miércoles, 7 de junio de 2017

Luis Antonio de Villena (1951 )

Nuestra señora de la noche


¡Ah, la hermosura diaria de la noche!
¡La dulce hora en que al caer la tarde,
salimos de nosotros como si nunca hasta entonces
hubiéramos probado los frutos de la vida!
Recorremos las cuevas y los bares, nos
nos mezclamos con seres que odiaríamos de día,
nos dejamos llevar por los sentidos, como en baile,
y alargamos la mano a cada cosa, la lengua
a cada jugo, deseosos de apurar los instantes
diarios en que al vivir, tan solo le pedimos vida.
A veces, al azar, se nos revela un cuerpo,
y a veces, la aventura, la noche que nos lleva
en vaivenes errantes, las copas prometidas,
nos permiten la gloria de acabar abrazados
con aquel pecho tibio, entre caricias jóvenes, bajo
unos verdes ojos. Y el corazón entonces,
entre la piel silvestre, reconoce de nuevo
que nunca hasta aquel momento palpó la dicha,
Otras veces, en cambio, el azar se nos niega,
y agotado hasta el fin el sabor de los oscuro,
muy próximos ya al alba, retornamos a casa.
Aún perdura el silencio en las calles mojadas.
Y renegamos entonces de la noche -tan solos-
con el cansancio ese, tan viejo y cotidiano, de la vida.


("en afán desmedido", ed. uv, xalapa, veracruz, méxico, 2017)

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