domingo, 23 de julio de 2017

Uriel Martínez (1950 )

Belén, 25 kilómetros



1.
Como cada año aquel diciembre me invitaron de jurado al concurso de nacimientos. Entre los finalistas hubo uno que yo propuse como de los mejores, con elementos actualizados. Era una carretera a escala que desembocaba en el establo en donde, se dice, nació el salvador. Era un camino asfaltado con puentes, pasos a desnivel y arbotantes de luz mercurial que permanecen encendidos toda la noche. A la vera de algunos tramos del camino aparecían coches en miniatura descompuestos, abandonados o chocados. Si alguien se asomaba al interior, con los cristales bajados o rotos, se apreciaba un hombre decapitado o una mujer ensangrentada. Todas las figuras eran como de juguete, de porcelana asiática o de goma. En algunos vehículos se distinguían bebés en su cunero, con el biberón seco y los ojos cerrados.

2.
El autor o autores habían hecho un trabajo artesanal laborioso, meticuloso y con imaginación, con movimiento. Era este un argumento que yo pensaba esgrimir a favor de esa miniatura alegórica. Además de los señalamientos de circulación con dibujos: un teléfono, piletas de agua potable, vías de ferrocarril, etcétera, un letrero, "Belén, 25 kms.", plantíos de alfalfa, milpas y sistemas de riego por goteo a ambos lados del asfalto.

3.
Como cada mes de diciembre, el de ese año éramos cinco los miembros del jurado: un universitario, una comisionada de la iglesia, dos miembros de los artesanos y un enviado del círculo de escritores. En la etapa de preselección, el entendimiento se dio fácil entre varones; y de una forma natural se fijó un criterio y las afinidades. Entonces nos repartimos los recorridos en la docena de nacimientos inscritos. Así, en una semana, ya se habían descartado nueve. El fallo estaba en puerta, listos los diplomas, los premios y la argumentación de los eliminados e inconformes -para casos de impugnación y acusaciones fuera de lugar-; y la exposición (en caso de que la hubiese) de aquel trío que había llegado a la recta final. Casualmente los hogares de los nacimientos finalistas se localizaban en la misma colonia, en la periferia de Dogville.

4.
La primera y única renuncia a firmar el fallo del premio principal fue la de la comisionada de la iglesia. Su argumento principal fue el siguiente: celebrar la llegada del Mesías en una atmósfera de violencia no iba con el espíritu de la temporada ni con el motivo del premio, la exaltación de la familia y los valores cristianos, etcétera. Salió llorando de la reunión, que se efectuaba en lugares neutrales comúnmente, donde cada uno pagaba su consumo; sólo que esta vez fue en una de nuestras casas. Supusimos, los cuatro participantes restantes, que su renuncia implicaba la divulgación pública de sus motivos. Pero no nos importó, aun cuando la denuncia se hiciese desde el púlpito de catedral.

5.
Y así fue, en la misa de medio día en catedral el domingo siguiente, el obispo se valió del sermón para darle un giro al final para retomar el tema de la violencia que asuela a la sociedad, "nuestra sociedad", precisó. Señaló lo intolerable que resulta la exaltación pública del "mal" que gangrena a la juventud, etcétera, para rematar el modo en que comienza a permear la iconografía religiosa; que su Iglesia desconocería el fallo del concurso de nacimientos. Fallo que el jurado divulgaría a más tardar a mediados de mes, con el inicio de las posadas. Por lo que sabíamos, las autoridades municipales convocantes ya habían firmado los diplomas de los tres ganadores, incluidos los nombres del jurado, es decir, nosotros.

6.
"Cómo no iba a renunciar a avalar el resultado de un concurso amañado, que va contra mis principios. Lo más intolerable, para mí, fue ver al niño dios acostado sobre el heno, recién nacido, y con una estopa de solvente industrial en su naricita inocente. Ver a su madre vestida como la diosa de los malosos y al padre como darqueto, con botas de caña alta y con ojeras negras. Me puse mal cuando vi a los reyes magos portar armas larga. No pude contener el llanto y la indignación. Les di portazo a esa bola de cómplice."

7.
El episodio que siguió ya es del dominio público: el obispo perdió la vida en un percance carretero cuando se dirigía al pueblo vecino, a su lado fue hallado un mensaje escrito con faltas de ortografía notables; del lugar del accidente desapareció un maletín negro, el cuerpo fue despojado de las joyas y celulares que llevaba; su copiloto o acompañante era, nadie de nosotros supuso, la comisionada ex integrante del jurado, quien falleció con los ojos abiertos.

                                                                      Dogville, julio 2017

2 comentarios:

H. Barrero dijo...

Què final tan inesperado!

Pilar Alba dijo...

Un nacimiento típico en dogville