domingo, 21 de enero de 2018

Manuel Rico (1952 )

Más allá de las patrias


Porque el frío aguarda más allá de las patrias,
respira en los zaguanes
de las casas sin patria, en los rosales
ajados por el frío, en el reloj que marca
las horas muertas, mide
los abismos.

Miro por la ventana,
comienza el otoño mas no llueve, es un día
de claridad que traiciona y revela, acaso incendia
las calles conocidas, los campos
tantas veces hollados.

Y los llena de muertos, de barro y soledades,
de abismos de ginebra
donde el frío aguarda
más allá de las patrias, más allá de la nieve,
más allá de tu sexo siempre desconocido,
muy cerca de Bagdad y de los seres
desparejados, huérfanos, rotos,
vencidos muchas veces en el siglo,
cuerpos como despojos, invisibles

sólo para ciegos.


Agua



(Poema encontrado entre las páginas de un libro de Barral)

Agua. Entera
latitud de la tarde,
tregua
disuelta
en lluvia, zanja
donde se esconden
viejos miedos, médanos,
piernas adoradas,
gestos y devociones.

Agua que surge
para orearla, agua
de memorables lluvias,
de tormentas que clausuraban
los veranos, agua
bendita de los ríos soñados
o de nocturnas dársenas
de barcos atracados
junto al olvido.

Agua
de los desagües de la ciudad,
sucio remanso,
de los solos, de los heridos,
de los que nada
gozan.

Agua. Dura
latitud de la tarde
cuando nadie te espera, o sólo
la noche y su noticia
de abandonadas calles
y mendigos.



("trianarts")

sábado, 20 de enero de 2018

Miguel Ángel Ortiz (1984 )

Vaho


En la sierra, los caballos rompen el hielo que cubre los estanques. Golpean y golpean, meten su hocico y toman el agua enjaulada por el témpano.

Luego, el vapor sale de sus ollares y se vuelve otra vez nubes.


Yo soy un caballo que golpea contra el hielo de los meses, y busca tomar el agua para regalártela, para que el cielo completo te acompañe.



                                                                 foto en fb del autor



Un fogón


Un cerdo, una gallina, una vaca
para desayunar.

La Pasión según San Mateo, también.

Un coro es un caballo esta mañana,
una voz se disloca,

acomoda sus huesos
sobre esta llanura.


 (poemas tomados de la nube)

viernes, 19 de enero de 2018

Raymond Carver (1938/1988 )

Ondas de radio

                              a antonio machado


Ha dejado de llover y sale la luna.
No sé nada de ondas
de radio. Pero supongo que se transmiten mejor
después de haber llovido, con el aire húmedo.
En cualquier caso, ahora puedo coger Ottawa, si quiero,
o Toronto.

Últimamente, por la noche, me sorprendo a mí mismo
interesado en la política canadiense
y en sus problemas internos. Es verdad. Antes solía buscar
sus emisoras de música. Me sentaba aquí en el sillón
y escuchaba, sin hacer nada ni pensar en nada.
No tengo tele y ya no leo
los periódicos. De noche pongo la radio.

Cuando llegué a este lugar estaba intentando alejarme
de todo. Especialmente de la literatura,
de cómo te atrapa y sus consecuencias.
Un deseo en el alma de no pensar.
De quedarme quieto. Y a la vez
un deseo de ser estricto, sí, y riguroso.
Pero el alma también puede ser una afable hija de puta,
no siempre es de fiar. Y no lo tuve en cuenta.
Le hice caso cuando me dijo: Mejor cantar a lo que se ha ido
y no volverá que a lo que sigue ahí
con nosotros y seguirá ahí mañana. O no.
Y si no, da igual.
Tampoco importa mucho, dijo, si un hombre no le canta
a nada.

Ésa es la voz que escuché.
¿Es posible que alguien piense así?
¿Da todo igual, realmente?
¡Qué absurdo!
Pero pensaba estas estupideces de noche
cuando me sentaba en el sillón y escuchaba la radio.

Entonces, Machado, ¡tu poesía!
Era un poco como el hombre maduro que se enamora
de nuevo. Una cosa digna de atención;
desconcertante, también.
Se me ocurren tonterías como colgar tu retrato de la pared.
Y llevarme tu libro a la cama conmigo,
dormirme con él a mano. Una noche
pasó un trén por mis sueños y me despertó.
Lo primero que pensé, con el corazón acelerado
allí en el dormitorio a oscuras, fue esto:
No pasa nada, Machado está aquí.
Y me volví a dormir.

