miércoles, 23 de julio de 2014

Miriam Reyes (1974 )

Mi padre enfermo...

Mi padre enfermo de sueños
en el asfalto incandescente
de cien mil mediodías caminados
bajo el sol en vertical
perdió sus pies
y apoyado en sus rodillas sigue buscando
el camino de vuelta a casa.

Mi padre sueña,
rendido por el cansancio,
que vuelve a su tierra y planta sus piernas
y le crecen pies jóvenes
y la savia de su tierra negra
le alivia el dolor de las arrugas
y resucita sus cabellos muertos.

Luego despierta en un piso alquilado
a la ciudad de los huracanes de la miseria
y blasfema y maldice y no tiene amigos.
Escondido en la noche
papá llora por las certezas que lo defraudaron.

Del otro lado de su piel
mamá llora por mamá
mamá llora por su casa que ya no habita
y por paz y reposo y risa.

Papá y mamá lloran
cada uno a espaldas del otro en la cama
en el más crudo estruendoso hermoso silencio
que modula en frecuencias infrahumanas
sonidos que se articulan como palabras:
«si aquí no están mis sueños
cómo puedo dormir aquí».
Y que sólo yo escucho
con la cabeza enterrada en la almohada.

Concebida de la nostalgia
nací con lágrimas en el sexo
con tierra en los ojos
con sangre en la cabeza.
No soy lo que soñaron
como tampoco lo son sus vidas.


(fuente: "rua das petras)

martes, 22 de julio de 2014

Abilio Estévez (1954 )

22

   En una pequeña plaza veo a un niño con las manos atadas, está sobre un entarimado, le han tapado los ojos, a su alrededor, cientos de hombres y mujeres ríen, lo señalan y ríen, vociferan y ríen, una anciana sube donde el niño y lo viste de mujer, la multitud grita, aplaude enardecida, el niño es hermoso y como está triste es más hermoso, no maldice, es un niño sereno y resignado, se le acerca un hombre, dice ser su padre, lo alza en brazos, lo lanza a la multitud, el niño desaparece entre gritos y blasfemias, ya no distingo a nadie, sino una masa oscura que se mueve y brama, y luego parece que llegara el silencio y la plaza quedara vacía, tengo la impresión de que estoy solo, creo ver el traje de mujer, me acerco,  no, no es ningún traje, es un poco de ceniza que el viento dispersa.


(fuente: Manual de tentaciones, Tusquets editores, col. Marginales, 179, Barcelona, 1999.)


lunes, 21 de julio de 2014

Nicanor Parra, poeta

Mujeres

La mujer imposible,
La mujer de dos metros de estatura,
La señora de mármol de Carrara
Que no fuma ni bebe,
La mujer que no quiere desnudarse
Por temor a quedar embarazada,
La vestal intocable
Que no quiere ser madre de familia,
La mujer que respira por la boca,
La mujer que camina
Virgen hacia la cámara nupcial
Pero que reacciona como hombre,
La que se desnudó por simpatía
(Porque le encanta la música clásica),
La pelirroja que se fue de bruces,
La que sólo se entrega por amor,
La doncella que mira con un ojo,
La que sólo se deja poseer
En el diván, al borde del abismo,
La que odia los órganos sexuales,
La que se une sólo con su perro,
La mujer que se hace la dormida
(El marido la alumbra con un fósforo),
La mujer que se entrega porque sí
Porque la soledad, porque el olvido…
La que llegó doncella a la vejez,
La profesora miope,
La secretaria de gafas oscuras,
La señorita pálida de lentes
(Ella no quiere nada con el falo),
Todas estas walkirias
Todas estas matronas respetables
Con sus labios mayores y menores
Terminarán sacándome de quicio.


(fuente: "rua das petras")

domingo, 20 de julio de 2014

Uriel Martínez (1950 )

El vampiro

El vampiro escucha pasos
risas y pisadas sobre duelas
de madera pedregosa;
en silencio se asoma al ojo
de buey de la noche donde
ve jóvenes a la deriva;
sabe que la noche es tierna:
le impacienta el encierro
armarios adentro, donde arde;
reo bajo el peso de alas
en desuso, reo de un vestuario
diseñado a su medida
desemprende altos vuelos;
le gustaría desposeerse de grilletes,
sogas, cadenas y nudos ciegos
y correr a congregarse en ese río
que va calle abajo;
pero la edad, se dice a sí mismo,
es una olla express en ebullición,
ajena a su sed antigua.

sábado, 19 de julio de 2014

Edgar Lee Masters, poeta

Harold Arnett

Me apoyé contra la repisa de la chimenea, enfermo, enfermo,
pensando en mi fracaso, mirando el abismo,
debilitado por el calor del mediodía.
Una campana de iglesia repicaba a lo lejos, como un lamento,
oí el llanto de un bebé
y la tos de John Yarnell,
en cama, afiebrado, afiebrado, muriéndose,
y luego la voz violenta de mi esposa:
“¡Cuidado, las papas se están quemando!”
Las olí… y tuve una irresistible repugnancia,
apreté el gatillo… oscuridad… luz…
un indescriptible arrepentimiento… quise recuperar a tientas el mundo.
¡Demasiado tarde! Así fue cómo vine hasta acá
con pulmones para respirar… acá uno no puede respirar con pulmones,
pero uno debe respirar… ¿De qué le sirve a uno
librarse del mundo, cuando ningún alma
puede alguna vez escapar del eterno destino de la vida?


