sábado, 25 de octubre de 2014

Charles Simic (1938 )

Senos


Me gustan los senos firmes,
los senos rebosantes
protegidos por un botón.

Surgen en la noche.
Los bestiarios de los antiguos
que incluyen al unicornio
los han dejado fuera.

Perlinos, como el este
una hora antes de que se alce el sol,
dos hornos para la única
piedra filosofal
por la que vale la pena molestarse.

Llevan en sus pezones
cuentas de suspiros inaudibles,
vocales de deliciosa claridad
para la pequeña escuela roja de nuestras bocas.

En otras partes, la soledad
hace otra entrada tenebrosa
en su libro mayor, la miseria
pide prestada otra taza de arroz.

Se acercan: presencia animal.
En el granero
la leche se estremece en el cubo.

Me gusta llegar a ellos
desde abajo, como un muchacho
que se sube a una silla.
para alcanzar el jarro de compota prohibido.

Suavemente, con mis labios,
aflojar el botón.
Hacer que se deslicen en mis manos
como dos cubiletes de cerveza recién vertida.

Escupo sobre los tontos que no han incluido
los senos en su metafísica,
sobre los astrónomos que no los han enumerado
entre las lunas de la tierra...

Le dan a cada dedo
su verdadera forma, su alegría:
jabón virgen, espuma
en la que nuestras manos son lavadas.

Y cómo honra la lengua
a estos dos panecillos agrios,
porque la lengua es una pluma
mojada en yema de huevo:

Insisto en que una muchacha
desnuda hasta la cintura
es el primer y el último milagro,

que el viejo portero que en su lecho de muerte
pidió ver los senos de su mujer
por última vez
es el mayor poeta que ha existido.

Oh, mis queridas, mis pensativas gaitas.
Miren, todos duermen en la tierra.

Ahora, en la absoluta inmovilidad
del tiempo, acercando la cintura
de la que amo hacia la mía

verteré cada seno
como una pesada uva oscura
dentro del panal

de mi boca somnolienta.


(fuente: "la biblioteca de marcelo leites", traductores: guillermo teodoro schuster y juan carlos prieto cané)

viernes, 24 de octubre de 2014

Cristina Peri Rossi (1941 )

La pasión

Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.


(fuente: emma gunst")

jueves, 23 de octubre de 2014

Gonzalo Arango (1931/1976 )

Sobrenada



el sobretodo es mi mejor amigo
bebemos vino de consagrar en los viñedos
y nos emborrachamos,
compartimos el amor con las mujeres.
mi sobretodo es sensual y seductor.
en la cárcel era un colchón
en los prostíbulos era un refugio
con las manos hundidas en los bolsillos
que me salvaba del naufragio de los besos baratos.
en el invierno me defendía de la lluvia
y en el verano era una sombra luminosa.
mi sobretodo era una incitación voluptuosa a la pereza,
al calor, al heroísmo, al amor, al invierno.
en los momentos de peligro me hacía pasar por detective
y me daba un aire respetable de gran señor del hampa.
mi cuerpo se pierde en él cuando me persiguen,
en mi buena época del parlamento él hablaba por mí:
silencioso
tímido
elocuente.
ha sido una bella disculpa
para eludir serias responsabilidades históricas.
mi sobretodo es a veces el lecho del amor
en los sitios despoblados de la ciudad
tiene un oculto sabor de pecado prohibido.
mi sobretodo es un gran honor.
tiene más historia que una alfombra mágica.
yo lo consagro como el receptáculo privilegiado
donde algunas mujeres tendieron su columna vertebral
completamente desnudas
de cara al sol o a la noche.
mi sobretodo es testigo de la ternura y el terror.
fue acariciado por manos sofocadas de mujer
y desgarrado por puñales de odio.
mi sobretodo tiene quemaduras de tabaco
y huellas de disparos asesinos
y marcas sospechosas de labios rojos.
yo lo empeño por 8 pesos en los momentos de apuro,
mi sobretodo está saturado de sudor animal
tiene residuos de manchas de sangre y aceite…
sonidos vegetales.
cuando no llueve y hace calor me lo quito
me hundo en la noche oscura y mojada
o me hundo en el día lleno de sol, seco.
mi sobretodo es humano y feo

y todos los domingos guarda en sus bolsillos


(fuente: blog "la biblioteca de marcelo leites")

miércoles, 22 de octubre de 2014

Alfredo Veiravé (1928/1991 )