Hoy me llevé tu libro cuando fui a dar
un paseo. “Presta atención”, dijiste,
cuando alguien se preguntó qué hacer con su vida.
Así que miré alrededor y tomé nota de todo.
Luego me senté con el libro al sol, en mi sitio
junto al río, desde donde puedo ver las montañas.
Cerré los ojos y me puse a escuchar el sonido
del agua. Luego los abrí y empecé a leer
“Abel Martín”.

Esta mañana pensé mucho en ti, Machado.
espero, incluso a pesar de lo que sé de la muerte,
que hayas recibido el mesaje que te envié.
Pero da igual si no es así. Que duermas bien. Descansa.
Antes o después espero que nos encontremos.
Entonces podré decirte estas cosas personalmente.


("life vest under your seat", s/c al traductor)

jueves, 18 de enero de 2018

Ambar Past (1949 )


Nocturno para leñateros

                              (fragmento)


Era de noche y la mujer fue a orinar al bosque.
Se asustó mucho cuando se asomó un hombre cargando
[machete.
El hombre se asustó más todavía que ella.
Cuando se dio cuenta de que el hombre estaba temblando,
[mirándola
bajo la luna con el pelo suelto, ella le dijo que se fuera.
Y el hombre huyó de ahí para contar que se le había
                                                        [aparecido una virgen.


("emma gunst")

miércoles, 17 de enero de 2018

Uberto Stabile (1959 )

Los impostores



El olvido es la madrugada donde el miedo les hace fuertes
son como amantes inexpertos despidiéndose una y otra vez
sin terminar de pronunciar nunca el definitivo adiós.
Los impostores conocen todas las entradas y salidas de los sueños
todos los rodeos que hay que dar para llegar antes a ninguna parte.
Los impostores se suceden uno tras otro
confundidos entre la niebla y el amor ciego
son el ir y venir de una misma cosa
el plazo de una deuda que no se paga.
Ellos trazan las fronteras de países imaginarios
y juegan a conquistarlos desafiando al miedo.
Son audaces ante la adversidad
y pálidos bajo el fuego.
Ellos siempre andan pisándose los talones
en su loca carrera por no ser advertidos.
Frente a la verdad son invisibles
mudos frente al silencio.
Los impostores nunca tienen el mismo rostro
ni usan palabras que los delaten,
emboscados en sus viejas gabardinas
los impostores pasean al acecho bajo la lluvia.
Dicen venir de lejos
pero son siempre del mismo lugar
sus huellas no perduran
sus manos frías cambian de color
cuando alguien las estrecha.
Los impostores habitan el amor
como se habita una casa vacía,
mienten para sobrevivir
y viven con la incertidumbre atada al cuello.
Los impostores nos engañan con su certeza transparente
nos conducen sin tregua ni descanso
al lugar de siempre.
Los impostores somos nosotros
cuando cerramos los ojos
frente al amor que duele.


("de sibilas y pitias")

martes, 16 de enero de 2018

Miguel Ángel Ortiz (1984 )






                                                                    foto muro fb
En aquella playa...



En aquella playa, ya entrado en copas, alguien mencionó que el mundo era muy grande, que los astros bajaban hasta el agua, a las piedras siempre limpias.
Caminar sobre luces, todo
lo podemos   pensar
que todo, tan jóvenes.
Hubieras estado tú, pero espera,
que el viejo Pellicer
dice que en "la playa hay preguntas",
vayamos.



Alumbrar con un fósforo



Alumbrar con un fósforo; palpar los bordes en lo oscuro, aproximarse al pasto, a las raíces, a los filamentos que habitan las praderas cerebrales.
Luego resplandecen, luciérnagas sobre la hierba, aquellos momentos de tu-mi-nuestra vida.


(textos cedidos por el autor)


lunes, 15 de enero de 2018

Esdras Parra (1939/2004 )

Por ese rostro mío tuyo…

                                                         a s.

Por ese rostro mío tuyo
que has olvidado
por ese recuerdo me llamas
y ya no es tu boca sino otra boca
y no son tus labios sino el viento
y tocas fondo hasta llegar
al gran problema
aquí bajo este cielo
sin herencia sin alma
aquí sobre esta tierra
sin sueños sin nieve.



Que este lugar...



Que este lugar no me abandone, este patio,

esta sábana extendida para atraer a los caballos

rodeo el panorama inmóvil

su olor se distribuye sobre los objetos rústicos

y las ruedas hechas añicos

a causa de tu intemperancia

que tampoco me abandone la yedra visceral

arrumada sobre las tierras ecuestres que pisoteo

ni esta ciudad prehistórica que consume

de rodillas su ansiedad de vivir.


("cantera")