lunes, 31 de julio de 2017

José Antonio Cedrón (1945 )


Llueve sobre aquel pájaro



Llueve sobre aquel pájaro en la rama del patio
sobre la mancha verde que no alcanza
la nitidez del ojo, sobre el vidrio astillado de sus alas
y hay ruido de cucharas, de mediodía puntual,
rumor eterno en la silla vacía de mi padre
con su mirada al fondo, aquella, siempre quieta,
y voces en el rostro de la pared que tuvo la obediencia.
Pasa un caballo mudo, anónimo, sin cascos
(¿heredado de quién?)
descascarándose al sol de la intemperie.
Tal vez jamás lo he visto. Es más, tal vez
no existió nunca, pero yo lo recuerdo, como ahora
cuando lo necesito. Y es como son tus manos
las de ayer, repitiendo la cita, o tal vez antes
sobre el cielo caliente de un mantel.
Traigo una vieja herida de aquella travesía,
que fue espera. No sé nada después,
es un decir, vuelve tu mano izquierda
y hace a un lado el vacío donde estamos ausentes.
Ay si te he recordado –como si hubieras sido posible–
en estos años. O por qué me pregunto por el tiempo
entre estas cosas simples,
la ignorancia es tan grande como el miedo
de los recién librados.
Hubo un largo reproche donde el día descansa
su ironía y tazas por lavar siempre esperando turno.
El pájaro inmortal sobre el que entonces
se posaba la lluvia, viene a sobrevivirnos.
El mismo de los siglos desde su aparición, atisba.
La supuesta utopía de libertad no es suya
sino nuestra.

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De lo que fue aprendido sobre esos
                                                  movimientos
nos queda la costumbre.
Ni huellas ni señales de los sabes ahora, sobrevive.
Las estaciones vuelven sobre los mismos ojos
que absorbieron el mundo que te toca.
Podrías bajar los párpados hasta olvidarlo todo
y sentir aquel sol que formó tu razón
sobre esos mismos pliegues.
Comieron de tu furia, lo sabes. De tu amor.
De lo que nunca vas a arrepentirte.
Antes que te disequen consigue dos testigos
entre aquellos que fueron
sobre todas las cosas.


("crear en salamanca" y "la ficción del olvido")

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