Nunca más

Nunca más los gordos caballos de la muerte entrarán a la plaza
a destrozar los canteros de plantas y de flores (amarillas)
de las tipas asustadas; nunca más los bastones
golpearán con esa furia las cabezas ensangrentadas de los que ahora corren
bajo las nubes cirros, estratos, cumulus o nimbos; nunca más estas flores
de lapachos temblarán en la noche su color rosáceo al oír los aullidos;
nunca más esos aullidos cruzarán la calle subiendo desde el sótano
en el subsuelo de la madrugada.
Nunca más esos gritos terribles descarnarán la corteza de los murales
de la plaza desnuda, nunca más explotarán entre los intestinos
o las bocas del cuerpo / las convulsiones de la electricidad violenta;
(nunca más llamarás gritando a tu mamá en la violácea oscuridad lila y azul que oyeron solamente los jacarandaes florecidos de la plaza)
Solamente?
Nunca más? No lo sé
porque hoy he visto a un tigre de Bengala correr a una gacela por la
llanura, a una boa constrictora devorar a una ranita saltarina,
a una araña correr sobre la tela al oír un zumbido.


(fuente; "caína bella")

martes, 21 de octubre de 2014

Felisberto Hernández (1902/1964 )

Explicación falsa de mis cuentos



Obligado o traicionado por mí mismo a decir cómo hago mis cuentos, recurriré a explicaciones exteriores a ellos. No son completamente naturales, en el sentido de no intervenir la conciencia. Eso me sería antipático. No son dominados por una teoría de la conciencia. Esto me sería extremadamente antipático. Preferiría decir que esa intervención es misteriosa. Mis cuentos no tienen estructuras lógicas. A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida.
En un momento dado pienso que en un rincón de mí nacerá una planta. La empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podría tener porvenir artístico. Sería feliz si esta idea no fracasara del todo. Sin embargo, debo esperar un tiempo ignorado: no sé cómo hacer germinar la planta ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento; sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesías; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos. Debo cuidar que no ocupe mucho espacio, que no pretenda ser bella o intensa, sino que sea la planta que ella misma esté destinada a ser, y ayudarla a que lo sea. Al mismo tiempo ella crecerá de acuerdo a un contemplador al que no hará mucho caso si él quiere sugerirle demasiadas intenciones o grandezas. Si es una planta dueña de sí misma tendrá una poesía natural, desconocida por ella misma. Ella debe ser como una persona que vivirá no sabe cuánto, con necesidades propias, con un orgullo discreto, un poco torpe y que parezca improvisado. Ella misma no conocerá sus leyes, aunque profundamente las tenga y la conciencia no las alcance. No sabrá el grado y la manera en que la conciencia intervendrá, pero en última instancia impondrá su voluntad. Y enseñará a la conciencia a ser desinteresada.

Lo más seguro de todo es que yo no sé cómo hago mis cuentos, porque cada uno de ellos tiene su vida extraña y propia. Pero también sé que viven peleando con la conciencia para evitar los extranjeros que ella les recomienda.


(fuente: blog "la biblioteca de marcelo leites")

lunes, 20 de octubre de 2014

Claribel Alegría (1924 )

Ausencia


Hola
dije mirando tu retrato
y se pasmó el saludo
entre mis labios.
Otra vez la punzada,
el saber que es inútil;
el calcinado clima

de tu ausencia.


(fuente: rua das petras")

domingo, 19 de octubre de 2014

Uriel Martínez (1950 )

Los medicamentos


imagina que has encendido
un varejón de incienso
antes de lavarte las culpas
y las manos;

imagina que levantas
la ropa de cama antes
de media noche, mucho
antes que el tren pase;

imagina que apagas el móvil,
la luz y el pulso, gradualmente;

imagina que has deseado
la mejor de las noches
a los tiestos que cuidan
pasillos y corredores;

imagina que vives
los últimos momentos;
que en la tarde
hacías siesta; imagina
que despiertas temprano
y que verás el pavimento lavado;

imagina que compartes
cojines, almohadas y cobijas
con una visita inesperada,
acaso oportuna;

imagina que no te importa
lo que venga porque el impulso
expiró en el momento indicado;

imagina que los medicamentos
seguirán intactos en la sala.