(fuente: "hasta donde llega la voz", versión de Tom Maver)

viernes, 18 de julio de 2014

Sasja Janssen (1968 )

fabúlame

Recuerdo la vida que no acaba
Recuerdo las vueltas por la extensa nieve azul celeste
Recuerdo los cerditos muertos a la vera del camino
durmiendo dulcemente, aún hablaban
Recuerdo mi primer amor que me dejó
Recuerdo a mi madre, a veces le toca felicidad
Recuerdo mi caída de la bici como una figurita
sobre un viaducto en la helada
Recuerdo a mi marido con omóplatos como alas
Recuerdo una procesión en el pueblo primaveral con cintas
en los árboles, los vestiditos blancos falsos el sol cortante
recuérdame
Recuerdo a mi hijo nonato
Recuerdo la ciudad, sus suburbios, el edificio de la saltadora invitada
donde yo estudiaba
Recuerdo mi violación en un apartamento calefaccionado en Roma
Recuerdo al estudiante de arquitectura, sobrevivió sin mí
pero me quedé con él
Recuerdo a mis amores, que me envolvían como un planetoide
Recuerdo el bar azur donde no debía servirle más de diez
espressos a un autor, aunque él no contara conmigo
Recuerdo el canto elevado con una niña entre los prados
tenía el pelo adusto como yo, conocíamos nuestro inicio
anda
Recuerdo la noche crepitante en la que hicimos un hijo
Recuerdo que mañanas oscuras se atascaban con estrellas tercas
Recuerdo mis anhelos como una vid
Recuerdo a mi padre, debía morir pero tenía últimas palabras
Recuerdo que mi marido y yo amábamos al mar
Recuerdo las islas, que escarbábamos como perros
Recuerdo a mi hermana gemela, juntábamos nuestras lenguas
Recuerdo mi cabello largo desgastándose por los asientos en habitaciones
sillas tranvías trenes camas manos
vamos recuérdame
Recuerdo las caras botellas de vino que me compró mi marido, para él
el jamón con pata, hizo de mí un soldadito sin arrepentimiento
Recuerdo la llegada de mis libros, no fueron partos
siempre habían estado
Recuerdo a mi hijo, sus manos sus uñas romas, por qué lloro
Recuerdo mi temor nocturno, noches seguidas, no azul noche
sino naranja vivo
Recuerdo a mi madre, se casó en secreto
Recuerdo al poeta porque me hizo oír las dunas, a veces
imposible el cielo, nos enamoramos y enloquecimos uno a otro
Recuerdo la luz, plata pez plomo fina gris etérea verde
anda hazlo
Recuerdo la división de cuerpo, no de cuerpo y alma
Recuerdo al profesor de lengua, fui una muñeca en su cama
no su primavera en Fialta
Recuerdo al director de cine que me abraza en el papel y en la realidad
como nadie, porque en el papel me abraza como solo
un director de cine sabe hacerlo
Recuerdo el perfume Stendhal que no podía pagar y me caí al suelo
en el cuarto de baño tras lo cual me acosté desnuda en él
Recuerdo las casas donde viví, me arrebataron algo
y no me quieren de vuelta
Recuerdo el consuelo de Paustovski, que me habla cuando se acuesta
a mi lado pero a él no puedo consolarlo porque es polvo
Recuerdo mis poemas, nadie los entiende
Recuerdo fabulosamente fabúlame


(fuente: "otra iglesia es imposible", versión de Diego Puls)

jueves, 17 de julio de 2014

Nuno Júdice (1949 )

Abril del 95

Abril es el mes más cruel, como dice
Eliot. Al principio de abril se pueden contar las horas
que faltan para la noche, y esperar a los astros
que colman el cielo, en el campo, donde el aroma de las flores
atormenta a los animales sin olfato. En abril las lluvias no son
frías como en el invierno, pero dejan el alma encharcada
cuando caen de repente, en la carretera. En abril
el viento envuelve a la tierra en un torbellino y la lleva hasta el cielo,
donde ensucia el azul antes de caer con un ruido
de columnas. Pero no llevo la cuenta de los días, en abril;
no sé si tus manos tienen líneas que van hasta el fin del mes;
y no te oigo contarme historias oscuras
de la víspera. En abril, como dice Eliot, la tierra muerta
engendra las lilas de la concupiscencia: y tus labios
ganan el color rojo de las cenizas, derramando un llanto
vago sobre la muerte que el cielo limpio de estrellas ya
anuncia. Y es que abril es el mes
de los volcanes; oigo su rugido en el intesrticio de tus
confesiones póstumas; y traigo conmigo la lava fría
de una erupción de sentimientos. En abril, no se puede
saber si el día de mañana existe, o si
la cortina negra de la eternidad cae dentro
de una vida sin vacilaciones ni angustias —cerrándola
a las certezas de la memoria. ¿Será esto lo que se espera
de esa vida? ¿O es preciso, por el contrario, atravesar
la calle e ir a tu encuentro —oh diosa blanca, cuya mirada
nos arrastra hacia el otro lado del río? Entonces,
mirando la proa del barco que rasga la corriente, oigo tus
palabras: "¡Te amo! ¡criatura sin corazón, ardiendo
en el fondo de una edad transitoria!" Y no sé qué respuesta dar
a tu deseo, ni dónde encontraré
tus manos vegetales. Mientras, tengo aún la fotografía
que nos sacaron junto al malecón: ambos, sobre la piedra
del límite,
mirando el horizonte que el tiempo apagó...

(fuente: "la mirada del lobo", versión de Andrés Vara)