y llevan en las manos
anillos y collares, flores de terciopelo,
algunas son mansiones, son jardines, son ríos,
algunas son un viaje, una playa, un desierto.
Algunas son de mármol, algunas son fenicias,
algunas son romanas, griegas y perniciosas
con los rasgos borrados.
Algunas tienen penas, muchas penas algunas,
y largas cabelleras que lloran en el viento.
Algunas son horribles, casi siempre me advierten
que un peligro me acecha.
Algunas tienen horas marcadas en los ojos
y son como clepsidras,
me despiertan de noche.
Algunas me quisieron
y movieron los labios para decir mi nombre.
Algunas no entendieron nunca lo que les dije
ni supieron por qué las miré largamente.
Algunas son anónimas
llevan frutas y fuentes, manos de terracota,
como las estaciones.
Algunas se arrodillan, buscan algo en la tierra.
Algunas como pájaros siempre estiran el cuello.
Algunas se inclinaron
y escribieron sus nombres sobre mi corazón
sin que yo lo advirtiera.
Algunas fueron mías, algunas se alejaron
y perdieron su sexo, su virtud y su candor;
fueron como la imagen
del infierno en el mundo
que tratamos, en vano, de olvidar.
Algunas fueron deidades

que no olvidaré nunca.


(fuente: "ciudad seva", en fb)

martes, 28 de octubre de 2014

Lêdo Ivo (1924/2012 )

Retrato de una aldea



Es apenas una aldea de pescadores junto al mar.
Al sol se iluminan los naranjales.
En el verano las naranjas caen maduras en los arenales de la playa,
Uniéndose a los cangrejos y a las conchas, mientras que los niños
Se aventuran al mar y las mujeres van a buscar agua, con sus latas
En la cabeza.
Hombres, escenario y animales se integran al aire de la mañana.

Antes que hubiesen descubierto la redondez de la tierra
Esa aldea existía, con su iglesia y su cementerio,
Los artesanos vueltos hacia el océano, la cal de sus casas,
Y su aire que llena las flores y los patios bajo la nieve.
En la noche las parejas se amaban gravemente, sensibles al deber
De procrear nuevas figuras para el paisaje.

Del mar, los hombres sacan el sustento, cavando las olas con las
Redes que al anochecer extienden en la playa al momento preciso en
Que, junto a rígidas puertas, mujeres jóvenes dejan de hilar.
Los niños se aproximan a ver los frutos del mar
Y miran las estrellas marinas y la agonía de los peces que,
En los platos se unen al aceite, al vino...
y a las conversaciones familiares.

Es una aldea con sus cabras en colinas de piedras.
En la noche bajo las constelaciones, no se ve ni el mar
ni los olivos.
Junto a una ventana, una lámpara ilumina una sala.
En torno a una mesa una pareja de viejos dormita,
Un hombre canta y bebe vino y una mujer joven
ofrece a un niño la dádiva de un seno desnudo,

Un seno bello y antiguo como Europa.


(fuente: blog "la biblioteca de marcelo leites", traducción: nidia hernández)

lunes, 27 de octubre de 2014

Anne Sexton (1928/1974 )

Canción para una dama


El día de los pechos y las pequeñas caderas
la ventana acribillada por una desapacible lluvia,
lluvia arreciando como un pastor,
nos acoplamos, tan cuerdas y tan locas.
Yacimos como cucharas mientras la siniestra
lluvia caía como moscas sobre nuestros labios
y sobre nuestros ojos felices y nuestras pequeñas caderas.
       
«El cuarto está tan frío con lluvia», dijiste
y tú, femenina tú, con tu flor
rezaste novenas a mis tobillos y a mis codos.
Eres un producto nacional, un poder.
Oh mi cisne, mi esclava, mi querida rosa de lana,
incluso un notario daría fe de nuestro lecho

mientras tú me amasas y yo me elevo como pan.


(fuente: "palabras mal dichas", traductor: ben clark)

domingo, 26 de octubre de 2014

Uriel Martínez (1950 )

El camino


Pensé irme unos días al cerro
para escribir una carta
nostálgica a tus ojos.

Pero luego pensé que sería
más atinado un viaje a
la ciudad una semana.

Si optaba por el primer proyecto
me refugiaría en una caverna
oscura y húmeda.

Si por el segundo, me internaría
en museos donde se expone
el advenimiento del fuego.

Decidí que no iría  a cuevas
donde habitan murciélagos
ciegos de melancolía.

Cancelé luego la posibilidad
segunda pues la urbe,
tarde o temprano, me borraría
el camino.

sábado, 25 de octubre de 2014

Charles Simic (1938 )

Senos


Me gustan los senos firmes,
los senos rebosantes
protegidos por un botón.

Surgen en la noche.
Los bestiarios de los antiguos
que incluyen al unicornio
los han dejado fuera.

Perlinos, como el este
una hora antes de que se alce el sol,
dos hornos para la única
piedra filosofal
por la que vale la pena molestarse.

Llevan en sus pezones
cuentas de suspiros inaudibles,
vocales de deliciosa claridad
para la pequeña escuela roja de nuestras bocas.

En otras partes, la soledad
hace otra entrada tenebrosa
en su libro mayor, la miseria
pide prestada otra taza de arroz.

Se acercan: presencia animal.
En el granero
la leche se estremece en el cubo.

Me gusta llegar a ellos
desde abajo, como un muchacho
que se sube a una silla.
para alcanzar el jarro de compota prohibido.

Suavemente, con mis labios,
aflojar el botón.
Hacer que se deslicen en mis manos
como dos cubiletes de cerveza recién vertida.

Escupo sobre los tontos que no han incluido
los senos en su metafísica,
sobre los astrónomos que no los han enumerado
entre las lunas de la tierra...

Le dan a cada dedo
su verdadera forma, su alegría:
jabón virgen, espuma
en la que nuestras manos son lavadas.

Y cómo honra la lengua
a estos dos panecillos agrios,
porque la lengua es una pluma
mojada en yema de huevo:

Insisto en que una muchacha
desnuda hasta la cintura
es el primer y el último milagro,

que el viejo portero que en su lecho de muerte
pidió ver los senos de su mujer
por última vez
es el mayor poeta que ha existido.

Oh, mis queridas, mis pensativas gaitas.
Miren, todos duermen en la tierra.

Ahora, en la absoluta inmovilidad
del tiempo, acercando la cintura
de la que amo hacia la mía

verteré cada seno
como una pesada uva oscura
dentro del panal

de mi boca somnolienta.


(fuente: "la biblioteca de marcelo leites", traductores: guillermo teodoro schuster y juan carlos prieto cané)