martes, 6 de junio de 2017

Al Berto (1948/1997 )

de Quinta de Santa Catarina (fragmento)



animales estrangulados, materias plásticas, un ladrillo con los agujeros llenos de helechos. un perro atropellado, manchas de sangre seca. el fondo del tanque de cemento, el perfume de la ropa lavada. una sombra se inclina sobre el tanque. encima de la mesa los besos, la regla que perteneció al abuelo, la resma de papel, una cuchara de plata labrada, una lámpara fundida, agua. más agua, un sobre mojado, las plumas, los lápices, la máquina de escribir. se volvió difícil prever hasta dónde los ojos consiguen nombrar, archivar, amontonar para siempre los pequeños residuos de la adolescencia. hoy, escribir es un acto nocturno. respiro dolorosamente. escribo siempre inclinado y encogido sobre la mesa. el silencio y las sombras se deslizan a mi alrededor. se asoman por encima del hombro para ver lo que estoy escribiendo. oigo la música que viene del fondo de mi soledad. música acuática, aristas de sangre, medrosos dedos tamborileando en los vidrios polvorientos. tu nombre, este sonido frío de los árboles desmoronando la cal de las paredes. escribo con el miedo y el susto dentro de cada palabra. la vida alcanza la espiral vertiginosa de la noche. es esta palabra que me sirve para nombrarte y no otra: miedo. los textos progresan como la desolación de la casa, laten sobre el papel, me duelen los dedos y los ojos y los órganos del cuerpo que nunca vi. el pecho desgastado por la dolencia. por una ranura en las maderas crece el alba. penetra, entra por la ventana, invade la intimidad en penumbra del cuarto. dejo de escribir estoy muy cansado. en el agotamiento de la noche me encontré enumerando las cosas amadas. las pongo en los lugares donde siempre estuvieron, les doy una edad, una utilización, y antes que la mañana caiga sobre la casa recreo el mundo. después espero el sueño. se me hinchan los párpados, adivino los sueños anteriores a mi edad. el cuerpo se escurre por el abismo florido de las galaxias. nada sé de mí durante esas horas. absolutamente nada.

poco más que decir. camino dejando caer los últimos residuos de la memoria. fragmentos de noche escritos con el corazón presintiendo catástrofes del mundo. la gran soledad es un lugar blanco poblado de mitos, de tristeza y de alegría. pero estoy casi siempre triste. algunas fotografías me revelan que en otros lugares ya he estado triste. por ejemplo, en el fondo de este pozo vi iniciarse la sombra del adolescente que fui. Agua lunar, cañaverales, luminosos escarabajos, este sol quemando la piel de las plantas. camino por los textos y me voy dando cuenta de todo esto. lo que empiezo y dejo sin terminar, como dejaré la vida, tengo la certeza inacabada. el mundo me ha pertenecido, la memoria me revela esta herencia, ese bien. hoy, sólo siento el viento reavivar heridas, nada poseo, ni siquiera el sufrimiento. otra memoria va tomando forma, me asusta, todavía casi nada ha sucedido y ya envejecí tanto, un juego de astillas es todo lo que poseo, la memoria que viene aún no tiene su dolor dentro de ella. las fotografías y los textos, tu rostro, podrían proyectarme para un futuro más feliz, o contarme los desastres de los recomenzados regresos. pero, cuando más tarde conseguí darme cuenta que la vida vibró en mí, un instante, tendré la certeza de que nada de aquello me perteneció. ni incluso la vida, ninguna muerte. en la misma posición, reclinado sobre mi frágil cuerpo, recomienzo a escribir. estoy otra vez ocupado en olvidarme. escribir es morada precaria para el vaguear del corazón. me queda la perturbación de haber atravesado los días, humildemente, sin quejidos. anochece o amanece, da lo mismo.


("círculo de poesía", versión de luis david palacios)

No hay comentarios: